La sonrisa más bonita

Summary

Eijiro conoce en el hospital a otro niño que se le notaba muy triste siempre, al ser compañeros de habitación el pelinegro trata de animarlo y pasan sus días encerrados en esa habitación. Llegan a ser buenos amigos y todo estaba bien, hasta que un día Eijiro ya no vió a Denki.

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13+

Parte única

Eijiro Kirishima estaba enojado porque no quería ir al hospital de nuevo, pero tendría que ir porque volvió a enfermarse.


Su madre estaba buscando la misma habitación donde siempre se quedaba, pero al parecer había cambios de planes; aquella habitación se encontraba ocupada.


Un grave error para aquella recepcionista.


A consecuencia de eso, tendría por un buen rato a aquella señora peleando por esa habitación. Eijiro no entendía cuál era el problema, total, solo eran las mismas habitaciones frías y solitarias.


A pesar de tener 6 años entendía muy bien las cosas.


Ya llevaban más de media hora en la recepción y empezaba a aburrirse, se apiadaba de la señorita que atendía a su madre.


¿Cómo la soportaba tanto?


—Madre vámonos a la casa—dijo jalando la blusa de la mayor.


—¡Estoy ocupada Eijiro!—respondió enojada.


El infante soltó la blusa de su madre espantado. No le gustaba cuando se comportaba de esa manera, pero que podía hacer, así era ella.


Desde que sus padres se separaron ella se volvió más insoportable y alcohólica.


La señora Kirishima siguió peleando con la recepcionista hasta que llegó un doctor para calmarla, pero fue en vano porque ahora estaba gritando de más. Todos lo que pasaban por allí los observaban y el menor evadía aquellas miradas.


—De acuerdo—habló el doctor—le asignaré una habitación disponible.


—Ya era hora, no puedo creer que no sepan hacer su trabajo.


El doctor se acercó a la computadora para anotar los datos del infante para instalarlo en aquella habitación, pero la enfermera al ver cuál era quiso protestar.


—Doctor pero—no alcanzó a terminar ya que fue interrumpida.


—Es la única habitación disponible. Si no le damos esa opción, está señora seguirá aquí—susurró para que la madre del infante no lo escuchara.


—Lo estoy escuchando.


—Habitación 76, piso 7—indicó entregándole un papel.


La señora Kirishima le arrebató aquel papel mientras lo miraba, después tomó de la mano a su hijo para irse a aquella habitación, no sin antes fulminarlos con la mirada.


El infante no decía nada, se quedaba callado mientras su madre apretaba el botón 7 para ir directo a aquella habitación. Sentía que su madre le apretaba de más el brazo, pero no se quejó por temor a que lo regañara como siempre.


Cuando el elevador se detuvo sintió su corazón acelerarse, de nuevo su madre lo dejara allí por muchos días. Odiaba ser un niño con defensas bajas, si tan solo su salud estuviera bien estaría jugando con sus compañeros de la escuela, pero aquellas vacaciones las pasaría encerrado en una habitación fría junto a otro niño u otra niña.


Su madre lo jalo para llegar y al abrir la puerta de golpe, un niño rubio quien se encontraba mirando hacia la venta se giró para verlos. Su rostro mostró miedo.


Pues como no.


¿Quien llegaría abriendo la puerta de esa manera?


Aunque sabía que su madre solo lo hacía porque se encontraba molesta.


—Bien—lo siguió jalando hasta llegar a la cama y sentarlo—ya sabes cómo funciona esto. Te quedarás aquí hasta que el médico me diga que ya te encuentras mejor—acariciaba su cabeza—vendré a visitarte, así que no tengas miedo.


El infante solo asintió.


A pesar de que su madre a veces solía gritarle o ignorarlo; de las veces que se encontraba en el hospital jamás lo dejaba solo, siempre estaba al pendiente de él.


Pero odiaba que fuera así.


Solo cuando se encontraba mal de salud su madre podría mostrarle afecto y cariño. Él quería que siempre fuera así, pero no. Si tan solo sus padres siguieran casados, si su padre nunca se hubiera enamorado de otra persona las cosas estarían bien.


—Mañana regreso—se acercó para darle un beso en la frente—te quiero mucho—dijo para después salir de allí.


El infante se quedó viendo hacia la puerta y después se giró hacia el otro niño quien se encontraba observándolo.


—Hola—se puso de pie y se acercó a él—me llamó Eijiro, ¿tú cómo te llamas?


—D-Denki—respondió tímido.


—Denki—se tocó la barbilla—me gusta tu nombre. Espero que seamos buenos amigos.


El rubio no habló solo asintió, se sentía un poco tímido ya que aquel niño era muy animado, nada a comparación de él. Siempre tenía el rostro triste.


El pelinegro se quedó viendo el mechón negro que tenía su nuevo amigo.


—Es un rayo—dijo tocándole aquel mechón.


Pero el rubio dio un pequeño brinco, no se esperaba que aquel niño hiciera eso.


—Está genial Denki, me gusta—confesó mientras seguía tocando el mechón.


—M-muchos...—empezó a tartamudear, nunca había estado tan cerca de otro niño. Regularmente sus compañeros de habitación se terminaban yendo—muchos me decían que era raro.


—Para nada—bufo—de seguro son niños envidiosos—soltó el mechón—a mi gustaría tenerlo.


—G-gracias.


—Vamos Denki, no seas tan tímido—se sentó a su lado.


—E-es que, y-yo...


—Ya se—dijo interrumpiéndolo—te dio miedo la forma en que entró mi madre, ¿cierto? Ella no es así, un poco, pero no siempre.


—Parecía muy molesta.


—Tuvo unos pequeños problemas, pero ya se solucionó. Dime, ¿por qué estás aquí?


—Por lo mismo que tú.


—¿De verdad? Ay no, es un fastidio—suspiró—no sabes como me gustaría estar jugando con mis compañeros.


—¿Te dejan salir?


—¿A ti no?—alzo la ceja.


—Desde que enferme me la pasó aquí, mi mamá y los doctores no me dejan salir—bajo la mirada.


El pelinegro no pudo evitar sentirse triste, aunque no sabía desde cuando llevaba allí, pero suponía que mucho por eso se veía muy pálido y delgado.


—Pues no te preocupes por eso, yo haré que te diviertas aquí—se señaló así mismo—mañana le pediré a mi madre que me traiga algunos juguetes.


—¿Lo harías?—se emocionó por lo cual abrió un poco más sus ojos y sonrió; el pelinegro casi podía ver los brillos que salían de su rostro.


Sintió que su corazón dio un brinco y casi lo podía escuchar. Verlo sonreír lo hacía ver más lindo.


—Sonríes bonito—dijo sin pensarlo.


El rubio siguió sonriendo, aunque le costaba aceptarlo, pero ese niño le agradaba mucho.


La puerta se abrió y ahora entró una enfermera rubia para instalar al pelinegro, lo reviso para ver cómo se encontraba en ese instante y anotarlo en sus reportes. Eijiro quería que terminara pronto para seguir hablando con Denki.


Pero justo en ese instante otra enfermera peliazul entró y Denki al verla se puso triste.


—Es hora Kaminari.


El rubio solo asintió mientras se bajaba de la cama para ir con aquella enfermera, pero antes de salir miró a Eijiro quien lo despidió con una sonrisa. El pelinegro no sabía a donde llevaban al rubio, pero verlo tan desanimado pensó que con sonreírle lo haría entrar en confianza y animarlo un poco.


Pasó 1 hora y el rubio no regresaba a aquella habitación, por lo cual el pelinegro se quedó esperándolo, miraba la puerta con la ilusión de que su amigo entrara.


Unos minutos después y la enfermera venía con Denki, pero notó que traía los ojos llorosos así que espero a que la enfermera lo instalara en la cama y ya cuando salió, se acercó a él.


—¿Lloraste?—se paró a lado de su cama mientras lo miraba.


—Eijiro—su voz se escuchaba triste y rota—no me gusta estar enfermo. Me duele mucho—sus ojos se cristalizaron para después dejar caer las lágrimas.


Eijiro no entendía nada, así que solo lo abrazo mientras aquel rubio se encontraba llorando en su pecho. Le partía el corazón verlo así, pero que podía hacer. El también estaba enfermo pero jamás se sintió de esa manera, lo único que se le ocurrió es que cada cuerpo es diferente y a lo mejor Denki no aguantaba tanto.


—Tranquilo—acarició su cabello—todo estará bien.


Siguió consolando a su amigo hasta que sus enfermeras llegaron para llevarles sus respectivas cenas.


Cuando las enfermeras salieron, Eijiro se acercó de nuevo con Denki y en la misma mesa puente puso su plato para comer junto con el rubio.


—¿No te molesta que venga contigo?


El rubio negó mientras se alejaba un poco para que el pelinegro se sentara a su lado.


Eijiro tomó una cucharada de sus frutas para elevarlo y hacerle como si fuera un avión.


—Ahí va el avioncito—empezó a hacer sonido de avión mientras llevaba la cuchara hasta la boca del rubio.


A Denki le pareció gracioso por lo que solo sonrió para después abrir la boca y recibir la fruta. Así se la pasaron hasta que terminaron de cenar, posteriormente las enfermeras llegaron para recoger las bandejas e irse.


El rubio se puso de pie y camino hacia el baño, el pelinegro lo siguió. Ambos se lavaron los dientes para regresar a sus camas y dormir.


Al día siguiente el primero en despertarse fue el rubio, así que miró a su lado donde se encontraba la otra cama y pudo notar dormido a Eijiro, sonrió al ver la baba que salía de su boca.


Posteriormente las enfermeras entraron provocando que Eijiro se despertara. Ambas pusieron los desayunos en la misma mesa de siempre para después salir de aquella habitación. El pelinegro miró a Denki para sonreírle.


—Buenos días, ¿cómo dormiste?—preguntó el rubio con un sonrisa.


—Dormí bien—respondió mientras se frotaba los ojos para terminar de despertarse—creo que dormí mejor que en mi casa. ¿Tú cómo dormiste?


—Igual bien—dijo mientras tomaba el pedazo de pan con mermelada para empezar a comer—ya me acostumbre.


—¿Cómo que te acostumbraste?—de igual manera se acomodó para empezar a comer su desayuno.


—Me la pasó más en el hospital que en mi casa. Cuando los doctores me dicen que estoy bien, vuelvo a recaer.


—Te entiendo—tomó su vaso de leche para beberlo—me pasa lo mismo, pero espero que cuando sea más grande, deje de ser un enfermizo.


Ambos niños siguieron conversando hasta que terminaron de desayunar. Las enfermeras volvieron a ir para asearlos, regularmente los bañaban a las 9:00 am, después les daban sus cepillos de dientes y un peine.


Como eran niños, a las 11:00 am podían ir a jugar al área que tenían para ellos. El cual consistía en armar rompecabezas, armar bloques, leer libros, dibujar, pintar, había cientos equipos de oficio; como de bomberos, enfermeros y dentistas.


Ambos niños decidieron pintar, el pelinegro no era muy bueno y eso lo hacía molestar pero al ver que su amigo pintaba tan feliz mientras movía la cabeza, lo que hizo fue solo observarlo.


Verlo feliz hacia que su corazón brincara y se acelerara.


¿Estaría enfermándose del corazón?


Se tocó el corazón mientras sentía los movimientos que emitía. Hasta que el rubio lo notó y preocupado se acercó a su lado.


—¿Te encuentras bien Eijiro?—lo miraba.


Su corazón latía y latía con más fuerza.


No entendía la razón.


Lo único que hizo fue asentir mientras aún tenía su mano en su pecho.


—No me asustes Eijiro—suspiró aliviado.


Después de aquello el pelinegro fue al baño para lavarse la cara, no entendía porque cuando veía sonreír a Denki su corazón se aceleraba como loco. Se miró al espejo y pudo notar un leve sonrojo; puso ambas manos en sus mejillas mientras se daba cachetadas.


Solo tenían 1 hora para jugar así que los regresaron a la habitación; ambos veían hacia la ventana mientras observan a los niños que estaban en el parque de a lado mientras se divertían.


La puerta sonó y era la enfermera que atendía al pelinegro.


—Tienes visita Kirishima—indicó y el pelinegro se alegró—acompáñame.


Antes de irse, se giró hacia Denki y le sonrió.


—Ahorita regresó.


El rubio solo asintió.


Eijiro salió de aquella habitación siguiendo a su enfermera, después notó que la enfermera que atendía a Denki iba en dirección hacia la habitación, lo más seguro es que también tendría visita y se alegró por eso, así ya no estaría solo.


Subieron por el elevador hasta llegar a otro piso. Cuando las puertas se abrieron, pudo ver su madre por lo que corrió a sus brazos.


El abrazo solo duro unos segundos.


—¿Cómo te encuentras?—preguntó su madre.


—Bien, el niño que está conmigo me agrada mucho—se sentó en la silla.


—Menos mal—dijo mientras sacaba un bote de helado y una cuchara—te traje esto, espero te guste.


Le acercó el bote y Eijiro feliz de la vida lo recibió gustoso. Lo abrió y empezó a comerlo mientras movía sus pies ya que no alcanzaba el suelo.


Estuvo con su madre por 1 hora hasta que la enfermera le indicó que la visita había terminado.


—Me llevaré esto—trató de quitarle el bote, pero Eijiro lo agarró mientras lo abrazaba.


—No.


—Pero es basura.


—Aún tiene—lo abrazo aferrándose lo más que pudo—al rato me lo acabaré y lo tiraré.


Su madre suspiro—De acuerdo. Entonces me voy—se puso de pie.


—Espera.


Su madre se quedó esperando a que su hijo hablara.


—Quiero que me traigas juguetes—dijo en voz baja.


—Bien. Mañana te los traigo—se agacho para despedirse con un beso sobre su cabeza.


Después de eso se marchó y Eijiro regresó con la enfermera a su habitación. Al entrar vió acostado a Denki con la mirada triste, se veía débil y sin ánimos.


—¿Qué ocurre Denki?—se paró a lado de la cama.


—Me duele mucho—de nuevo empezaba llorar.


Por lo que el pelinegro solo lo abrazo mientras dejaba que el rubio se desahogara. Cuando sus lágrimas cesaron, le dio el bote de helado.


—Mi madre me lo trajo, así que te deje la mitad.


—Pero es tuyo—se tallaba los ojos para limpiarse las últimas lágrimas.


—Ya comí lo suficiente. Mejor come tú para que te sientas mejor.


—¿Estas seguro Eijiro?


—Claro—destapó el bote y tomó la cuchara para agarrar helado; le hizo como si fuera un avión para llevárselo a su boca.


El rubio solo sonrió mientras dejaba que el pelinegro le diera de su helado.


Un rato después, el rubio quedó completamente dormido y pudo notar que tenía curitas en el brazo.


—"¿Tan mal esta?"—pensó el pelinegro.


Su enfermera llegó para su revisión, al parecer se encontraba bien y eso le preocupaba, a este paso se iría del hospital. Es lo que quería antes, pero no quería dejar al rubio, parecía que sufría mucho y lo único que quería era cuidarlo.


El rubio despertó y Eijiro se acercó para abrazarlo.


—Eres un dormilón—se separó.


—Perdón, me sentía muy cansado.


—¿Tu madre no viene a verte?


—¿Mi madre? Si, hace rato vino.


—Es que no la he visto y pensé que no venía, pero bueno, por cierto, ya le encargué a mi madre que me trajera juguetes. Así que mañana podremos jugar.


—¡Que emoción!


Las enfermeras llegaron y les dejaron su cena. Y como la noche anterior; cenaron juntos para después sentarse en la cama del rubio mientras el pelinegro le contaba lo que hacía cuando iba a su escuela. Denki solo lo escuchaba como si fuera lo mejor del mundo y Eijiro no pudo evitar ponerse rojo.


Su corazón de nuevo empezó a acelerarse.


Pero trató de ignóralo mientras seguía contando sus anécdotas.


Adoraba lo bonito que se veía Denki, a pesar de su color pálido y esa bata azul.


Las enfermeras entraron para avisarles que ya era hora de que se durmieran por lo que acataron las órdenes. Esa noche el pelinegro sentía su cuerpo arder, se quejaba entre sueños y el rubio lo escuchó por lo cual tocó un botón que tenía y la enfermera apreció.


—Es Eijiro—lo señaló—creo que no se siente bien.


La enfermera corrió por la otra enfermera que atendía al pelinegro; entró con su equipo para tomarle la temperatura.


Tenía fiebre.


El rubio decidió no dormir esa noche para cuidar al pelinegro . A pesar de que la enfermera hizo su labor para que la fiebre bajara, Denki sentía la necesidad de cuidarlo.


—Kaminari ve a dormir—ordenó—no te preocupes por él, mi compañera está para cuidarlo.


—Pero, yo lo quiero cuidar.


—Su temperatura ya está estable, mañana estará como nuevo.


—Bueno—dijo rindiéndose para subirse a la cama.


—Descansa, Kaminari.


—Igual tú, Nejire—dijo sonriendo.


Aquella enfermera con cabello azul sonrió, de lo poco que llevaba trabajando en ese hospital nunca pensó que le asignarían a un niño como Kaminari, a pesar de que sus maestros de la escuela siempre les daban de consejo nunca encariñarse con los pacientes, ella ya lo había hecho.


Le parecía un niño tan tierno que no merecía estar enfermo; pero que podía hacer, la vida era así de injusta.


Lo único que haría era darle la mejor estancia para que se recuperara y estaba decidida a hacerlo.


Su compañera de cabellera rubia se quedó monitorización al pequeño.


—Suerte Tatami—dijo la peliazul antes de salir de aquella habitación.


La rubia solo asintió mientras veía a su compañera irse, en eso Kaminari se bajo de nuevo de la cama y se acercó a la cama de Eijiro. A pesar de tener la misma edad, el rubio era más pequeño de estatura por lo cual ni al pararse de puntas alcanzaba la cama.


Aquel gesto se le hizo tierno a Tatami por lo cual solo sonrió mientras acariciaba la cabeza del menor.


—Si Nejire se enterara...


—Pero no le dirás , ¿verdad?—la miró haciendo pucheros.


—No—sonrió amablemente, sin duda, el rubio era tan tierno que ninguna enfermera podría resistirse a esos pucheros.


Denki miraba a Eijiro para después tomar de su mano.


—Yo te cuidaré Eijiro.


—¿Lo quieres mucho verdad?


—Es mi primer amigo—respondió sin verla—él es muy animado y a pesar de que lo que conocí ayer, me agrada mucho.


—Pero que bonitos son los niños, me encanta su manera de pensar. Ojalá los adultos también pensaran así.


—¿Por qué lo dices?—levanto su vista para mirarla, pero sin soltar la mano del pelinegro.


—Los adultos son malos, ya lo entenderás cuando seas grande.


En eso Eijiro apretó la mano del rubio, por lo cual su vista se centró en él.


—Tranquilo, aquí me quedaré—con su mano disponible, la empalmo con la del pelinegro para cubrirla.


Más tarde, Denki se quedó dormido en una silla que Tatami le puso para que alcanzara. La rubia intentó separar sus manos, pero el pelinegro se aferró y no pudo separarlos.


—"Que haré" "Si Nejire viene se molestará conmigo"—pensó.


Por suerte esa noche Nejire ya no volvió a ir a la habitación. Ya que era su hora de siesta, regularmente ambas de turbaban para dormir.


El reloj marcaban las 4:37 am.


En eso el rubio se despertó y vio de pie a Tatami quien revisaba la temperatura de Eijiro.


—¿Se volvió a sentir mal?—preguntó preocupado.


La rubia negó con la cabeza—Se encuentra bien, creo que es mejor que te acuestes en tu cama, si Nejire llegara a venir se molestará conmigo.


—Perdón, no quisiera que Nejire se molestara contigo—soltó de la mano al pelinegro.


—Por mi no hay problema en que te quedes a lado de Kirishima, pero Nejire es tu enfermera y ella da las órdenes.


—Entiendo—se bajó de la silla para subirse a su cama mientras se tapaba con las sábanas.


Miró de nuevo a Eijiro y después su vista se elevó para encontrarse con la mirada de la rubia.


—Descuida—dijo para tranquilizarlo. Con tan solo verlo entendía que seguía preocupado por él—Kirishima es un niño muy fuerte, al amanecer se sentirá mejor.


—¿Me lo prometes?


—Te lo prometo—elevó su mano en forma de juramento.


El rubio sonrió para acurrucarse en su cama.


—Gracias Tatami y hasta mañana.


—Descansa Kaminari.


El pelinegro al irse despertando sentía como en su mano había un vacío, sin saber el porque, pero tenía la sensación de que algo le faltaba. Abrió los ojos de golpe y desesperadamente empezó a palpar la cama para buscar "aquello" que le faltaba, se giró hacia su izquierda y pudo ver al rubio quien yacía en su cama aún dormido.


Justo al verlo dejó de buscar.


Se volteó hacia su dirección mientras lo observaba dormir. Sin duda era la mejor vista mañanera.


Se veía tan débil e indefenso, además de sus notables ojeras.


Minutos después y el rubio abrió los ojos lentamente; pudo encontrarse con la mirada del pelinegro.


Sonrió al verlo.


—¿Cómo te sientes Eijiro?—bostezo.


—Me siento bien, aunque no se si lo soñé, pero sentía mi cuerpo arder.


—No soñaste, en la madrugada te dio fiebre.


La puerta se abrió y entraron 2 enfermeras, no eran las mismas que estuvieron hace 2 días. Una de ellas tenía el cabello negro amarrado en una coleta; la otra de igual manera tenía una coleta de color jengibre.


—Buenos días niños—habló la pelinegra—no nos habíamos presentado—se dirigió hacia el pelinegro—mi nombre es Momo Yaoyorozu, tu enfermera.


—¿Y Tatami?—preguntó el pelinegro buscando hacia la puerta.


—Es su día de descanso—respondió la otra enfermera—yo soy Itsuka Kendo, la enfermera de Kaminari.


—Ya veo—respondió el pelinegro.


Se le había olvidado ese detalle, tenían 2 enfermeras las cuales trabajan de 48 horas, para después tomar un descanso de las mismas horas. Tatami desde que él va a aquel hospital siempre lo había atenido, era la primera vez que aquella pelinegra lo atendía.


La mañana transcurrió con normalidad; hicieron las mismas actividades de siempre y como la noche anterior le dio fiebre, Yaoyorozu le daba sus medicamentos para evitar que se le regresara.


Esperaba la hora de visita para que su madre fuera y le entregara sus juguetes.


Como de costumbre, la pelinegra le informó que su madre ya se encontraba allí, por lo cual se despidió del rubio para irse gustoso con su madre.


Pero de nuevo notó esa mirada triste.


—"¿Por qué siempre estará triste?"—pensó.


Sin darse cuenta ya estaban el piso donde se encontraba su madre. La pelinegra lo guió hasta ella y se regresó.


—Aquí tienes tus juguetes—le entregó una mochila.


El pelinegro la aceptó para después abrirla y revisar lo que contenía adentro. Solo sonrió al ver los juguetes y la cerró.


—Gracias madre.


—Cuídalos bien, no se te vaya olvidar ninguno cuando salgas de aquí.


El pelinegro negó.


—¿Cómo te sientes?—acarició su cabeza—la enfermera ya me informo sobre tu fiebre.


—Estoy bien—movió su cabeza para que su madre dejara de acariciarlo.


—Me preocupe—se alejó un poco de su hijo—pero me alegra saber que ya te encuentras mejor.


—¿Mi padre ya sabe que estoy aquí?—dijo mientras se sentaba en la silla.


—Ni lo menciones, es un irresponsable y por más que le diga que estas aquí, no viene—de igual manera se sentó para después cruzar las piernas.


—Entiendo—suspiró.


El pelinegro ya no quiso preguntar acerca de su padre, sabía cómo se pondría su madre y lo que menos quería era escuchar sus quejas.


Agradecía que su madre cambió de tema; le empezó a hablar de cómo se sentía tan sola en su casa sin él y que esperaba que pronto el doctor diera la orden para que regresara a su casa. Pero sabía que su madre solo lo decía por compromiso, de todas maneras aunque estuviera en casa, ella trabajaba horas extras y lo entendía; al final lo hacía para mantenerlo.


Su padre si le mandaba el dinero que le correspondía, pero a veces ponía la excusa de que no podría darles porque tenía que pagar otras cosas. Y su madre a veces se gastaba ese dinero comprando alcohol.


Odiaba su casa.


Siempre olía a alcohol y tabaco.


Prefería el olor del hospital que la de su casa.


Pasó la hora y agradecía que Yaoyorozu ya se encontraba yendo a su dirección. Se puso de pie al verla enfrente y se despidió de su madre.


No dejó ni que le diera un beso de despedida; al pararse se fue a lado de su enfermera para tomarla de la mano y así guiarlo de vuelta a su habitación.


Su madre no quiso protestar y solo se despidió con la mano mientras veía a su hijo alejarse.


Muy en el fondo sabía que no era una buena madre, aunque a veces trataba de hacerlo, pero por su alcoholismo arruinaba todo.


El pelinegro aún seguía tomando la mano de su enfermera.


—¿Te ayudo con tu mochila?—pregunto.


—No—dijo mientras negaba con la cabeza—así estoy bien.


Llegaron a su piso y Eijiro soltó su mano para ir corriendo hacia la habitación, al abrirla encontró a Denki quien se encontraba recostado en su cama y una señora rubia con el mechón negro que se encontraba sentada a lado del rubio.


Cuando abrió la puerta, Denki lo miró mientras sonreía.


Eijiro se acercó lentamente y se paró a su lado.


—Mucho gusto, me llamo Eijiro—hizo reverencia.


—Con que eres tú—dijo la rubia mientras acariciaba el cabello de su hijo—mucho gusto, yo soy la mamá de Denki.


—Ya veo de donde saco lo lindo—en ese instante miró al rubio quien se ruborizó ante el comentario del pelinegro.


La rubia solo sonrió para después mirar a su pequeño y notó aquel sonrojo.


—Gracias por el halago—de nuevo miró al pelinegro—bueno—se puso de pie para darle un beso en la mejilla a su pequeño—mañana vengo, ahorita tengo que ver al doctor.


—Sí mamá—respondió muy animado.


Eijiro quien presenciaba todo, le alegraba ver de nuevo aquella sonrisa. Así lo quería ver siempre y no deprimido.


La rubia se alejó de su hijo para después mirar al pelinegro y despedirse. Salió de aquella habitación y Eijiro se acerco rápido a Denki para enseñarle la mochila.


—Mi madre ya me trajo los juguetes.


—¿En serio?


—Sí—empezó a sacar sus juguetes, hasta que su súper héroe favorito salió—¿Conoces a Crimson Riot?—le enseñaba aquel muñeco.


—He escuchado de él.


—Es mi héroe favorito—abrazo su muñeco—quisiera ser como él.


—Hay que jugar a los superhéroes—comentó.


—¡Si!—respondió muy contento.


El rubio se paró de la cama para empezar a jugar pero justo en ese instante se sintió débil por lo cual se desmayó.


El pelinegro no supo cómo reaccionar por lo que solo se acercó rápidamente antes de que este cayera y lo sostuvo para evitar alguna lesión.


—¡Denki! ¡Denki!—empezó a gritar desesperadamente—¡Yaoyorozu! ¡Kendo!—gritaba para que alguna llegara.


Segundos después la pelinegra entró corriendo para ver qué sucedía, pero al ver que su paciente sostenía al rubio entre sus brazos corrió hacia ellos para cargar al pequeño y acostarlo en su cama.


—Ve por Kendo, Kirishima—ordenó mientras se colocaba el estetoscopio que tenía en su cuello.


El pelinegro salió corriendo en busca de la enfermera. Por suerte se encontraba acomodando el carro de emergencias.


—¡Kendo!—dijo llamando la atención de la enferma.


—¿Kirishima? ¿Qué sucede?


—Es Denki...se desmayó.


Al escuchar aquello fue rápido hacia la habitación. Eijiro fue detrás de ella pero antes de entrar, la pelinegra salió y lo detuvo.


—Por el momento no puedes entrar—ordenó—mejor quédate en aquel sofá—le señalo uno que se encontraba no tan lejos de allí.


—Pero...Denki...


—Iré por su doctor—dijo interrumpiéndolo—pase lo que pase. No entres.


El pelinegro asintió mientras dejaba que su enfermera se fuera; el acato las órdenes y se sentó a esperar.


Minutos después vio a un hombre alto, pelinegro, de piel pálida, ojos negros medio abiertos y su rostro parecía fatigado.


Quiso entrar pero recordó las palabras de su enfermera y mejor se quedó esperando.


No supo cuánto tiempo pasó, pero vio salir aquel médico junto a la enfermera que atendía a Denki.


Cuando se alejaron más, el pelinegro se puso de pie y entró a la habitación. Encontró dormido al rubio pero esta vez estaba conectado al monitor y había un porta suero. Su brazo estaba conectado a un equipo de venoclisis, le dolía verlo en ese estado.


Se acercó para tomarlo de mano.


Pero el rubio seguía sin despertar.


Le dio tanto sentimiento que lágrimas empezaban a salir de sus ojos. En ese momento entró Kendo y lo vio llorando.


—Recayó—dijo llamando su atención—pero estará bien, siempre y cuando los medicamentos hagan efecto.


—¿Segura que estará bien?—la miraba con lágrimas en sus ojos.


—Yo me encargaré de administrar sus medicamentos, así que no hay nada de que preocuparse.


Le sonrió para que el pequeño dejara de estar tan triste. Eijiro confió en las palabras de la enfermera por lo que esa tarde se quedó a su lado todo el tiempo.


Su enfermera entraba a cada rato para estarlo motorizando y cuando le tocaba algún medicamento, se lo administraba a través del equipo de venoclisis.


Por la noche la madre del rubio llegó. Al entrar a aquella habitación corrió a su lado para verlo; Eijiro se alejó para que su madre estuviera cerca.


Notó la cara de preocupación de la rubia para después ver cómo lágrimas recorrían sobre su mejilla. Tomó la mano de su pequeño mientras la besaba.


Eijiro se quedó callado mientras presenciaba aquella escena dolorosa.


Porque si, no quería ver sufrir a Denki.


En toda la noche no pudo dormir debido a que en ratos escuchaba a la mamá de Denki llorar.


—"Perdón por darte un cuerpo tan débil"—decía mientras lloraba.


Escuchar aquello sin duda hacía sentir muy mal a Eijiro, no era su culpa , no era la culpa de nadie y quería decírselo, pero sabía que no era bueno entrometerse.


Al dia siguiente el rubio despertó pero se le notaba muy débil. Kendo se encargaba de administrarle sus medicamentos mientras su madre lo ayudaba a desayunar.


El pelinegro como de costumbre saludo al rubio y hasta allí. Después de desayunar decidió mejor ir al cuarto de juegos para dejar a solas a la rubia con Denki. Pero se sentía muy solo sin su amigo; solo deseaba que se recuperara.


Yaoyorozu fue por él porque ya era la hora de su baño, por lo cual ella le ayudaba a vestirse nada más. De allí regresó a la habitación y la rubia ya no se encontraba, por lo cual se acercó a Denki.


—Eijiro—mencionó el rubio con una sonrisa en el rostro.


—¿Te encuentras mejor?


—Ya me siento bien. Perdóname—bajo la mirada—ayer ya no pudimos jugar por mi culpa.


—Eso es lo de menos, tu salud es más importante—se acercó por completo para tomar de la mano al rubio.


—¿No estás molesto?


—Claro que no, en cuanto te sientas mejor podremos jugar todo el tiempo.


Pasaron las horas y la madre del pelinegro llegó; por lo cual tuvo que dejar solo al rubio, pero no se preocupaba porque Kendo había llegado por él para llevarlo a donde sea que siempre lo llevaban.


En todo el rato que estuvo con su madre no le presto atención; en su mente solo vagaba el rostro de un rubio con un mechón negro en forma de rayo.


—Mi rayito—sonrió sin pensarlo.


—Perdón, ¿qué dijiste?—preguntó su madre quien no había escuchado lo que su hijo dijo.


—Ah...—empezó a tartamudear—no era nada.


—Como sea—en ese instante reviso su celular ya que vibró. Se quedó observando la pantalla por un rato hasta que volvió a hablar—el doctor dice que te encuentras bien y ya no hay tanto riesgo de que te regrese la fiebre, a lo mejor y te dará de alta—comentó emocionada.


Pero el pelinegro al escuchar aquello no quería.


—Pero yo...no me siento bien...


—Son indicaciones del doctor.


—Pero...


—Sin peros Eijiro. Antes estabas tan gustoso por salir del hospital y ahora no quieres—replicó molesta.


El pelinegro ya no dijo nada, mejor se quedó pensando en que tendría que hacer algo para enfermarse y así poder estar más tiempo con Denki.


Yaoyorozu fue por él y este se despidió de su madre. Al llegar a la habitación de nuevo encontró llorando al rubio, se acercó para abrazarlo.


Y sin duda, no quería irse de allí sin saber que Denki aún seguía enfermo.


Para la noche cuando Denki ya se encontraba dormido, este se puso de pie y fue directo hacia las regaderas; estando allí abrió la llave para empaparse de agua y así regresar a la cama para dormirse.


Para la mañana siguiente cuando Tatami iba entrando al turno, notó que el pelinegro tenía fiebre; de nuevo hizo todo lo posible para que la fiebre bajara. Pero aquello solo preocupó más al rubio, ahora no podía pararse de la cama por indicaciones y lo único que quería era estar a su lado.


De igual manera lo conectaron a un equipo de venoclisis para pasarle suero fisiológico para que no se deshidratara. Esta vez su fiebre era más fuerte y necesitaba estar en vigilancia.


Ambos infantes se encontraban en cama por lo cual lo único que podían hacer era mirarse hacia sus direcciones mientras platicaban o veían la televisión.


A la hora de visita dejaron pasar a la madre del pelinegro, pero al rubio, como cada día; Nejire se lo llevaba.


Eso dejaba en duda al pelinegro.


—"¿A donde lo llevarán?"—pensó.


Siempre que regresaba, llegaba llorando y quejándose del dolor. Además de esas curitas en sus brazos.


—¡Eijiro!—escuchó la voz de su madre.


—Dime—respondió, saliendo de sus pensamientos.


—¡Que imprudencia la tuya! El doctor ya me dijo que te provocaste esto—estaba molesta y su rostro lo decía todo—pero me va a escuchar la enfermera...


—No madre—la interrumpió—no fue su culpa, ella si me cuido pero yo...—tenía que buscar una excusa si no terminarían regañando a Yaoyorozu por su culpa—yo quería bañarme pero no la quise molestar.


—Era su obligación, para eso está.


—No la regañes. Por favor—suplicaba con las manos.


—Bueno, esta vez lo dejaré pasar.


El pelinegro suspiró. Al menos sabía que no fue su culpa, porque realmente no fue así.


La conversación con su madre continuó. Quería que la hora de visita terminara pronto, estar con ella lo aburría; solo eran quejas tras quejas.


Tatami entró indicando que su visita terminó, por lo cual su madre se despidió. Segundos después de que salió; el rubio entró con lágrimas en los ojos.


Eijiro se quiso poner de pie para ir a abrazarlo, pero no podía por el equipo de venoclisis. Así que solo espero a que Nejire lo instalara en la cama.


Cuando su enfermera se fue, miró a Denki. Este se limpiaba las lágrimas para girarse y así poder encontrarse con la mirada del pelinegro.


—¿Estas bien?—preguntó preocupado.


—S-si...


Aquella respuesta no lo dejó tan convencido, pero ya no insistió, sabía que era todo lo contrario.


Los siguientes días ambos habían mejorado, por lo que de nuevo iban al área de juegos y se la pasaban por un buen rato. Ahora si podían jugar a los superhéroes; Eijiro le prestaba sus juguetes a Denki y este los aceptaba muy contento.


El pelinegro empezó a descubrir algo.


Cada que veía sonreír al rubio su corazón latía con más intensidad, además de sonrojarse.


El pasar tiempo con Denki le agradaba mucho.


Cada que se lo llevaban y este se quedaba solo con su madre, se sentía incompleto y frustrado; lo único que quería, era estar junto al rubio.


Se encontraba en la hora de visita, su vista estaba centrada hacia el suelo mientras su madre seguía quejándose de su padre.


—Oye madre.


—Dime.


—¿Cómo supiste que estabas enamorada de mi padre?—elevó su vista para encontrarse con la de ella.


—¿Por que la pregunta?—frunció el ceño—por si no lo recuerdas, ya no estamos juntos.


—Solo es curiosidad—dijo en voz baja.


Su madre cruzo los brazos y suspiró rendida.


—Estábamos en preparatoria y cada vez que estábamos juntos mi corazón se aceleraba.


—¿Podías escuchar los latidos?—sus ojos empezaron a brillar.


—Algunas veces. El que te guste alguien significa que no puedes dejar de pensarla, quieres estar con esa persona en cada momento.


Justo en ese instante, el rostro de Denki sonriendo vagaba por los pensamientos de Eijiro.


No pudo evitar sonreír.


—¿Te gusta alguna niña?


—¿Eh?—se sobresaltó—n-no...b-bueno...—sus mejillas se ruborizaron.


—Ay—hizo pucheros—tu primer amor. Con razón no quieres irte de aquí, ¿verdad?


—Madre n-no...—se cubrió el rostro por la vergüenza que empezaba a sentir.


Algo de eso era cierto; quería seguir viendo a Denki, pero él no era una niña, si no un niño.


—Está bien, dejaré que te quedes un poco más. Recuerda que en 2 semanas tus clases empiezan y no puedes faltar tanto.


—Gracias madre—dejó de cubrirse el rostro para sonreírle.


La señora Kirishima sonreía, ver a su hijo tan feliz hacia darle a entender que poco a poco estaba creciendo. Estaba viviendo su primer amor y en unos años más tendría que prepararse para conocer a sus futuras novias. Lo más probable es que su primer amor no funcionara ya que es pequeño aún y el amor a esa edad es imposible.


Los días junto a Denki eran los mejores, empezaban a bañarse juntos, aunque al inicio sus enfermeras no querían, pero todo cambió cuando Eijiro habló con Tatami.


Se encontraban solos en la habitación ya que Denki estaba con Nejire dando un paseo por la azotea.


—Tatami—dijo tímido.


—¿Qué sucede Kirishima?


—Puedo decirte algo—jugaba con sus dedos.


—Claro—dijo sonriendo.


—¿Crees que es posible que a un niño le guste otro niño?—en ese instante se sonrojó.


Tatami no sabía cómo reaccionar y que responder. Sabía muy bien que en la sociedad estaba muy mal visto a las personas que les gustaban su mismo género.


—Pues...verás...


—Denki me gusta.


La rubia abrió los ojos como plato. Era una confesión que no se esperaba o tal vez si, muchas de las veces llegó a notar la mirada del pelinegro hacia el rubio y sabía que no era una mirada de "amigos".


Pero era normal entre niños; aún no saben realmente lo que es el amor.


—"A lo mejor y solo está confundido"—pensó.


—¿Tu primer amor?—sonrió mientras anotaba en su reporte de enfermería.


—¿A ti te gusta alguien Tatami?


—Mi novio—sonrió al decir "novio"—se llama Shindo.


—¿También sientes que tu corazón se acelera y se quiere salir de tu pecho?


—Algo así—lo miró.


—Así siento cuando veo a Denki, se que es un niño como yo, lo correcto sería que me guste una niña. He convivido con niñas y jamás me había pasado esto—se tocó el corazón—Denki es muy especial para mí, pero—bajo la mirada—después de que salga de aquí dudo que lo vuelva a ver, así que quiero pasar mis días a su lado, quiero que él sienta lo mismo que yo.


Tatami al verlo tan triste lo quiso ayudar. Y fue así como apoyaba en cada cosa que el pelinegro hacía. Aunque esto le comentó a Nejire y ella no se opuso a la idea, con tal de que Denki la pasara bien.


Eijiro peinaba el cabello de Denki mientras que este jugaba con sus juguetes, le ayudaba a comer, hasta le pidió cuentos a su madre para poder leérselos a Denki por las noches antes de dormir. Lo abrazaba cada que llegaba llorando, a todos lados que iban; le tomaba de la mano y no lo soltaba.


Tatami se sentía orgullosa.


Así que cada que podía ayudaba a Eijiro, pero no hacía falta porque él mismo ponía de su parte. Siempre era tan caballeroso y amable que sabría que un día caería.


Por parte de Nejire, también dejaba que el pelinegro estuviera cerca de su paciente, mientras lo hiciera feliz y no lo viera tan decaído.


Los días que faltaban para su regreso a clases estaban por acabarse, tenía miedo de que su madre fuera por él.


Así que un día de sus tantas visitas, se encontraba sentado viendo hacia la ventana, su madre tría entre sus manos un sobre blanco.


—Tu doctor ya me dio la orden para que puedas salir.


—Dijiste que me dejarías un rato más aquí, por favor.


—Tus clases empiezan en 2 días. No puedes faltar—guardo el sobre en su bolsa.


—Sola 1 semana y ya—suplicaba con las manos.


—Eijiro, no puedo hacerlo—cruzó los brazos molesta.


—Por favor.


Su madre suspiró resignada—solo por esta esta semana, ¿de acuerdo?


El pelinegro asintió muy animado mientras se ponía de pie para abrazar a su madre, ella solo correspondió sin ninguna emoción.


Yaoyorozu fue por él y lo llevó de regreso a su habitación. Denki de nuevo se encontraba llorando por lo cual el pelinegro no dudó en acercarse y abrazarlo.


Al día siguiente Eijiro pidió permiso para que ambos desayunaran en la terraza del hospital y le concedieron el permiso. La mañana se sentía calurosa pero era agradable, ambos infantes disfrutaban de la vista y sus enfermeras estaban allí para cuidarlos.


Por la tarde fueron a jugar y ya después regresaron a la habitación. Movieron sus horarios de baños por lo cual ahora se bañaban por la tarde; pero solo por ese día.


Tatami siempre trataba de consentirlo en todo.


El lunes llegó y aunque sabía que no iría, se sentía triste porque le quedaban pocos días allí; así que tendría que aprovechar todo.


Todo el tiempo andaba pegado con él, parecía un Koala. Yaoyorozu de alguna u otra manera logró conseguirle libros que el infante le pidió.


¿La razón?


Pues, cada noche le contaba un cuento a Denki, otras de las veces le cantaba una que otra canción que recordaba que su madre alguna vez le cantó.


Esa noche se encontraba sentado a lado de la cama del rubio mientras traía un cuento nuevo entre sus manos, estaba leyéndole para que Denki durmiera.


—Y fin—dijo cerrando el cuento.


—Que bonito, al final pudieron estar juntos—limpiaba las pocas lágrimas que le salieron.


—¿Te gustó?


—Sí, que bueno que el príncipe después de todo pudo rescatar a la princesa—respondió muy animado.


—Bueno, es hora de dormir—desordeno el cabello del contrario provocando que este solo sonriera.


Y en ese instante el corazón de Eijiro empezó a latir con mucha más energía, sentía que en cualquier momento podría llegar a salirse. Se tocó las mejillas y estaba ardiendo.


Denki seguía sonriendo y Eijiro se tocó el corazón, debía de sacar todo lo que sentía; ya no aguantaba guardar esos sentimientos.


—D-Denki...yo...—dijo algo nervioso.


—Dime—respondió Denki alentándolo a que continuara.


—Tú...t-tú...—le costaba hablar y el rubio solo esperaba a que el pelinegro hablara—tú me gustas—cerró los ojos cuando terminó de hablar.


El rubio solo parpadeo constantemente y el pelinegro abría los ojos lentamente para mirarlo.


—Gracias—respondió con una sonrisa—aunque no se que signifique eso—soltó una risita.


El pelinegro casi se caía de la silla en donde estaba sentado, se sentía más apenado que nada pero a la vez solo podía pensar en lo tierno que era el rubio.


—Por ejemplo—se acomodó—tus papás se gustan.


—¿Entonces eso es gustar?—se quedó pensado.


—Sí, de esa manera me gustas—dijo mientras se acercaba lentamente al rubio.


Denki solo se cubría la cara para ocultar su sonrojo y Eijiro quiso quitarle las manos pero justo en ese instante el rubio habló.


—¿También nos casaremos?


—Sí, también nos ca...—pausó para procesar lo que acababa de escuchar—¿casarnos?


—Mis papás se gustan y están casados—se dejó de cubrir el rostro para mirarlo.


El pelinegro sonrió, esa idea no le desagradaba para nada y solo asintió.


—Claro que nos casaremos—tomó su mano y la besó—te lo prometo.


Esa noche Eijiro se quedó a dormir en la cama de Denki, cuando Tatami entró al inicio se espantó por no verlo, pero después notó otro bulto a lado del rubio. Solo sonrió y lo dejó dormir allí.


A la mañana siguiente en lo que Nejire se llevaba a Denki, Eijiro pudo contarle todo lo que sucedió a Tatami y ella solo lo felicitó.


Cuando regreso el rubio, Eijiro de nuevo se acercó a él y de allí no se le despegaba. Ese día su madre no pudo ir a visitarlo por lo cual se alegró un poco, realmente prefería pasar más tiempo con Denki.


La noche pasó con normalidad, ahora si el pelinegro tuvo que dormir en su propia cama, pero eso no le impedía el no ver a Denki, toda la noche se la pasó observándolo mientras el contrario dormía.


A la mañana siguiente por la tarde ambos infantes se encontraban recargados en la ventana mientras veían a los carros pasar, hasta que llamaron a su puerta y el pelinegro se giró para ver quien era.


Vio entrar a Yaoyorozu y detrás de ella un niño con una cabellera que reconoció al instante.


—Tienes visita Kirishima—dijo para después salir de la habitación.


—¡Bakubro!—dijo emocionado mientras se acercaba a aquel rubio cenizo.


Denki solo miraba desde lejos, ver entrar aquel niño le daba miedo, tenía un aura que no le agradaba.


—Tsk, vine porque la vieja bruja me obligó—se quitó la mochila que cargaba y empezó a sacar unos cuadernos—toma, apenas llevamos 3 días y ya encargaron tarea—le extendió los cuadernos.


—Oh—dijo aceptándolos—¿y Midobro?—buscaba a alguien detrás del rubio.


—¿Por qué preguntas? Obvio no lo traje—respondió molesto.


—Es que siempre andan juntos y se me hace raro no verlo.


—No lo iba a traer a un lugar como este—rodó los ojos.


Después su vista se centró en el otro rubio que estaba en el fondo, se veía tan tímido y solo sonrió ladinamente provocándole escalofríos a Denki.


Eijiro lo notó y se acercó a Denki para tomarlo de la mano y llevarlo con su amigo.


—Él es Denki.


—Un pikachu.


—Denki para mí es como Midobro para ti—reforzó el agarre de su mano.


—Lo que sea. Me voy, no le avise a Deku que vendría así que lo más probable es que me esté esperando—cerró su mochila y se la colgó—después vengo para entregarte más tarea—miró al rubio quien se encontraba casi escondido detrás del pelinegro—nos vemos—dijo finalmente para salir de allí.


Eijiro soltó la mano de Denki y lo miró, pudo notar como suspiró aliviado.


—No es malo, aunque tenga esa pinta es un buen amigo.


—A mi si me dió miedo.


—No me lo vas a creer pero así como lo ves, sabias que hay un niño pecoso que lo tiene domado—soltó una risilla.


—¿Domado?—preguntó confundido.


—Sí, ellos son como nosotros—volvió a tomar su mano—Bakugou dice que se casará con él cuando sean grandes.


—¿Y a ese niño no le da miedo?


—Para nada, si los vieras. Algún día te lo presentaré.


El rubio solo asintió. Después de un rato la madre del pelinegro llegó de visita, pero solo fue para llevarle sus cuadernos y así empezará a ponerse al corriente.


Cuando la visita terminó regresó a la habitación y en lo que Denki llegaba empezó a escribir, ahora el rubio estaba tardando más de lo normal, preocupado miraba la puerta una y otra vez esperando que llegara.


Minutos después llegó acompañado de su enfermera quien solo lo instaló en la cama y salió. El pelinegro apartó sus cuadernos y se acercó para empezar a jugar.


Sus días se acaban y Eijiro lo sabía, se sentía tan triste y frustrado; en el fondo deseaba que su madre lo dejara por más tiempo, pero sabía que ni de chiste lo haría.


Era un viernes por la tarde y sus nervios estaban a tope, algo en su interior no estaba bien.


De nuevo Bakugou llegó para recoger sus cuadernos anteriores y entregarle unos nuevos, agradecía que Denki no se encontraba.


Cuando aquel rubio salió la puerta se volvió a abrir de golpe mostrando la figura de su madre quien llevaba una maleta.


—Ahora si—dijo entrando a la habitación—empieza a empacar—ordenó.


—Pero... madre... yo—las palabras no le salían.


—Sin peros Eijiro, ¿qué fue lo que acordamos?—frunció el ceño.


—Madre por favor... otra semana más—se bajo de la cama para acercarse a la mayor.


—¡Que no! Ya te dejé faltar una semana, más no puedo.


—Solo por esta vez.


—¡Carajo que no! ¡Obedece!—empezó a gritar.


—Es que...no puedo irme...—sintió un nudo en la garganta.


—Empaca dije—sus facciones decían lo cual enojada estaba.


—Madre...


La mayor no respondió así que empezó a meter las pertenencias de su hijo a la maleta con brusquedad, el infante se quedó parado mientras observaba, sus piernas no reaccionaban.


Cuando la mujer terminó lo tomó del brazo dispuesta a llevárselo, pero el infante se detuvo y ella se giró aún más molesta.


—Al menos déjame despedir de Denki—sus ojos empezaban a cristalizarse.


La pelinegra suspiró mientras lo soltaba—Despídete y nos vamos—salió de la habitación.


Eijiro se quedó sentado en la cama mientras dejaba escapar algunas lágrimas, segundos después escuchó que la puerta se abría, alzó la vista y se encontró con el rubio.


Al verlo corrió hacia él abrazándolo, el contrario no entendía que pasaba, pero pudo notar que la cama del pelinegro estaba vacía y sus pertenencias no las veía.


—Denki—empezó a llorar en su hombro—mi madre ya vino por mí.


En ese momento el rubio entendió todo, así que correspondió el abrazo mientras lo consolaba.


—Entiendo.


—No me quiero ir, no te quiero dejar.


—Es tu mamá, tienes que obedecerla—respondió lo más tranquillo. Aunque por dentro se sentía fatal.


La puerta sonó, era su madre quien tocaba para meter presión.


—Pero yo...—se separó y lo miró a los ojos.


—No te preocupes Eijiro—sonrió amablemente.


—Eijiro apúrate—dijo su madre detrás de la puerta.


El pelinegro se limpió las lágrimas y abrazó por última vez al rubio. —Prometo que vendré a verte, lo prometo—reforzó el abrazo.


—Te esperaré—fue lo único que dijo el rubio antes de que se separaran.


La madre del pelinegro entró y tomó del brazo a su hijo para llevárselo, Eijiro solo miraba con lágrimas en los ojos al rubio y este observaba cómo se iba.


Finalmente se fue y se quedó solo de nuevo en aquellas cuatro paredes, empezó a sentir frío. De nuevo esa sensación lo invadía.


Estaba harto de que sus compañeros de habitación siempre se iban.


Estaba harto de siempre estar enfermo.


Estaba harto de todo.


Lágrimas empezaron a recorrer sus mejillas mientras miraba hacia el suelo. Solo deseaba que algún día él también saliera del hospital.


Los días continuaron y al pelinegro se le veía muy desanimado, el peliverde se percató de aquello y siempre trataba de animarlo, pero simplemente nada lo ponía feliz.


Aunque Bakugou sabía el porque, pero de todas formas no podía hacer nada.


En su casa se sentía solo, su madre a veces llegaba tan tarde a la casa y como siempre, oliendo a alcohol.


Ya había pasado 1 semana y se sentía peor, la promesa que le hizo a Denki de ir a visitarlo no lo estaba cumpliendo, pero no era porque no quería, simplemente no tenía como.


Si le decía a su madre esta se negaría, y si le decía a su padre, menos, muy apenas y lo visitaba. Sus únicos recursos serían la madre de su amigo Bakugou, pero tenía miedo de que por alguna razón Mitsuki llegara a contarle a su madre y entonces si, se molestaría a tal grado se castigarlo.


Con la madre de Midoriya no hablaba mucho, muy apenas y entablaba conversación con el peliverde; solo porque su amigo lo traía con él a todas partes.


Así que sus recursos se terminaron, a este paso terminaría yendo con su madre.


Salió de la primaria y en el camino se topó a su enfermera. Al verla se le ocurrió que ella podía ser su pase, así que se acercó para saludarla.


—¡Momo!—dijo muy animado.


—¿Kirishima?—se giró para encontrarse al menor.


Estaba sorprendida por encontrarlo solo, aunque era de suponerse.Su madre trabajaba mucho para sacarlo adelante, aunque claro, era normal ver a los niños solos por las calles, ya que la cuidad estaba muy bien protegida. Así que los niños podían salir solos sin temor a que alguien les hiciera daño.


—Momo, necesito pedirte un favor—puso los ojos de cachorro perdido.


—Claro, ¿en que puedo ayudarte?—sonrió amablemente.


—Llévame al hospital, quiero ver a Denki.


—¿Denki?—se quedó pensando—ah, Kaminari—respondió al recordar al niño rubio—pero, tu madre...


—No se enterará—dijo interrumpiéndola—por favor, llévame.


—De acuerdo—suspiró. Sabía que lo que haría era peligroso, si su madre llegara a enterarse la que estaría en problemas sería ella, pero verlo suplicando hizo que su corazón accedería.


Ambos empezaron a caminar en dirección al hospital, Eijiro tomó de la mano a la pelinegra mientras sonreía.


Al llegar al hospital entraron por la recepción y la pelinegra avisó que se le había olvidado algo el día anterior por lo cual iría a recogerlo, la recepcionista solo asintió mientras mantenía su vista en la computadora.


Eijiro al ser bajito no fue visto por la recepcionista así que subieron a los elevadores sin ningún problema. Momo suspiraba mientras procesaba todo, decidió ayudar al niño en su día libre, aunque realmente no tenía muchas cosas por hacer, antes de topárselo regresaba del centro comercial.


—"Pero que bonito es el primer amor "—pensaba. Sabía que el primer amor es muy fuerte, pero de todas formas nadie llega a quedarse con esa persona, era muy rara la vez que una pareja terminaba junta.


Mientras tanto, Eijiro acomodaba las flores que llevaba entre sus manos, las había pasado a cortar durante el camino.


Cuando llegaron al piso destinado, al abrirse las puertas el pelinegro salió corriendo hacia la habitación del rubio. La peliazul lo vió correr pero no dijo nada, después su vista se centró en la pelinegra y entendió todo.


Eijiro abrió la puerta y se encontró con el rubio quien estaba sentado en su cama mirando hacia la ventana. Cuando este escuchó la puerta abriese se giró y sus miradas se encontraron.


Sus corazones empezaron a latir con mucha intensidad.


El pelinegro se acercó a él y lo abrazó con mucha emoción.


—Cumplí.


El rubio correspondió el abrazo y empezó a llorar. Eijiro se separó y le limpió las lágrimas para después entregarle las flores.


—Perdóname si no pude venir antes, es que... tuve problemas, pero te prometo que a partir de ahora vendré—sonrió.


—Pensé que ya no vendrías.


—¿Y dejar al niño con quien me casare en un futuro?—negó con el dedo—no, no.


El rubio solo sonrió y ahora él lo abrazó. Solo duro unos minutos ya que no podría tardarse o si no su madre se daría cuenta.


Se despidió y prometió ir al siguiente día.


Al día siguiente de nuevo la pelinegra lo llevó, y ese mismo día se topó con su otra enfermera, así como a Momo, le pidió ayuda a la rubia para que lo llevara al hospital y está acepto gustosa.


Así que el rol estaba así, 2 días Momo y 2 días Tatami.


Cada día que pasaba, Eijiro siempre le llevaba flores a Denki. Hasta Kendo ya le había conseguido un pequeño jarrón para que no se marchitaran.


Desde que Eijiro lo visitaba, de nuevo su sonrisa había aparecido. Nejire en verdad agradecía que aquel pelinegro cumpliera su palabra.


Un día mientras salía de la escuela e iba hacia el hospital, al entrar a la habitación del rubio no lo vio, en cambio a quien encontró fue a su madre llorando.


—Perdóname Denki...lo siento mucho—se abrazaba así misma.


El pelinegro recordó a la vez que la escuchó lamentarse por darle un cuerpo tan débil a su hijo, por lo que se acercó a ella para tomarla de la mano, acto que hizo girar a la rubia.


—Perdone que interrumpa, pero...—pausó unos segundos pensando si era correcto hablar—no es su culpa—dijo finalmente.


—¿Disculpa?—preguntó confundida.


—La otra vez la escuché culpándose por la salud de Denki, no lo es—sonrió dulcemente—usted ya hace más que suficiente en traerlo aquí, es una buena madre.


La rubia al escuchar aquello no pudo evitar que unas cuantas lágrimas cayeran.


—Es que...mi pequeño...


—Yo también tengo lo mismo que él, aunque parece que lo de él es más fuerte, siempre lo veía llorando y yo nunca llegue a llorar, pero Denki es un niño muy valiente.


—¿Tienes lo mismo?—preguntó confundida—lo lamento.


—No es para tanto, con tratamiento todo estará bien.


—Pero mi Denki cada día está...—la puerta se abrió y el pelinegro se giró para ver quien era.


Cuando vio al rubio entrar, soltó la mano de la rubia y se acercó lo más rápido a él.


—¡Denki!—dijo abrazándolo con muchas fuerzas.


—Ya te extrañaba—ambos se separaron para mirarse. En eso el pelinegro dejaba beso tras otro beso en su mejilla.


La mamá de Kaminari salió de aquella habitación para que ambos infantes pudieran platicar a gusto en lo que ella iba con el doctor.


Ambos se quedaron solos mientras que Eijiro le mostraba los dibujos que había hecho en la escuela. El rubio solo observaba con atención; hace mucho que no asistía a su escuela, su mamá le había dicho que no era tan importante que en cuanto se recuperara regresaría.


Los días siguieron pasando y el pelinegro notaba cada vez más delgado al rubio. Así que en sus visitas siempre pasaba a comprar algo de frutas, lo que su mamá le daba para que se comprara algo, prefería gastarlo en Denki.


Ese día iba contento más de lo normal, ya que escuchó a la mamá del rubio decir que ese día lo darían de alta, aunque su salud no se veía tan bien. Uno de los tantos días que iba de visita, mientras lo peinaba notó que su cabello empezaba a caerse, aunque solo eran unos cuantos cabellos pensó que era normal; a su madre también se le caía el cabello cada que se bañaba.


Llegó a la habitación y pudo ver cómo Denki llevaba otra ropa, ya no traía la bata azul y su rostro estaba acompañado de una gran sonrisa. Se le podía ver lo feliz que estaba de salir de allí.


El pelinegro sonrió por inercia, verlo contento era su único deseo. Se acercó para abrazarlo y este correspondió.


—Señora Kaminari—dijo separándose para ver a la mayor.


—¿Qué sucede Kirishima?—respondió mientras cerraba la maleta de ropa de su hijo.


—Podría darle permiso a Denki de venir a mi casa—tomó la mano del rubio—quiero que conozca an mis amigos, por favor.


La rubia miró a ambos para suspirar y posteriormente asentir.


—De acuerdo, pero necesito que me pases la dirección de tu casa para pasar por él.


—Bueno, no lo llevaré a mi casa. Iremos al parque que está cerca de mi casa.


—Mamá puedo quedarme a dormir con él, por favor—suplicaba mientras ponía los ojos de cachorro triste.


Su mamá solo sonrió mientras nuevamente asentía, el pelinegro se acercó con ella para pasarle la dirección. Al salir ella los llevo a la casa del pelinegro, la madre de este se encontraba así que le explico que dejaría solo esa noche a su hijo, lo cual la pelinegra aceptó.


La rubia se despidió de su hijo con un abrazo fuerte para después retirarse, le dejó una mochila con su cambio de ropa y cosas que necesitaría.


En cuanto se fue, el pelinegro tomó de la mano al rubio para salir de su casa e ir directo al parque donde esperaba que su amigo estuviera. Regularmente a esa hora se encontraba el rubio con el peliverde.


Al llegar al parque pudo notar ambas cabelleras que reconocía perfectamente.


El peliverde estaba sentado en el columpio mientras que el rubio lo empujaba. Tomó de la mano a Denki y se acercaron hacia ellos.


—Bakubro, Midobro—dijo captando la atención.


—Kirishima—dijo el pecoso con una enorme sonrisa mientras se bajaba del columpio para acercarse a ellos.


Denki de tan solo ver a aquel peliverde se sintió en confianza, tenía un aura pura mientras que del rubio todo lo contrario, antes de acercarse también se le veía su aura pacífica pero en cuanto se acercaron cambió por completo.


El peliverde observó al niño que se encontraba detrás del pelinegro, buscaba poder coincidir en sus miradas pero el rubio solo se seguía escondiendo.


—Quiero presentarles a Denki—dijo quitándose para que el rubio fuera visto.


El rubio solo se encogió mientras miraba hacia otra dirección, se sentía tan nervioso y el peliverde pudo notarlo.


—Soy Izuku Midoriya, un placer—volvió a sonreír.


—D-Denki...—le costaba hablar—K-Ka...Kaminari—dijo tímidamente.


—Vaya—dijo el otro rubio incorporándose—al fin trajiste al pikachu.


—Kacchan—se quejó el peliverde—no le digas así, se llama Kaminari.


—¿Kacchan?—susurró confundido. A lo que el pelinegro alcanzó a escucharlo y se acercó.


—Así lo llama Midoriya, ambos tienen sus apodos. Bakugou lo llama Deku y Midoriya Kacchan—explicó.


Entonces Kaminari observó aquella escena, Eijiro no le mintió cuando dijo que lo tenían dominado, solo bastó el regaño de aquel niño y este ya no le volvió a decir pikachu.


Toda la tarde jugaron en ese parque, en ratos Izuku lo tomaba de la mano mientras corrían a esconderse. Se sentía tan contento estando con ellos, todo lo que había dejado por estar en el hospital de nuevo lo estaba recuperando.


Amistades.


Aunque a Izuku apenas lo conocía, le caía muy bien, era un niño súper amable y su sonrisa contagiaba. Sin duda, Izuku se convirtió en un amigo más para él.


Fueron a la casa del rubio ya que se encontraba más cerca y estando allí, la mamá de Bakugou les dio vasos de agua, no sin antes abrazar al nuevo amiguito de su hijo, que claro, lo negó.


Regresaron al parque y siguieron jugando. La tarde la sintió muy rápida y cuando notó que los rayos del sol iban ocultándose cayó en realidad.


Izuku y Bakugou se despidieron de ellos, pero Izuku lo abrazó mucho y deseaba otro día volver a jugar con él. Bakugou no le dijo nada y solo espero al peliverde para después irse tomados de la mano.


Eijiro también hizo lo mismo, tomó la mano de Denki y regresaron a su casa. Su madre se encontraba sentada en la sala mientras veía la televisión, les ordenó que se dieran un baño y después bajaran a cenar.


El pelinegro obedeció las órdenes de su madre, pero, lo que ella no supo, es que ambos se metieron a la misma bañera. Eijiro ya sabía regular el agua, así que ayudaba a bañarse a Denki en lugares que él no alcanzaba.


Cuando terminaron ambos bajaron y la cena ya estaba servida, pero su madre seguía sentada en el sofá por lo cual no dijo nada, realmente no quería que ella conviviera con Denki.


Eijiro movió la silla para que Denki se sentara y ambos cenaran. Cada vez que podía, agarraba una cucharada y lo hacía en forma de avión para darle al rubio.


Eso provocaba que Denki solo sonriera y Eijiro más que contento al verlo en ese estado.


Cuando terminaron, el pelinegro agarro los trastes del rubio y se subió a una silla para alcanzar el lavabo y empezar a lavarlos. Denki le quiso ayudar pero este se negó.


Ambos regresaron a la habitación del pelinegro y ambos empezaron a jugar con los súper héroes que Eijiro tenía. Después de un rato se metieron a jugar unas barajas debajo de una mesa.


Estaban acostados boca abajo mientras se apoyaban con los brazos, Denki tenía una tarjeta entre sus manos y debía de adivinar que animal era.


—Ya se que es—dijo mientras el pelinegro lo miraba.


—Dime y te diré si estás en lo correcto.


—Creo que es un jabalí—dijo muy animado mientras sonreía de oreja a oreja.


—¡Si! Adivinaste.


Denki seguía sonriendo porque después de miles de intentos al fin había acertado, Eijiro solo lo miraba gustoso, adoraba esa sonrisa y haría lo que fuera por verla siempre.


Después de un rato se fueron a dormir. Durmieron en la misma cama pero Denki se acurrucó con Eijiro ya que le dio frío. El pelinegro solo lo acercó más mientras dormían abrazados.


A la mañana siguiente la mamá del rubio pasó por él y aunque no lo quería dejar ir, al final acepto ya que ella prometió llevarlo el siguiente fin de semana.


Toda la semana se sentía ansioso, desea que los días pasaran muy rápido. Solo quería verlo y pasar más tiempo con él.


Izuku siempre trato de animarlo ya que notaba lo ansioso que se encontraba.


El fin de semana llegó, pero solo que esa noche no se quedaría a dormir. Pero de todas formas Eijiro estaba agradecido de poder verlo.


De nuevo jugaron con Midoriya y Bakugou, aunque a veces esos 2 se perdían ya que el rubio se sentía celoso y lo llevaba a otro lugar.


Cada fin de semana era lo mismo, pero a diferencia que la mamá de Denki a veces lo dejaba dormir en su casa y otras veces no.


Uno de esos fines ni Bakugou ni Midoriya se encontraban, ya que sus familias hicieron un picnic por lo cual tuvieron que ir.


Ahora solo estaban ellos 2, eso le agrado a Eijiro así que toda la tarde recorrieron el parque hasta que llegaron a un árbol.


Tomó de la mano al rubio y se acercaron.


Denki se sentía confundido, pero solo se dejó guiar. Se detuvieron en un enorme árbol y vio que Eijiro tomó algo para empezar a rayar el árbol.


Cuando se acercó más para ver que era lo que hizo, pudo notar un corazón y en medio unas iniciales.


"E D"

Y


—Nuestras iniciales están grabadas en este árbol—dijo orgulloso.


—Es muy bonito—dijo Denki mientras seguía observando.


—Este árbol es testigo del amor que te tengo—elevo su mano para tomar de la barbilla a Denki y girarlo hacia él—cuando seamos grandes hay que venir aquí para recordar este momento.


—Cuando nos casemos—dijo Denki asintiendo.


El pelinegro se sonrojó por lo que haría, pero era algo que necesitaba y deseaba.


—Hay algo más que hacen las parejas—se acercó lentamente al rostro del rubio—se llama un beso—cuando estuvo lo suficientemente cerca, besó los labios del contrario. Aunque solo fue un pico.


Se alejó rápido para ver la reacción del rubio. Solo pudo ver su rostro sonrojado provocando que sonriera.


—¿Te gusto?


Denki solo asintió mientras se acercó a él para ahora regresarle el beso. Pero justo en ese instante alguien jalo bruscamente al pelinegro.


—¿Qué creen que hacen?—era la madre de Eijiro—son niños, hombres, no pueden besarse.


—M-madre...—empezó a tartamudear.


—Vámonos a la casa—apretó su brazo.


—Pero ma...


—Cállate—dijo dándole una cachetada.


En ese instante llegó la mamá del rubio y presenció aquello, se acercó a su hijo para abrazarlo y sintió como temblaba.


—¿Por qué le pega a su hijo?


—Usted cállese—respondió molesta—no quiero que su hijo se vuelva a acercar al mío.


—No puedes hacer eso madre—intentaba zafarse del agarre.


—¡Tú no te mandas mocoso!—lo jalo llevándoselo.


Eijiro ponía resistencia, pero no podía ganarle, así que miró hacia atrás y vio la mirada triste del rubio. Sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas, sentía miedo de ya no volver a ver al rubio.


La mamá de Denki sabía todo aquello, pero no lo regaño, mientras su hijo fuera feliz, pero había un problema, tal vez ya no se volverían a ver.


Al llegar su casa, la madre del pelinegro lo regañó a más no poder, solo subió a su habitación y tardó unos minutos. Eijiro estaba sentado en la sala mientras lloraba, intento salir para ir detrás de Denki, pero la puerta estaba cerrada y las ventanas igual.


Vio a su madre bajar con unas maletas.


—No quiero que mi hijo sea gay, así que te irás con tu padre.


—No me puedes mandar lejos.


—Claro que puedo, aún tienes 6 años así que puedes curarte.


—¡No iré!


—¡Claro que irás!—lo tomó del brazo bruscamente—tu padre ya viene en camino.


—Por favor no—suplicaba con lágrimas—no me alejes de Denki.


—Ese niño solo te esta confundiendo, pero que bueno que cuando regreses muy probablemente ya no lo veas.


—¡Por favor madre!


—Es por tu bien.


—¡Yo lo quiero! ¡Y no como amigo!


Su madre quien al escuchar aquello solo la hizo enojar más así que lo soltó del brazo para darle otra cachetada.


—¿Estas idiota?—gritó—¡2 niños no pueden ser pareja, la sociedad no los aceptará!


El timbre sonó y su madre fue a abrir, la figura de su padre se encontraba el marco de la puerta, Eijiro empezó a llorar más mientras su madre llevaba las maletas al carro de su padre.


El hombre no preguntó nada y solo se lo llevó, en todo el camino Eijiro no dejó de llorar y el mayor no se animaba a hablarle, aunque sabía la razón por la cual su madre lo estaba mandando.


La madre de Eijiro lo cambió de escuela por una que estuviera cerca en donde vivía su padre. Perdió comunicación con su amigo Bakugou.


Al inicio no comía y su padre empezaba a preocuparse, por más que lo animara nada funcionaba. Por las tardes lo escuchaba llorar y cada que su madre quería hablar con él solo se negaba.


Se la pasaba encerrado en su habitación mientras se quedaba dormido. Su rendimiento en la escuela empezaba a bajar cosa que a su madre no le pereció por lo cual pidió a su padre que lo regañara, pero este simplemente la ignoró.


Eijiro solo pensaba en Denki.


—"¿Qué estará haciendo?" "Necesito verlo" "Lo extraño"—pensaba mientras estaba acostado en su cama enrollado entre sus sábanas.


Los días, meses siguieron pasando y el pelinegro no podía hablar con su madre, aún se encontraba molesto con ella, por su parte, su padre también la ignoraba; sólo revisaba los mensajes más no le respondía.





Era el cumpleaños número 11 del pelinegro, después de mucho su padre le había prometido volver a buscar a ese amigo por el cual tanto se deprimió.


Cuando enfermaba lo llevaba a un hospital cerca de allí.


Regresaron a su antigua casa y lo primero que hizo fue visitar a su amigo Bakugou, quien ya se veía muy cambiado al igual que Midoriya. El peliverde solo lo abrazó ya que se alegró de verlo, el rubio no era de demostrar afecto pero en el fondo estaba feliz.


Después de visitarlos fueron al hospital donde alguna vez se quedaba internado.


Para su suerte, Tatami seguía trabajando allí así que en cuanto la vio se acercó a ella para saludarlo, al inicio ella no lo reconoció.


—Soy yo, Kirishima.


La rubia se quedó procesando hasta que lo recordó, se alegró de verlo por lo cual solo sonrió y lo abrazó.


—Pero cuanto tiempo Kiri—se separó para mirarlo.


—Lo sé—sonrió algo nervioso. Hace mucho que no la veía.


—¿Cómo has estado?—acomodo los papeles que llevaba entre sus brazos.


—¿Sabes algo de Denki?—preguntó cambiando de tema.


—¿Denki? Ah...eh...—empezó a tartamudear.


—¿Donde lo puedo encontrar?—insistió.


—Yo...eh...verás...


En ese instante detrás de ella apareció una cabellera azul que reconoció por lo cual se acercó rápidamente.


—¡Nejire!—dijo captando su atención.


Al igual que Tatami, ella tardó en reconocerlo—Kirishima—sonrió amablemente.


—Denki, dime en donde lo encuentro—suplicaba.


Nejire al escuchar aquel nombre de tener el rostro sonriente cambió por uno triste, Eijiro al verla sintió como su corazón empezaba a romperse.


No entendía que pasaba.


—N-Nejire—la nombró esperando que le diera una respuesta.


—Ay Kiri—su voz se quebró—Denki falleció hace 4 años.


"Falleció" "Falleció" esas palabras hacían eco en su cabeza, sintió como todo se detenía en ese instante, su corazón latía de dolor y sintió sus manos temblar.


—¿C-como qué falleció?—preguntó temeroso.


—Tenía leucemia, su tratamiento ya no estaba funcionando.


—¿Leucemia? No, él tenía lo mismo que yo...—empezaba a sentir que sus ojos hacían tic.


—No Kiri, pero entiendo porque te confundiste. Te metieron a una habitación en donde no deberías de estar, en este piso es especialmente para tratar a niños con Leucemia.


Y ahora comprendía el porque su madre le había dicho la última vez que la vio; "lo más probable es que cuando vuelvas ya no lo encuentres"


Ella sabía que Denki tenía leucemia y aún así lo separó.


Sus ojos empezaron a cristalizarse mientras salía corriendo de allí, su padre quien lo esperaba cerca del elevador vio el estado en el que su hijo venía.


—¿Qué pasó hijo?—se acercó para abrazarlo, pero este se apartó .


—Llévame con mi madre—se escuchaba enojado pero a la vez triste.


Su padre no dijo nada así que salieron de allí y fueron en dirección a su casa. La pelinegra se encontraba cocinando cuando escuchó que su puerta se abrió, así que cuando se giró para recibirlos; se encontró con la mirada asesina de su hijo.


—¿Qué sucede?—preguntó algo confunda.


—¡TE ODIO! ¡TE ODIO!—gritaba con todas sus fuerzas.


Su padre intento acercarse pero el pelinegro lo empujó impidiendo que se metiera.


—No te metas. Esto es algo entre mi madre y yo.


—¿Por qué me dices esas cosas hijo?


—¡Tú sabias que Denki tenía leucemia y aún así no me dejaste pasar sus últimos días con él!


—¿Denki? Ah—dijo recordando al rubio—si, lo sabía.


—¿Por qué hiciste esto? Sabes que Denki significaba mucho para mí—empezó a dejar a caer sus lágrimas.


—Sabes perfectamente porque lo hice—respondió sería.


—¡Aún así madre, Denki estuvo en mi mente todo el tiempo y créeme que aún siento lo mismo!


—Pues que mal, él ya está muerto.


Eijiro sintió tanta rabia que solo apretó su puño mientras sus lágrimas seguían saliendo.


—¡TE ODIO! ¡YA NO REGRESARÉ A ESTA CASA!—se dio la vuelta y su padre lo siguió.


—¡Eijiro! Regresa acá—gritaba su madre. Pero la ignoró y se subió al carro.


Su padre no dijo nada por lo cual solo encendió el carro y empezó a manejar de regreso a su hogar. Estando allí Eijiro llegó a encerrarse a llorar, minutos más tarde su padre entró y se sentó a lado de su cama.


—¿Quieres hablar?


El pelinegro negaba, realmente no quería ver a nadie, al único que quería ver ya no se encontraba en ese mundo y eso le dolía. No pudo pasar sus últimos días junto a él y eso era algo del cual se arrepentiría por siempre.


Su padre salió de la habitación dejándolo solo, pero tenía miedo de que cometiera alguna locura, él a cambio de su madre si entendía el significado que tenía perder a aquel niño. En ratos regresaba a ver cómo se encontraba.


Esa noche no quiso comer y a la mañana siguiente faltó a la escuela, tenía los ojos hinchados y su humor estaba por los suelos.


Cada noche dormía a altas horas por estar llorando, su padre de nuevo lo vio tan mal como el día en que llegó, le partía el alma que su único hijo sufriera de esa manera.


Desde que Eijiro llegó con él decidió terminar la relación con su pareja por lo mismo que no quería causarle problemas. Además de que esa relación ya estaba más terminada.


Eijiro recayó por lo cual lo interno en su antiguo hospital, cosa que el pelinegro solo hizo sentir peor, recordaba esos días en los que convivía con Denki.


La primera vez que lo conoció.


Tatami al verlo allí trato de darle ánimos, ella sufría junto a su paciente y no quería imaginar lo que debió sentir al enterarse de esa manera.



Era un día soleado y el clima estaba agradable; Eijiro se encontraba con su uniforme de preparatoria y con un cambio de look, traía el cabello rojo; estaba parado enfrente de una tumba. La observaba mientras ponía unas flores sobre ella.


—Al fin vine—suspiró—perdón por tardar mucho, pero, no me sentía con valor para venir a verte así...—su voz se quebró.


La razón por la cual tardo años en ir era porque aún no aceptaba que Denki ya no estaba en ese mundo, su padre quien al verlo tan deprimido consiguió el contacto de la madre del rubio.


Así que se lo entrego y en cuanto su hijo estuviera seguro, se pondría en contacto con ella.


Hace unos días que agarro el valor y la contacto; ella lo cito en un lugar y en cuanto se vieron el pelinegro rompió en llanto, ella solo lo abrazó para consolarlo.


Eijiro no dejaba de pedirle perdón, se arrepentía de todo, pero la rubia sabía que no era su culpa.


Así que la madre de Denki le indicó en donde se encontraba la tumba de su difunto hijo. Antes de que ambos se marcharan, la rubia sacó una fotografía y unas cartas que le entregó.


La fotografía era de los días en que estaban en el hospital, casualmente Nejire les había tomado una foto y se la mando a su mamá, así que ese era el único recuerdo que tendría.


Eijiro no quería aceptarla, era mejor que esa fotografía la tuviera ella y no él, pero la rubia insistió por lo cual terminó aceptando.


La primer carta decía:


Hola Eijiro.


Ya pasó 1 semana desde que te fuiste y te extraño cada día, aunque se que tu mamá no quiere que nos volvamos a ver, siento que fue mi culpa, perdóname.

Yo te esperare todo el tiempo que sea necesario, recuerda que nos casaremos.


La segunda carta decía:


Para Eijiro:


Cada día te extraño, me haces mucha falta pero espero que estes bien. Me siento tan solo, no he regresado a la escuela porque mi mamá dice que aún no es necesario, me prometio que iríamos a lugares que yo quisiera ir.

Me hubiera gustado que nos acompañaras, pero te prometo que algún día te contaré con todo y detalle, te quiero mucho.


La tercer carta decía:


Hola de nuevo, solo para decirte que de salud me he sentido mal, de nuevo estoy internado y me siento tan débil, pero prometo recuperarme, solo es por un tiempo. Espero que algún día volvamos a vernos.



Las demás cartas solo eran de las cosas que hacía durante el tiempo que estuvo internado, le contaba su día a día y como se sentía, hasta que llegó a la última carta.


Eijiro yo te quiero mucho, gracias por darme lo mejor, siento como que todos se despiden de mi, mi papá vino a verme, bueno, siempre viene pero como que estos días ha estado muy apegado, en el hospital me dejaron salir y me la pasó en casa. Mis padres son más cariñosos y me consienten en todo, el otro día ví como mi mamá lloraba mientras papá la abrazaba, me dolió verla así, yo se que estoy bien, no entiendo porque se compartan así, pero solo para agradecerte todo, me di cuenta que nunca te había agradecido.

Por favor ya regresa, quiero verte, me haces mucha falta, ojalá que cuando te vuelva a ver ahora si nos casemos.


"Con cariño, tu esposito"


Cuando Eijiro terminó de leer esa última carta entró en llanto, ahora sabía porque sus padres se comportaban así con él, ese día bebió hasta embriagarse , quería olvidar todo.


Regresando a su realidad, volvió a suspirar y después sus ojos se centraron en la imagen que estaba enfrente, eran ellos 2 mientras jugaban y otras más donde estaba con sus padres.


—Tú me contaste tu día a día, así que ahora te diré yo, verás, hay una chica que se llama Mina, se me hace linda y siempre está conmigo. Todos piensan que seremos novios, pero, mi corazón sigue contigo, no puedo olvidarte, si es hermosa, pero no me gusta—sonrió triste—apuesto que has de estar pensando en que me de una oportunidad con ella, pero no, no te haré caso. No se porque siento como si estuvieras sentado enfrente de mí mirándome, aunque yo no pueda verte.


Suspiró.


—Te extraño tanto Denki, no sabes como me haces falta—lágrimas empezaban a caer de su mejilla.


Después de un rato se despidió de la tumba y se fue a su casa. Al siguiente día regresó con unas flores nuevas.


—Hoy estoy cumpliendo 18—dijo muy animado—y tú siempre tendrás...7 años—bajo la mirada mientras sus ojos se cristalizaban.


En ese instante una brisa recorrió su cuerpo, era silencio total, solo miraba aquella tumba mientras la primer lagrima caía.


—Perdóname, perdóname—sus lágrimas empezaron a salir—si la reencarnación existe, prometo encontrarte y cumplir mi promesa. No sabes como envidio la relación que tienen Bakugou y Midoriya, ellos si pidieron estar juntos.


Se limpió las lágrimas mientras notó como una imagen nueva están detrás de otra, se acercó para tomarla y vió que era una imagen del rubio sonriendo.


Al ver la imagen, aquella sonrisa también lo contagió y ahora sonreía.


—Mi Denki, sabes algo, siempre serás el niño con la sonrisa más bonita del mundo—abrazo aquella fotografía mientras de nuevo lágrimas caían de su rostro.


Y fue así como Eijiro no pudo estar con su primer amor, entendió que las personas llegan y se van.. así funciona la vida.


Nunca se sabe el valor de un momento hasta que se convierten en recuerdos.


"Hay despedidas que duelen el doble porque ni siquiera hubo un adiós"





El fin.