Miedo de Mostrarme

—Harry, cierra la boca, —dijo Zayn burlándose.
—No puedo, ¿lo estás viendo? Hoy se ve más guapo de lo normal, —suspiró. —Esos pantalones le dan un aura más relajada, y el verde le queda tan bien... Aunque diga que no le gusta, no deja de usarlo.
—Te tiene loco, ¿verdad?
—Claro que sí, me encanta.
—No sé cuándo dejarán su estupidez, es tan obvio que se gustan... No, es más que eso. Pobre la cama donde van a tener sexo algún día, no va a aguantar, —dijo riéndose.
—Eso espero, —contestó, también riéndose, pero esperaba que sí fuera verdad.
Justo en ese momento, Louis se acercó a ellos.
—Hola Zayn, hola... Harry, —saludó con su mejor sonrisa.
—Hey, ¿cómo estuvo la fiesta en casa de Liam? —Preguntó Harry.
—Increíble, aunque extrañé verlos, ¿por qué no fueron?
—Tuve que cuidar a mis hermanas y Harry me ayudó, ya sabes, son tres mini adolescentes.
—Harry siempre tan dulce, —comentó, perdido absolutamente en esa sonrisa maravillosa.
—Te ves muy bien, esa ropa te queda increíble, —confesó, mirándolo de arriba hacia abajo.
—Desnudo me veo mejor...
—No lo dudo, nos vemos después, —se despidió cerrándole un ojo.
—Que les vaya bien, —contestó Louis, mordiéndose el labio mientras veía caminar al objeto de sus deseos.
—En cualquier momento van a terminar haciéndolo en el piso, —dijo ahora Liam, que había alcanzado a escuchar la última parte de la conversación.
—Me encantaría, es perfecto.
—Lo sabemos, lo repites a cada rato. Lo que no sé es por qué no se lo dices, por último invítalo a salir, a tomar algo, qué se yo.
—No quiero que me rechace.
—¿En serio? Creo que eso jamás pasaría, es como si no lo conocieras. Harry no va a coquetear así por juego, solo lo hace contigo.
—Pero sale con cualquiera.
—Tú también, no sé por qué no deberían hacerlo. A lo que voy, es, si los dos se gustan, es tan fácil como que salgan en plan de pasarlo bien, de conocerse más. Estoy seguro de que van a terminar felices y muy, muy juntos.
Louis no contestó, aunque sonrió. En el fondo de su corazón quería que así fuera, pero había un motivo que lo paralizaba de avanzar.
Esa dinámica de tensión entre ellos, empezó casi el mismo día en que comenzaron las clases. Estaban en primer año de bachillerato, una opción que les daba la universidad a quienes aún no decidían qué estudiar y que les permitía una visión más clara de algunas carreras. Harry conoció a Zayn ese primer día, cuando se sentaron juntos sin querer y se volvieron inseparables de manera casi automática. Estaban en el área de humanidades, que compartía algunas clases con el área de artes, donde estaban Louis y Liam, que eran amigos desde pequeños.
Cuando Harry y Louis se vieron en la segunda hora de ese primer día, sintieron extrañamente algo en sus corazones. Para Harry fue casi un flechazo, amor a primera vista. Para Louis, a pesar de que le había gustado mucho, fue más difícil. Le tomó un par de meses caer literalmente enamorado, pero no lo asumiría.
La energía de los dos era muy distinta. Harry era un chico en extremo dulce, muy tranquilo, conciliador, amable. Era muy seguro también, le gustaba pintar sus uñas, usar brillos o camisas poco tradicionales, y la verdad es que todo lo que usaba se veía bien en él. Además era alguien muy querido y respetado. Era un conquistador, pero jamás habló de quienes compartieron besos o el sofá de su casa, mantuvo su vida privada en secreto y eso lo agradecían quienes pasaron tiempo con él.
Louis en cambio, era el típico macho alfa que dejaba suspiros por donde pasaba. Si bien era discreto con sus conquistas, irradiaba energía masculina, seguridad, sudaba sexo, y sabía ocupar sus encantos a su favor. Era consciente de su atractivo y le gustaba mucho coquetear, aunque casi toda su energía estaba dirigida a un solo chico, al dueño de sus sueños.
Sin embargo, algo lo detenía, algo que no había hablado ni siquiera con Liam y que le daba terror compartir con Harry y que provocara su rechazo. Tal vez algún día dejaría de ser tan cobarde y esperaba que fuera pronto realmente.
Llevaban cerca de seis meses así, coqueteándose descaradamente, asumiendo que se gustaban y que quisieran algo más, pero ninguno daba el primer paso aunque cada vez era más difícil mantener esa situación. Cuando alguno sabía que el otro había tenido alguna cita o que había alguien demasiado insistente detrás, se volvía muy frustrante y muy triste. A solas, en sus camas, lloraron algunas noches de tanto desencanto, de sentir que lo más probable era que tuvieran sexo y ya todo se acabaría, porque jamás imaginaron que entre ellos había amor verdadero y real.
No contaban con la participación de sus amigos, que eran menos tontos en ese sentido. Les gustaba verlos en esos juegos, pero se daban cuenta de que había algo más profundo y ya estaban cansados de que no se dieran la oportunidad de probar. Por eso, y muy convenientemente, Liam y Zayn se habían juntado a solas varias veces, demasiadas quizás, para supuestamente ponerse de acuerdo en un plan. Se demoró la elaboración del proyecto, porque se dieron cuenta de lo bien que se llevaban y a diferencia de sus amigos, fueron lo suficientemente cuerdos para dejarse llevar por sus recientes sentimientos. Luego de un par de besos, Liam se declaró y de inmediato se hicieron novios, aunque las primeras semanas decidieron mantenerlo en secreto.
Zayn iba a estar de cumpleaños, y era una buena oportunidad para poner en práctica la idea, que sabían, era bastante básica, pero no dudaban de que fuera efectiva. Invitaron a algunos chicos y chicas y harían el típico juego de verdad o reto y eso sería todo. Si sus amigos no aprovechaban, optarían por amenazas de otro nivel.
—Pensé que nunca terminaríamos de organizar esta fiesta, —se quejó Zayn cansado.
—Lo sé bebé, pero ya está todo listo. Comida, alcohol, música... Guardamos todo lo de valor y delicado, tus hermanas y tu mamá se van con tu tía...
—Incluso nos quedan unas horas para nosotros, quiero regalonear mucho contigo...
Se besaron tiernamente, y luego se dedicaron a arreglarse para la noche y terminar con los últimos detalles.
Harry estaba feliz. Disfrutaba mucho de ir a fiestas donde estaba también Louis. Muchas veces bailaron por horas, mirándose, tocándose por casualidad, compartiendo con sus amigos que se llevaban demasiado bien. Louis siempre fue tan amable, tan lindo, lo acompañaba al baño y lo esperaba afuera, siempre le ofrecía algo para comer o para tomar. Era demasiado perfecto, y sin embargo, sabía que algo había escondido. Lo conocía perfectamente, y muchas veces notó cómo su mirada cambiaba frente a algunos comentarios, y él quería que le tuviera la confianza suficiente para contarle lo que le pasaba y tal vez, ayudarlo. Lo haría sin dudar.
Se bañó usando su jabón favorito, y lavó su pelo con cuidado. Usó una mascarilla con olor a sandía, porque desde que Louis le dijo que el aroma de su pelo suelto era delicioso, solo usaba esa variedad. Pensó elegir algo infartante para vestir, como transparencias o algo ajustado, pero no. Eligió unos jeans sueltos, zapatillas y una simple polera manga larga. A pesar de verse muy sencillo, se sentía feliz y eso se reflejaba en su energía.
Louis por algún extraño motivo se sentía nervioso. Por eso decidió usar solo un buzo gris y sus zapatillas más cómodas. Revolvió su pelo y se perfumó muy suavemente, porque una vez escuchó decir a Harry que le gustaba sentir el verdadero aroma de la piel de las personas. Le hizo sentir celos pensar en que disfrutó del olor de alguien más, pero luego le había dicho casi en su oído, que el de su piel lo estaba enloqueciendo. Cómo pudo seguir viviendo después de eso, es algo que no tiene explicación.
Los dos llegaron temprano para ayudar en lo que hiciera necesario, y aprovecharon de conversar tranquilos antes de que empezara el bullicio.
—¿Estás bien? Te ves un poco...
—¿Mal? —Interrumpió Louis.
—Nunca te verías mal, lo sabes. Es como si estuvieras nervioso, pero quizás es solo mi impresión.
—Me siento inquieto, pero no tengo motivo. Solo debe ser cansancio.
—Ya lo creo, hemos tenido mucho que estudiar estos meses. ¿Ya sabes qué vas a estudiar?
—No, —sonrió. —Pero sé que descarto cualquier tipo de diseño. Ahora mi duda es si optar a psicología, que no me atrae tanto o decidirme por una pedagogía o trabajo social.
—Te entiendo. Me sentí igual hasta ayer, pero me decidí por pedagogía. Aun no sé en qué rama me gustaría, pero sí que pudiera enseñar a los más pequeños.
—¿Siempre te gustaron los niños?
—Sí, más ahora que mi hermana está esperando una bebé.
—¡No puede ser! Amo a los bebés.
Estaban en su propio mundo, donde sin darse cuenta habían organizado los vasos, colgado los globos y otras decoraciones. No supieron en qué momento la música estaba tan fuerte y ellos intentaban conversar en medio de la pista de baile.
—¿Quieres tomar algo? —Logró preguntar Louis.
—Solo jugo, por favor. —Pidió.
—¿Por qué? ¿No prefieres cerveza?
—Me duele la cabeza, creo que es mejor solo jugo.
—¿Necesitas alguna medicina? Si Zayn no tiene, puedo ir hasta la farmacia, —ofreció preocupado.
—Gracias, solo necesito un poco de jugo y quizás un poco menos de ruido, pero eres tan amable... —dijo mirándolo con tanta dulzura, que Louis se imaginó dando el sí en una pequeña iglesia, cerca del mar.
—Ven, ven a sentarte, —Ofreció su mano con un poco de miedo de ser rechazado, pero Harry se aferró a ella.
Lo dejó sentado en el lugar más alejado del bullicio y fue a buscar su jugo. Aprovechó de pedirle una pastilla a Zayn y esperó los tres minutos que se demoró. Iba caminando inquieto, cuando vio al estúpido de Joss acercarse a Harry.
—¿Por qué tan solito? ¿Te puedo acompañar?
—Estoy esperando a Louis, así es que prefiero que me dejes solo.
Louis estaba detrás de Joss escuchando, y sonrió.
—No deberías acercarte a ese idiota, no es lo que imaginas. Te puedo contar algo muy interesante de él en la cama... —Ofreció con una mirada tan desagradable como su presencia.
Louis se quiso morir, una angustia se apoderó de él.
—Nada de lo que puedas decir va a cambiar mi opinión sobre Louis, sé muy bien quien es. Por favor déjame en paz.
—Pero no te enojes, te juro que cuando sepas me lo vas a agradecer, así dejas de perder tu tiempo.
—Deja de perderlo tú. ¿No entiendes que hablar mal de las personas a sus espaldas dice mucho de ti? No podría confiar en lo que dices, ojalá madures.
Se levantó y caminó. Alcanzó a dar dos pasos cuando vio a Louis de pie, casi paralizado y un rostro difícil de descifrar. Fue su turno de tomarlo de la mano y llevarlo a una de las mesas con snacks.
—¿Está todo bien? —Preguntó Liam.
—Sí, solo el estúpido de Joss intentando dejar mal a Louis, —contestó Harry. —Pero está mudo, no sé qué hacer.
—Me lo voy a llevar al baño para mojarle la cara.
Harry los vio irse, cuando llegó Zayn a su lado y le contó lo sucedido.
—¿Y no te dio curiosidad saber lo que podía decirte?
—No. Eso sería muy irrespetuoso. Si Louis o cualquiera tiene algún tema con su sexualidad, debería ser un asunto privado. ¿Te gustaría que todos supieran cómo te gusta hacerlo? Creo que no.
—Tienes razón. Espero que se recupere, vamos a empezar con los juegos, —contó un poco más relajado.
—¿Estás mejor? —Preguntó Harry, tocando sus mejillas cuando Louis volvió. —Estás pálido.
—Creo que me contagiaste el dolor de cabeza, —contestó ahora sonriendo.
Una fuerte voz los sobresaltó, era Liam en el micrófono: —Aprovechen para bailar esta última canción, ¡porque se vienen los juegos extremos!
Solo se escucharon gritos animados y aplausos. Una canción lenta empezó a sonar, era parte de crear el ambiente.
—¿Quieres bailar? —Preguntó Louis.
—Sí, me encantaría. Pero déjame tomar un poco de jugo.
—Lo siento, lo olvidé.
—No te preocupes, vamos a bailar.
Era primera vez que una música tan lenta los acompañaba, pero fue muy fácil para Harry dejarse abrazar por Louis y comenzar a balancearse despacio, en silencio, disfrutando de ese momento con el que más de alguna vez soñaron. Se les hizo demasiada corta la canción, y no querían separarse, pero los gritos de los demás invitados los obligaron a ponerse en un círculo en el medio de la habitación.
Empezarían con el tradicional, verdad o reto. La mayoría de los invitados prefirió la verdad, y Louis hubiese hecho lo mismo, pero la presencia de Joss lo intimidó. Tuvo que optar por el reto. Y el encargado de darle el reto, misteriosamente era Zayn.
—Bien, tu reto será elegir a alguno de estos divertidos chicos o chicas, y simplemente darle un beso. No un pico, un beso real, con todo, —informó divertido.
Harry al escuchar eso, sintió como se sonrojaba, y al mismo tiempo, se sentía triste. Prefería irse antes que ver a Louis besando a otro, no ese día, no nunca. Dio un paso atrás, y otro, hasta empezar a deslizarse silenciosamente hacia la salida.
—Quiero besar a Harry.
La voz de Louis se escuchó fuerte y clara, pero el aludido estaba seguro de que había un error. Pero cuando sintió todas las miradas fijas en él, supo que era verdad. Louis quería besarlo.
—¿Será verdad? —Preguntó dramáticamente Zayn. —¿Es posible que por fin vayan a besarse? Por favor acérquense al centro.
No se atrevían a mirarse, se sentían avergonzados. Soñaban con besarse, pero no en medio de extraños, no así, casi obligados.
Pero también sintieron que dependía de ellos querer hacerlo, y hacerlo bien y bonito.
Louis se acercó, y pasó su brazo por la cintura de Harry, que lo miró tímidamente. Los demás no notaron el ligero movimiento de cabeza con el que se daban el consentimiento de hacerlo, de poder besarse porque los dos lo querían.
Una pequeña respiración, y por fin sus labios se unieron en un beso suave y delicado que despertó cada centímetro de piel. ¿Hay algo mejor que besar a la persona que amas? Harry tomó a Louis por el cuello y lo acercó más, hasta que sus lenguas se encontraron, haciéndolos sonreír. ¿Era un beso perfecto? Por supuesto, y no tenía que ver con la técnica o con la ejecución. Tenía que ver con lo que les hizo sentir, y eso fue igual en los dos.
Apenas terminaron el beso, en medio de vítores, Louis tomó de la mano a Harry y lo sacó del lugar. Caminaron en silencio por dos cuadras, hasta llegar a la casa de Louis, que estaba sola porque su mamá trabajaba en el turno de noche de un hotel.
Harry no había dicho una sola palabra, estaba esperando a ver la reacción de Louis a todo lo que había pasado en la últimas horas.
—¿Quieres tomar algo?
—Agua, por favor.
—¿Te sigue doliendo la cabeza?
—Sí, pero ya es menos.
—Toma, Zayn me las había pasado y luego ocurrió lo de Joss y lo olvidé, —dijo entregándole las pastillas.
—Gracias. —Tomó toda el agua de un solo sorbo.
Un minuto incómodo pasó, hasta que Louis se acercó con vergüenza hasta Harry, que seguía de pie.
—Yo, em, yo...
Harry sonrió, le parecía que Louis era el chico más fascinante de toda la galaxia. Adoraba verlo así, sin el control por un momento. —¿Tú?
No hubo respuesta, solo Louis besándolo nuevamente, arrinconándolo junto a la pared y frotándose desesperadamente. Como una revelación, Harry lo supo, ahora tenía que comprobar su teoría.
Harry se separó, apenas unos centímetros, y lo miro desafiándolo, cambiando su mirada por una fuerte y decidida. Tomó a Louis del cuello, casi buscando que le faltara el aire, y el gemido en la boca de Louis le dio la respuesta que buscaba.
Lo soltó, y en cambio, volvió a ser dulce. Acarició la piel que había empezado a ponerse rosa y lo miró, quizás esperando una respuesta, una confesión, algo. Solo tuvo una pregunta de parte de Louis:
—¿Vamos a mi habitación?
Y Harry, que había rogado por esas palabras, tenía una gran encrucijada y se debatía en su interior. Quería hacerlo, pero también quería decirle a Louis todo lo que sentía. Era arriesgado, pero quizás si era rechazado podría olvidarlo más fácilmente que vivir de esta tensión que estaba a punto de explotar.
—Llévame.
Una vez ahí, Harry se decidió. Lo haría y después declararía su amor. Sacó su polera, y se acercó a Louis. Lo tomó con fuerza de su cintura y lo besó sin miedo, ni nervios ni dudas. Lo hizo con total seguridad, como si estuviera acostumbrado, como si ese cuerpo le perteneciera. Una mano en la nuca de Louis, la otra debajo de su polera, acariciándolo fuerte, pero suave a la vez.
Sentía cómo poco a poco Louis se iba dejando, se iba relajando, se iba mostrando. Le quitó la sudadera y la polera en un solo movimiento y soltó el cordón de su pantalón de buzo, que cayó al suelo en cámara lenta. Louis se quitó las zapatillas con los pies, y tenía sus manos aferradas a la cintura de Harry, como si temiera que se evaporara.
Harry los llevó hacia la cama, se sentó y luego se dejó caer con Louis encima de su cuerpo. Una vez que lo tuvo bien sujeto, se giró, quedando arriba. Lo besó hasta que se quedó sin aire, lo tocó hasta que sus manos quedaron marcadas en esa dorada piel, lo mordió en los lugares exactos para dejar su huella por unos días y lo abrazó hasta que sus miedos se esfumaron.
Memorizó el cuerpo cálido y tembloroso que reaccionaba a cada uno de sus estímulos, grabó el sonido de la voz fraccionada de Louis en su corazón y las curvas en sus caderas le mostraron el único camino que podría seguir desde ese momento.
Vio pasar los fantasmas de Louis y los propios en sus miradas, descubrió la necesidad de contención y de cariño que exigían esos labios y esas manos que lo buscaban sin cesar.
Comenzó a desabrochar sus pantalones mientras delineaba con su lengua el miembro húmedo, duro y sensible de Louis, y sentía los primeros espasmos como electricidad en esas piernas perfectas y adorablemente gruesas.
—¿Tienes lubricante? —Susurró muy despacio, apenas como un soplo de aire.
Solo un sonido, parecido a un pequeño gruñido salió de la garganta de Louis. Harry buscó rápidamente en la mesita de noche hasta encontrar uno y se puso un poco en las manos y lo calentó, frotándolas con fuerza. Apenas un suave intento en la muy apretada entrada que le pedía ansioso mucho más, lo sabía por el placer que le gritaba en los gemidos de Louis que desde ese momento dejaron de ser tímidos.
Cuando estuvo preparado, y listo para recibirlo, lubricó también su erección, de manera abundante.
—¿Quieres girarte? —Preguntó con delicadeza. —Estaba seguro de que sería mejor para Louis no mirarlo, podía sentir que estaba inseguro.
Louis solo lo hizo, completamente agitado.
—Rápido, por favor, te necesito...
Harry sonrió un segundo, antes de comenzar a perderse entre las turgentes y redondas mejillas que lo tenían prisionero. Sentía cómo su miembro se iba abriendo paso en ese pequeño y suave lugar, hasta llenarlo por completo.
—Te sientes tan bien... —Gimió Harry.
—Muévete... hazlo... —Exigió Louis con lo que le quedaba de voz.
Y Harry comenzó a moverse. Despacio al principio, pero pronto su intensidad era impactante, se movía como un verdadero experto, desde el primer movimiento le dio justo donde veía explotar fuegos artificiales y no lo dejó en paz hasta que lo hizo acabar escandalosamente. Salió del cuerpo agonizante de Louis y se masturbó hasta correrse sobre su espalda.
Cinco minutos después fue a buscar una pequeña toalla húmeda para limpiar la piel de Louis, y mientras lo hacía no pudo dejar de admirar el cuerpo tan bonito y estimulante frente a sus ojos. Sonrió con todo su corazón cuando escuchó la respiración calmada de su amor que había caído en un relajante sueño. Qué ganas tan intensas sintió de acostarse a su lado y abrazarlo hasta el fin de los tiempos, y despertar juntos y ver su rostro relajado y tan bonito...
—Eres precioso...
Se vistió y salió, dejando una nota.
Al día siguiente, Louis quería morirse de la vergüenza. Había soñado tanto con ese momento y lo había hecho todo mal. No habló, no fue capaz de decirle a Harry lo importante que había sido ese primer beso, tampoco le contó de su amor, de cómo había crecido cada día... Y en la cama, sentía que fue el peor desastre de la tierra. No lo tocó, se había dormido, y para peor, no explicó por qué fue el pasivo cuando se supone que él es el activo más activo de todos los activos. Y tampoco le preguntó a Harry por qué fue el activo, si siempre daba la impresión de ser pasivo. Quizás, eran cosas sin importancia, pero para él representaban el mayor problema de su existencia.
¿Qué haría ahora? Tendría que esconderse para siempre, no se sentía capaz de salir al mundo y que todos lo señalaran... aunque podría soportarlo si Harry le diera otra oportunidad. Estaba hundiéndose en su dramática teleserie cuando vio la nota encima de su teléfono.
“Si quieres y tienes tiempo, me encantaría que conversáramos de lo que pasó... Y podríamos repetirlo, ¿qué dices?”
¿Repetirlo? ¿Harry quería repetirlo? Ahora entendía menos, pero sin perder el tiempo le envió un mensaje. Quedaron de acuerdo en juntarse después de almuerzo en la casa de Harry.
Cuando ya estaba tocando el timbre, sus pobres manos sudaban a más no poder. Pensó comprar flores, pero se arrepintió; pasó lo mismo con cada idea que tuvo, pero no quería arriesgarse hasta saber bien dónde estaban.
Harry lo recibió más hermoso que nunca. —Pasa, —saludó.
—¿Cómo estás? —Preguntó demasiado nervioso, sobre todo al mirar las piernas de Harry en ese ajustado jeans negro.
—Bien, ¿y tú? Estás muy inquieto, ¿pasa algo?
—Sí, yo, Harry... Siento que te debo una explicación. Sé que te preguntas por qué dejé que fueras el activo, y la verdad... —Comenzó. —Siempre lo he sido, pero no me gusta, no sé bien cómo comenzó y me siento mal que pienses que no soy lo que se supone debo ser.
—Louis, solo me lastima saber que has hecho algo que no te gusta por quien sabe cuánto tiempo. Imagino lo difícil que fue, pero yo no te voy a juzgar ni preguntar. Si quieres contarme más, te voy a escuchar cada vez que lo necesites, pero quiero que sepas que... me encantó estar contigo... —Confesó mordiéndose el labio.
—A mí también... Pero no pensé que quisieras repetirlo, porque, fui tan... Lo hice horrible, te juro que puedo hacerlo mejor.
—¿Qué dices? ¿Horrible? —La risa de Harry arreglaba el mundo. —Podrías solo respirar y sería más que perfecto... —Se puso serio de repente al notar lo que dijo.
—Es que tú eres increíble... No puedo creer cómo me hiciste sentir...
—¿Puedo hacerlo de nuevo? —Preguntó acercándose hasta sentir su respiración.
—No tienes que preguntarlo...
Y en el sofá de la casa de Harry tuvieron su segundo encuentro, mucho más intenso en besos, caricias y miradas. Una vez que volvieron a la tierra, Louis se vistió demasiado rápido, casi como si estuviera escapando. Intentó caminar hacia la puerta, pero Harry solo con sus jeans desabrochados, viéndose hermoso sin polera, con los labios hinchados y su pelo desordenado se lo impidió.
—¿Por qué te vas?
—No quiero molestar... —Explicó intentando no mirarlo, porque de lo contrario, no saldría más de esa casa. ¿Podía ser Harry más provocativo? ¿Más sensual?
—Quédate un poco más, ¿sí? Déjame mimarte, puedo cocinarte algo, o hacerte un masaje...
—¿Por qué? ¿Por qué haces esto? No entiendes que... que es difícil... ¿que me duele?
—¿Por qué te duele? Explícame... ¿por favor? —Pidió.
—Harry, yo siento algo por ti, y no quiero que te sientas comprometido ni obligado a consolarme o algo así...
—Louis... ¿de verdad sientes algo por mí?
—No voy a hablar de eso, no es justo...
—¿Sabes hace cuánto tiempo estoy enamorado de ti?
—¿Qué? ¿Tú? ¿Enamorado de mí?
—Sí... —Se ruborizó por completo, pero su sonrisa era la más hermosa y sincera del mundo.
—¿Por qué no lo dijiste?
—No quería que me rechazaras...
—Podríamos habernos evitado tantas cosas...
Y en un acto que Harry no vio venir, Louis salió de la casa. Su pobre corazón ilusionado explotó de pena. Fue hasta su habitación y se duchó, raspando su piel con fuerza, intentando que sus lágrimas se mezclaran con el agua caliente. Se colocó una polera delgada y un short suelto y fue hasta la cocina por un poco de agua. El timbre lo descolocó por completo, haciendo que se le cayera el vaso y se rompiera en mil pedazos. Se maldijo por andar sin zapatos y como pudo fue a abrir.
Un hermoso, gordo, peludo, suave y apretable peluche de ardilla estaba frente a sus ojos. Unos segundos después, los bellos ojos azules de Louis asomándose.
—Te amo Harry, como un loco... —susurró.
—¿Y este precioso cómo se llama? —Preguntó cambiando el tema, divertido.
—Soy Louis, ¿ya me olvidaste? —Gimió mientras hacía un lindo puchero.
—Jamás podría hacerlo... Pasen...
Una vez que entraron, Harry lo llevó directamente a su habitación. Tomó al peluche y lo abrazó, se sentía tan enamorado, tan feliz, que estaba a punto de ponerse a llorar.
—Hey, yo también quiero, —dijo Louis, ya más tranquilo.
Harry no solo lo abrazó, lo arrinconó contra la pared y lo besó con tanta calidez, que fue imposible no suspirar.
—¿Es verdad que me amas? —Preguntó despacio, mirándolo fijamente.
—Lo hago, te amo, mucho... —contestó cerrando los ojos. No podía soportar la intensidad que emanaba de todo el cuerpo de Harry.
Los primeros besos aparecieron, enlazados unos tras otros, haciéndose el amor en cada toque de sus lenguas, en cada movimiento sutil y suave de sus labios.
Harry se apoderó de la cintura de Louis y había empezado a caminar hasta su cama, cuando fue detenido.
—Espera, —pidió agitado. —Necesito ir a mi casa a bañarme y cambiarme de ropa...
—Ven...
Harry lo tomó de la mano y lo llevó al baño. Mientras el agua tomaba la temperatura perfecta, desnudó a Louis en medio de besos. Luego lo ayudó a entrar y lo dejó solo. Tenía ganas de acompañarlo, más que nada en el mundo, pero sentía que aún no tenían tanta confianza, que recién estaban empezando a mostrarse cómo eran sin máscaras.
Mientras esperaba, buscó lubricante, y se dio cuenta de que no habían estado usando condones. Sabía que estaba limpio, se había examinado hace dos meses, y en ese tiempo no había estado con nadie, pero no sabía cuál era la realidad de Louis.
Harry lo vio entrar en la habitación, con su cuerpo por completo húmedo y su erección dolió como nunca. El cuerpo de Louis era poesía.
—Eres precioso, —dijo Harry, acercándose para besarlo una vez más. —Tengo que preguntarte algo. No hemos usado condones, ¿tengo que preocuparme?
—No, mis exámenes están en orden, hace tres meses.
—Hubiera odiado tener que usar protección y no poder sentirte, —explicó llevando sus besos hacia el cuello.
Harry se desnudó, mientras Louis no le quitaba los ojos de encima. De la mano lo llevó a la cama, y una vez ahí, lo empujó con la fuerza precisa.
Pero Louis no estaba dispuesto a ser espectador, nunca más. Se subió encima de Harry y lo devoró con sus besos y sus caricias. Ese momento lo imaginó así, perfecto, aunque poder escuchar los gemidos fuertes y roncos de Harry le daban una nueva dimensión, lo encendían hasta las nubes, lo desesperaban, lo hacían amarlo más aún.
Sin embargo, se sintió extrañamente inseguro, porque veía a Harry disfrutar demasiado, y Louis no le encontraba sentido. Eso le hizo pensar que estaba siendo engañado. Detuvo sus caricias y se sentó en la cama.
Harry no entendía qué pasaba. Se incorporó y se acercó hasta Louis, sentándose al frente, abrazando sus rodillas.
—¿Qué pasa? —Preguntó acariciándolo en su pelo.
—¿Estás actuando? ¿Por qué parece que estás fingiendo y que tus gemidos son falsos?
La mirada de Harry se humedeció de tristeza. —¿Por qué piensas eso? No sé qué he hecho mal, necesito que me expliques...
—¿Siempre te comportas así en la cama?
—No, muy pocas veces... —Contestó entendiendo. —Siempre he sido el activo, siempre hago todo el trabajo, lo normal es que nadie se acuerde de que también me gustan los besos y las caricias, que hay mucho más que las penetraciones y los orgasmos. Disfruto así contigo porque me haces sentir que te importo, porque siento que me ves y que soy valioso...
—Lo siento, lo siento, soy un tonto, —dijo tocando sus mejillas. —Nunca he sido inseguro, pero contigo me estoy cuestionando todo.
—¿Será que empezamos mal? Quizás debimos ir de a poco, conocernos de verdad antes de llegar a la cama, tener citas, saber qué esperábamos de esto... ¿Tienes tiempo? ¿Quieres que vayamos a caminar?
—Quiero, pero también quiero besarte...
—Podemos caminar y besarnos, ¿vamos?
—Vamos.
Estuvieron caminando por horas, ocultando sus ganas de tomarse de las manos, y abrazarse de vez en cuando. No volvieron a besarse, tenían mucho que hablar, que contar, que saber y preguntar. Al llegar la noche, Harry dejó a Louis en su casa y se fue rápidamente.
Las cosas no estaban saliendo como lo habían pensado. Imaginaron que una vez que confesaran sus sentimientos todo funcionaría de manera simple y sencilla, pero no. Quizás tuvieron muchas expectativas, quizás solo era demasiado para procesar, quizás solo necesitaban acostumbrarse a ver realizado uno de sus mayores sueños.
El lunes en la mañana, casi dos horas antes de que empezaran las clases, Harry estaba en la puerta de la casa de Louis. Tocó el timbre nervioso, y esperó. Louis apareció todo precioso, con su pelo húmedo y su piel oliendo a primavera.
—¿Qué haces acá tan temprano? —Preguntó feliz de verlo.
—Em, yo, sé que esto ha sido muy loco y que muchas veces no tiene sentido, pero Louis, yo te amo, y tú me amas, no debería ser tan difícil. Te ofrezco empezar de nuevo, pero no como amigos... ¿Quieres ser mi novio? —Dijo ofreciéndole una preciosa margarita. Le temblaba la mano y estaba muerto de miedo.
Y Louis no podía cerrar la boca, tomó la flor y la apretó contra su pecho. —Quiero ser tu novio, es lo que más quiero...
Y se besaron una vez más, pero ahora se sentía distinto, mucho mejor, más seguro, más intenso.
—¿Quieres pasar? Iba a desayunar.
—Sí, me encantaría.
Comieron un sándwich, y luego salieron hacia la universidad. Era un viaje de casi cuarenta minutos caminando despacio, pero lo hicieron felices, dándose mimos por montón, con sus manos fuertemente tomadas, con besos en cada esquina, y abrazos llenos de risas.
Al llegar a la universidad, muchos se quedaron asombrados de verlos por fin juntos, y aunque a muchos les dio gusto, otros no perdieron la oportunidad de molestar.
—Oye Styles, ¿puedes caminar?
—¿Qué se siente que Tomlinson te haya dado duro?
—Ahora serás la chica de Louis, ¿para cuándo la faldita?
Y Louis se quería morir, y tuvo miedo de que se supiera la verdad. La voz de Harry llegó a sus oídos y a los de todos.
—No uso faldas, pero gracias por la recomendación, —dijo sonriendo. —Me costó caminar, pero valoro y aprecio tu preocupación, y lástima que nunca vayas a saber lo que es un excelente polvo, ya sabes, los rumores... —Le guiñó un ojo al idiota que le había dicho semejante estupidez, y logró que se arrepintiera de sus palabras, aunque Harry no tenía idea de lo que estaba diciendo.
Caminaron más seguros que nunca, y en medio del pasillo, Harry se hizo acorralar por Louis para besarse un poco más.
—Gracias... —Susurró Louis, aún con temor en su mirada.
—No le debes explicaciones a nadie. Pero, ahora estás en mis manos... Conozco tu dulce secreto amor...
Y Louis sonrió, feliz de que así fuera.
