I
Alastor se vió en el espejo, intentando que su mente asimilara lo que llevaba puesto.
Esto era humillante.
—¡Vamos, llevas casi media hora allí! —Una voz familiar lo llamó desde fuera del baño de la habitación —Quiero verte~
Respiró hondo y no tuvo más opción que resignarse.
Ugh, las cosas que hacía por este hombre.
Dió un portazo, finalmente mostrándole a su marido el conjunto que tenía. Aquel vestido de seda no cubría para nada sus delgadas piernas y brazos, dejando ver sus múltiples cicatrices en todo su curpo. Tenía algo de encaje en los bordes de las costuras y una pequeña liga sujeta a su muslo derecho que hacía juego. Y por si fuera poco, había un moño pomposo en la parte superior de color rosa.
Sin mencionar que, un tul rojo algo transparente lo acompañaba dándole un toque más elegante.
—A ver, una vueltecita —Dijo el soberano haciendo formas circulares en el aire con su dedo.
—Lucifer.
—¿Qué? —Se encogió de hombros, viéndose inocente —Yo no fui quien olvidó nuestro aniversario de bodas.
... Carajo.
De mala gana, se dió una vuelta completa siendo consciente de que la mirada del rey estaba clavada en cada detalle de su cuerpo descaradamente.
—Mhn —Pensó unos segundos —Quítate esa tela de encima, obstruye mi vista.
—¡Pero si es transparente!
A Lucifer no le importó —¡Quítatelo, quítatelo! —Vociferó con emoción, la cuál aumentó cuando vió a Alastor quitárselo justo como se lo pidió. El rubio levantó ambas manos, agitándolas en dirección al otro, quien giró los ojos pues entendió a lo que se refería, y le tiró el dicho tul —¡WOOOH! ¡ESE ES MI HOMBRE! —Dijo mientras le daba a la tela varias vueltas en el aire.
Una mano estaba apoyada en su cintura, viéndolo con una ceja levantada —¿Es en serio? —Su pregunta fue evadida completamente. Alastor se dió una mirada de pies a cabeza, con una mueca extrañada —Honestamente no sé que le ves de atractivo a este trapo tan vulgar.
Lucifer, con el tul al rededor de su cuello como una bufanda, sonrió —¿Eso crees? —Sus ojos se pasearon por la figura de su esposo, la cual era acentuada más que todo en su cintura —Yo digo que te queda bastante bien.
—Es de mujer.
—¿Y? —En un instante movió su dedo en el aire, hacia la derecha. Alastor no entendió que había hecho hasta que escuchó algo caerse detrás suyo, solo para darse cuenta que había sido un pote con varios lápices y pinceles del escritorio del rey —¡Oh no! Mis materiales se cayeron al suelo —Fingió sorpresa —Al, cariño ¿podrías levantarlos, por favor?
¿Por qué debería levantarlos si Lucifer podía hacerlo por su cuenta sin tener que levantarse de la cama? ¿con qué finalidad le pedía-...
¡JODIDO PERVERTIDO!
—Hazlo tú.
—Al~
—No —Cerró sus ojos, no caería en su trampa.
—Por favor ¿siii~?
Aún sin verlo, era obvio que el insoportable de Lucifer le hacía “ojitos” para que accediera. No, no lo haría ¡él realmente-...
—Te odio.
—¡Yo igual te amo! —Exclamó satisfecho y ansioso al ver que Alastor se dió la vuelta, dudando entre como agacharse sin que... bueno, se le viera todo.
Al diablo, pensó,simplemente lo haría como siempre.
Lástima que no fue la vista que Lucifer había esperado —¡Ey! No es justo ¿por qué llevas puesto bóxers? —Se quejó, haciendo lo que parecía un pequeño puchero mientras inflaba sus mejillas y se cruzaba de brazos —Así no es divertido, quítatelos también.
Alastor levantó todo lo que había caido al suelo y lo colocó ordenadamente en su sitio. Le lanzó una mirada amenazante a su esposo —Mi ropa interior se queda.
—Pfft- aguafiestas —Se quejó.
[. . . . .]
Si, fue culpa suya no haber recordado que hoy era su primer aniversario de bodas... aunque en su defensa, no pensó que fuera tan necesario celebrarlo al respecto.
Lo amaba, si. Pero esas cosas no coincidian con él.
Pero debió imaginarse que al tratarse de Lucifer Morningstar, claramente sería algo de suma importancia.
Al contrario de él, su esposo lo consintió durante todo el día ¡incluso le preparó ese (asquerodo) venado podrido que tanto le gustaba!
—Y... ¿tienes algo para mi? —Preguntó con una sonrisa tímida.
Alastor masticó el bocado de su “exquisito bufet” unos segundos, para luego hablar —¿A qué te refieres, querido?
Ambos quedaron en silencio, el cual fue roto por una sonora risa por parte del rubio —Jajaja ¡no bromees, Al! —Hizo un pequeño gesto con la mano —No es gracioso, ya dime que me tienes preparado.
Pero Alastor no estaba “bromeando” —Realmente no sé a qué te refieres.
El silencio volvió a estar presente por los siguientes diez segundos.
—¿Es en serio?
—... ¿Si? —El pecador seguía sin entender a qué se refería su esposo —¿Por qué? ¿Acaso hoy es un día en especial?
Eso fue suficiente para que el soberano se pusiera de pie de forma inmediata con su ceño fruncido. Sus ojos se habían teñido de un rojo intenso y sus cuernos se dieron a notar.
—¡JÓDETE, ALASTOR!—Agregó por último, sacándole el dedo medio.
Yplaft, se oyó un portazo.
Lucifer salió de la habitación, realmente enfadado.
[. . . . .]
Bueno, era mejor tener a dicho este estrujándolo de forma empalagosa que teniendo que lidiar con la ley del hielo que le impuso por el resto del día.
Lucifer estaba recostado sobre su marido, con su rostro hundido en el afelpado del pecho ajeno, respirando profundamente el aroma natural que brotaba de él. Mientras que Alastor, dejándo que el otro se relajara a gusto, también lo consintió un poco ¿era lo menos que podía hacer, no?
Unas pequeñas caricias en su cabello rubio fue su forma de mostrar afecto en ese momento y el rey no podía estar más que satisfecho.
—¿Feliz? —Preguntó con una sonrisa, pues de por si ya sabía la respuesta que le daría.
El otro no dijo nada, pero asintió varias veces con su rostro aún hundido en el pecho del demonio rojizo.
Estuvieron así un buen rato, simplemente dándole la debida atención al otro. Pero a pesar de eso, la consciencia de uno de ellos no estaba totalmente tranquila.
—Lucifer —Llamó nuevamente —Te debo una disculpa.
Para esto, el soberano levantó su mirada hacia este, apenas pronunció estas palabras.
—Sonará tonto, pero realmente no estoy acostumbrado a estas cosas ¿si? —Su expresión era una neutral, pero al mismo tiempo parecía que tenía un toque algo... desamparado —Toda mi vida he crecido sin el concepto del matrimonio en si, como sabrás, mi madre nunca se casó.
Lucifer asintió.
—Jamás estuve interesado en otras personas cuando estaba vivo, y cuando llegué al infierno no fue tan diferente... —Suspiró, hizo una pausa la cual interrumpió abruptamente —¡Tú fuiste la excepción, no me malinterpretes! Solo que... sigue siendo nuevo para mi, ya sea lo de celebrar este tipo de fechas, lo que hace una pareja marital y demás... Yo, lo lamento.
—Al, esta bien —Una cálida sonrisa relució el rostro del rey. Extendió sus manos y entre ellas acunó el rostro de su marido, lo apreció por unos segundos para luego darle un tierno beso en la punta de su nariz —Yo sé que no fue tu intención lastimarme ni nada por el estilo, te conozco —Aseguró —Perdóname si no reaccioné de la mejor manera, solo... no pensé que, bueno, olvidaras la fecha de nuestra boda.
—No es que la haya olvidado ¿cómo podría hacerlo? —Sintió el tacto tibio de las palmas ajenas, tan suaves y tersas, sobre sus mejillas —Solo que no creí que debería considerarse algo “importante”.
—¿Tú no lo ves como una fecha importante?
—Claro que si.
—Entonces si lo es para ti, y lo es para mi ¡es algo que debemos conmemorar! ¿no crees? —Dijo riendo, por lo irónico que sonaba —Normalmente solo la pareja es la que celebra su propio aniversario, ya sea de noviazgo o matrimonio ¡o incluso solo de amistad! Pero es algo que es exclusivamente de ellos, de nadie más.
Algo solo de ellos.
Eso sonaba bien.
Alastor sonrió, acurrucando su mejilla, frotándola más contra la mano que la sujetaba —La próxima vez planearé algo para ti, algo que te guste.
—Esto también me gusta —Sonrió coqueto, aunque no le duró mucho ya que una pequeña risa se escuchó de su parte —Pero lo esperaré con ansias entonces.
Ambos se quedaron viendo un buen rato. Alastor se concentró en los iris color rubíes que lo observaban como si fuera lo más maravilloso del mundo.
Si bien, en su momento, tardó en asimilar sus sentimientos por Lucifer, estando en una constante negación... Viendo como estaban las cosas ahora, no se arrepentía de las desiciones que había tomado.
Sobre todo la de haber aceptado pasar el resto de su existencia en la vida después de la muerte, al lado de este hombre que se veía que de verdad lo amaba.
¿Él? ¿Poder llegar a ser amado? Si se lo dijeran a su yo del pasado, posiblemente no se lo creería ¡incluso se burlaría!
Los suaves movimientos entre labios fueron exquisitos, un vaibén lento que buscaba disfrutar la cercanía y cariño del otro.
Se tomaron con calma aquel beso que se habían dado.
Pero...
Pensó que tal vez había sido por la emoción del momento, pues Alastor sintió que ese pequeño tacto no era suficiente.
El marido del rey extendió sus manos hasta colocarlas por la cintura de este, quien también deslizó su brazos al rededor de su cuello. Los labios se movían rítmicamente, saboreando la esencia del otro. Al principio era por puro cariño pero fue inevitable que algo de sensualidad también brotara de ellos.
Lucifer empujó su lengua contra los dientes del rojizo, esperando obtener su permiso para adentrarse. Fue cuestión de segundos para que eso ocurriera; su lengua bífida era extremadamente larga y alcanzaba rincones que nadie más podría. Cuando sintió algo escurrirse por su garganta, supo que era la saliva de Lucifer que este mismo esparcía por su cavidad bucal, paseándose en cualquier rincón.
Alastor sentía que le faltaba de aire, además de que podía ahogarse por el exceso de saliva que había en su boca y no se le era posible tragar. Obligó a Lucifer alejarse para tomar una bocanada de aire y pudiera recomponer su agitada respiración, pero sin dejarlo en paz por mucho rato, el rey atacó la clavícula del demonio que tenía debajo suyo y le dió un mordisco, uno no tan fuerte pero lo suficiente como para que el cuerpo sensible del otro comenzara a reaccionar.
—Lucifer... Lucifer, yo no-
Sintió como su respiración caliente, chocaba con su piel, causándole escalofríos —Si no quieres, esta bien... —Dijo jadeando —Yo si quiero, pero si tú no... —Otro jadeo —Jamás haría algo sin tu consentimiento.
Un calidez indescriptible se apoderó de su pecho.
En serio ¿cómo es que es tan...
Sus largas piernas enrollaron las caderas mas bajas, acercando todo su cuerpo lo suficiente para esconder su rostro en el cuello blanquecino de su esposo.
Lucifer no entendió al comienzo, hasta que sintió la cabeza asintiendo de Alastor. Las marcas rojas de su mejilla se encendieron como si de luces se tratara.
Le estaba dando su consentimiento.
—Pero no quiero tener esta cosa mientras tenemos intimidad —Dijo, aún medio fastidiado.
—Eso no es problema —Mostró una sonrisa bastante atrevida —Puedo simplemente quitártelo ¿no?
Continuará...