True Colors: Shock

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Summary

Jonah y Martín son detectives que buscan la verdad sobre unos asesinatos que están ligados a traumas y a un pasado que a ambos los atormenta. Mientras en la ciudad de LoverFields, Luisiana se ven extraños fenómenos.

Status
Complete
Chapters
6
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Capitulo 1

La detective Jonah Harris está sentada en un sofá de cuero negro en la habitación de su psicóloga Martha Smith. Jonah frota sus manos mientras intenta recordar qué había pasado con aquel hombre en la cabaña al este de Kingsley, California.


La psicóloga anota en su libreta, bajo los rayos del sol que entra por una ventana. Jonah la mira y suspiró y aparta las manos.


—No podíamos hacer nada, ¿Sabes? —traga saliva—, ni siguiera un poco. El hombre estaba con la cabeza mirando hacia la puerta de la cabaña y justo cuando entramos… Yo ví sus ojos…


¿Porqué aquello se le dificulta tanto?, no era la primera vez que veía un muerto, había visto cientos en sus 15 años de servicio pero ¿Porqué esté en específico le daba tanto miedo?


Jonah se toca el cabello distraída y se lame los labios. Idiota, está nerviosa por supuesto.


—Dime, ¿Le tienes miedo? —Pregunta Martha, ella estaba sentada en un mueble de cuero rojo con su libreta.


—Si —Contesta de inmediato y sus ojos observaron la libreta, por fortuna no escribió nada y prosigue—: El hombre tenía un puñal en el pecho, clavado. Sus ojos eran verdes pero sin vida parecían grises, me acerqué a él de inmediato su boca tenía sangre seca y su cuerpo estaba mirando hacia un espejo grande y sucio. Las piernas, las tenía rota y…


Sus rodillas abiertas mostrando arterias, sangre que chorreaba por sus jeans azules. Jonah y su compañero Scoot Vaugh lo examinaron y miraron la cabaña, todo estaba milimétricamente en orden. Nada de polvo. Nada sucio o fuera de lugar salvo…


—El espejo… estaba sucio y apenas podía verse su reflejo. Y estaba frío.


—¿Frío? Era una cabaña sin calefacción, ¿no?


—Si, pero eso estaba frío como un cubo de hielo.


Martha cierra la libreta y se queda observando el reloj que està a espaldas de Jonah, el tiempo se había acabado y Jonah sintió un profundo alivio al ver que, en esta sesión solo anotó dos veces.


—Parece que el tiempo ha acabado —Dice Jonah con una risa nerviosa.


—Si, el miedo es normal en nosotros los seres humanos, le tenemos miedo a lo desconocido sin lugar a dudas y entiendo que es casi normal ver un cadáver en tu trabajo pero siempre puede ser tan impactante como inesperado ver cómo la mente humana es una máquina para hacer cosas morbidas.


Jonah asiente. A veces lo era, a veces no. Jonah exhala un suspiro y se levanta del sofá, Martha y ella se dan la mano y con una sonrisa se dicen que se verían la semana próxima y que le contaría solamente detalles a ella del caso.


Sale del edificio y camina con tranquilidad hacia su auto, su mano tiembla de repente y el primer pensamiento que tiene es: Me vendría bien un trago. Puso la llave en el auto y la enciende, a continuación maneja hasta el primer bar que viera por el camino, lo que fuera para quitarle el temblor de la manos.


Fumar no servía para ella, ya no. En su adolescencia lo hacía escondida de su papá y su mamá, le calmaba la ansiedad que, según, sus padres era un tipo de manipulación para gastar dinero.


Después de matar a un pandillero y volarle la tapa de los sesos no tuvo de otra que fumar hasta que el recuerdo se fuera, pero la nicotina no hacía efecto, y simplemente lo dejó.


Llegó a un bar llamado el BlackOut, justo al frente había una manifestación sobre algo de subirle el sueldos a sus empleados inmigrantes en la empresa Atlas. Estaban reunidos ahí más de cincuenta personas con pancartas y letreros con el enunciado: ATLAS SUELDO ARRIBA. ATLAS TAMBIÉN DEBE AYUDAR A LOS INMIGRANTES.


Jonah ve aquello con aire de desinterés y entra al bar, pide un whiskey con hielo y se sienta juntos con dos tipos más que no parecen tan borrachos, uno de ellos tiene una camiseta marrón y unos vaqueros azules, estàn bien peinados y hablaban poca cosa acompañados de sus cervezas.


En el televisor que estaba pegado a una pared se mostró las noticias de las doce daban prioridad al caso del asesinato de aquél hombre llamado Garry Peralta. Era un accionista y granjero. Accionista del hotel Golden Lake, granjero con más de seis hectáreas al este de la ciudad.


Recordó el cuerpo, un escalofrío recorre su cuerpo y pide dos cervezas al dueño.


—¿Vas a beberte esas dos? —Pregunta uno de los tipos, no era el de la camiseta marrón, este tenía una chaqueta de cuero negra y sus ojos eran azules, estaba bronceado por el sol y cuando ella se volvió a ver con aspecto de desinterés le sonreía.


—Si, y por favor no me sigas mirando con esa cara.


—¿Con qué cara?


—Con la cara de: ¡hola quiero coger!


El de la camisa marrón le planta cara de repente y suelta una carcajada, el otro solo se ruboriza y apretó los puños y el tabernero chasquea los dedos.


—Leo, te pones como una fiera y te saco, deja a la chica en paz.


Ella siguió bebiendo mientras ve los enunciados de las noticias. Afuera sigue las manifestaciones.




REPRESALIA.



La mente de Morgan se llena de solo esa palabra, nunca se había atrevido a matar a nadie. no porque no quisiera, solo que aún no había tenido el valor para hacerlo. Hasta que Alison, su perra le había roto el cable de su teléfono.


Aquel día sintió un denso e intenso dolor de cabeza, la perra sacaba la lengua y Morgan le pareció ver que sonreía. Claro. Sonreía por lo que había hecho, el puto perro había roto el cable que el tenía que reparar y posiblemente (y lo mas probable gastar dinero que no tenía).



Morgan caminó hasta el perro lo acarició con una sonrisa y este le lamió la cara, todo el mundo era igual, sonreían como sonreía aquél animal, se burlaban y jugaban con él.


Pasa su mano por el cuello del animal.



Y se da cuenta que podía hacer algo asombroso y a la vez emocionante. Pero no sentía ese miedo en hacerlo, el dolor era fuerte y le motivaba aún más a hacer aquello.


Simplemente lo hizo. Agarró el cuchillo de cocina y agarró al perro por el cuello, soltó un exhalación y cortó el cuello del animal: la sangre salía por borbotones, la sala de manchó de rojo, la sangre se pegó en sus manos y en su cara y el pobre animal cayó sin vida al suelo.


Aquello fue muy excitante.


Por un breve momento se sintió mal, Alison lo había acompañado en momentos donde él se sentía deprimido.


Pero Dios, quería más pero antes tenía que limpiar el desastre.


Cuando lo hizo sintió una enorme satisfacción por haber matado a la perra, enterrarla en el patio de atrás (sin que los chismosos de sus vecinos lo vieran) y dejar el lugar pulcro y reluciente. Fantástico.


Pero quería más.


Y ahora está allí frente a las manifestaciones de Atlas sobre el sueldo de los malditos inmigrantes del país, mexicanos, colombianos, rusos y hombres de América con un supuesto mal trabajo. Unas quejicas en toda regla. Por eso había decidido matarlos, tenía una máscara de cerdo en las manos. Se la colocó y se colocó sus guantes negros con una creciente calma.


Agarró su Magnum 357. y encendió el auto, hoy les iba a hacer un favor al país y a la empresa.



Lo primero que escucha Jonah fue un auto color marrón claro arrancar. Después escucha los disparos y gritos.


El tabernero se tira al suelo, los otros dos hicieron lo mismo y Jonah mostró su placa en la cintura y desenfunda su arma.


—No se muevan de aquí —Les dice y le da una patada a la puerta antes de salir.


El auto había arrollado al menos veinte personas, todas ellas gritan de dolor, los disparos mataron a otras veinte, frente a la pequeña sede de Atlas. Los cuerpos arrollados estan juntos, chorreaba sangre hasta por los oídos y algunos estaban muertos.


Los cuerpos que fusilaron tenían orificios en el dorso, la cabeza y piernas. Las personas que aún sobreviven entraron al edificio, la sangre bañaba toda la carretera. Jonah salió con su pistola en mano. Maldita sea. Piensa al mirar los cuerpos.


Cuando mira a la izquierda, el auto, un Dodge del 98, marrón claro hizo sonar el motor y arranca de nuevo a los cuerpos se escucha el crujir de los huesos, de los cráneos y otra partes del cuerpo de los heridos y muertos.


—¡Hijo de puta! —Maldice Jonah. Disparó al parabrisas del auto y cuando este mismo pasa al lado de ella.


El conductor le dispara en el hombro.