PROLOGO
—Tu prometiste darla en matrimonio conmigo cuando sea mayor de edad. ¿Acaso piensas rehusarte ahora? Si es así, te quitaremos todo lo que has tenido gracias a nosotros— reclamaba furioso aquel joven con ojos desafiantes.
Sin embargo, en el momento en el que mi padre iba a responder lo interrumpí tomándolo por sorpresa: —Entonces, por eso fue que te acercaste a mí ¿verdad? —lo miraba decepcionada
—Porque soy tu mercancía. ¿Esa es la libertad que prometiste darme? —resople haciendo que este intentara acercarse a mi lado.
—No es lo que piensas, déjame explicarte— murmuraba atemorizado.
Alejate de mi, no te me acerques, no quiero volver a verte— dije con voz temblorosa pero llena de fuerza, antes de girar sobre mis talones y abandonar la habitación.