La Flor que Perdí Ayer | ChanHun

Summary

La gota que cae no desaparecerá, solo le dará fuerza a esa pequeña semilla para florecer desde lo más profundo. Y, al final, ambas verán la luz, esa que les recordará que siguen aquí por una razón: por y para cuidarse con amor, para seguir floreciendo. 05/05/24

Genre
Drama/Romance
Author
sky
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Una semilla en la oscuridad

Según el reloj, todavía era temprano, pero ese tono gris en el cielo le decía lo contrario. Y aun así, él tuvo que salir de casa tan pronto como terminó esa llamada; se lo cuestionó un par de veces, o tal vez más, mientras trataba de prestarle atención a la gente a su alrededor, pero cuando se rindió, no le quedó otra opción: le daría forma a su nueva rutina, esa que implicaba visitar el hospital antes de ir a trabajar.

«Está bien, solo por hoy», mentía para sí mismo cuando estaba por llegar a su destino de las últimas dos semanas.

Intentó olvidarse de eso un par de veces: una mañana de jueves, simplemente despertó más tarde y se dedicó ese tiempo antes de empezar a trabajar, lo evadió hasta el medio día y el resto de la tarde no tuvo tiempo para preocuparse, decidió ocuparse mejor en los exámenes que tenía que revisar y que entregaría el lunes a primera hora a sus alumnos; todo había salido bien, había terminado antes de lo previsto y, estando agotado, se permitió ir a dormir temprano. Pero su cansancio desapareció tan pronto como tocó las sábanas de su cama, y ahí, en silencio, finalmente lo recordó. Así que, tras rendirse y mirar el techo de su habitación en resignación, prometió ir lo más pronto posible para saber cómo estaba.

A la mañana siguiente despertó temprano, se arregló y preparó lo mejor que pudo el café que sustituiría su desayuno de ese día. Tenía el tiempo contado, eso lo sabía bien, sin embargo, lo tomó con calma justo frente al pequeño balcón de su apartamento, mientras miraba a la gente que, con suerte, caminaba por ahí a esa hora del día. Su último trago, ese último trago, que le hizo pensar que podría abrir una cafetería y vivir de eso cómodamente, se quedó a medias cuando su teléfono interrumpió ese momento; esa llamada resultó un recordatorio no tan sutil de su promesa.

Así que ahí estaba: rodeado de paredes blancas que no le transmitían una calidez como la que sentía aquellas veces en las que se entretenía mirando revistas de decoración que sugerían ese color como el ideal para un ambiente cálido. Tal vez eran esas luces blancas, que hacían el intento por mostrar una uniformidad entre tanto caos.

O, tal vez, ese malestar se debía a la razón por la que estaba ahí: aquel chico de gesto confuso y mirada perdida que acompañaba, y que no hacía más que mirar por el gran ventanal de esa habitación. Apenas se habían saludado, y aprovechó entonces para disculparse por no haber llegado el día anterior; pero cuando no obtuvo una respuesta, además de ese leve asentimiento, decidió no interrumpir esa tranquilidad que, aparentemente, ese cristal le transmitía. Por eso, cuando su voz hizo un intento por romper el silencio, se olvidó de esas sensaciones absurdas y le dio toda la atención que pudo, mirándolo fijamente un par de veces, para no incomodarlo.

—Dijiste que... Tu nombre es ChanYeol, ¿cierto?

—Sí —respondió, tras despertar del pequeño trance que lo estaba absorbiendo.

«¿Esa es tu voz?», se preguntó.

Porque la conocía, la había escuchado antes, incluso recientemente, pero simples monosílabos no eran material suficiente para desempolvar aquellos recuerdos en donde su voz estuvo presente. ¿Así era como sonaba?, tal vez sí, pero no lo sabía con certeza, entonces, cuando él solamente asintió por su respuesta, pensó en que quizá esa era una broma de mal gusto que su mente había decidido hacerle.

—¿A dónde van?

De nuevo, su voz estaba ahí para reafirmarle que no era un sueño. De verdad ese chico era él y estaba ahí, haciéndole preguntas que no alcanzaba a comprender.

—¿Quiénes? —preguntó torpemente y entrelazó sus manos, dispuesto a distraerse con el movimiento nervioso que estas hacían ante el silencio.

—Esas gotas —dijo sin más—... Resbalan, puedo verlas, pero... ¿Después?, ¿a dónde van?

Era simple curiosidad. ChanYeol podía con eso, todos los días hacía lo posible por resolver las dudas de sus alumnos, sin importar que esto le tomara tiempo fuera de sus horas de clase; si podía hacerlo por ellos, por supuesto que podía hacerlo por un buen amigo como él.

—Es lluvia, SeHun, ¿a dónde crees que deberían ir? —dijo, animándolo a encontrar su propia respuesta.

—Lo sé, sé que es lluvia, pero... Esas gotas no pueden simplemente caer así... Al suelo.

—En eso quizá tienes razón: no todas caen precisamente al suelo. Digamos que... Algunas se resisten a eso.

—¿Cómo? —murmuró.

—Supongo que... Es simple. Tan solo mira esa ventana, ¿cuántas gotas hay ahí todavía?

—Son... Demasiadas.

—¿Lo ves? —suspiró, observando el ventanal a detalle antes de continuar—, algunas se resisten a caer.

—Y, ¿resistir vale la pena?

Para ChanYeol era simple, era lo que siempre había pensado y, en aquel momento, pensó que sería buena idea compartir su percepción con él para darle, de algún modo, un poco de ánimo en ese camino que estaba por empezar. Pero aquella pregunta lo tomó por sorpresa, porque se preguntaba lo mismo constantemente: a veces de día, a veces por las noches cuando, a pesar del cansancio, no podía dormir.

—No lo sé, porque... Incluso aquellas que resisten, en cuestión de horas, no estarán aquí, van a caer. No las verás, van a secarse o tal vez las pises cuando camines por las calles. Y entonces, cuando todo haya secado, nadie recordará que estuvo lloviendo.

—¿Yo también olvidaré esta lluvia? —preguntó con cierto temor a la respuesta.

—No, no necesariamente.

—¿Por qué yo no la olvidaré y los demás sí?

Entonces se dio cuenta de la angustia que había en su voz, así que demoró en responder. Necesitaba de esas palabras que siempre lo salvaban de aquellos momentos, durante sus clases, en los que no tenía una respuesta clara; pero todas las opciones se habían esfumado completamente, por lo que, aunque estaba seguro de saber qué decir a su pregunta, el miedo a equivocarse no le permitió hacerlo enseguida. Finalmente, cuando se sintió listo, se animó a verlo, pero no tardó en percatarse del brillo que resaltaba el tono rojizo en su mirada y, en sus deseos por evitarlo, se enfocó en las pocas gotas que dibujaban un camino hasta el borde de ese ventanal e intentó olvidarse de la opresión en el pecho que le estaba impidiendo respirar. Solo así, comprendió que SeHun necesitaba una respuesta, una que lo mantuviera tranquilo.

—No lo sé... No sé... Quizá... —suspiró, sintiéndose inseguro de lo que diría— Quizá... Porque para algunos puede ser importante— hizo una pequeña pausa para poder tranquilizarse y terminar de hablar—. Dependerá de ti, recordarás lo que sea importante para ti...

SeHun se quedó callado, pensando en cómo responder a eso. ChanYeol solo pudo observarlo, con temor a su reacción, pues no se veía asustado, sino desconcertado. Casi de inmediato, supo que su respuesta no había ayudado en nada, puesto que SeHun no lucía convencido, pero tampoco logró armarse de valor para añadir algo más. Al cabo de unos minutos, que a ChanYeol le parecieron eternos, SeHun murmuró:

—Si no puedo recordar mi vida antes de esto... ¿Significa que nada de lo que hice fue importante para mí?

Se había equivocado, tal vez peor que en su primera vez, frente a un grupo que, a sus ojos, parecía querer derrotarlo con las altas expectativas sobre él.

Lo había arruinado, así que esa valentía, que solía darle la fuerza para olvidarse de su error y ocultarlo con una sonrisa antes de dar la respuesta correcta, fue remplazada por la dificultad para respirar y un ligero temblor que le impidió sostenerse de los bordes del sofá en donde estaba sentado. Aun así, miró a SeHun y se disculpó con la mirada cuando notó que el nudo en su garganta no le permitiría hacerlo con palabras. Inevitablemente, el deseo de huir apareció, pero no fue suficiente para darle la fuerza a sus piernas y así poder salir, probablemente para no volver.

—No —respondió en un hilo de voz—... No se trata de eso, SeHun.

—Y entonces, ¿de qué?

—Ya lo entenderás... Solo... Tienes que ser paciente, ¿de acuerdo? Te recuperarás y, entonces, podrás entenderlo.