⇝ Prólogo
▸ Sinopsis
Dos corazones que se verán envueltos en una espiral de emociones
Damarina Ariza, una joven sometida al martirio de su buen apellido, decide que ha llegado el tiempo de emprender una nueva vida en un nuevo lugar, alejada de todo aquel que le ha impuesto la manera en la que debe llevar su vida.
Josué Priego, un joven que quedo al cuidado de su pequeña sobrina, se niega a enamorarse porque no quiere vivir el mismo infierno que su hermana. El solo quiere centrarse en vivir su vida de manera solitaria en compañía de su pequeña Abigail.
Sin embargo, el destino a veces puede empeñarse contra tus convicciones para demostrarte otra realidad.
Ambos tienen historias que arrastran consigo mismos, donde la palabra "amor" no tiene ningún significado para ellos. Sin embargo, el camino que compartirán los llevara a darse cuenta que esa simple palabra puede convertirse en algo maravillos
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Prólogo
Era aún temprano en la casa de la familia Ariza, los sirvientes apenas se vestían para comenzar sus labores diarios, los primeros en arribar por la puerta de servicio fueron la cocinera y su joven hija, sin embargo, dieron un pequeño salto del susto al escuchar como el señor Erik, padre y jefe de la familia, le gritaba a su hijo menor, Gael, en lo que parecía una fuerte discusión
Gael Ariza, de 23 años, había concluido sus estudios en un internado universitario en Italia, por tal motivo, debía regresar a casa en Edimburgo para ayudarle a su autoritario padre en los negocios familiares. El chico ya había aceptado de mala gana su destino, pues era él único hijo varón, y su padre jamas dejaría que su hermana mayor, Damarina, llevara el mando del imperio Ariza.
Pero un día, entro a su vida una hermosa joven de 20 años que irremediablemente robo su corazón, y por supuesto que Gael puso a su amor en primer lugar, y tal vez sus padres la hubieran aceptado, claro, eso si su bondadosa madre no hubiera muerto y su padre no menospreciara a las personas de inferior clase social. Erik decidió darle la espalda a su hijo y lo corrío inmediatamente, hubiera sido bueno que hasta ahí quedaran las cosas, pero no fue así, el señor Ariza decidió hacerle la vida imposible a Gael y ese era el motivo de la discusión de ese momento.
— ¡Eres un ser demasiado cruel con tus propios hijos!— le grito Damián a su padre mientras le aventaba en la cara un documento roto en mil pedazos
— Te lo advertí querido hijo, muchas veces te dije que abandonaras a esa insignificante mujer pero no quisiste escucharme e hiciste tu voluntad— respondió de manera tranquila
Damarina se encontraba escuchando tras la puerta del despacho principal, mientras ahogaba su propio llanto, no podía creer la maldad de su padre al lograr que en ningún lado del país contrataran a su hermano, ¿y por qué?, solo porque Gael se había enamorado de una joven que desafortunadamente había crecido en un orfanato y se ganaba la vida como costurera.
La chica se fue a su habitación de manera rápida, no quería seguir escuchando a su cruel progenitor. Una vez que llego, se acercó al tocador y tomó entre sus manos la foto de su madre, las lagrimas continuaron rodando por sus mejillas, poco a poco se fue acostando en su cama y abrazo con fuerzas aquella foto, respiro profundamente y la subió a la altura de su cara, mientras recordaba como era su vida cuando apenas era una niña de 5 años y su madre aún estaba a su lado, con vida.
Adara Carpio de Ariza, era una mujer totalmente diferente a Erik Ariza, su personalidad noble, cálida y amigable siempre fue alabada por toda la sociedad en la ciudad, pero desafortunadamente, su padre no la valoraba de igual manera, pues múltiples veces le reprochaba que fuera una mujer tan débil de carácter. Y para colmo, sus hijos Gael y Damarima habían heredado al parecer su misma personalidad, esto acrecentó más su carácter autoritario y cruel
— Mamá, ¿por qué nos dejaste solos con nuestro padre?, ¿por qué no nos llevaste contigo?, ¿Yo también tendría el valor de irme? — preguntaba una afligida Damarina, como si la foto fuera a responderle en algún momento
Poco a poco se fue quedando dormida, sin imaginar, que pronto sus preguntas serían respondidas
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El desayuno en la casa de los Priego iba con total calma, Josué estaba preparando un plato con panecitos de chocolate, mientras le gritaba a su pequeño ángel
— ¡Abi, princesa, es hora de desayunar o llegarás tarde a la escuela!— exclamó tomando un vaso de jugo de naranja
Abigail Priego, una dulce e inteligente niña de 6 años hacia acto de presencia en el pequeño comedor, con su uniforme escolar y un peinado de dos coletas desiguales
— Tiyo, ya me peine, no te preocupes, no llegaré tarde— respondió inocentemente mientras daba una pequeña vuelta para que viera que era cierto. A su corta edad, ya podía hablar bien, a excepción de “tío” que sustituía por “Tiyo”
Josué sonrió al ver el peinado mientras se acercaba a ella y se ponía a su misma altura
— Ya veo que mi princesita ha crecido y sabe peinarse sola, pero creo que tu príncipe te ayudara a mejorarlo aún más— dijo sacando un peine del bolso trasero de su pantalón, pues su idea era peinarla mientras la niña desayunaba
Abigail, sonrió y le dio un pequeño beso en la frente a su tío.
El desayuno pasó y Josué llevo a su sobrina a la escuela, iba caminado de regreso a casa cuando a lo lejos pudo observar como venia una vecina en su dirección, la Sra. Penelope era una amable mujer de 52 años, la cual vivía sola y que, en algún momento, fue muy cercana a su familia, eso hasta que paso aquellos fatales sucesos
— Josué. muchacho, ¿iras hoy al cementerio a dejar flores?, hoy se cumplen 5 años desde que desafortunadamente tus padres murieron y 4 años desde que tu hermana y cuñado también partieron de este mundo.
El joven suspiro y solo le ofreció una sonrisa asintiendo sin decir nada, continuando así su camino. Compró 2 ramos de flores y se dirigió al lugar donde reposaban las ataúdes de sus familiares, se paró enfrente y cerro los ojos, claro que recordaba la fecha, jamás olvidaría el día en que sus padres habían salido a comprar un pastel de cumpleaños para él y jamas regresaron, también recordó el día en que su cuñado Leo había sido asesinado y su hermana se había consumido en el dolor.
Sus padres, eran comerciantes y ese día, 23 de Marzo del 2017, era su cumpleaños numero 20, como de costumbre, su madre le preparaba una rica comida y su padre le regalaba dinero para que pudiera ahorrarlo y comprarse lo que el deseara. Su hermana Lydia y su cuñado Leo, de 30 años, llegaron a casa cargando a la pequeña Abigail. El señor Marco y la señora Shayla avisaron que no tardarían, solo irían a comprar algo que les hacia falta pero que no tardarían
Y de ahí, todo paso rápido, de estar en su casa celebrando feliz rodeado de las personas que amaba ahora se encontraba frente a los cuerpos sin vida de sus padres, quienes se vieron envueltos en un accidente automovilístico por culpa de un hombre alcoholizado. Su mundo se vino abajo una primera vez en esa ocasión.
Luego paso lo de su hermana y cuñado, quienes habían decidido llevárselo a vivir con ellos pues no querían dejarlo solo. Todo en su vida parecía ir con normalidad, sin embargo, la vida se ensañaba de nuevo con él. Fue también un 23 de Marzo pero del 2018, en su cumpleaños y cuando había pasado un año desde aquel suceso que lo marco.
Josué regresaba de la universidad, cuando al entrar a casa escucho un grito desgarrador proveniente del segundo piso, se asustó y corrió de inmediato al identificar que se trataba de su hermana, entró apresurado y encontró a Lydia llorando desconsoladamente mientras temblaba, el le arrebato el celular y preguntó que estaba pasando.
Y otra vez, todo paso rápido, de estar en casa de su hermana, ahora se encontraba frente al cuerpo sin vida de su cuñado Leo, quien fue asesinado al salir del trabajo victima de un asalto con arma de fuego. Su hermana Lydia no había salido de su trance, ya estaban de regreso en casa para prepararse, Josúe cargaba en brazos a su sobrina y su intención era ir a ver como estaba, quizá si veía a su hija podía reaccionar, sin embargo, no logro su objetivo cuando al acercarse a la puerta del dormitorio pudo escuchar como su hermana lloraba desesperadamente mientras decía “Leo, mi amor, no te vayas por favor, no puedes abandonarme así”, “Por favor, regresa conmigo, nuestro amor no puede terminar así, ¿crees que puedo seguir adelante sin ti?, “Quizá si no me hubiera enamorado de ti, no tendría que pasar por este dolor que ahora estoy sintiendo, no tendría que perderte, no tendría que sufrir”
Así pasaron las horas, y ya era momento de partir a enterrar los restos de Leo, los padres de su cuñado ya estaban esperando en compañía de una niñera que cargaba a Abigail, así que Josué decidió subir a buscar a Lydia, pero nada lo preparo para la escena que vería ante sus ojos, su hermana yacía acostada en el suelo, con un frasco de pastillas regadas por todo el tapete, bajo desesperado a buscar ayuda, para su fortuna, entre los presentes se encontraba un médico quien subió a atenderla, pero desafortunadamente ya no se pudo hacer nada, Lydia se había suicidado.
Josué miro petrificado a su hermana, luego volteó hacia la puerta pensando que a tan solo unos cuantos pasos estaba el cuerpo de su cuñado, y finalmente fijo su mirada hacia Abigail, su ahora pequeña sobrina huérfana.
El joven volvió a abrir los ojos, esos recuerdos otra vez le calaron el alma y esta vez, se permitió llorar libremente, por todo lo que había pasado, por todo ese dolor de perder a personas que el amaba, por todo esos momentos en los que maldijo a la vida por enseñarse cruelmente con él.
Se limpió las lagrimas con sus dedos, y poniendo ambas manos en las tumbas se dijo a si mismo:
— ¡No voy a pasar por un dolor similar otra vez, nunca más!