Cicatrices à guérir.

All Rights Reserved ©

Summary

¿Sabías que cuánto más huyes de los problemas, más cerca de ellos estás? ¿Que cuánto más odias más quieres? ¿Que la vida y el amor siempre van a ser igual de difíciles? ¿Que la muerte no se olvida, ni se supera, se aprende a convivir con ella? Son preguntas que sin saberlo, el universo nos hace constantemente, dándonos las respuestas a cada paso que damos en nuestro camino al que llamamos "La vie", lleno de espinas, rocas, baches y un botiquín de primeros auxilios al final de cada meta. Y ahora dime, ¿de todas las cicatrices, cuántas crees haber sanado?

Genre
Drama/Erotica
Author
Joyce
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapitre Un: La noche es joven, disfrútala.

–Te invito a tomar algo. Lo que sea, es una forma de agradecerte por haber hecho de canguro. – Hablé sin fijarme mucho metiendo parte de la ropa sudada dentro de mi bolsa. – Así relajamos un poco el cuerpo.

–¿A la una y media de la mañana?

–Nunca es tarde para beber un buen whisky. ¿Acaso no lo sabías? – Noto cómo una sonrisa se dibujaba en su rostro repitiendo la misma acción que yo.

Agarro mi bolsa para poder colgarla de mi hombro y estirar un poco mi abdomen adolorido. Es un milagro que nos hubieran dejado quedarnos hasta el horario de noche, al parecer nadie se fia de Anastasia y de mí, y mucho menos de Calvin, pues fuimos los últimos en unirnos a "Last Line". Y de milagro pasamos la audición, digamos que no somos, o mejor dicho, no soy, el favorito del dueño y señor de este grupo.

Retomando el tema, por suerte Vania accedió a quedarse con nosotros para, "vigilarnos", no somos niños pequeños, pero tampoco me molesta su presencia. Al fin y al cabo siempre es curioso conocer a la prima del líder.

Me pregunto que tan lejanos para que tengan personalidades tan diferentes.

–¿Al final viene con nosotros? Tu primo te estará esperando en casa. – Un suspiro salió de mí al ver cómo la Anastasia borde y antipática volvía de nuevo. Que poco le gusta esta chica, pero quién soy yo para decir nada, antes de forjar esta amistad, Calvin y yo apenas podíamos tenernos cerca.

–Pues que espere. Nunca es tarde para tomar un buen whisky. – Dijo con el mismo tono que había utilizado yo la otra vez.

Ahora era yo quien la veía con una sonrisa en mi rostro, la cara de Nasta quedó totalmente seria mirando a un lado de la carretera, cuantos posibles escenarios de asesinato debía de estar pensando en ese momento. "Venga vamos" dije soltando una pequeña risa rodeando mi brazo en su cuello.

–¿A dónde iremos? ¿Un bar?

–¿Bar?... majestad, has vivido más tiempo por aquí, ¿y aún no sabes la cantidad de discotecas que hay abiertas a estas horas? – Sus hombros se encogieron ligeramente levantando un poco su labio inferior, cosa que me deja saber que puede que ni siquiera haya salido de fiesta alguna vez. – ¿Saben una cosa?, tuve una idea. Nasta, vas a llevarte a Vania a tu casa.

– ¿Perdona, a dónde?

–Sí, yo quiero ir a beber. ¿Qué casa ni qué nada Maison?

– Yo no he dicho que no vas a beber. Es viernes, mañana tenemos el día libre, las discotecas están abiertas. ¿En Serio sólo queréis ir a beber? – Un silencio se hizo de notar entre nosotros cuatro, sólo los coches y la música de todos los antros de alrededor se escucha entre nosotros. Mis ojos pasearon por sus rostro viendo cómo estos cambiaban de mueca poco a poco. Y sí, ni falta me hizo una respuesta para saber que todos estaban de acuerdo con la idea.

– Está bien, pero. ¿Por qué debo ir a su casa?

– Dudo que la pequeña princesa quiera que la vean así vestida. ¿O sí? – Hablé con una sonrisa de lado en mi cara, su lengua pasa por sus labios dejando una capa de saliva en estos, mientras que su mano coloca su bolsa dándome a entender que tenía razón.

Coloqué mi mano en el hombro de Cal para ponernos rumbo al metro, era más rápido si íbamos por ahí. "Cuánto hace que no salgo de fiesta. Por fin un poco de diversión" comenta pasando su tarjeta de transporte por la pequeña máquina, lo mismo digo. Me centré tanto en entrar al grupo que lo único que he hecho ha sido ensayar, comer, y volver a ensayar. Al menos perdí algo de peso, peso que no quería perder la verdad.

"En diez estamos ahí. Esperarnos en la puerta"

Escribo un rápido okay notando cómo la mirada de Calvin seguía disimuladamente los cuerpos de cada persona que pasaba. Oh mi gran amigo, parece un perro sediento cuando veía a un chico sexy o una chica linda, me recuerda a esos dibujos animados de antes, sólo le faltan dos corazones cómo ojos y yo haciendo de cupido con la flecha del amor.

Rio un poco internamente mientras arreglaba las mangas de mi camisa azúl arremangadas en mis codos, daba gracias a Dios porque tanto la parte de arriba cómo el pantalón negro no me quedaran ridiculamente grandes. Con lo poco que me estuve cuidando esos días mitad de la ropa de mi mejor amigo ya no concuerda con mi talla.

– Bueno qué. ¿Voy a estar aquí parado viendo a la gente cómo acosador? Vamos a entrar.

– Espera un poco, Nasta ha dicho que en unos minutos llegan.

– Pues, o se dan prisa o me encontrarán ahí perreando hasta el suelo.

– Puedes hacerlo aquí también. – Otra risa se acompañó a la mía cuando él decidió relajarse un poco y hacer caso.

Su mano pasa por su cabello ligeramente mientras lo removía y arreglaba con cuidado, de nuevo sólo la canción de la discoteca de atrás se escucha entre nosotros, hasta que él dijo algo que no escuhé.

– ¿Qué has dicho?

– Vamos, no te hagas el tonto. Tú no invitas a nadie a salir con nosotros, a no ser que quieras... – Mastico notablemente el chicle de menta y dejo escapar una sonrisa de satisfacción disimulada. – O es que acaso, ¿te gusta la princesita del grupo?

– Mírame, tengo cara de ser un enamorado

– Eso mismo me dijiste hace cuatro años, un mes después el supuesto casanova andaba rompiendo botellas porque le acababan de hacer cornudo – Frunzo cmi ceño mirandole de lado, que poco me apetece recordar eso. O mejor dicho a esa. – Venga, soy tu mejor amigo ¿No?

– La verdad es que sólo quiero saber más sobre su primo, ella me da igual, sólo me da curiosidad.

– Ah, no me digas que has cambiado de acera.

– Aún no, déjame un tiempo...

– En fin. Si quieres seguir con lo de acercarte a su familiar para molestar al líder del grupo, está bien, siempre eres libres de engañarte a ti mismo. – Niego levemente quitando mi mirada de él para ver si en alguno de los taxis que acababan de parar delante de nosotros bajaban ellas, y así fue.

– Joder, un poco más y entramos sin vosotras. – Digo acercándome un poco a ellas, mis pupilas dan un rápido paseo por sus vestimentas dándome tiempo sólo a ver los colores de estas.

Anastasia lleva un traje, sin la chaqueta, sólo con un top blanco que queda a la más tremenda perfección con su pantalón color claro y su cintura delgada. Y por otro lado esta la pequeña y delicada princesita, apuesto todo lo que tengo a que si Darío la ve en este momento, el mito televisivo del humo por las orejas dejaría de serlo.

Su figura que normalmente se hace de notar en muy pocos pasos de baile deja soltando saliva a cualquiera, con la piel negra que tiene el lavanda hacía que se viera como una jodida diosa. Además, que la coleta alta... Joder.

– Bueno venga, al final se nos hace todo la noche aquí. – Digo tras soltar un carraspeo. Camino con dirección hacia la entrada viendo con el rabillo de mi ojo a Vania.

"O es que acaso, ¿Te gusta la princesita del grupo?" Mi cabeza negó al recordar las palabras de Calvin, puto loco, ya no hago esas cosas.

Sólo basta poner un pié dentro para sentir que casi te perdías en la música, esta te envuelve por todos lados haciendo así que te dejes llevar por lo que sea que está sonando. Noto cómo Cal se va por un lado tras haber visto sólo al chico que veía desde afuera, por otro estaba Nasta quién parece haber llamado rápidamente la atención de uno de los chicos sentados en grupo.

Mierda, ni tiempo me ha dado a buscar un sitio para dejar nuestras cosas, siempre hacían lo mismo. Entran y luego pierden las cosas.

Iba a dar un par de pasos cuando de la nada recordé que esta vez éramos cuatro. Una sonrisa se dibuja en mi cara al notar que aún tenía una minion observando todo detrás de mí, me dpy la vuelta un poco para poder ver donde se encuentra su brazo y cogerla de su muñeca con cuidado, la llevo directamente a la barra donde nada más llegar puedo verla más detenidamente, sus curvas, sus ojos con las luces de discoteca, y ohg, sus piernas, piernas que haría temblar sin dudarlo

– ¿Me quieres sorprender? – Dice con un tono alto por la música de alrededor. Quiero hacer mucho más que eso pequeña.

"Un chupito de Jack Daniels para la señorita" Pido.

– ¿Segura? Es la primera vez, lo sé y se nota

– Bueno, no he venido para que parezca mi primera vez, ¿no?

Sonrío. Tenía más agallas de las que parecía.

– Sí, tiene razón. Que sean cuatro entonces.

– Bien. – Escribe en su libreta. – Un vaso de vodka con coca cola, no mucha, y con hielos. – Mis exactas palabras. Ay Beatrice, o tienes una memoria estupenda, o yo soy un alcohólico con mis gustos bien claros.

Después de un poco de conversación innecesaria finalmente podía ver como una principiante se da un pequeño chute de alcohol por primera vez, sus expresiones me recuerdan a las mismas que hicimos los chicos y yo, cuando bebimos por primera vez, que locura de día joder. Empezamos en el cuarto de Nasta y acabamos en un parque a punto de liarnos a puñetazos con unos toboganes.

El ambiente es tan envolvente que ni te das cuenta de cómo pasan las horas.

Mis dientes salen a flote al notar lo bien que se lo está pasando, supongo que el controlador de su primo ni siquiera la deja sola en un cumpleaños, y por lo que su boquita borracha me ha dicho, se debe a la pérdida de sus padres, pues no tiene hermanos mayores y la única familia que la queda son sus tíos y Darío.

Era entendible pero irracional al mismo tiempo.

Doy unos pasos hacia el coro que se formaba de la nada y ni me sorprende al ver para quién es. Cada parte de su cuerpo se desliza hasta abajo con total sensualidad y perfección, aplasto mis labios mientras veo sus expresiones agitadas y su mano recorriendo su silueta con delicadeza, cómo muerde su labio inferior o sonríe a cada tono de la melodía. Joder, si era satisfactorio verla bailar en el estudio imaginala aquí, sin absolutamente nadie que la descarte de las partes sexys de la coreografía.

Nuestras miradas se conectaron tras unos instantes, instantes necesarios para mandar todo a la mierda y tomar otra vez su delicada muñeca.

La conduzco hasta los baños metiendonos en el primero que vi, el de hombres. La saco de detrás de mí y pego su cuerpo a la fría pared blanca del servicio, dejo que mi nariz coja un poco de aire para darme el gusto de envolver mis fosas nasales con su perfume, el cuál notaba nada más llegar a ensayar, acaricio su cuello con la punta de esta y muerdo levemente su lóbulo recibiendo cómo respuesta un placentero jadeo.

– ¿Sabes qué? – Pregunta subiendo su mano hasta mi rostro para acariciar mi mentón. Cuanto me agrada escuchar su voz tímida y divertida, por cuarta vez le digo gracias al alcohol. "¿Qué?" respondo parando mi cara frente a la suya mientras exploraba su cuerpo.

– Llevo semanas esperando este momento. – Su susurro recorre mi oído hasta llegar a mi espina dorsal en forma de escalofrío. Joder, esta chica realmente vino a quitarme mi racha de casanova.

– Bien, entonces terminemos de beber en mi casa. Prefiero mi habitación a un baño de discoteca.