Día 1
¿Como fue que sucedió todo?
Ninguno de los dos lo sabe, simplemente un día el mundo se puso patas para arriba, todo era un caos y las personas se volvían locas y atacaban a otras.
Touya había escapado de su trabajo de medio tiempo para ir a buscar a Keigo el día que todo comenzó.
Recuerda haber visto a personas enloquecer y asesinar a otras en plena calle, los disparos de la policía, el pánico. Con miedo, salió de aquella tienda de discos y corrió lo más rápido que pudo hasta llegar a la universidad de su mejor amigo, la cual no se libró del caos.
Los alumnos corrían por los pasillos, otros eran atacados por otros estudiantes y los maestros parecían haberlos dejado a su suerte. Solo rogaba que Keigo estuviera bien.
Gritó una y otra vez el nombre del rubio, esperando una respuesta, una que no llegó mientras él corría por los pasillos de aquella escuela, esquivando a los estudiantes que habían enloquecido.
De repente, sin previo aviso fue jalado a uno de los salones a los que estaba más próximo y su boca fue cubierta por una mano, como instinto trato de safarse y gritar, pero en cuanto escucho una voz conocida dejo de hacer escándalo.
–Deja de hacer ruido– era Keigo, gracias a dios –los atrae el sonido, cálmate.
El pelinegro asintió y fue liberado, luego recorrió el lugar con la mirada, dándose cuenta de que no eran los únicos en esa aula, si no que había un pequeño grupo arrinconado en la esquina, muertos de miedo, algunas chicas llorando y cubriendo sus bocas para no dejar escapar mucho ruido.
–Okey ¿como saldremos de esta locura?– susurró uno de los compañeros de Keigo.
–¿Salir? ¿Viste lo que esta pasando ahí afuera? Yo no pienso salir de aquí– respondió otro más, totalmente asustado.
–Podemos esperar a que alguien venga por nosotros– mencionó o otra chica.
–Lo dudo, vi el caos en la ciudad. Están muy ocupados disparandole a las personas que enloquecieron– el pelinegro informó y los ahí presentes se asustaron más.
–Es imposible que esperemos aquí siempre, tenemos que salir, ir con nuestras familias y largarnos de la ciudad– declaró otro con valentía.
Las expresiones asustadas de la mayoría de presentes hizo notar que no habían apoyo, tenían pánico salir y que algún loco lo asecinara, después de lo que vieron, como sus compañeros destrozaban a otros con sus manos y dientes no querían sufrir el mismo destino.
–Tiene razón, tenemos que irnos de aquí– apoyó el Todoroki, golpeando su puño derecho con la palma de su otra mano.
–Dabi...– el apodo dado por su mejor amigo salió en un susurro cargado de admiración, siempre había sido valiente, decidido. Quizás eso es lo que lo había enamorado.
–Bien, primero tenemos que ver que no haya locos cerca, luego salimos en silencio, ya después cada uno por su lado– el Todoroki mayor explicó el plan y varias chicas negaron asustadas, no querían salir, sus piernas ni siquiera les respondían de lo asustadas que estaban.
Keigo lo miró suplicante, ni siquiera tenía que hablar para saber que es lo que quería, así qur Dabi solo rodó los ojos con fastidio y suspiró cansado.
–Esta bien, los ayudaremos a llegar a salvo a su casa– la sonrisa de Takami habia sido resplandeciente, ese muchacho era de tan buen corazón, tan noble y ese simple hecho hizo que Touya le sonreirá de vuelta –bien, por lo que pude ver en la calle, esas cosas no son como nosotros, algo les paso. No se detienen con un disparo en alguna parte del cuerpo que no sea la cabeza, así que necesitamos algo con que golpearlos en la cabeza ¿tienen algo?
Los chicos se miraron entre sí, con todo el alboroto no tomaron ni sus mochilas, menos algo útil para lo que el pelinegro les pedía. Sin embargo, uno de ellos levantó la mano.
–Am... mi salón esta a pocos metros de aquí... formaba parte de un equipo de béisbol ¿los bates sirven?– explicó con timidez uno de los chicos del grupo, a lo que Dabi asintió.
–Entonces iremos tú y yo, los traeremos y luego nos largamos.
–¿N-nosotros?– asustado, el chico niega. No quiere salir de ahí.
–Dabi, creo que-
–Tenemos que ser nosotros, no lo puedo mandar solo por que se esta jodiendo del miedo, no podemos ir todos por que sería muy riesgoso, no puedo ir solo yo por que no se donde esta su salón. Tenemos que ser los dos– Keigo lo miró con desaprobación, pero tenía razón, así que simplemente apartado la vista, sin dar un reclamo.
Así pues, después de que aquel muchacho se prepara mentalmente para lo que iba a hacer, Dabi prácticamente lo arrastró con él, abrieron la puerta con sigilo y voltearon a ambos lados para verificar que no haya moros en la costa. Despejado.
Entonces, a paso lento Dabi guió al menor, quien no había soltado el brazo del pelinegro. Cuando el muchacho le señaló al mayor el salón de clases que era su objetivo, Dabi revisó por la pequeña ventana de la puerta que no hubiera nadie ahí, que por fortuna, no había. Entraron en silencio, mirando como entre los pasillos de los asientos había un cuerpo, lleno de sangre, heridas y se podía observar que sin un brazo.
–Oh dios mio– las lágrimas comenzaron a recorrer el rostro del joven, cubrió su boca y desvió la mirada –era uno de mis compañeros– confesó.
Dabi no pudo hacer más que decir "lo siento" y seguir con su misión, por suerte, las mochilas de los jugadores estaban en una esquina, se colgó una y sacó un bate para él, mientras que recogía otra para su acompañante.
Estaban a punto de salir, cuando el sonido de los gruñidos ahogados que les heló la sangre, voltearon a sus espaldas para descubrir que aquel escalofriante sonido venía de la garganta destrozada de aquel cuerpo que se levantaba. El muchacho que acompañaba a Dabi casi deja salir un grito con todas sus fuerzas, sin embargo, el pelinegro lo impidió tapando su boca con una de sus manos.
–Si gritas, estamos muertos– susurra y lo suela, el chico cubre su boca con sus propias manos y Dabi toma uno de los bates, sus manos y piernas tiemblan, pero se acerca al muerto viviente y sin darle oportunidad de atacar, golpeó su cabeza hasta que esta quedó totalmente destrozada –andando.
Ambos volvieron con los demás sientiendo el corazón agitando, habían conseguido por lo menos seis bates, podrían ir tres al frente y tres cubriendo atrás y así lo hicieron, la mayoría conocía las zonas de evaluación, por lo que optaron por ir hacia ellas en vez de salir por la parte principal, escogiendo una ruta que diera a los estacionamientos. Ahí, podían tomar uno de los autobuses e irse.
El plan fue perfecto hasta que llegaron a su destino, si bien podían burlar a los cuatro caminantes que había ahí, una de las chicas no soportó más el pánico y el miedo y salió corriendo a uno de los autobuses mientras gritaba, el grupo no tuvo otra opción más que echarse a correr también, alcanzando el paso de la muchacha, sin embargo, no fue el grupo el único que la alcanzó.
Uno de los caminantes logró tomarla del brazo y gracias a su peso, la tiro al suelo, Keigo no podía dejar a su suerte a la pobre chica y dejarla morir, así que hizo un intento por regresar por ella, más no pudo avanzar, Touya había tomado su mano.
–¿Que estas haciendo? ¡corre ahora!– ordenó con firmeza, sin siquiera voltear a ver a la chica en el suelo, quien gritaba de dolor en cada mordida que recibía.
–Pero-
–Ella ya esta perdida– y Keigo hubiera estado en la misma situación que la muchacha, de no haber sido por que Dabi reacciono rápido y le dio un fuerte golpe con el bate al caminante que estaba por atacar al rubio –corre ahora, maldición.
Aturdido, Keigo acata la orden esta vez, subiendo primero al autobús y preocupado de ver que su amigo aún se había quedado abajo, aún golpeando a otro de los muertos.
–¡Touya!– pocas veces usaba su nombre de pila, pues a Dabi no le agradaba mucho que digamos, pero en situaciones graves era señal de alarma. El mencionado levantó la mirada, dándose cuenta que un grupo pequeño de caminantes se dirigía a ellos.
–Joder...– sin esperar más, el Todoroki corrió lo más veloz que pudo al autobús y subió, cerrando las puertas –¿por qué no han entendido esta mierda?– preguntó intentando recuperar el aliento, con los nervios de punta al escuchar aquellos gruñidos ahogados cada vez más cerca.
Entonces uno de los integrantes del grupo le informó que necesitan las llaves, las cuales no tenían, Dabi pasó sus manos por su cabello con desespero, estaban atrapados ahí sin salida.
Se sentía como si todo estuviera perdido, hasta que uno de los muchachos mencionó que no sería difícil encenderlo si manipulaba algunos cables desde dentro.
–¡¿Y que estas esperando para hacerlo, carajo?!– también estaba asustado, así que controlar su temperamento no era sencillo, por lo que tuvo que intervenir Takami, tomándolo del brazo y dándole un fuerte apretón en castigo.
Aterrado, el joven comenzó aanipular dichos cables, aún que no era sencillo con el temblor de sus manos, peor aún cuando los caminantes comenzaron a llegar al autobús y golpear con fuerza.
–Vamos ¡vamos!
–¡Eso intento, por favor, dame un minuto!
–¡No tenemos un jodido minuto!
–¡Touya!– Keigo también quería irse ya, pero presionar de esa manera a una persona en un estado de crisis solo lo empeoraba, así que volvió a dar un apretón en el brazo del mayor, quien se safó del hagarre molesto.
El vehículo prendió al fin, y los muchachos no perdieron más tiempo, uno de ellos de inmediato tomó el volante y pisó el acelerador, aplastando a varios caminantes en su huida.
Cuando salieron de nuevo a la ciudad, el caos no había parado, al contrario, parecía el mismo infierno, autos volcados, gente corriendo, casas y edificios incendiandose. Todo estaba mal.
Debido a que la mayoría entró en shock al presenciar tales desastres, el conductor no se percato del auto que venía a toda velocidad hacia ellos, hasta que el claxon los aturdió, por más que quisó mantener control del autobús, no pudo manipularlo y terminó volcandose.
Adolorido, Dabi intento reincorporarse de inmediato, la puerta estaba bloqueada, así que su salida ahora debía ser una ventana, golpeó con todas sus fuerzas el vidrio con un bate hasta lograr su objetivo y tomó a Keigo, quien aún estaba un poco desorientado debido al golpe que se dio, lo ayudo a salir y mientras intentaba sacar a los demás, pudo notar como más de esas cosas venían a su dirección.
–Oh mierda, Keigo vamonos– dijo mientras tomaba la mano del rubio, intentando bajar del autobús, sin embargo, Takami no quería dejar ahí a sus compañeros.
–Dabi no, tenemos que ayudarlos.
–No hay tiempo.
–Dabi-
–¡No hay tiempo, Maldición!– gritó con grustracion y jaló del brazo a su amigo con más fuerza, haciéndolo caer en el pavimento, lo levantó con desespero y ambos comenzaron a correr, mientras escuchaban a sus espaldas los gritos del grupo que habían abandonado, Keigo ni siquiera tuvo el valor de mirar atrás.
Dabi no soltó en ningún momento la mano de Keigo, si no hasta que sintió como los caminantes les pisaban los talones, entonces se obligó a pensar rápido. Los autos de ahí estaban vacíos, algunos solo estaban abandonados, con suerte alguno tiene llave.
–Keigo, revisa que ese auto tenga las llaves– de inmediato, el mencionado acató laorden y mientras el pelinegro golpeaba uno a uno los caminantes que se acercaban, Keigo reviso el carro varado más cercano.
Tuvo la maldita suerte de encontrar las llaves ahí, lo encendió y conducir hasta su amigo de infancia, atropellando a varios caminantes en el proceso y quedando hunto frente a Dabi.
–¿Que esperas? ¡sube!– Dabi obedeció rápidamente, subiendo al asiento trasero y Keigo arranca de nuevo el auto sin esperar a que su amigo cierre por completo la puerta, quien no tuvo problema con ello, aún andando lo hizo y cerró las ventanas, luego se pasó al asiento del copiloto.
–Mierda, eso estuvo cerca– mencionó el mayor, pasando una mano por su rostro.
Keigo no hizo más suspirar, no dejaba de pensar en el grupo que venía con ellos y el destino que sufrieron, entonces su mirada se empaño al punto de no ver bien el camino, detuvo el auto.
–Estas así por lo de tu grupo ¿no?– el rubio ni siquiera tiene voz para responder y simplemente asiente, limpiando sus lágrimas –Hawks... oye mírame– Dabi se inclina hacia el mencionado, tomando su rostro y limpiando una de sus mejillas con el pulgar –No iba a arriesgarme a perderte, suena cruel, pero yo no los conocía. Así que mientras tu estés, para mi esta bien ¿de acuerdo?
Takami no respondió ¿que más podía decir? Pero así eran las cosas y Dabi tenia algo de razón, ahora solo se tenían el uno al otro, Keigo siendo huérfano no tiene nadie por quien preocuparse, la única persona importante para él estaba a su lado y Touya... pues jamás se llevó bien con su familia, por lo que probablemente se niegue a buscarlos.
Ahora son ellos dos contra el mundo, un mundo nuevo repleto de caos y amenazas de muerte, donde uno siempre cuidara la espalda del otro hasta qur la muerte los separe.