Donde terminas tú

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Summary

Todos los duelos son diferentes, pueden tardar meses o años. Saber eso no lo hace menos doloroso o más fácil. Todo empeora cuando te das cuenta de que no puedes sentir absolutamente nada. A veces tomar conciencia de sí misma es doloroso. Bueno, no es para menos cuando pierdes al amor de tu vida, ¿No creen? Ella no planeó dejarme, de la misma manera que yo no planeé enamorarme de la única persona que parecía capaz de ayudarme a salir de ese caos emocional. Aquella psicóloga que me devolvió lo que creí perdido para siempre. A quienes han perdido a alguien A quienes extrañan a alguien Porque lo perdido tarde o temprano es encontrado, tal vez no de la misma forma, tal vez en la sutileza del día a día…

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Primera sesión

En cuanto entré quise salir corriendo. No importaba donde mirara, el caos era el amo y señor de esta sala. Varios estantes atiborrados de libros y figurillas extrañas dominaban la sala haciéndola sentir pequeña; todo acompañado de una gruesa capa de polvo que se veía a simple vista. Montañas de libros inclinadas peligrosamente, todo parecía estar a punto de colapsar y aplastarme ante el menor movimiento en falso…como aquella caricatura, ¿La han visto? Aquel episodio en el que el director de la primaria queda sepultado varios días por una gran montaña de cajas, ¿Cuál era su nombre? ... ¿Inspector Spiker?...¿Sniker? Agh, no lo recuerdo, soy pésima para los nombres.

Como sea, mientras más veía aquella sala más cosas encontraba; varios diplomas estaban colgados en una de las paredes; la única que no estaba cubierta por algún estante, librero o montañas de libros. Afiné un poco mi pésima visión sobre el diploma más grande logrando leer “…a Abigaíl Bernhard... por haber obtenido el grado de doctora bla bla bla…psicología...” “Bernhard” me suena, me suena ¿Qué no se supone es un nombre? …Oh, claro, aquella película del antihéroe azul que suplanta a un tal “Bernhard.”

También había una mesa de centro, que para mí alivio estaba limpia…más o menos…en una esquina había una pequeña pila de libros y más al centro estaba una caja de pañuelos y un plato hondo lleno de una mezcla de botana. Giré un poco el cuello para poder terminar de admirar todo este hermoso caos en su máximo esplendor. Entonces, fue cuando lo vi, lo peor de todo; aquel viejo sillón de cuero café cuarteado con una palanca torcida para reclinarlo y alzar los pies, seguro los fantasmas cumplen sus penitencias sentándose en él por las noches. Y ahí fue cuando lo entendí. Carajo, aquí va a ser…

-Disculpa el desorden, desde que dejé de usar el consultorio ha sido un caos…-

Por poco me olvido de aquella mujer, la dueña de todo este caos. Levanté mi mirada; su figura desentonaba en todos los sentidos con aquella sala. Poco más alta y mayor que yo, ¿Estará en sus 40 …45? Tenía el cabello cobrizo amarrado en una coleta, lentes a media nariz, sus ojos…esperen ¿Está sonrojada? Sí…Un ligero sonrojo se imponía sobre sus pecas …Al menos lo reconoce y siente vergüenza por este caos.

- No te preocupes –No es que yo sea la persona más ordenada del mundo, pero al menos trataba de ser más cuidadosa en mi área de trabajo.

Di un par de pasos hacía ese caos escuchando como cerraba la puerta detrás mío. Bien, demasiado tarde para correr. De cualquier manera, ya estoy aquí. No pasa de desperdiciar otra hora de mi maravillosa vida y una buena tajada de mi sueldo justificando todos aquellos diplomas colgados en la pared.

-Adelante, puedes sentarte en aquel el sillón

Seguí su mirada hacia el viejo sillón de cuero. Fantástico, el sillón de los fantasmas. Admito que tenía la ligera esperanza de que me tocara la silla de madera que estaba justo de frente al sillón. Ambos muebles separados por aquella mesa de centro. ¿Qué más da? Le dediqué una de mis mejores sonrisas falsas y me encaminé hacia el sillón.

Tuve que sortear varias montañas de libros y algunas cajas para llegar al sillón. Saben…ahora que lo pienso creo que este sillón es el lugar más seguro de la sala. Y, a decir verdad, estaba bastante cómodo, apenas me senté una sensación de confort invadió mi cuerpo.

- ¿Te ofrezco agua… un café, refresco...? -Me preguntó acercándome el plato con la botana.

Odio los surtidos de botana, siempre tengo que estar buscando la que me gusta, sin mencionar las medidas de higiene del resto del lugar, pero seamos honestos, no creo morir intoxicada antes de que toda la mierda que cargo termine por hacerme saltar del balcón. -Agua está bien-Murmuré mientras seleccionaba la botana.

Se movía con gracia y agilidad entre todo el desorden de la sala. Antes de que volviera a replantearme qué carajo hacía ahí ya me había extendido una botella de agua y se había sentado en la silla frente a mí.

-Cuéntame…-Abrió una libreta hojeándola rápidamente- Leonor… ¿Qué te trae aquí? - Me dedicó una sonrisa levantando la mirada.

-Leo-La corregí mientras me acomodaba en el sillón. En serio estaba muy cómodo. -Prefiero que me digan Leo. -Me sonrió afirmando levemente con la cabeza. Es extraño, lo sé, ¿No debería de ser al revés? Uno pensaría que evitaría que todos me llamen como ella lo hacía, sin embargo, ya no reconocía mi nombre de otra manera. Bueno, por algo estoy sentada en el sillón de los fantasmas frente a una psicóloga recomendada por mi amiga.

De nuevo fijé mi atención en ella. Esta vez con mayor cuidado, vestía un ligero traje que daba un aire más casual que formal. Las pecas eran constantes en su rostro y en las manos; un reloj de pulsera adornaba su muñeca y…¿Por qué me sorprende? Una alianza de matrimonio era el único anillo que adornaba sus dedos. Levanté un poco más mi mirada, su clavícula sobresalía un poco por entre su blusa entreabierta siendo la pareja perfecta de su mentón.

-Diana me recomendó contigo...

- ¿Diana?

-Sí, aquella mujer que romantiza absolutamente todo...

-Oh, claro, Diana – Soltó una leve risa mientras se cruzaba de piernas. – Pero…-Hizo una pausa mirándome con atención; sentí que aquella mirada me atravesaba, me sentí desnuda ante esos ojos... Genial, ya empezó el análisis psicológico. - ¿Qué te trae aquí, Leo?-volvió a preguntarme.

Carraspeé un poco y abrí la botella de agua dándole un largo sorbo. Sí, solo estaba haciendo tiempo. La verdad no estaba segura qué estaba haciendo ahí, solo sé que desde hace mucho tiempo algo no iba bien conmigo; sé que necesito ayuda psicológica, necesito a un profesional… debí hacer esto desde hace mucho, desde que ella se fue. Bueno, denme algo de mérito, reconocerlo es el primer paso, ¿No? Al demonio, di lo primero que se te venga a la mente.

-No siento nada-Solté. Era la verdad. -Bueno, solo siendo enojo, irritación… fuera de eso…no siento nada. -No tan cierto, entonces.

Su expresión era concentrada, ladeo un poco la cabeza al escucharme hablar e hizo una anotación en aquella libreta que adornaba su figura. No me respondió, solo se limitó a mantener el silencio que crecía entre las dos, odio los silencios.

-Me he dado cuenta de que me importa un carajo todo, todo el mundo…-Vamos, dime algo. Sin embargo, su silencio se prolongaba mientras continuaba con las anotaciones en su libreta y se limitaba a asentir levemente con la cabeza. Okay, es oficial, odio esa libreta.

No diré nada más hasta que tu rompas el silencio

Me limité a admirar más detalles de ese caos, creo que empiezo a entenderlo un poco, sirve para relajar los silencios y distraer la mente encontrando detalles, como aquellos juegos en los que tienes que encontrar objetos…

- ¿Cuándo te diste cuenta de qué te sentías de ese modo? -Preguntó la psicóloga removiéndose en la silla. Creí que tardaría más en hablar.

Suspiré y sentí aquel vacío tan doloroso en el pecho, ya me había acostumbrado a aquella sensación, pero no por eso duele menos.

- Creí que había superado un duelo, pero me di cuenta de que… tal vez… no es así- Bajé mi mirada al plato de frituras. - Creo que por el hecho de que no llore todos los días después de una pérdida no quiere decir que haya terminado mi duelo, simplemente dejé de sentir, y ni siquiera me di cuenta.

- ¿Qué pérdida tuviste? – Levante mi mirada. De nuevo anotando en esa libreta.

Admito que quería retrasar este momento lo más que pudiera, pero seamos realistas, ¿No se supone que para eso están los psicólogos? Es hora del vómito verbal.

- ¿Te has enamorado? -No me odien por responder con otra pregunta, ya verán a dónde quiero llegar. Tan pronto como solté la pregunta su rostro se tensó; ahí estaba mi respuesta, el anillo no significa nada.

- ¿Disculpa?

Claro, hazte la desentendida.

-Yo me enamoré- Te perdono esta, la próxima no.

Me miró extrañada.

-Se llamaba Andrea…Andy- Sonreí automáticamente. Todavía mi cuerpo respondía ante ella. -Estuvimos juntas más de 12 años, al principio solo éramos amigas…nos conocimos a los 7 años-Empecé a jugar con mis dedos estrujándome las manos - Hasta los 16 comenzamos una relación…

-Entiendo-De nuevo esa desgraciada libreta- ¿Tú y ella terminaron?

-No- Miré al techo como si fuera a encontrar algo que deshiciera todo aquello. -Ella se murió.

Y de nuevo el silencio empezó a reinar entre ambas. Di otro sorbo a la botella de agua y me aclaré la garganta volviendo a fijar mi mirada en la psicóloga, tenía el ceño ligeramente fruncido -Hace dos años Andy viajó a Colombia para visitar a su familia; lo hacía una vez al año. Se suponía que solo iría por un mes y luego volvería a mi para que continuáramos nuestra vida juntas…como siempre pasaba. -Me encogí de hombros-Lastima que el camión que se quedó sin frenos no opinó lo mismo.

Baje la mirada a mis manos, las tenía rojas de tanto estrujarlas.

-Te acompaño en tu pérdida…

-Sí, bueno he escuchado eso tantas veces…-Y era la verdad, escuché esas palabras tantas veces que perdieron significado real para mí; ahora solo me hacían sentir incómoda. -Como sea, nadie lo esperaba, solo pasó y ya.

-Desde entonces no has logrado sentir otra cosa que no sea enojo, irritación…

¿Me está preguntando o solamente repite lo que le digo?

-A decir verdad, nada me interesa mucho realmente, si estoy aquí es porque solo quiero dejar de sentirme enojada, resulta desgastante. -Hice una pequeña pausa y volví a pepenar en el plato de botada para tratar de ignorar su mirada - Ni siquiera pude despedirme de ella, es decir, su hermana me mandó un mensaje una semana después del accidente- No pude evitar dejar escapar una risa. Antes, cuando contaba esto, mis ojos se anegaban en lágrimas y el dolor en el pecho era punzante, no es que el dolor disminuyera, solo aprendí a reírme en lugar de llorar. – Para mi no hubo funeral, cuando fui a Colombia ya se encontraba en una pequeña urna de madera en la sala de su madre, supongo que ahí sigue.

- ¿Sientes que no te has despedido de ella?

-Tal vez…no lo he asimilado…

-Tú dímelo

-Bueno, entiendo que ella ya no está, no hay mucho más que asimilar.

-A veces las despedidas son necesarias para poder cerrar ciclos y entender la nueva realidad. Los funerales existen para los vivos realmente. -Pese a mi incomodidad no pude evitar mirarla de nuevo. Su voz me genera…algo.– aunque no hayas podido estar en el funeral debes tener algún ritual de despedida con ella…

-Claro, podría hacer una recreación del funeral, incluso podría grabarlo para poder repetirlo las veces que me haga falta - No me odien, a veces el enojo y dolor hace ser imbéciles a las personas, y en este momento yo lo soy. – Sería algo así como aquella película en la que Macaulay Culkin muere picado por las abejas…

-Linda película, maneja de forma interesante los procesos de pérdida ante la muerte repentina, en especial ante la percepción de los niños ¿no crees?

Okay, eso no lo esperaba. El punto es tuyo, Bernhard

Otro ligero silencio nos dio tregua a ambas, sin embargo, la psicóloga volvió a arremeter.

-Leo, me gustaría entender mejor – Se acomodó las gafas - ¿Cuándo alguien te muestra afecto te sientes enojada?

-Así es, solo siento enojo.

-¿Crees que tienes miedo de sentir algo más?

-No lo creo, es decir, por algo estoy aquí, ¿no? Para poder sentir algo más, o por lo menos dejar de sentirme enojada todo el maldito día. -De nuevo aquella irritación me invadía.

- En realidad creo que tienes miedo de sentir algo más…de que vuelvas a sentir aquel dolor. Es decir, le temes a la pérdida, así que inconscientemente evitas tener algo que perder.

-Me queda claro que tiene que ver con Andy, pero, no creo que tenga miedo a perder algo que no tengo o siquiera siento.

- ¿Estás segura?

-No

- ¿Estás enojada porque ella murió? O ¿Estas enojada con ella por morir?

Okay, eso tampoco no me lo esperaba

-Nunca dije que estuviera enojada con Andy…

-¿No me acabas de decir que lo único que sientes es enojo?

Es buena…

-Así es…pero ella no eligió morirse, no tendría porqué estar enojada con ella, ¿no?

-Dímelo tú

De nuevo con esa fórmula. Ahora extrañaba los silencios.

-De acuerdo, puede que esté enojada con Andy por dejarme…

-Es normal que te sientas así, es parte del duelo, te quedaste en el enojo –Por fin cerró su libreta lo que me hizo relajarme un poco – El proceso de duelo es atemporal y no lleva un orden determinado, no se trata de una serie de pasos a seguir como si se tratara de una receta mágica. Tu ya diste el primer paso, el más importante, que es reconocer que necesitas ayuda, y si me lo permites me encantaría ayudarte en ese proceso.

-De acuerdo…- ¿Qué carajo? Ni siquiera lo medite un instante, mi respuesta fue casi instantánea.

-Muy bien – Me dedicó una sonrisa amable-Te voy a dejar una pequeña tarea, ¿De acuerdo?

Asentí frunciendo los labios. No pienso hacerla.

-Habla con Andy-La mire algo confundida, esto me suena- Sí, habla con ella o también puedes escribirle, cuéntale cómo te sientes, tu día, sobre tu enojo. Si decides escribir puede que al principio no plasmes ideas muy coherentes, es normal, con el tiempo todo va a ir tomando forma y es parte del proceso.

-De acuerdo…-

Un par de horas más tarde éramos una vieja libreta y yo. La única luz de todo el departamento era la lámpara de mi escritorio. Suspire dándole un sorbo a la copa de vino mientras que con la otra mano jugaba con el bolígrafo.

No es tan fácil. No, no es fácil escribir lo que se necesita decir, ¿no creen?

Carajo, ni siquiera sé lo que necesito decir. Cansada cerré de golpe la libreta aún en blanco.

Cerré los ojos y me incliné en mi silla. Tal vez en la próxima sesión me atreva a inclinar aquel sillón viejo.

Sin previo aviso, sin verlo venir, recordé algo que me hizo sonreír.

-Verdes- Sentí como una ligera sonrisa se formaba en mi rostro-sus ojos son verdes.