Prologo
En una Era donde el sol se ocultaba tras las montañas con un suspiro de fuego y las noches eran tan oscuras que incluso las estrellas parecían temer brillar, existía un Ronin llamado Kurosawa. Su espada había conocido muchas batallas, su corazón había soportado innumerables traiciones, y su alma vagaba en busca de redención.
Kurosawa, cuyo nombre era susurrado con respeto y temor en los rincones más remotos del Japón feudal, no era un samurái común. Había renunciado a su señor, no por deshonor, sino por una verdad que solo él conocía. Una verdad que lo había llevado a un camino solitario, un camino de penitencia y búsqueda.
Este Ronin, marcado por cicatrices visibles e invisibles, caminaba bajo la luz de la luna, guiado por un código que él mismo había forjado. Un código no escrito de valor, justicia y compasión que lo impulsaba a seguir adelante, a pesar de las sombras del pasado que lo perseguían como fantasmas silenciosos.
La historia de Kuroswa es una leyenda viva, una narración que comienza en el filo de su katana y termina en las profundidades de su alma. Es la historia de un hombre que buscaba algo más valioso que cualquier tesoro: su propio camino, su propia verdad.








