1. Regreso
Me desperté sin muchas ganas, ya había tomado la mala costumbre de despertarme antes de que sonara la alarma. Opté por no ver mi teléfono y me dirigí al baño.
Al verme fruncí el ceño, parecía un completo desastre, miré el pequeño papel en mi espejo con molestia, este decía:
Sertralina: Al despertar
Melatonina: Dos horas antes de dormir
Lo tomé y lo tiré al cesto de basura, ya no lo necesitaba. Limpié mis dientes y luego me di una corta ducha, mientras desenredaba mi cabello pensé lo que le diría a mi padre.
Al salir me coloqué una sudadera y un pantalón holgado. Cuando llegué a la habitación da papá toqué un par de veces.
—Adelante —dijo desde el otro lado, al entrar él soltó un suspiro—. Alicia... —Su rostro se tornó afligido y se levantó.
Hace un mes estuve hablando con él para poder regresar a mi ciudad natal, Japón, ya que no pude adaptarme a España. Y hoy me tendría que ir.
—Papá, hoy es el día... —murmuré al sentir como me abrazaba— Te voy a extrañar tanto...
—Igual yo, princesa... —Alzó mi cabeza para mirarlo y sonrió— Cuando pueda iré a verte, se que tu madre no me dejará estar en la casa así que compraré un apartamento cerca. En las vacaciones iré —comentó forzando una sonrisa mientras besaba mi cabeza y me abrazaba.
Sentí que estaba a punto de llorar pero me contuve cuando escuchamos la puerta principal abrirse. Los dos fuimos a la primera planta al ver como llegaba mi tía.
—¿Pasa algo, hermanito?, Nunca nos vienes a recibir si no es importante —murmuró con desinterés la mujer mientras que dejaba a un lado su cartera junto a las llaves de su automóvil.
—Les tengo que dar una noticia —dijo seriamente papá captando la atención de todos—. Lisa, se irá a Japón. —reveló con pesar y todos me miraron.
—¿De verdad? —Sonrió mi prima sin pudor alguno como siempre hace conmigo—. ¡Ay, que bueno! —chilló dando saltitos de la emoción.
Todos celebraron la noticia. Para ellos era un alivio que yo me fuera, mientras papá intentaba contener las lágrimas y uso la excusa de estar ocupado y así se fue de la casa.
Al ver como se iba yo también lo hice para dirigirme a mi habitación. Cuando entré cerré la puerta con pestillo, de mi armario saqué una maleta grande junto a una mochila y lo coloqué en mi cama. Mientras empacaba mis cosas algunas lagrimas rebeldes escapaban de mis ojos sin poder evitarlo y junto a eso empecé a sentirme tan abrumada al no poder parar el llanto que este aumentó.
Cuando termine me senté en la cama y observé mi teléfono, al tomarlo observé que no tenía ningún mensaje así que opté por tomar mis audífonos y me acosté para escuchar música.
Nunca pensé que esto pasaría, por fin regresaría a Japón, volvería a ver a mi madre, a mi pandilla y a mis amigos.
Al recibir un mensaje de mi padre pidiendo que bajara supuse que ya era hora. Tomé mis cosas y bajé. Todos estaban esperandome, se despidieron de mi y se "disculparon" por no poder acompañarnos hasta el aeropuerto aunque se notaba la emoción en sus rostros.
Al subir a la camioneta de papá los dos estuvimos en silencio, cada uno en su mundo. No eramos los mejores del mundo expresando nuestros sentimientos pero sabía que él me extrañaría y yo haría lo mismo.
Al llegar al aeropuerto nos despedí con un abrazo que sentí que duró horas. Cuando por fin subí al avión observé como algunos me miraban curiosidad, pero tenía pruebas de que viajaba legalmente así que no tendría muchos inconvenientes.
Saqué de mi mochila un chicle y me quedé observando la ventana mientras lo masticaba.








