Sinister Stay

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Summary

En un mundo asolado por un apocalipsis, la familia Walker lucha por sobrevivir en este nuevo mundo desolado y peligroso. Jim, Susan y sus hijos se enfrentan no solo a la amenaza de los infectados, sino también a los demás humanos. Con cada día que pasa, deben unir fuerzas para protegerse unos a otros de las hordas de "caminates" que acechan en cada esquina, pero es difícil por los problemas familiares presentes antes de la invasión. ¿Podrán sobrevivir? ¿O se convertirán en la estancia siniestra del virus?

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

El fin del mundo estaba más cercano de lo que la gente creía; la idea de que la humanidad podría terminar de un día para otro no pasaba por la mente de nadie. Ignorábamos que nuestro inminente final estaba a la vuelta de la esquina. El final. La definición de la palabra puede variar según la persona a la que le preguntes, pero para mí, un final implica que en algún momento, hubo un inicio.


Susan Walker está acostada en su cama, envuelta en sábanas relucientes de satín, con la mirada perdida en el techo. Sus pensamientos la sumergen en su mundo: su hermosa casa de dos pisos en las afueras del pueblo, la granja familiar, su matrimonio y sus tres preciosos hijos. Comienza a reunir fuerzas en su mente para levantarse con una sonrisa y enfrentar un nuevo día en su aparente vida perfecta. Este día debe ser bueno; ella necesita que así sea.


Giró a su derecha y vio a su esposo Jim mientras dormía; él parecía tan indefenso de esa manera, y había paz en el ambiente. Susan lo observaba con seriedad mientras él roncaba. Cuando Jim dormía, a Susan le gustaba contemplarlo con detalle cada mañana, recordando así todos los buenos momentos que habían compartido juntos a lo largo de los años. Susan se acercó a su esposo, apoyándose en la cama para darle un pequeño beso en la frente.


—Te amo... —susurró Susan, procurando no despertar a su esposo; no quería hacerlo.


Susan se deslizó hasta el borde de la cama, acariciando con sus pies la suavidad de sus pantuflas. Al ponerse de pie, caminó hacia la puerta blanca, ubicada junto al imponente ventanal de la habitación para adentrarse en su baño personal. Una vez frente al espejo del lavabo, su reflejo la observó en silencio.


Su cabellera pelirroja estaba alborotada, sus ojos, del mismo tono que los azulejos verdes del baño, reflejaban un cansancio profundo, mientras un aire de tristeza invadía su rostro. Al notar su aspecto desaliñado, dejó de mirarse en el espejo de inmediato y se quitó la bata que abrazaba sus curvas. Entró en la ducha, mostrando su cuerpo desnudo que revelaba varios moretones.


El agua fría recorría su cuerpo, desencadenando una sensación de falta de aire que la envolvía. Se sentía como si se estuviera ahogando, un sentimiento que la perseguía tanto dentro como fuera del agua helada, como si estuviera luchando por respirar ante las circunstancias que tenía que enfrentar ese día.


Susan salió de la ducha y se agachó para tomar su bata azul marino, envolviendo su cuerpo mojado en ella. La bata era un regalo de su esposo, lo que evidenciaba lo poco que Jim la conocía, ya que el color y la textura áspera de la tela no eran de su agrado. Sin embargo, Susan se repetía a sí misma que "lo que importaba era la intención" cada vez que pensaba en aquel obsequio.


Ella tomó su bolsa de maquillaje y comenzó su ritual diario: aplicó labial carmín, un toque de corrector en los moretones que pudieran ser visibles y un toque de colorete. Luego, tomó su cepillo y lo pasó por su hermoso cabello, dejándolo impecable. Una vez más, se contempló en el espejo, sonriendo levemente. Estaba lista; su máscara estaba puesta.


Se volvió hacia su bolsa de maquillaje y su mirada se detuvo en ese diminuto objeto que tanto la aterraba: una prueba de embarazo positiva. Por eso hoy tenía que ser un buen día; hoy anunciaría al nuevo miembro de la familia. Incluso había invitado a sus padres para mantener a raya a Jim. Guardó su cosmetiquera en un cajón del mueble del baño, rezando para que nadie se acercara a ese lugar.


Salió con sigilo por la puerta del baño, cuidando cada paso con extremo silencio. Como era de costumbre, Jim seguía acostado en la cama, ajeno al mundo que despertaba a su alrededor. Se acercó a él con cuidado y se agachó en el frío suelo, para depositar un beso en la mejilla áspera, marcada por la barba descuidada de su esposo.


Susan se alzó con delicadeza del mullido colchón de su amplia cama. En silencio, se dirigió hacia la imponente puerta frente a ella, de madera oscura y perillas doradas relucientes. Con cuidado, abrió lentamente la entrada a su habitación, dejando que esta emitiera un ligero chirrido. Lo primero que sintió cuando salió fueron los cálidos rayos del sol, que chocaban en su pálido rostro.


Con paso firme, se encaminó hacia las imponentes escaleras de roble, descendió por los peldaños ruidosos y se dirigió a la cocina con la determinación de preparar el desayuno para sus hijos. Ya sabía lo que le gustaba a cada uno de ellos.


Su amplia cocina, revestida de mármol blanco en todas partes, yacía sumida en la oscuridad total. Solo los rayos del sol, reflejados en las tres ventanas frente a Susan, ofrecían un atisbo de claridad, revelando el pintoresco paisaje rústico de los alrededores. El silencio matutino envolvía a la mujer con una sensación de serenidad profundamente gratificante.


De pronto, una silueta pasó con velocidad frente a su ventana. Susan abrió los ojos de par en par, convencida de que había sido su imaginación. Con el corazón palpitando, con desconfianza se acercó cautelosamente a la ventana para escudriñar el exterior, pero no encontró a nadie. Estaba sola... o eso creía.

De repente, un estruendo atronador resonó desde el vestíbulo de la casa, era el sonido de la puerta siendo abierta con violencia. Susan giró la cabeza hacia el vestíbulo, su corazón latía con fuerza en su pecho. Un escalofrío le recorrió la espalda y, presa del pánico, Susan soltó un pequeño grito que ahogó al taparse la boca con la mano. ¿Quién podría estar invadiendo su casa? Un malvado ladrón o quizás algún desquiciado buscando una víctima. No podía permitir que la descubrieran.


Sin saber qué hacer, Susan se quedó inmóvil, preguntándose si el intruso había escuchado su presencia. La incertidumbre la invadió; ¿era solo una persona o había más de una acechando entre las sombras? Una extraña sensación de peligro la dominó, impulsándola a descubrir quién estaba allí con ella en ese momento. Con el corazón latiendo con fuerza en su pecho, se aproximó lentamente a la encimera y agarró un cuchillo de cocina, su única defensa. Paso a paso, con cautela, avanzó hacia la salida de la cocina, preparada para enfrentar lo que encontrara del otro lado.


Con paso lento y tembloroso, cruzó la puerta y entró al vestíbulo, pero lo que vio allí la dejó helada. La puerta principal estaba escanciada de par en par, dejando entrar una brisa helada que susurraba un mal presagio. En el suelo, huellas embarradas conducían hacia la densa aura de la sala de estar, como si alguien o algo hubiera irrumpido en su hogar. Un escalofrío recorrió su espalda.


En definitiva, alguien había entrado.


Susan se encontraba paralizada por la incertidumbre. A solo dos pasos de las escaleras que conducían al segundo piso, dudaba sobre cómo actuar. Despertar a Jim y dejar que él se encargara era una opción, pero los escalones de madera crujían con cada movimiento, poniendo en peligro su discreción. Llamar a la policía local parecía una alternativa sensata, pero la casa estaba alejada del pueblo y sabía que llegarían demasiado tarde, quizás después de que algo terrible hubiera ocurrido.


Un estruendo repentino sacudió a Susan, devolviéndola bruscamente al presente. El sonido provenía de la sala, donde parecía que la persona que había irrumpido estaba causando estragos en el salón. Susan se encontraba de pie, justo a unos pasos de la entrada de la sala, con el corazón latiendo con fuerza y la mente alerta. Armada y lista para defenderse, no vacilaría en protegerse a sí misma y a su bebé si alguien intentaba hacerles daño.


Susan había tomado una decisión definitiva: iba a defenderse. Aunque tal vez se considerara cobarde cuando se trataba de su propio bienestar, esta vez no estaba sola. Por cuarta vez, llevaba a un ser humano dentro de sí misma, y estaba decidida a proteger a esa criatura a cualquier costo. Con el cuchillo agarrado en ambas manos, comenzó a avanzar hacia la entrada del salón. El sonido de la respiración agitada del intruso resonaba en sus oídos, aumentando su nerviosismo. Al llegar al arco de la entrada, se detuvo y levantó ambas manos en alto, lista para atacar o defenderse.









Hola personitas que puedan

leer esto! Espero haya sido de

su agrado el capítulo, si te ha gustado no olvides dejar un comentario y un voto.

Eso es de mucha ayuda💗✨


¿Qué les va pareciendo la trama? ¿Quién o qué es el intruso que está en la casa? En el próximo capítulo lo sabremos 👀🤝🏻


Nos leemos luegoo!!