Capítulo 1
Ser ingenuo era lo peor que le podía suceder a un chico solitario.
Jimin viaja con sus padres a su país de origen. Corea del Sur. Empiezan a suceder cosas extrañas en el hotel donde se hospeda, y toda su vida cambia por completo cuando se topa por primera vez con aquellos ojos marrones en un ascensor.
NOTA: Historia reescrita desde 0, porque wattpad la eliminó, en caso de que quieran leer esta historia en wattpad mi perfil este en este link 👉 https://www.wattpad.com/user/Ian-Is-Happy o buscarme como @Ian-Is-Happy
⚠️ADVERTENCIAS:
●NO es una historia romántica. Favor de no idealizar y romantizar todo lo que suceda en esta historia. Es FICCIÓN y meramente para entretener.
●Pedoflilia.
●Capítulos con vi0laciones o consumos de drogas.
●Escenas +18.
●Secuestros o trata de personas.
Primer paso...
El ruido excesivo hacia eco sobre sus oídos. Se rasco el extremo de su oreja intentando acallar el molesto sonido que iba y venía de todos y ningún lado en especifico. No era su ambiente para nada. Nunca había estado en un aeropuerto antes, y mucho menos uno tan grande como aquel.
Había viajada en un avión hace solo un par de horas. Fue un vuelo a escala, y ahora estaban en el aeropuerto Hartsfield, y era como un gran laberinto que hacia añicos su mente.
a Jimin le recordaba a un hormiguero.
El flujo de gente era casi abismal. Según su padre la razón era por la alta demanda de las fechas. Estaban en pleno invierno y la navidad estaba a la vuelta de la esquina. A Jimin le gustaba mucho la celebración. Sin embargo, por la situación financiera de sus padres, si tenía algo de suerte este año, podría conseguir unas zapatillas. Y era mucho pedir, el año pasado su obsequio fue un vale de unos cuantos dolares para canjear en una tienda cercas de casa. No sé quejaba, pues comprendía por lo que estaban pasando, no vivía dentro de una burbuja como para no darse cuenta. Ademas, ambos trabajaban casi todo el día y aun se tomaban la molestia de usar su poco tiempo libre para tratarlo con amor.
No podía pedir nada mejor.
—Según nuestro vuelo se retraso media hora. Voy a ir por un café ¿Quieren uno?
Hablo su madre levantándose de su asiento. Era una mujer algo robusta, por lo que era normal que todo el tiempo tuviera antojos, y sabían que no solo iría por un café. Llevaban esperando mucho tiempo y se notaba en su rostro lo estresada que estaba. Las ojeras se le marcaban un poco haciendo ver sus ojos tristes.
Y no existía bocadillo que no le pudiera subir los ánimos a su madre.
—No gracias cariño. ¿Tu Jimin, quieres uno?
—Un capuchino por favor.
—¡Okay!, no me tardo chicos.
Su padre suspiro en cuanto su madre despareció entre los pasillos. Y Jimin sabía perfectamente el significado de ello.
Los había escuchado discutir un poco antes de salir para el primer vuelo. Al parecer ni uno de los dos quería hacer este viaje. Después de todo no iban de vacaciones. Su abuelo paterno había fallecido, e iban a su funeral. Pero no estaban tristes por su deceso. Ni un poco. Porque lo único que sabía a grandes rasgos es que ese hombre era muy rico, uno de los mas grandes del continente asiático. Pero a pesar del dinero, su padre Jackson, nunca estuvo de acuerdo en la manera que su padre ganaba tanto dinero y se rehusó a seguir su legado durante los años que estuvo a su lado.
Y su relación fue en picada cuando se enamoro de su madre.
Como primogénito el tenía que seguir con sus raíces orientales, una acostumbre muy anticuada que ya casi nadie tomaba en cuenta. Jackson fue enviado a estudiar al extranjero para que aprendiera inglés fluido y conseguir conexiones del otro lado del mundo. Era obvio que en algún momento iba a salir con una mujer americana. Lo cual Jackson intento defender que su pareja tenía ascendencia china ya que su padre era legítimo del país y su madre era americana, por lo que no rompía el legado familiar de cierto modo.
Pero parece ser que su abuelo nunca pensaba bien en las cosas que conllevaba a su familia. No lo entendió. Y Jackson sin pedir permiso terminó casándose con Ailen, su madre. Ailen Wang para ser mas exactos.
Y eso fue suficiente para que su abuelo intentará hundirlo. Lo desheredo de toda su riqueza. No le importo en lo absoluto. Para menos, se puso feliz de no tener en sus manos dinero sucio. Sin embargo no le basto con llegar hasta ese punto. Con todos sus contactos posibles, logro que Jackson no pudiera ser contratado en buenas empresas tanto en Estados Unidos como en otros países a los que tenia acceso casi directo.
—Eres una desgracia. Le diste la espalda a tu familia, y eso lo único que obtendrás de los demás.
Fue lo que escucho alguna vez relatar a su padre en estado alto de ebriedad. Y es como terminó siendo un simple gerente en una tienda no muy grande. La paga era poca, el lugar apenas y se mantenía en pie, aunque era lo más cercano que obtuvo a un sueldo más alto que el mínimo.
Por lo tanto. Cuando recibieron una invitación al funeral por parte de un número desconocido pensaron que sólo era una estúpida broma.
¿Quien lo querría en el funeral del hombre que solo podía escupir pestes sobre él?
Pero resulto que la asistencia era casi obligatoria, pues justo después sería la lectura del testamento, y como si el mundo estuviera jugando con sus vidas. Su abuelo había puesto su nombre en dicho testamento.
No el de Jackson Wang. Si no, Park Jimin. Porque después de todo, su padre no era legalmente Jackson Wang, si no Jackson Park. Porque de nuevo, el egoísmo había hecho de las suyas para que les fuera imposible quitarse el nombre del mismo diablo.
Creyeron que era un error, pero al hablar con el abogado el dijo con seguridad que Park Jimin tenia que estar estar presente en la reunión.
Y era lo más extraño que quisiera ponerlo en el testamento. La imaginación le estaba dando vueltas como un torbellino. El nunca había conocido a ese hombre. ¡Ni siquiera sabia su nombre!, así que no quedo más alternativa que tener que asistir. Su padre, parecer ser, pensaba que su abuelo había recapacitado en su lecho de muerte. Que quería purificar su alma y arreglar los errores que cometió estando con vida. Pero para Jimin, todo le dejaba un mal sabor de boca.
Y para empeorarlo todo. La deuda que les generaría este viaje era demasiado grande. Y conocía el hecho de que no se podrían recuperar pronto de esto. Su madre había pedido un préstamo considerable a lo que realmente podían pagar.
La verdad, no le veía el sentido a nada de esto.
Gastar, para probablemente recibir una cachetada con guante blanco. Y al final de la historia, no recibir absolutamente nada. Creía que aquel testamento estaba escrito para reírse de ellos, humillarlos frente a sufamilia.Que viéndolo de otro modo, no eran más que desconocidos. Rostros que no le importaba conocer. Y sin embargo, su padre si que los conocía.
Eran aquellos que no solo lo apuñalaron por la espalda. Que siguieron el patrón del rey en la cima, y hasta la actualidad, solo una persona mantenía contacto con ellos. Una de entre cientos que conformaban la familia de negocios.
—¡Chicos! Ya es nuestra hora. ¿No escucharon? Levántese─ Grito su madre corriendo con sus cafés y una bolsa de donas.
Y así fue el inicio de esta pesadilla.
El vuelo fue... agotador. Por ser compra de casi último momento, no le toco asiento junto a sus padres. Tampoco al lado de la ventanilla. Justo del lado del pasillo soportaba a dos hermanos, una niña y un niño, que no pasaban de la pubertad y solo venían peleándose entre ellos. Se cubrió con unos audífonos de casco, y aun así podía escuchar casi perfectamente los gritos que apostaba todo su dinero a que todo el avión ya estaban hartos de ellos.
Jamás había visitado Corea. El había nacido allá por petición de su padre, por lo que conservaba la doble nacionalidad. Su coreano era casi perfecto, en su hogar era normal ver bastantes razas distintas y como su padre incluso con todo lo que sucedió no quería que perdiera sus raíces. Desde bebe se le enseñó coreano, chino y su idioma nativo era el inglés.
Bajaron después de varias agotadoras horas, en asientos incómodos como el infierno. Fue satisfactorio que sus padres tomaran la molestia de rentar un auto, pues “era más barato que pagar cientos de taxis”, y su trasero lo agradecía enormemente. Fueron directamente al hotel donde estarían por lo menos un fin de semana completo.
Jimin en ningún momento aparto la vista de la ventana. Corea era tan... diferente de Estados Unidos.
—Por el momento hay que descansar— Dijo Jackson, bajando las maletas de la cejuela —El funeral será hasta mañana por la tarde, por lo que hay que sacar provecho y ver el lado positivo de todo esto. ¿De acuerdo?
—¿Tiene piscina?— Pregunto sin titubear.
—Sabíamos que preguntarías eso— La rubia le señaló el final del edificio —Nuestra habitación está hasta arriba bebe. Pero las piscina está en el primer piso, hay otra en el tejado pero es muy pequeña. Y esa no te servirá, en cuanto términos de desempacar podrás ir.
—Si mamá— Acepto.
Dentro el edificio no era lujoso. Jimin lo describiría como algo mas rustico, lleno de plantas y colorido. Le gustaba. Incluso desde su distancia en la recepción se podía ver la piscina. Simulaba estar al aire libre, la estructura mostraba un enorme hueco hasta la superficie justo en medio donde estaba la piscina con un jardín junto a un pequeño bar. Y una cúpula de vidrio transparente cubría el techo dejando ver el exquisito cielo desde abajo. Justo a esa hora solo entraba luz naranja del atardecer, por lo que había poca gente, no era una hora temprana como se acostumbraría. Ademas de estar todo templado, a la gente no le apetecía mucho ir a nadar, afuera estaba nevando y muchos se retraían por el clima.
Miro su teléfono, y ya marcaba casi las siete de la tarde. El horario cambió de manera drástica, pero no le efecto tanto como esperaba.
Aun tenia energías para ir a nadar un rato. Hace tiempo que no lo hacía, pues cuando era pequeño solía estar en competencias de natación. Pero no duró lo que hubiera deseado. Su escuela se quedó sin fondos y ya no pudieron costear ciertas actividades que requerían más presupuesto.
Como lo era mantener una piscina olímpica.
—Es linda— Murmuró al entrar a la habitación. Igual que la demás estructura, era bastante rustico y cómodo.
—Será nuestro lugar por poco tiempo. Pero hay que mantener un orden. No quiero ver ropa por el suelo. ¡Y va para ti Jack!
Dijo la mujer guardando toda la ropa en los muebles. Los tres rieron. Y Jimin espero que aquella travesía pasara así. Sin estrés ni ansiedad para todos.
[...]
Pudo bajar ya pasadas las nueve de la tarde. Su madre el ayudo a ordenar su ropa, sin embargo se distrajo tanto hablando con ella que no se dio cuenta de la hora. El miedo de que ya estuviera cerrada le erizaba la piel. Era la oportunidad perfecta para poder lograr su pasatiempo favorito, y quería aprovechar lo más que pudiera, en su ciudad solo había dos piscinas olímpicas en su ciudad, una era la de su escuela y la otra se encontraba en un comunitario, donde los pocos días que era gratis para todo el publico eran suficientes para que no pudieras ni nadar fuera de un diámetro de un metro sin toparte con un cuerpo ajeno.
Entonces ni una de las dos era una opción.
Pidió el ascensor. Y para su sorpresa se abrió de inmediato. No se espero ver un hombre ahí dentro. El traje negro a la medida le indico que era un sujeto importante. Sin embargo no le presto atención a eso, parecía tan concentrado en una tableta que traía entre sus manos, miraba directamente hacia la pantalla y le pareció notar que sus ojos casi no parpadeaban.
Si es que realmente lo hacían.
Lo que le incómodo fue que el hombre le tapaba toda la entrada al ascensor y no lo dejaba pasar. Era demasiado alto y fornido como para rodearlo y pasar desapercibido. Y empujarlo estaba por debajo de todas las ideas de quitarlo del camino.
—Disculpe...— Casi susurro. El hombre no se inmutó por lo que decidió hablar con mas intensidad—¡Disculpe!
Los ojos contrarios se despegaron de sus asuntos. La mirada directa a su persona lo hizo sentir cohibido. No salio ni una palabra por parte del hombre, esperando a que Jimin dijera algo, pero Jimin ahora presentía que estaba molesto, que tal vez le había interrumpió algo de suma importancia y por eso lo miraba con tanta intensidad.
¿Pero que mas daba? A pesar de sus ocupaciones no le daba el derecho de estar estorbando en el ascensor.
─¿Me da permiso de pasar?─ Pronuncio lo mas suave que pudo para no molestarlo mas, aunque su expresión le dijo que logro lo contrario. Sus cejas se curvaron con desdén.
Y de nuevo, sin pronunciar palabra, solo se movió un poco a la derecha y se sumergió de nuevo en la pantalla. Jimin paso rápido y se posiciono detrás suyo. El primer piso ya estaba seleccionado en el tablero así que supuso que el hombre se dirigía al mismo sitio. El descenso fue algo incomodo, o por lo menos por parte de Jimin si lo fue.
No había música, y solo escuchaba la pesada respiración del contrario y el mecanismo del ascensor.
Cuando la pequeña pantalla marcaba la primera planta, las puertas se abrieron y el hombre sin mirar atrás salio caminando a pasos grandes, alejándose rápidamente. Jimin lo siguió con la vista saliendo con calma de entre las puertas, y en la entrada del hotel lo encontró con dos grandes discutiendo algo que no alcanzaba a escuchar. Era fácil de reconocer que este par eran guardaespaldas, parecían sacados de una película de ficción. Así que un poco mas curioso se acerco a la puerta.
El hombre se subió a un auto muy elegante que esperaba por el. Jimin no sabia absolutamente nada sobre coches y aun así supo diferenciar que aquel era un auto de lujo, uno que no cualquiera podría costear. Se quedo ahí parado, solo mirando el coche detenido en la acera hasta que este arranco y se alejo.
Sin saber que detrás de aquellos vidrios polarizados, se escucho un profundo suspiro del dueño que había recorrido su cuerpo centímetro a centímetro a través de la ventana con una mirada salvaje.