¿Te canto una canción?
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"Había una vez un lindo bandido, que se creía el más temido pero un día llegó el rey bendito y ¡bam!... Oh... pobre bandido"
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Era un día nevado, lentamente todo se congelaba a su alrededor causando que un sentimiento de nostalgia se instalara en su pecho, fue entonces que pensó: ¿cuánto tiempo había pasado desde que observó algo así?, ¿cuándo fue la última vez que se sintió bien en cuanto puso un jodido pie aquí? Seguía luchando y era tan irónico, después de todo, lo habían abandonado como si de un perro maldito adefesio se tratara.
—¡Porque eres una maldita puta y tienes que obedecer!—Una voz ronca retumbó en las cuatro paredes que se encontraban en el lugar.
Kim Bin era el alfa más repugnante que todo omega pudiera ver en la vida, dueño de uno de los mejores burdeles de Seúl, el narco más solicitado en la mafia de Corea, su sola presencia hacían que los cuerpos de sus subordinados temblaran del miedo sin embargo, había una excepción con alguien.
—¿De verdad? ¿me vas a obligar?.—La grave voz del chico rubio salió enfrentándole.
Una sonrisa decoraba el rostro angelical de aquel omega rubio quien poseía piel blanca como la nieve y labios rosados como pétalos de rosas hizo que Kim Bin se pusiera furioso por tal acto que él consideraba "asqueroso" de ese chico.
Desde hace algunos años su maldita forma de ser era lo que le traía problemas continuamente al omega pero, si no obedecía ¿qué se suponía que debía hacer? los omegas eran cosas que podías manipular una y otra vez hasta cansarte para luego botarlos como una simple basura en la calle.
—¿Quién te crees que eres para hablarme así? Que no se te olvide tu asqueroso nivel omega, te vendieron a mi y me perteneces por lo cual el retarme de esa forma a mi, ¡un alfa! Es más que pecado. —Alzó la voz Bin manteniendo su mandíbula apretada mientras jalaba fuertemente de la cabellera rubia del chico.
—Viejo asqueroso.—Susurró con odio puro.
Park Jimin. Ese era el nombre del omega quien siempre retaba al señor Kim, a pesar de los golpes y sufrimientos que le daban como consecuencia continuamente nunca se doblegaba, era a veces explotado por miles de alfas en un día entero, abusaban de él pero todo gracias a su forma de ser y de portarse "mal". A pesar de ello eso no podía dejar de ser un maldito dolor de culo para el señor Kim quien comenzaba a desesperarle cada vez más, sin embargo, como cualquier alfa tenía cierta debilidad por estos hombres; Bin siempre pensaba con la cabeza de abajo y ese era su mayor problema al manejar su maldito negocio, Jimin sabía eso.
—Ahora tu castigo será tenerte a mi lado siempre como una puta, serás solamente un juguete que utilizaré porque solo para eso me sirves.—Hizo un recorrido con las yemas de sus dedos por todo el cuello de Jimin hasta llegar a su barbilla.
—¿De verdad? ¡Alfa Kim! ¡Sabe que amo los juegos!.—Un puchero decoró los labios del omega.
Jimin comenzó a reír tiernamente mostrando su rostro angelical, detestaba con todas sus fuerzas a ese alfa asqueroso, el maldito aliento que desprendía le apestaba y podía olerlo desde un metro de distancia, Park no era un omega común, de hecho era bastante especial, alguien que constantemente se arriesgaba para poder ganar en la vida.
Por otro lado el señor Kim apretó sus dientes haciendo que rechinaran, de igual forma sus manos haciéndolas puños, poco después uno de ellos lo estampó con fuerza abrupta en la mejilla izquierda de Jimin quien al instante soltó un gemido de dolor por el tremendo impacto que había recibido.
—¡¿Qué sucede omega?! ¡¿a caso no querías jugar?!.—Gritó el alfa abriendo sus ojos emocionado.
La expresión del Señor Bin daría miedo si otro estuviera en el lugar de Jimin aunque para él, le daba risa y pena verle perder la paciencia en cuestión de segundos.
—Señor Kim, me tomó desprevenido...—Colocó su mano en donde había recibido el golpe, le dolía un poco pero tenía que aguantarse.
El rubio se levantó con algo de dificultad masajeando despacio su mandíbula con ayuda de su pequeña mano, luego fue en dirección hacia el señor Kim frunciendo levemente su ceño, un puto juego empezaba ahora mismo y no había nadie quien pudiera calmarle, el tipo se creía dios, si no fuera por su tremendo ejército de alfas afuera que lo protegían de absolutamente todo no sería nada, ni siquiera podía defenderse o luchar en batalla de cuerpo a cuerpo, sólo sabía disparar y eso era todo.
—Alfa...—Susurró suavemente Park cambiando su expresión a una tranquila.
—Debería de matarte ahora mismo, no sabes como detesto a los omegas como tú, debiste haberte muerto también como tus padres y...—Antes de terminar con su sermón fue interrumpido gracias a la vocecita de Jimin.
—Alfa ¿puedo cantarle una canción?.—Preguntó con total inocencia y tratando de verse lindo.
Subió sus manos hasta posicionar sus dedos en la orilla de la camiseta de Bin. El lugar en el que se encontraban era una habitación pequeña en donde estaban a solas, el alfa le había pedido a sus guardias se retiraran para así darle un buen merecido al omega pero Jimin era más inteligente y astuto, había planeado cuidadosamente algo en todo los años que estuvo aquí en Black Blood donde eran mayormente traficados los omegas, algo bien estructurando y magnífico que lo sacaría después de 10 años de ahí. Porque al fin él quería ser libre y si no lo hacía a las buenas entonces lo haría a la mala.
—¿Qué?.—El alfa quedó totalmente desconcertado por la pregunta que le había hecho el rubio pero aún más por su carácter... ahora si se comportaba como un omega.
—¿Puedo cantarle una canción?.—Mostró una de sus mejores sonrisas haciendo que sus ojos se hicieran pequeños, aunque era una puta sonrisa falsa ¿quién en su sano juicio le estaría sonriendo de buena manera a un alfa tan torpe como este que estaba al frente de él?, necesitaba estar bajo un amarre para que todo lo que estaba haciendo fuera en serio.
Jimin observó a su jefe con ternura aunque internamente se moría del asco de solo verlo, colocó sus brazos alrededor del cuello del alfa para luego bajar lentamente hasta pasar sus manos por su pecho, pero sinceramente era mas flacidez que músculos. Bin ya contaba con más de 60 años y era un alfa delgado con cañas más pelos por todos lados, su olor te podía desmayar a miles de kilómetros si así lo quisiera pero no por ser bueno, si no porque era repugnante.
Al poco tiempo liberó un par de feromonas para provocar al alfa viejo. Se miraron mutuamente a los ojos, él se perdió en los orbes azules hermosos que poseía aquel chico rubio... de verdad que eran preciosos, sus facciones tan delicadas y marcadas, no por nada lo consideraba uno de los mejores omegas que podía tener en su burdel y una joya que le hacía ganas un sin fin de dinero. Una mina de oro.
Mientras tanto Jimin comenzó a cantar con una voz tan tenue, algo airosa y suave una melodía para iniciar con el juego del diablo.
—Había una vez un lindo bandido... que se creía el más temido pero un día llegó el rey bendito y ¡bam!...—Hizo el sonido de una bomba con ayuda de su boca.
Jimin abrió sus ojos de golpe al mismo tiempo en que veía como los del Señor Kim también hacían lo mismo. ¿Estaba sorprendido por lo bien que había cantado... o por lo que había causado?
—Oh... está jodido este puto bandido...—Susurró entre dientes.
Jimin enterró aún más el cuchillo que había perforado directamente el corazón del Señor Kim, no hubo tiempo de hablar ni gritar antes de que el omega lo sacara y viera como su jefe caía al suelo.
—Había una vez un lindo bandido, que se creía el más temido pero un día llegó el rey bendito y ¡bam!...—Chilló abriendo nuevamente sus ojos aún más.
Enterró nuevamente el cuchillo en su pecho observando como en los ojos del Señor Kim poco a poco se iba desvaneciendo la poca vida que le quedaba; porque así era... siempre debías de asegurarte que tus oponentes ya no vivan y tienes que apreciarlo directamente en sus ojos. Aún más teniendo ese deseo de venganza siendo saciado después de mucho.
—Señor Kim, es una falta de respeto que no haya escuchado como he cantado para usted, que lástima.—Pasó su lengua por su labio inferior humedeciéndolo un poco.
Después abultó sus labios el pequeño omega y se levantó con una sonrisa en el rostro... por fin era libre y solo faltaba pasar el tremendo lío de alfas que estarían afuera pero él afortunadamente ya había pensado en algo pues lo que era sexo siempre es y será la debilidad de cualquier persona o ser vivo que se encuentre en el mundo.
Limpió la sangre que estaba en sus manos y guardó el cuchillo en su bolsa del pantalón, a continuación abrió la puerta de la habitación para así poder salir, cuando lo hizo la cerró detrás de si e inició su camino hacia la libertad.
—¿A dónde vas?.—La voz ronca de un chico se escuchó a su izquierda.
Un alfa de tez morena detuvo el caminar de Jimin sujetándolo del brazo quien ya había salido de la habitación en donde estaba con el señor Kim, Jimin se giró a verle, después posó suavemente sus manos en su pecho acomodando suavemente su camiseta.
—Te hice una pregunta maldita puta, ¿a dónde vas? Y ¿dónde está el señor Kim?.—Aplicó más fuerza en el agarre que mantenía en el brazo de Jimin haciendo que se quejara.
—Oh alfa no deberías de estresarte ni tratarme mal, el Señor Kim bebió demás y se quedó dormido, dijo que iba a jugar conmigo pero fue un mentiroso... ¿Tú quieres jugar conmigo? ¿Quieres que te cante una canción?.—Odiaba lidiar con todos los alfas del mundo sin embargo no podía salir de aquí si se mostraba tal y como era, debía de utilizar sus encantos que por algo nació con ellos.
—¿Qué? ¿Estás loco? No te creo absolutamente nada, tampoco me involucraré con un omega tan idiota como...—Frunció el ceño molesto por la forma en que se le insinuaba el rubio.
Lentamente Jimin pasó su mano por la entrepierna del aquel alfa moreno, su nombre lo desconocía completamente pero solo sabía que era un extranjero pues no tenía rasgos coreanos. Dirigió una de las manos del chico hacia su trasero haciendo que éste rápidamente se tensara.
—¿Q-Qué estás ha-haciendo?.—Preguntó intentando quitar su mano de los glúteos de aquel omega.
—¿Tu quieres jugar conmigo? ¿Quieres que te cante una canción?.—Eso era... poco a poco los alfas caerían en su pequeña trampa.
Ese alfa soltó un pequeño jadeo cuando el muslo derecho de Jimin se frotó contra su miembro, se acercó un poco más a él... sus labios estaban tan cerca de juntarse hasta que...
—No me respondiste alfa así que lo tomaré como un "No".—Agarró la mejilla del alfa con ayuda de sus dedos y la apretó mientras sonreía.
Se separó pero al instante el tipo lo agarró de la cintura para después atraerlo hacia él y comenzar a besar su boca salvajemente, Jimin más que molesto por el acto indebido le dió un golpe en la entrepierna tan fuerte que ahora mismo se sentía bendecido por tener esas tremendas piernas que le ayudaron a dar ese tipo de patas pero que pronto le servirían para correr.
—Dijiste que no te involucrarías conmigo qué pena, pero bueno, ya me voy que tengo que atender a otros alfas millonarios que si querrán que les cante.—Le sacó la lengua con burla antes de darse la media vuelta y seguir su camino.
Caminando llegó finalmente a la habitación en donde se quedaba, tomó solo una mochila pequeña y con extremo cuidado salió de ahí. Anteriormente Jimin había dormido en celdas donde siempre lo recibía por castigo, nunca era como el típico omega sumiso que se podía manipular a el antojo de algún alfa y jamás lo sería, eso era claro.
—¿Quién anda ahí?.—Una fuerte voz se escuchó logrando poner alerta todo el cuerpo de Jimin.
¿Piernitas para que las quiero?. Jimin se preguntó así mismo mientras gateaba despacio buscando la salida que había creado para poder irse del infierno, la adrenalina le recorría hasta las venas y le ponía la piel chinita.
No le daba miedo que lo vieran y lo castigaran porque ya había probado absolutamente de todo tipo de abuso y maltrato aunque ninguno había sido una gran novedad como para ponerse a pedir por su vida, si te ibas a morir pues no podías hacer nada.
—¡Busquen a ese omega! ¡Mató al alfa Kim!.—Otra fuerte voz se escuchó desde lo lejos.
Y sí, ya todo estaba más que alborotado pero no jodido, este era el inicio de la nueva vida de Jimin y ni el Señor Kim ni esos alfas iban a evitar que él disfrutara de lo que debió de haber hecho hace 10 años atrás.