Capítulo 1 El comienzo de la historia
Jaekyoung había escuchado ciertas conversaciones de sus empleadas sobre la enorme popularidad de una mujer que practicaba el chamanismo, una religión muy poco aceptada en ese momento, su curiosidad fue tal que acabó escondiéndose detrás de un muro para escuchar cada detalle de lo que decían sus empleadas.
Una mujer capaz de entrar en contacto con diferentes deidades, dotada de la suerte del chaman, capaz de hacer el ritual del gut donde combinaba plegarias. Su asombro fue mayor al saber que esta supuesta chaman conseguía cosas impactantes como caminar descalza por encima de afiladas cuchillas sin realizarse corte alguno.
Era 17 de febrero del año 1852 y Joo Jaekyoung era antes de ese día un joven noble que predicaba su escepticismo por cualquier práctica que no encajara en su propio parámetro de normalidad. Pero vamos, tenía curiosidad y después de sufrir una decepción amorosa era obvio que quería intentar algo diferente.
Con un característico acto de superioridad el joven Joo interrogo a sus empleadas exigiéndoles que le contarán todo sobre esa poderosa mujer, y fue así como termino en un lugar bastante escondido en una villa casi secreta.
Jaekyoung tuvo que disfrazarse de un plebeyo para no ser reconocido por nadie.
Que vergonzoso sería que alguien supiera que un noble adinerado como él se encontraba solicitando la ayuda antinatural de otra persona.
El lugar olía a incienso, hierbas secas y frescas, y con el ambiente húmedo.
Las ayudantes de la poderosa mujer chaman lo recibieron con una extraña danza en la que sacudieron hiervas por todo su cuerpo y cantaron palabras desconocidas para él.
Jaekyoung empezaba a sentir sudorosa la frente. Algunos minutos pasaron y frente a él apareció una mujer joven, pero muy extraña. Con los ojos entrecerrados y sosteniendo una araña entre sus manos.
Jaekyoung hizo una expresión de desagrado, pero ya estaba ahí.
No había vuelta atrás, pagaría todo lo que llevaba consigo si de verdad ella podía demostrarle el supuesto poder del que tanto alardeaba.
—¿En qué puedo ayudarte, jovencito? Preguntó la chaman. No parece que seas de por aquí— Jaekyoung se sorprendió al escuchar la voz de aquella mujer, se aclaró la garganta y tomó aire para poder decir lo que necesitaba de ella.
—Estoy aquí porque he escuchado de tu gran poder. Tengo un deseo y creo que tu podrás hacerlo realidad.
—Pediré que te dirijas a mí como tu superior— la mujer exigió.
Era obvio, Jaekyoung era un noble y no acostumbraba a llamar a los demás como si él estuviera por debajo de ellos.
—Quiero que usted me ayude a contactar a mi alma destinada en cuerpo y alma. Quiero a esa persona conmigo, no importa lo que cueste...
La mujer alzó una ceja y sonrió soltando varios suspiros, mientras que encendía velas y hacia un círculo de sal.
Colocó en el cuello de Jaek un extraño amuleto y le pinto en la frente una cruz blanca.
Todo era incomodo, extraño y a la vez emocionante.
Jaek no podía creer que la mujer no se había negado.
—Debes quedarte sentado, sostendré tu mano el tiempo que así lo necesite. No puedes romper el contacto por nada del mundo, tú me has pedido una invocación, no es algo simple de hacer, por lo que podría pasar cualquier cosa.
—Entiendo— Jaek se burló en sus adentros cuando la mujer sostuvo su mano y empezó a recitar palabrerías sin sentido, todo iba bien hasta que las velas se apagaron, el viento sopló fuerte como un torbellino incomodo, el suelo se sacudió y la mano que la mujer le sostenía ardió muchísimo.
Jaek sintió un poco de pánico, pero no quiso arruinar las cosas. Se asustó de tal forma que tuvo que cerrar los ojos y adoptar una postura rígida luchando por ignorar lo caótico de la situación.
Jaek perdió la noción del tiempo.- No recordaba nada para cuando despertó. La mujer masajeaba su frente con aceites aromáticos y reía de una manera un tanto macabra.
Jaek se apresuró a ponerse de pie.—No creo que tengas el poder del que alardeas.- dijo.
—No necesito probarte lo que tengo. Yo sé la grandeza de mi poder.
—No me has concedido lo que pedí.
—Lo he hecho. Pero las invocaciones toman tiempo, deja de pensar que todo llega de manera inmediata. Veras lo que has pedido mañana por la mañana, te lo puedo asegurar.
Jaek puso mala cara y lanzó al suelo la paga que había prometido por temor a que una maldición cayera sobre él.
Salió del lugar cubriendo su rostro y fue hasta su casa todavía enojado por su gran estupidez.
¿Almas destinadas? Que gran estupidez ¿Por qué seguir pensando en esa tontería? Jaek trataba de convencer así mismo.