Prologo
Miré mis manos cubiertas de sangre y, después, el cuerpo sin vida de mi mujer.
Cerré la puerta despacio, por si a Megumi le daba por volver. No tenía por qué regresar a ver esto.
Las rosas rojas que la criada había comprado para Miwa como regalo de nuestro octavo aniversario estaban aplastadas junto al cuerpo sin vida. Rosas rojas, a juego con la sangre que manchaba las sábanas y su vestido blanco.
Cogí el móvil y llamé a mi padre.
—Satoru, ¿no habías reservado para cenar con Miwa?
—Miwa está muerta.
Se produjo un silencio.
—Repite eso.
—Miwa está muerta.
—Satoru...
—Necesito que alguien venga a limpiar esto antes de que los niños lo vean. Mándame a un equipo de limpieza y avisa a Sukuna.