I
HEREDERA RENACIDA
Novela Ligera en Español
Es una verdad conocida, que arrancar la hierba de raíz es el único camino para un villano.
Capítulo 1
—Fuera de aquí.—
En el momento en que escucho esas palabras, el cuerpo de Alexandra Castiello se enfrió varios grados. Sus lágrimas amenazando con caer cual gotas de rocío, incapaz de detenerse.
Frente a ella, sus progenitores y hermanos escudaron a la falsa heredera vestida de blanco. Mirándole con orbes feroces, soltando palabras que le atravesaron cual puñales afilados. Al final, dijo con el corazón dolido: —¿Alguna ves me amaron?—
No hizo falta voces para obtener respuesta, ¿como pudo ser tan ciega? Sus prioridades estaban establecidas desde que negaron su ayuda aquel día hace seis años, cuando lloró y rogó que no la encerraran tras ser enmarcada como la presunta criminal detrás de los intentos de asesinato de su hermana adoptiva. La habían dejado pudrirse en la cárcel, e incluso, tal vez no hubiese sobrevivido si esa persona no la acogiera bajo su ala.
Realmente se había esforzado por salir de ahí, demostrar su inocencia e intentar obtener el amor de su familia, cuando todo se resolviera y la verdad se revelara, la querrían de nuevo, ¿verdad? Ese era su pensamiento, ahora comprendía que nunca lo hicieron, todos esos momentos, todos esos cuidados no fueron más que cortesía para no perder la cara. En sus corazones, la intrusa se había vuelto la verdadera hija.
—Ya veo —sonrió en medio del llanto, grabando lo acontecido en lo más profundo de su alma mientras arrancaba el collar en su cuello, arrojándolo en el suelo con tal fuerza que el objeto que atesoro durante tantos años se rompió ante los ojos atónitos de sus hermanos. —Esta será la última vez que nos veamos, ahora pueden estar tranquilos. Pues ya no tendrán que respirar el mismo aire de esta mujer viciosa. —su voz se volvió fría aún con los pequeños sollosos— Pero si intentan perjudicarme nuevamente. Ya no existirá tregua alguna, y me encargaré de arrancar la hierba de raíz —miró a la mujer con orbes afilados, misma que se ocultó detrás de su hermano mayor, siendo abrazada por el hombre que amaba y fue su prometido— espero tengan una vida muy larga, pues sus pecados serán enjuiciados en otra vida, y la calamidad caerá sobre los malvados.
Cual maldiciones, aquellas palabras quedaron grabadas profundamente en sus corazones, mientras Alexandra giraba sobre sus talones y se marchaba de la iglesia con una mirada oscura. Estas no fueron dichas solo al aire, estaban llenas de la más pura verdad, realmente, no perdonaría a esa gente si se aferraba en perseguirla. Su mente estaba tan caótica que no se fijó en la mirada de tres hombres, mismos que parecían querer salir corriendo en su busca.
—Maestra. —susurró uno de ellos.
El sonido de llamada continuó unos segundos antes de que la persona al otro lado contestara: —Maestro, qué bueno que llamó, por favor regrese a casa. ¡Todo se está desmoronando desde que se fue! Su hijo...
Alexandra no contestó de inmediato, dio una gran inhalación y encendió el motor. Su maestro le había entregado ese teléfono antes de fallecer, pidiéndole que se contactara con el único número registrado para hacerse cargo de su legado, pero cuando salió de la cárcel su deseo por ver a su familia fue tan fuerte, que lo dejó de lado en sus prioridades, claramente no esperando ser echada en el intento, ni mucho menos encontrarse con que su supuesto prometido estaba contrayendo matrimonio con su hermana adoptiva, quien portaba un gran estómago abultado.
Alexandra apretó los dientes, y le interrumpió: —Corta toda cooperación con el grupo Castiello y Davies. No dejes nada al aire —su voz antes débil sonó fría e insípida. Causando que el otro lado se sorprendiera al no escuchar la típica voz rasposa de su maestro, sino una endulzada voz frívola de mujer.
—Esto. Creo que se equivocó. Le pido que verifique la marcación —justo cuando se disponía a colgar y verificar el número, Alexandra agregó.
—Los cielos serán claros y vastos, pero mi poder más grande e infinito.
El otro lado guardo silencio, su mirada estupefacta ante el código de su maestro. Uno que solo el sucesor y el mismo podría conocer, entonces miró el número del que le llamaban, suspirando cortamente al entender que no había un error para luego sonreír ampliamente ante la premisa de una nueva maestra, feliz de que su clan no cayera en manos de ese sujeto, será muy hijo de aquella persona, pero su personalidad dejaba mucho que desear y la mayoría de los altos mandos le odiaban.
—¿Desea llevarlos a la bancarrota? —ofreció una mejor idea, jurando dar todo para complacer a su futuro líder.
Alexandra afiló sus ojos avellana, y contestó: —Solo corta las cooperaciones con estas familias. Después, si se presenta el caso, te dejaré quemarlos hasta las cenizas.
El otro lado hizo un puchero cuando escuchó la negativa, pero sonrió ampliamente ante lo último mencionado. Destruir familias adineradas se había vuelto su más divertido pasatiempo, pero la correa en su cuello no le dejaba ejercerlo tanto como deseara.
Alexandra no esperó a que el otro lado contestara, colgó el teléfono y condujo fuera del estacionamiento. Entonces el sonido de una llamada resonó por la cabina, su móvil personal mostrando un número bloqueado en pantalla.
Ignoro su llamado por unos segundos, pero ante la insistencia, cedió y contestó.
—Diga.
Una respiración tranquila se escuchó al otro lado, y justo cuando iba a colgar, dijo: —No debiste hacer eso.
Reconoció la voz seductora de aquel hombre que seguía a la viciosa mujer desde la infancia, sabía que fue el principal culpable de todo lo que le había pasado, pero creyó que al salir de la vida de esas personas la dejaría en paz, tal parece que no es así: —Señor Black. —su tono se enfrió varios grados— me temo que no entendió la indirecta, no quiero tener nada que ver con ustedes. Hágame el favor de no volver a llamar.
Colgó en cuanto vio que el semáforo delante cambiaba a rojo y pisó el freno. Grata fue su sorpresa cuando el auto no redujo su velocidad, sino que la incrementó.
Todo había pasado muy rápido, su auto chocó con otros y fue arrojado unos cuantos metros hacia un lado. La sangre inundó su vista, y solo pudo ver un tumulto de gente por su ventanilla antes de que el calor la consumiera.
Luego, se encontró a sí misma en un lugar oscuro y se sorprendió de sobre manera cuando vio pasar una silueta luminosa, iluminando todo hasta formar el escenario de mil vidas pasando ante sus ojos.
Continuara.








