feria ; cristarito
! 🏷️ tags: soft , intento de comedia, romance adolescente.
Memo sabe que Javier es increíblemente asustadizo, algo que discorda mucho con su rebelde personalidad. Suele gritar y saltar como un niño pequeño ante cualquier cosa que le provoque así sea solo un poco de miedo.
Así que cuando Cristiano le pregunta a dónde podría llevarlo para tener una buena primera cita, Memo responde sin dudar que la feria es la mejor opción y que para que su cita sea espectacular lo que tiene que hacer es asegurarse de llevar a Javier a la casa de los sustos.
─ ¿Estás seguro que esa es la mejor opción? ─ Pregunta inseguro el portugués, en todo el tiempo que llevaba de conocer a su chaparrito, no recordaba que hubiera mencionado nada sobre ser un aficionado del terror.
─ Oh, que sí, ya te dije que le va a gustar un chingo. Capaz hasta te besa para despedirse. ─ Lo último lo menciona mientras proporciona un suave codazo en las costillas del portugués.
Sabe que ganó cuando Cristiano se queda mirando hacia enfrente con una boba sonrisa en el rostro.
" Ahora sí me las vas a pagar por todas las vergüenzas que me hiciste pasar con mi pulga , Javi. "
Piensa Memo divertido, luchando consigo mismo para retener una sonrisa satisfecha y no arruinar su plan maestro.
꒰ 🎡 ꒱
El día de su cita llegó, el mexicano jamás lo admitiría pero se cambió de ropa más de tres veces, preocupado por lucir lo mejor posible.
Se mira en el espejo una última vez, acomodando su ropa para que sea perfecta. El sonido del timbre lo distrae de su labor, sonríe emocionado antes de dirigirse a la puerta y abrir con una sonrisa en sus labios.
Cristiano lo mira atentamente, sus ojos recorren varias veces al mexicano, sonríe antes de dar un par de pasos hacia adelante y proporcionar un suave beso en la frente del más bajito.
─ Te ves muy lindo. ─ Elogia aún manteniendo la cercanía del beso.
─ Gracias, tú también te ves muy guapo. ─ El cumplido hace que en el estómago del portugués se sientan pequeñas mariposas.
El camino hacia la feria es tranquilo, al principio hay un silencio ligeramente incómodo, producto del nerviosismo que ambos sienten, sin embargo es cuestión de minutos para que se disuelva y comiencen una animada conversación hasta que están en la feria.
Apenas llegan al lugar Javier toma con fuerza la mano del portugués y lo lleva por todos lados, ambos suben a juegos mecánicos, Cristiano gana un enorme peluche para Javier e incluso le da su chamarra cuando el viento de la fría noche hace temblar al más bajito.
Cuando están por irse el portugués decide que es momento de llevar a Javier a la casa del terror, está dispuesto a terminar esa cita con lo mejor.
─ Javi, antes de que nos vayamos, ¿quieres ir conmigo a la casa de los sustos? ─ Le pregunta suavemente, esperando, según lo que le dijo Guillermo obtener una afirmación veloz, en cambio, el rostro del mexicano se contrae, como si acabara de recibir una mala sorpresa.
─ ¿Tú quieres ir? ─ Devuelve la pregunta, apretando un poco más fuerte de lo necesario el oso de peluche entre sus brazos. Como una señal de su renuencia a entrar, pero el portugués parece no captarlo.
Cristiano tarda unos segundos en responder, pero finalmente asiente con la cabeza. El mexicano no quiere que crea que es un cobarde o algo similar, así que aún sintiendo el miedo arremolinarse en su estómago, da una afirmación a la propuesta.
Apenas entran Javier se aferra con fuerza a uno de los fuertes brazos de Cristiano, la oscuridad no le permite ver claramente a dónde va y su piel se eriza, en alerta, a cada paso.
─ ¡A la verga! ─ Grita Javier asustado cuando una persona disfrazada de zombi aparece frente a ellos, sosteniene con fuerza el brazo del portugués y el peluche contra su cuerpo.
El más alto analiza su reacción, encontradola extraña, pues no solo es todo lo contrario a lo que esperaba con lo que Guillermo le había dicho, si no que, a su parecer, el disfraz de zombie ni siquiera daba tanto miedo.
Continúan caminando, los gritos de Javier haciendo eco en las oscuras paredes cuando se encuentran con las personas disfrazadas. En algún punto del camino Cristiano cree que el más bajito incluso ha comenzado temblar y al salir, lo confirma.
─ Lo siento mucho Javi. ─ Se acerca para abrazarlo, rodeando al mexicano con sus brazos, el peluche que fue de utilidad como un escudo durante todo el camino es dejado en el suelo momentáneamente cuando Javier se acerca para recargar su rostro contraído en el pecho fuerte del mayor. ─ No era mi intención hacerte pasar un mal rato, te lo juro. Incluso le pedí ayuda a Guillermo para saber a dónde traerte y él me dijo que te gustaría mucho la casa del terror.
Cuando menciona el nombre del otro mexicano Javier levanta el rostro enrojecido, luciendo algo molesto.
─ ¿Memo te dijo eso? ─ Cuestiona, sus cejas casi tocándose entre sí.
Cristiano asiente, ahora entiendo que todo fue un plan del rizado para molestar a Javier.
─ No debí hacerle caso, pero, él dijo que si te traía aquí te emocionarías tanto que... ─ Hace una pausa, avergonzado de sus ideas. ─ Me dijo que si te traía aquí, tal vez me besarías. ─
Los ojos de Javier se abren, sorprendido por la revelación al mismo tiempo que sus mejillas te tiñen de un suave carmesí.
Ambos permanecen en silencio durante algunos segundos compartiendo cortas miradas cargadas con la vergüenza y el amor que sienten en ese momento.
Cristiano está por hablar de nuevo, pedir disculpas por el mal rato que lo hizo pasar, pero Javier es más rápido, se levanta sobre las puntas de sus pies para escalar los pocos centímetros que le faltan a los labios del portugués y juntarlos con los suyos.
El beso es corto, apenas un roce inexperto de un par de adolescentes, pero es suficiente para hacerle saber al otro lo mucho que se aman.
─ Te hubiera besado si solo me lo pedías. ─ Le susurra Javier con las mejillas pintadas de rojo y la mirada en el suelo.
El rostro del más alto es un poema, demuestra el gran amor que siente por el mexicano y la sorpresa por el repentino beso.
─ Lo recordaré la próxima vez. ─
Y lo hace, después de esa salida, todo lo que Cristiano necesita para obtener un beso es pedírselo a su novio, que está encantado de darle incluso más de uno.