Eros

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Summary

«El placer esta en lo prohibido querida » Ivis es una chica libre y sin reglas en la vida, tiene un novio, y otros más entre sus piernas, su vida libre cambia cuando repentinamente tiene que ir a vivir en la mansión de los Russell, famila de dinero. Donde entre el dinero y el placer, encontrará el más dulce sabor de lo prohibido. El problema? Que uno de ellos es el prometido de su hermana

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prologo



—¿En qué estás pensando?—preguntó Eros, mirandome fijamente—Joder, responde.


—Estoy pensando en un chico—respondí directa—un chico con el que follé ayer.


Eros se detuvo en medio de un beso profundo y suspiró. Sus labios comenzaron a formar

una sonrisa, pero su mirada feroz decía lo contrario. La posesividad y los celos se extendieron por su rostro esculpido.


—¿Me dirás su nombre?—Su voz tranquila y lánguida llegó a mis oídos.


—¿Por qué?


—Para que pueda derribarlo.


Eros se retiró lentamente de mi boca, se apoyó en el respaldo del sofá y sus ojos me miraron desafiantes y se levantó nuevamente. Puedo percibir la ira en aquellos ojos azules cristalinos, aunque me fascina verlo de esa forma, también me da temor de lo que su enojo puede causar.


—¿De qué color son sus ojos?—pregunté en un intento desesperado por cambiar de tema.—¿Negros,marrones o…verdes?


Eros se reía, cada vez más enfadado y me agarró la barbilla con fuerza. Yo le esquivé la mirada.


—Dime el nombre del hombre.


Negué con una sonrisa, al ambiente había cambiado a uno asfixiante y tóxico.


—No me digas que no lo sabes—Me apretó los hombros con más fuerza—¡Dime su nombre!


—No te lo voy a decir—gimoteé—solo tuve sexo, nada más.


Eros levantó una mano y la deslizó con firmeza por mi cabeza, como si me ordenara enfrentarle la mirada. Luego me miró a los ojos y me descubrió mis miedos y mis secretos.


—¡Dímelo!—gritó, cada vez más encolerizado—¡Dime su nombre, carajo!


—No puedo—le respondí jadeando—porque me excita verte así.


Eros me levantó del sofá y me arrastró hasta la mesa. Me agarró por los hombros y me puso en una silla, de cara a él. Apretó mis brazos contra el asiento y me miró fijamente. Yo podía sentir el calor de su aliento sobre mi cara, y sus ojos me penetraban como un cuchillo de acero.


—Voy a preguntártelo de nuevo—me dijo—y si no me lo dices te voy joder toda la vida ¿Como se llama ese hombre?


No podía decir nada y me estremecí de miedo, sin saber qué hacer. Por un momento pensé en decirle la verdad, pero no quise hacerlo. Me quedé quieta, sin moverme. Miraba sus ojos azules que se volvieron oscuros, en los que podía leer el deseo y la frustración.


—Cariño…


—No te vayas a poner sentimental conmigo, no me va esa mierda—dijo suavemente—. Tienes dos opciones: decirme su nombre o pagar las consecuencias. ¿Qué elegirás?


—Mi amado Eros... ¿Por que estas celoso? ¿Que te importa si follo con otros hombres? ¿Que te importa si meto otro pene entre mis piernas? —puse un dedo sobre sus labios, puedo sentir su aliento con el mio, puedo sentir su furia y deseo—no soy tuya, ni tu eres mio, ¿no es así? eres el prometido de mi hermana.


Eros se quedó mirándome con una expresión indescifrable. Seguía de pie frente a mí y me levanté lentamente, sintiéndome incómoda con la escena que se estaba desarrollando. Tenía la sensación de que el tiempo se había congelado, y de que sólo los dos podíamos salir de esa paralización. Aunque sentía que le había dado en su punto débil.


—¿O acaso estás enamorado de mí?


—Eso no es asunto tuyo—respondió Eros, esquivando la pregunta—no desvies mi pregunta.


Su tono era más sosegado, pero en su rostro se reflejaba la tensión y la desesperación. Se acercó a mí y me tomó de la mano,un gesto que hizo que me sintiera más cerca de él.


—Somos amantes—dijo él, suave, y su voz resonó—Joder Ivis…¿deberia matarlos a todos?


Me reí ante sus palabras.


—Eros, solo somos amantes, solo follamos… tú sabes como soy, desde el primer día en que pise esta maldita mansión—le recalque—nunca e sido de nadie, incluso con Owen…siempre e sido así.


Eros al escuchar el nombre de Owen, sus manos se convirtieron en puños, él lo odiaba, le volví a mirar fijamente, con una expresión de deseo, lo quería, quería tocarlo, pero quería que también cayera.


—Jodete Ivis, Jodete.


Él se alejó, se dio unas cuantas vueltas mirando hacia el suelo.


Se la respuesta.


La respuesta desde el inicio.


—¿Quieres saber el nombre? —Eros se detuvo, me miró y asintió—Es Dylan…tu hermano.


—¡Jodete Ivis!


Gritó con fuerza.


—Entonces aquí acaba todo, Eros... aquí llegó nuestro deseo, aunque nunca hubo un nuestro.


—Ivis... Ivis... ¿Planeas dejarme?


—Nunca estuve contigo.


Se la respuesta, nunca debí empezar todo esto