Uno
“Había una vez, un príncipe que vivía en una torre del reino militar más grande de todos: El reino del Germa.
El príncipe de dorada cabellera estaba solo, siempre mirando a la ventana de su torre, esperando a que alguien llegara, como si quisiera que un caballero se acercara galopando su caballo para salvarlo de esa tortuosa vida que llevaba en el castillo”...
-Esto es pura mierda. - Dijo un joven príncipe de dorada cabellera y cejas rizada mientras acomodaba su camisa y cerraba el libro. - Ya no hacen buenos escritos actualmente. Nada como: “Sora el caballero” ... ¡Diablos! Esta generación va muy mal. - Se miró una última vez al espejo y suspiró.
Sonriendo el príncipe salió de su alcoba y empezó a saludar galante a las señoritas que eran sirvientas de la realeza del lugar. Las saludaba porque creía que no debían hacer menos a la clase baja, debían ser buenos con todos, sin importar su situación socioeconómica. Al llegar al comedor, donde su familia lo esperaba para desayunar, fue recibido con un golpe en la cara.
-Otra vez saludando a los plebeyos hermano, ¿Cuándo vas a entender? - Dijo su hermano mayor, el príncipe Ichiji.
-Ichiji, por favor, deja a tu hermano en paz. - La reina Sora sonrió dulce a sus hijos y ambos tomaron asiento. Ambos la querían y respetaban más que a sus propias vidas, no podían contradecirle y siguieron sus órdenes.
-La comida es deplorable... - Dijo el segundo príncipe, Niji. - ¡Quiero ver a la jefa de cocina!
-No de nuevo... - Dijo la princesa Reiju.
-Esto se pondrá bueno... - Murmuró el más joven de los príncipes, Yonji.
Y tal como Yonji lo había previsto, sus hermanos Niji y el joven rubio se habían puesto a pelear por la comida. El rubio pensaba que no debía desperdiciarse ningún alimento, mientras el joven peliazul consideraba repugnante la basura que le habían servido. Iniciando así una disputa que terminó lastimando al más joven y siento terminada por el rey Judge que a petición de al reina Sora los había detenido.
-Idiota. Debes aprender a educar tu paladar. - Regañó el rey a su hijo rubio. - Tu hermano tiene todo el derecho a quejarse.
-¡Pero...!- El rubio se ahorró sus palabras, de todos modos nunca le hacían caso.
El príncipe volvió a su habitación con la camisa rasgada y con un tanto se sangre por la pelea, siempre era lo mismo: el maltrato de sus hermanos porque su corazón era demasiado puro. Odiaba ser así, era el príncipe que todos querían en el reino, el hijo perfecto y una grandioso hermano... Y aún así lo golpeaban por ser tan noble. Sus hermanos lo adoraban pero le daban correctivos por ser débil no sólo físicamente, también era débil ante la humanidad que no se lo merecía, a su parecer.
Miró a la ventana, como si deseara que un dragón llegara e incendiar a ese horrible lugar al que estaba atado, porque su deber era estar ahí... Debía ser un buen príncipe y darle un poco de decencia a su familia... Sin embargo no podía dejar de imaginar salir al más allá, aventurarse... Deseaba abandonar ese horrible lugar.
-Sanji. - Su madre apareció en la puerta de su alcoba. - ¿Estás bien, querido? - La reina le sonrió amable como a todos sus hijos, era la mujer más dulce del reino y amada por todos.
-A la perfección, madre. - Sonrió el príncipe que odiaba preocupar a su mamá. - Solo pensaba que mis hermanos son unos completos imbéciles, no saben tratar a la gente... Nuestra gente.
-Querido... Mira esos rasguños. - Acarició su mejilla dulce como la madre que era y limpio un poco de su sangre. - Por favor, cámbiate de ropa, le diré al curandero Hiruluk que venga a revisarte.
-No madre, no hace falta. Usaré la tecnología de curación. - Dijo sonriendo apenas.
-Eso solo te dañará más. Has lo que te digo. - El príncipe asintió. - ¿Sabes? Tus hermanos están planeando una expedición por los reinos aledaños: el reino de Arabasta, el reino de Dressrosa, el Reino de Wano, el reino de Kamabakka... Estaba pensando... ¿Por qué no los acompañas este año? Ya tienes la edad suficiente y quizás tengan lindas experiencias familiares para desarrollar mejores lazos. - Dijo sonriendo emocionada. - No lo sé querido, quisiera que se llevaran bien. - Le dio un beso en la frente. - Piénsalo.
La reina dejó al joven príncipe sólo y pensando, quizás si debía hacer ese viaje con sus hermanos... Explorar por primera vez; ir más allá de sus fronteras. Y finalmente se decidió, iría con sus hermanos a ese viaje que se realizaban cada determinado tiempo... Lo haría y la pasaría bien con ellos y con la gente que conociera, se divertirá y conocería el mundo.
-¿¡Qué?! ¿¡Cómo que Sanji va a ir !? - Gritaron los tres príncipes más fuertes. - ¡Solo será una carga! - Refunfuñó el príncipe más joven.
-Vamos, podría ser divertido. - Dijo la princesa que les había dado la noticia. - Además, ya le contratamos una escolta personal para que no los moleste. Si bien es para que formen lazos familiares, también es para que sea un poco más libre y conozca su al rededor. - Explicó mientras veía analítica a sus hermanos. - Que se divierta, pero no olviden la misión principal: Analizar las debilidades de nuestros cercanos... Con Sanji en la misión, todo parecerá un simple viaje familiar... Padre piensa que es buena idea; madre no se debe enterar de esto.
-Como era de esperarse nuestro rey siempre con un plan de fondo. - Soltó una carcajada el pelirrojo. - Me molestaba pensar que sería una carga, pero con esta nueva información todo cambia.
* * *
Un tiempo después, Sanji había ido a su última revisión con el curandero del Castillo: Hiruluk el mata sanos; habían pasado varios días desde que había sido golpeado, y de hecho, ya al día siguiente saldrían de expedición.
-No entiendo porqué eres tú el doctor del Castillo. - Murmuró le rubio tras terminar con su curación. - Tu apodo te queda como anillo al dedo, y aun así estás aquí, trabajando para la realeza. - Sonrió un poco. - Me alegra que sea así.
-A mi también. - Hiruluk le devolvió la sonrisa. - Escuché que se va de viaje, su majestad.
-Por favor, llámame Sanji, odio ese honorífico.
El mayor sonrió. - Quisiera que se llevara a mi asistente, es mi hijo y siempre ha querido viajar, además de que podría serle de ayuda en la expedición.
-Me encanta la idea. - Dijo el rubio. - Dile que preparé su equipaje, será parte de mi equipo de expedición. Que esté listo para cuando el Sol salga.
En ese momento una escolta llegó al consultorio y de inmediato Hiruluk bajó la cabeza. Sanji miró a las personas y asintió, le agradeció al mayor curarlo y acomodó su capa.
Empezaron a caminar por el castillo con dirección al jardín principal, el más hermoso de todos y el favorito del rubio. Toda la familia real se encontraba ahí reunida, y la escolta se formó atrás de ellos tras hacer una reverencia respetuosa.
-¿A qué se debe tanto alboroto? - Preguntó el rubio a su hermana que se encogió de hombros aunque bien sabía que pasaba ahí.
-Sanji, como es tu primer viaje con nosotros, te contratamos un guardia personal. - Dijo el príncipe Niji abrazando a su hermano de los hombros. - Es el mejor de lo mejor, dicen que su habilidad con la espada es de fantasía.
-Famoso por sus múltiples victorias en las justas, dicen que es un monstruo. - Apoyó Yonji.
-Pero no hay nadie aquí. - Dijo el rubio curvando más su ceja rizada.
En ese momento, las trompetas empezaron a sonar, y caminando entró un caballero de armadura negra y detalles dorados, no llevaba el casco pues lo tenía cargando en su brazo; en su cintura tres espadas colgaban. Era moreno , no tenía un ojo y extrañamente su cabello era de color verde. Era la nueva escolta del principe Sanji. Al ver a la familia real, el caballero se arrodilló agachando su cabeza.
-Lamento la tardanza, tuve un problema con encontrar el lugar. - Habló con esa grave voz que poseía y el rubio le miraba serio.
-Sanji, él será tu guardia personal a partir de hoy: Zoro Roronoa. Recomendado por el noble Sabo del reino de Goa. - Dijo Sora alegremente (e ignorando las disculpas del caballero que se levantaba en ese momento) . - Creo que se llevarán bien.
-¿Eh? ¿Cejas rizadas? - Se sorprendió el caballero y soltó una crítica accidental a la apariencia del príncipe.
-¿Cejas rizadas? ¡Marimo!








