¿Deberíamos De Darnos Una Oportunidad? by Victoria at Inkitt
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¿Deberíamos de darnos una oportunidad?

Summary

Benjamín Paul Bruce, líder y guitarrista principal de la banda Asking Alexandria. Olivia Evans una adolescente con el corazón roto. No tenían nada en común, pero aún así el destino se empeñó en ponerles frente a frente. ¿Deberían darse una oportunidad? (...)

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

Capítulo 1:

Veo como los jugadores del equipo de mi Instituto están furiosos con los chicos del equipo contrario.


Uno de los nuestros se encuentra en el suelo y en las gradas los abucheos no se hacen esperar. Veo a Mike caminar hacia donde están sus compañeros para apaciguar las cosas, algo que dudo.


—¡Hijo de puta! —grita mi mejor amiga furiosa, que está junto a mí en las gradas. Muy Helen.


Vamos ganando el juego, pero eso no le ha gustado a Los Jaguares. Ya que uno de sus jugadores a derribado a uno de los nuestros de una forma bestial, Jensen -más conocido como el número catorce- se encuentra en el suelo y parece estar adolorido.


Y como sabrán todo se ha ido al demonio, mi mejor amigo -Mike Dawson y capitán del equipo- esta intentando calmar a los chicos cosa que no esta logrando.


Los ojos azules de Mike miran a alguien buscando ayuda y entre la multitud aparece él: James Reed. La persona más despreciable del mundo y quien rompió mi corazón. El cual en estos momentos al verle, late de una manera desbocada. Mierda.


Quita su casco para dejar a la vista su cabello castaño tirando al rubio y sus tan exquisitos -malditamente sexy- ojos azules como el jodido océano. Joder Olivia. Supera al imbécil de una puñetera vez.


Se acerca a Mike e intenta junto a mi amigo calmar las aguas. Pero estaba claro que Los Jaguares no querían tregua alguna y que no aceptaban su inminente derrota ante mi Instituto.


Para cuando quise ver, el infierno había sido desatado en la cancha y los equipos peleaban como si de una batalla espartana se tratase. No podía creer lo que mis ojos veían y menos aún ver a mi mejor amigo de aquella manera. Era un chico de lo más tranquilo, excepto en esta ocasión. Se había transformado en algo que jamás había visto, su paz había sido reemplazada por su bestia interior -quien les juro que debe luchar cada maldito día para salir-. No pude evitar reír por pensar aquello, era ridículo.


—¡Vamos cariño dale su merecido! —mi mejor amiga gritaba eufórica a su novio, quien es mi mejor amigo. Sí, Mike Dawson es el perfecto novio de Helen.


Tape mi rostro en cuanto James recibió un fuerte puñetazo en su mandíbula, diablos. Sí, le odiaba. Pero tampoco era que me gustase ver como otros le daban su merecido, que estaba claro que yo debía dárselo.


Cuando parecía que la batalla no tendría fin, algunos estudiantes entraron a ayudar a separar a los jugadores. Que costó -debo admitirlo- muchísimo hacerlo, pero al final se pudo.


—Hel vamos a por Mike —susurre a mi mejor amiga y ambas bajamos de las gradas camino a la cancha de fútbol americano del Instituto.


Quedé horrorizada en cuanto vi la apariencia de los jugadores de nuestro equipo, estaban del asco. Pero no pude evitar reírme al ver el aspecto de Mike, jamás le había visto así. No podré olvidar esto nunca en la vida y se lo recordaré siempre que tenga la ocasión.


Helen se acercó a él y lo tomó de su barbilla observando a detalle su rostro. Tenía un corte en su ceja y el labio reventado, era de esperarse. Mike no era fan de la violencia y hoy había demostrado que podía dejar a un lado sus principios de lado y lanzarse a la batalla.


—Cielo estás del asco —comenta su novia con una sonrisa—, Pero aún así, sigues siendo hermoso —besa la comisura de sus labios.


Tortolitos y sus dosis de azúcar a la vista.


Y yo que odiaba lo dulce, carajo. Dejé de observar a la parejita feliz y le busqué con la mirada algo preocupada. ¿Enserio Olivia? ¿De verdad te sigues preocupando por ese cabrón? ¡Superale de una puta vez mujer!


Pero no era tan fácil, vamos el maldito se había metido tan dentro de mi corazón que ya no podía olvidarme. Aunque lo deseara con todas las fuerzas de mi alma, me había enamorado de un hijo de puta. Porqué sí, eso era Reed. Un reverendo hijo de su asquerosa madre.


En cuanto mis ojos le encontraron, un alivio me recorrió completa. Estaba junto a su mejor amigo, uno de los seres más despreciables que he tenido la desgracia de conocer: Joey West. Les aseguro que si Reed era un hijo de puta, su amigo se llevaba el primer lugar.


Ambos estaban del asco, con sus cejas cortadas y labios reventados. Sonreí, se lo merecían. Vale, estoy siendo una cabrona con ambos. Pero que les den, no me sentía mal por eso.


Sus ojos azules conectaron con los míos por un momento, pero me vi obligada a desviar mi mirada y fingir que buscaba a alguien más en el barullo que había en la cancha. Mierda.


Para cuando quise ver, le tenía frente a mí. ¿Es normal que mi cuerpo entero tiemble ante su presencia? Porqué jodidamente me está pasando en estos malditos momentos. ¡Oh santa mierda! ¿Por qué seguía teniendo ese efecto en mí? ¡¿Por qué?!

Tranquila Olivia, respira hondo e ignora la sonrisa moja bragas en su rostro. Lo odio.


—¿Qué quieres Reed? —le espete con indiferencia.


Muy bien colega, mantente así.


No creo durar mucho, suelto un bufido involuntario.


Se rasca la nuca.


—Sabes que quiero —responde con obviedad y por mi parte recibe una risa sarcástica.


—Pierdes tu tiempo entonces —respondo y vuelvo a ignorarle.


¿Enserio? Iluso, jamás volveré con él. ¡Se burló de mí! ¡Jugó con mis sentimientos! ¿Y ahora quiere que le perdone así sin más? Pues que le den.


—Vamos castaña, perdóname —súplica y hace morritos que me parecen algo graciosos.


Una sonrisa sin gracia aparece en mi rostro.


—¡Que te den Reed! —exclamo y le muestro mi dedo corazón.


Giro sobre mi eje y me acerco a mis mejores amigos con una enorme sonrisa triunfadora en mi rostro.


(…)


Al final el partido se suspendió, pero los puntos y la victoria se le fue dada a mi Instituto. Ahora íbamos a un pequeño bar, donde tocaría una banda que Mike admiraba. No les conocía, pero mi mejor amigo nos aseguraba que nos encantaría.


Algunos jugadores venían con nosotros, ya que querían festejar su victoria; porque la tenían más que merecida, Los Jaguares habían jugado bastante sucio y ahora se habían ido de regreso a casa con la amargura de una derrota.


Mike estaciono su jeep frente al bar, teníamos suerte de encontrar lugar. La entrada estaba llena y había una enorme fila. Genial.


Todos bajamos y caminamos hacia donde se encontraba el de seguridad.


—Hey Dom —saludó mi amigo y el tal Dom le devolvió el saludo—, Todos vienen conmigo —explicó y el hombre sin decir más nos dio paso al lugar. Ya entendía, Mike le conocía sino, no hubiéramos podido entrar.


Que tampoco teníamos la edad necesaria para ingresar al establecimiento y ni que hablar de que nos faltaba nuestra identificación demostrando nuestra mayoría de edad.


Al entrar se podía ver el gentío llenando el pequeño establecimiento, el escenario se encontraba frente a las mesas. La barra de bebidas a un costado y en cuanto mis ojos se posaron en ella emprendi mi camino hacia allí. ¡Noche de tragos para mí!


El barman entregaba trago, tras trago. Apoyé mi espalda en la barra y pasee mis ojos por el lugar. Helen y Mike bailaban al ritmo de una canción bastante desconocida para mí. Sonreí, eran la pareja perfecta. Se complementan a la perfección.


Alguien se paró a mi lado y pidió un trago. Había olvidado que aún no pedía el mío. Acomode mi cabello hacia atrás y giré para hacer mi pedido.


—Una cerveza por favor —pedí.


El barman asintió y giró para luego entregarme mi pedido. Di un sorbo enorme a mi cerveza, estaba algo sedienta, agradecía que no me pidiera una identificación.


—¿Olivia Evans? —preguntó alguien a mi lado, giré mi rostro encontrando a esa persona que hacía demasiado tiempo no veía.


—¡Sam! —chille y me lancé a sus brazos.


El idiota por su parte me giró en el aire y luego dejó que mis pies volvieran a tocar el suelo. Besé sus mejillas incontables veces, hasta que el carraspeo de alguien rompió nuestra burbuja. Junto a Sam había un chico, cabello castaño ondulado, con unos ojos verdes esmeralda bastante penetrantes. Sus brazos descubiertos dejaban ver la tinta en ellos y los que estaban en sus manos.


—Pequeña te presento a Ben —le presenta Sam—. Ben ella es Olvia, la hermana menor de Sean —ahora me presenta a mí.


Dejo un beso en su mejilla.


—¿Qué hacen aquí? —curioseo.


—¿El idiota de tu hermano no te dijo? —pregunta y niego—, Ya sabía yo —ríe—. Nuestra banda toca esta noche —comenta.


—¡Lo había olvidado! —respondo y golpeó mi frente—, A lo que ya no vienes por casa, no recordaba que tocabas en un banda —me mofe de él.


—Eh, a lo que tu hermano anda ocupado con la Universidad hemos estado algo distanciados —se encoge de hombros.


Asiento como respuesta y tenía razón. Sean había entrado a la Universidad y con ello había dejado de juntarse con Sam. Pero este último también estaba ocupado, la banda se encargaba de ello.


—¿Eres el vocalista? —me dirijo al amigo de Sam, quien bebe de su bebida.


Niega con la cabeza y sonríe.


—Soy el guitarrista principal —responde con simpleza a mi pregunta, asiento.


—El vocalista anda por ahí —rueda sus ojos Sam y señala a un chico castaño que habla animado con una chica muy guapa—, Ben no sólo es el guitarrista, es líder de la banda —comenta.


—No es para tanto —le resta importancia—, ¿Así que eres hermana de Sean? —curiosea.


—Veo que le conoces y sí, por desgracia es mi hermano mayor —bromeo y ambos ríen.


—Les dejó un momento, iré por Cameron y James —explica Sam, para luego alejarse.


Vuelvo apoyarme en la barra y observó el lugar. Ben, me imita mientras sigue bebiendo de su cerveza.


—¿Te gusta nuestra banda o solos has venido por venir? —dice y veo una sonrisa adueñarse de su rostro.


—Ese chico que está allí, con la rubia —señale a Mike y por su parte asiente—, Bueno él ama su banda, si es que ustedes son Asking Alexandria claro.


El suelta una carcajada por mi respuesta.


—Claro que nosotros somos ellos —responde.


—Bueno es por él que he venido a escucharlos, pero el estilo que tocan es de mis favoritos —me sincero.


—Entonces espero que disfrutes de nuestra música —me guiña un ojo y luego se aleja hacia el escenario.


Una enorme sonrisa se apodera de mi rostro.—Eso mismo espero —digo.


(…)

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