La línea entre tú y yo
Lo recuerdo muy bien. Íbamos camino a tu casa, en mi auto. En el reproductor, había puesto la canción This Town, de Motion Epic en Spotify. La acaba de descubrir hace poco, y desde que empezamos nuestra cita, no sabes las ganas que me inundaban de que la escucharas conmigo.
Recuerdo que le di a reproducción repetida, con la intención de que el hermoso día que habíamos tenido tuviera un final increíble. Que lo tatuaras en tu corazón como uno de los momentos más esplendorosos de tu vida. Que lo tatuaras siempre junto a mi nombre. Al menos eso deseaba con todo mi alma.
¿Era tarde o era de noche? No lo podría definir muy bien. Porque me parece que era justo ese momento del día donde no hay una clara línea que especifique cuando es tarde y cuando es de noche. Eso lo tengo muy presente porque lo mismo ocurría entre nosotros. ¿Te acuerdas?
“Claro que me acuerdo, amor”, me dijiste con una carita que se me hacía llena de nostalgia. “Pero sigue contando, que me encanta como cuentas está historia”, me pediste, cambiando tu carita a cuando estas en modo consentida.
“Bueno, pues comenzó a llover”, continué. Recuerdo que en ese momento, de pronto, en mi interior afloró un cierto sentimiento de orgullo. Un orgullo que me hacía sentir, debo confesarte, muy varonil. Sentía que había logrado, con la cita, con todos los detalles, que te enamoraras más de mí. Lo percibía en el ambiente, o al menos así lo pensaba…
“Y no te equivocas, amor, lo lograste, créeme. Pero continua”, me dijiste, interrumpiendo, con una sonrisita burlona en tu tono.
“Muy bien”, continué. Recuerdo que te pregunte sobre “que te había parecido la canción”. No me contestaste. “¿No te gustó?”, te pregunté. Pero callabas. “Tal vez no le gustó”, me dije a mi mismo. Así que pase a la siguiente canción. Era George´s Soul de Easy Project, si no recuerdo mal.
No…sabes… pensándolo bien, sí, sí era esa. La verdad es que ese momento estaba confundido porque a pesar de estar manejando no podía evitar verte. Te acababas de cortar el cabello. No tan corto, porque lo lacio caía ligeramente por tus hombros. Se te veía muy lindo. Tus ojos, tenían un brillo muy especial. Un brillo casi magnético. Traías una blusa rosa sin escote, pero que resaltaba tú pecho. Y un pantalón negro que delineaba tus delgadas piernas. Sí, lo recuerdo muy bien. Esa…esa era la canción. (Solté una ligera sonrisa).
Tu magnetismo me atraía. Hacía ti. Hacía tus labios…“¡Sí, tonto! Y por andar distraído, casi chocamos”, me interrumpiste, con un tono de regaño en tu voz. “Pero bueno, no pasó nada”, te contesté rápidamente.
Bueno, el asunto es que te notaba muy seria. Aun después de la frenada que di. Aun después del intercambio de palabras que tuve con el otro conductor. Aun después de que había dejado de llover. Aun después del gran día que sentí habíamos tenido. Simplemente no lo entendía.
Retomamos nuestro viaje, y entonces, lo soltaste. De manera muy seca, te he de decir. Sin que lo pudiera ver venir…
“¿Qué somos?, dime, ¿qué somos tú y yo?, ¿solo somos amigos?, ¿o somos algo más?”, me preguntaste con mucha seriedad.
Te juro que en ese momento, eran las preguntas que menos esperaba. No entiendo como lo hice, pero detuve el auto a un costado de la avenida. Por mi cabeza no dejaban de pasar infinidad de cosas. Momentos que pasamos juntos. Cosas del trabajo. Hasta mis padres. Pero aun no sé por qué, no podía pensar en algo que me ayudara a elaborar alguna respuesta.
En el reproductor sonaba Let It Happen de Napavtal. Lo recuerdo muy bien. También recuerdo que volteé a ver tu carita. Como no te había contestado, vi que poco a poco se iba llenando de tristeza y angustia. En ese momento pensé: “esa línea difusa entre la tarde y la noche; entre ella y yo; esa línea llena de incertidumbre y miedo; esa línea que ella me demuestra que ha borrado, soy yo el que se ha empecinado todo este tiempo en mantenerla. O quizá algo peor. El que ha querido estar del lado incorrecto. Soy lo peor”.
Recuerdo que tome tu mano y le di un beso con mucha ternura. Me desabroche el cinturón, y te abrace muy fuerte. Luego, me separe para verte. Tus ojos estaban cristalinos. Lo sabía. Estaban a punto de dejar caer un par de lágrimas.
Recuerdo que te di un beso en la frente y te volví a abrazar. “Somos día, con tarde y noche. Somos pasión con fuego. Somos amor con honestidad. Somos certeza con eternidad. Y, por supuesto, que somos una pareja: una chica bellísima con un chico que es tonto, muy tonto”, te dije susurrándote al oído.
Luego, camino a tu casa, te pregunté si querías ser mi novia, pero no me contestaste. Eso sí, claramente vi en tu carita como se dibujaba una sonrisita tierna. Te podría decir que casi malévola.
De aquello, hace una semana que ha pasado. ¡Y sigues sin contestarme! Y cada vez que te pregunto, me pides que te cuente esta historia. ¿No crees que ya es bastante tortura?
“¡¿Tortura?!, me dices. Yo llevo tres meses esperando a que me lo pidas. Tú llevas una semana sin que te conteste. ¿Sabes todo lo que sufrí? Ya, no aguantas nada”, me dijiste poniendo una carita de traviesa.
“Bueno, ¿quieres que te cuente la historia de nuevo?”, le dije con un tono de derrota. Me contestaste: “No. Quiero que me pidas ser tu novia. Quiero que me pidas ser tu fuego. Quiero que me pidas ser tu día, con su tarde y su noche. Quiero que me pidas ser tu amor. Quiero que me pidas ser tu eternidad. Quiero que juntos borremos y superemos la línea. Quiero que me pidas que seamos solo tú y yo, here in this town for one more day, como en la canción de Motion Epic que me enseñaste, aquella hermosa noche”.
Alberto Pascual









linda historia