Querida asistente | Rey Magnífico

Summary

Llevaba tiempo trabajando para él, siendo cercanos y dedicando sus esfuerzos a cumplir las necesidades del rey, ¿Podría su benevolencia hacia él convertirse en algo más que solo gratitud? En donde eres la asistente personal del Rey Magnífico. •°≈≈≈≈★≈≈≈≈★≈≈≈≈★≈≈≈≈★≈≈≈≈★≈≈≈≈°• Actualizaciones lentas.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

¡1! |Un día (casi) como cualquiera|

"Despierte, por favor"


Esas fueron las primeras palabras en dar iniciada la mañana, las cortinas de su habitación se movieron con rapidez y una tenue luz anaranjada llegó a sus ojos que después de ser abiertos con dificultad, los volvió a cerrar con fuerza.


"El rey la espera en su estudio"


La muchacha del personal depósito una bandeja con comida sobre la mesa de luz de la otra mujer y posteriormente se marchó con prisa, dejándola a ella sola y revolviéndose entre las suaves mantas de su cama, no deseaba ver al rey, no después de su sueño donde el monarca era el principal protagonista:


{*.*.*}


"¡Mmh! Por favor ..."


Sentía su interior lleno, cada golpe mas certero que el anterior.


"Tranquila- ah ... ya pasara"


Su cabello despeinado, sus ojos oscurecidos, su piel resplandeciente, todo era perfecto. Sus manos estaban en todas partes, tocaba su rostro, su cabello, su espalda, sus pechos y hasta ese manojo de nervios entre sus piernas, ¿Él era demasiado bueno o ella suplicaba por atenciones especiales?, no lo sabía, quizás nunca lo sabría


"Estoy cerca ..." Le susurro al oído.


"Por favor ... Magnífico" La hizo callar con sus labios, aun así los jadeos salían de su boca debido a los constantes movimientos que el hombre daba para complacerla.


"No te contengas" Volvió a susurrarle, aumentando la velocidad de sus golpeteos. "Quiero verte llegar"


Y sin poder evitarlo se libero completamente, sus piernas temblando y sus ojos reflejando estrellitas, deliraba, sentía su cuerpo entumecido, él llego en su interior, llenándola con su esencia caliente.


Ambos jadeaban, buscando recuperar la respiración luego del orgasmo, que delicioso sueño.


Luego, ella despertó, y aquí estaba ahora.


{*.*.*}


Con pesadez movió las sábanas de su cuerpo y se sentó en el borde del colchón, observando lo que seria su desayuno, sus manos se movieron a su rostro buscando tallarse los ojos con frustración contenida, escenarios de la noche anterior llegaban a su mente como destellos y entre sus labios se forzó una sonrisa, sentía vergüenza de sí misma.


Se puso de pie al sentirse más despierta y caminó sin ánimos hasta el tocador junto a su cama, observando su reflejo se dio cuenta del desastre que estaba hecha así que rápidamente comenzó a arreglar su estropeada imagen, refresco su rostro gracias a un pequeño cuenco de porcelana con agua sobre el mueble y con un trozo de tela se secó, luego cepilló sus largas hebras castañas, atándolas con ayuda de una cintita azul en un simple rodete.


Volvió a inspeccionarse con detalle y una vez convencida camino hasta su guardarropa de donde sacó su corset junto a uno de sus tantos vestidos extensos hasta los tobillos, de mangas largas y varias capas.


Se quitó el ligero pijama de seda, dejándolo colgado de una percha dentro del mueble de madera y procedió a vestirse, ajustando los lazos de su corset y colocando cada capa del vestido, volviéndose cada vez más ajustadas a su cintura hasta que vistió la ultima y más llamativa de colores blancos con múltiples detalles en azul.


Luego de ultimar detalles finales en su apariencia se encargó de su calzado; un par de medias blancas translúcidas y una botas de cuero después ya estaba lista. Salió de su habitación cerrando la puerta detrás suyo y caminó con prisa por los largos pasillos del castillo hasta llegar a una gran escalera de mármol, subió cada peldaño hacia la cima, sintiéndose más y más nerviosa a cada paso que daba.


Una vez que llego a lo más alto de la torre freno sus pasos de cara a aquellas puertas grabadas con el sello de su rey, temblando, totalmente paraliza por la idea de pedir permiso y tener que entrar. Se sintió tentada ante la imagen de darse media vuelta, salir corriendo a su habitación y encerrarse allí por el resto de la semana, pero como desgraciadamente tenía obligaciones que cumplir, se abstuvo de ir a esconderse como una cobarde y dio pequeños golpes con sus nudillos a la superficie de madera, deseando que del interior de ese estudio nadie le respondiera.


— ¡Adelante! — Obviamente, sus deseos no iban a ser escuchados. Una masculina y ligeramente rasposa voz la invitó a pasar, soltó el aire retenido en su pecho, giro el pomo de la puerta y entró, dando la espalda al interior en todo momento — ______, buenos días, por favor pasa, no te quedes allí. — Dijo su rey amablemente mientras se acercaba a ella para recibirla con una sonrisa.


— Buenos días, su majestad — La mujer realizó una pequeña reverencia en dirección a Magnífico, buscando ocultar su vergüenza al mantener la mirada fija en el suelo, nuevamente aquel sueño se hacia presente en su memoria.


— Por favor ______, no seas tan modesta, nos vemos siempre — Una pequeña risa salió de entre sus labios, provocando un revoloteo en el estómago de la muchacha.


— Discúlpeme, es que no puedo evitarlo, se me convirtió en una costumbre — Levanto la vista del suelo, encontrándose con esos hermosos ojos celestes e inconscientemente, le dedico una tímida sonrisa.


— No te disculpes, lo entiendo perfectamente — Dijo al mismo tiempo que se acercaba a un librero próximo a ellos, el cual estaba un poco (muy) desordenado, aparentemente el monarca buscaba un libro en especifico que no lograba ubicar.


— ¿Necesita que le ayude? — Pregunto ______, dando un par de pasos hasta estar ligeramente cerca de su rey.


— No, no hace falta — Respondió Magnífico, revisando varios libros que flotaban a su alrededor gracias al uso de su magia. Lo apreció suspirar profundamente, y con el rostro transmitiendo frustración a los segundos dijo: — De acuerdo, necesito tu ayuda.


La muchacha amplió su sonrisa — ¿Cuál es el libro que está buscando? — Tomó por curiosidad uno de los tantos que flotaban y leyó el título; "Guía básica de magia - Tomo uno" , Interesante, pensó ella, simplemente se lo entregó a su rey.


Él tomó el libro entre sus manos y lo devolvió a su lugar — ¿Recuerdas el que te mostré?, ¿"Historia de la magia y sus orígenes" ? — Tomo uno de los tantos libros de hasta arriba y apenas leyó el titulo lo dejo donde estaba.


La mujer asintió — Si, ayer usted lo tenía

— Hecho un rápido vistazo a la librería de su rey, sabiendo que iba a hacer una larga búsqueda si revisaban cada libro uno por uno.


— Exactamente, y ahora no recuerdo donde lo deje — Frunció el ceño. En segundos ordenó al completo el librero y camino al centro del estudio, se llevo las manos a las caderas, pensativo.


Ella por su parte caminó todo al rededor del lugar, buscando con la mirada, el problema era tan insignificante y al mismo tiempo tan importante ya que, por un lado, era un simple libro, y por el otro, el Rey era la única persona en todo el reino que poseía libros referentes a la magia así que; debían encontrarlo. Siguió caminando hasta llegar junto al escritorio de Magnífico, sobre el mueble se encontraban varias pilas de libros muy parecidos entre si.


— ¿Ya reviso estos? — Pregunto ella, señalando todas las pilas.


— Pues ... No — Respondió él con duda. Se acerco hasta ______ y mientras ella tomo un libro entre sus manos Magnífico hizo levitar a los restantes, otra vez, con la diferencia de que en esta ocasión si encontró lo que buscaba — Bingo. Gracias ______ — Se observaron un momento y posteriormente el monarca comenzó a ojear las paginas.


— Apenas y si hice algo — Dijo la muchacha como si no fuera nada, posicionándose a su lado y dedicándole otra sonrisa.


— No importa, de todos modos te lo agradezco — Hablo sonriente. Detuvo su lectura en una pagina cualquiera para observar a su asistente, extrañamente mantuvo la mirada más tiempo de lo normal, apreciando esa sincera sonrisa que ______ siempre le regalaba. El celeste y el ámbar se conectaron y pudo apreciar como las mejillas de la muchacha se tornaban rojizas — Como sea, vamos, tenemos trabajo que hacer. — Y comenzó a caminar a la entrada de su sala de pociones.


— Ah- Si, por supuesto — El revoloteo en su estomago nuevamente hizo acto de presencia y juraba que podía escuchar su corazón taladrarle los oídos, si no paraba de soñar despierta ahora jamás iba a deshacerse de ese sentimiento tan abrumador. Camino detrás de su rey y volvió a su lado cuando el recién mencionado abrió la puerta de la sala, ambos entraron y mientras el monarca se dirigió a uno de sus tantos puestos de trabajo, ______ espero pacientemente a que se le fueran indicadas sus tareas del día, parándose a una distancia normal de su rey, intentando devolver su sistema nervioso a un estado sereno.


Luego de unos minutos, Magnífico volteo ligeramente la cabeza, mirándola por encima de su hombro — ¿______? — La llamó suavemente.


— ¿Si, su majestad? — Respondió ella, centrando toda su atención en el hombre. Nuevamente el celeste y el ámbar se encontraron.


— Quisiera preguntarte algo— Preguntó su rey, centrándose nuevamente en su trabajo.


— Por supuesto, lo que sea — La muchacha dio uno, dos y tres pasos hacia adelante, observando con detalle el perfil de su rey; por más que fuera unos 20 años mayor que ella, podía admitir que su apariencia física se hallaba bien conservada, aún encontraba uno que otro cabello castaño entre tanto gris y blanco, sus ojos siempre la atraían, ese color celeste tan bello jamás lo había presenciado en su vida y le encantaba, eso sin mencionar su físico en sí, espalda ancha, hombros firmes, manos grandes y seguramente cálidas, con las que tranquilamente podría tomarte de cualquier rincón de tu cuerpo mientras atrapa tus labios con los suyos, toda una fantasía.


— Y bien, ¿Tu qué piensas? — Pregunto Magnífico, liberando inmediatamente a la joven de su ensoñación.


Ella pestañeó, volviendo a la realidad, sus mejillas rápidamente cambiaron de tonalidad — ¿Que?- Discúlpeme no lo escuche, ¿Qué había preguntado? — ______ sonrió nerviosa, se perdió tanto en el atractivo de su rey que ni cuenta se dio cuando él le dirigió la palabra.


— Que qué piensas sobre que consiga un aprendiz — Dijo sin apartar la mirada de los líquidos e ingredientes que usaba para sus pociones.


— Depende del tipo de aprendiz del que usted está hablando — Uno y dos pasos más hacia adelante, cada vez más cerca de su rey.


— Del tipo que seguiría mis pasos, le enseñaré magia y algún día llegara a sustituir me — Diferentes reacciones alquimicas emanaba el caldero que Magnífico usaba, el contenido en su interior cambiaba de colores y se espolvoreada tanto como burbujeaba.


Otro paso y otro más, se encontraba prácticamente detrás de él, inclinándose levemente a la izquierda para observar como su rey experimentaba y anotaba en un cuaderno cada reacción química que obtenía del caldero, todo bajo la supervisión de que no explotara su puesto de trabajo, claro está.


— Sinceramente, creo que es una buena idea, es decir, usted no tiene herederos, y por lo que me contó no posee ningún pariente que pueda reemplazarlo como rey.


— Hm ... — Murmuró él por lo bajo, percatándose de la presencia de ______ a su lado — En ese caso, está decidido, en la próxima Ceremonia del Deseo daré el anuncio al pueblo, decidiré las pautas del puesto y tu me ayudaras a entrevistar a todo aquel que esté interesado, ¿De acuerdo?


— De acuerdo — Ambos se sonrieron el uno al otro, como si fueran cómplices de alguna maldad.


A veces el trabajo juntos era escaso, el hombre se había acostumbrado tanto a hacer las cosas solo que muchas veces se quedaba hasta altas horas de la noche encerrado en ese estudio, pasando estrés y negándose incluso a ver a su esposa, pero, cuando llegó a su lado esa pequeña muchacha se dio cuenta de lo mucho que podía disfrutar el tiempo libre, gastando unas pocas horas de cada día para simplemente pasar tiempo con la mujer que siempre estaba con él, sin olvidar a su querida Amaya, claro está. Pero últimamente se sentía culpable por a veces descuidar su matrimonio, por desear pasar mas tiempo con su asistente que con su pareja; eres demasiado irresponsable, se decía mentalmente.


Muchos días, después de una horrenda noche de poco sueño, caminaba derrotado hasta su estudio, analizando lo irritante que sería la nueva mañana, pero, cuando cruzaba por esas puertas y se encontraba a ______ ya esperándolo con una sonrisa en el rostro y la lista de tareas en mano él sonreía, ya sea intencional o inconscientemente sonreía, sonreía por verla, por estar con ella, por saber que las horas de trabajo no serían tan duras, por tenerla a su lado.



. . .



¿En serio la apreciaba tanto?, ¿O acaso ......?. No, imposible.


Su asistente era una buena amiga, hasta tal vez su mejor amiga, solo una amiga.