Chapter one
El tour mundial del grupo estaba siendo un completo éxito, vendiendo más del noventa porciento de las entradas en cada lugar donde se presentaban.
Por lo que sus ensayos eran cada vez más demandantes, además había quienes se quedaban hasta tarde para poder practicar más, un ejemplo de ello es Sunghoon.
Llevaban bailando desde las diez de la mañana hasta la seis de la tarde como un grupo y después de eso, Sunghoon se quedó a perfeccionar el cover que presentaría a Engene hasta las nueve de la noche.
Estaba tan agotado.
La pesadez de su cuerpo resultaba tan dolorosa que le costaba incluso caminar, sin contar de la carga mental que conllevaba no llegar a las notas que requería para la canción.
Sunghoon era una persona perseverante y necia que no se detenía hasta lograr lo que quería pero en días como ese le era imposible no sentirse como un completo fracaso a lado de sus compañeros.
Un suspiro frustrado salió de sus labios mientras intentaba quitar aquellos pensamientos maliciosos de su cabeza, solo quería llegar a su residencia y poder dormir hasta el día siguiente.
Se despidió del chófer al percatarse de que ya se encontraba frente a su edificio, entrando y dirigiéndose al ascensor sin mirar a nadie, mientras subía aprovechó para ver los mensajes que estuvo ignorando durante la práctica, uno en particular llamando su atención.
Sunghoon sonrió levemente ante los mensajes de su líder. Yang siempre estaba al pendiente de él y le parecía un lindo gesto que se preocupara en avisarle hasta la más mínima cosa, era bastante adorable.
Respondió brevemente diciendo que ya estaba en casa y recordándole que también lo quería, saliendo del ascensor para caminar hasta la puerta de su departamento.
El silencio lo recibió como de costumbre, la mayoría de las veces cuando regresaba a casa los chicos estaban dormidos o en raras ocasiones salían a divertirse un rato, por lo que ahora el sosiego le resultaba reconfortante.
No tenía intenciones de cenar, así que fue directo a su habitación. Iba pensando en las cosas que debía mejorar para antes del concierto o al menos así era hasta que una especie de jadeo se escuchó en la habitación que compartían los mayores.
Sus pasos se detuvieron en seco, prestando la suficiente atención para asegurarse de que había oído bien y al comprobarlo simplemente se encogió de hombros para restarle importancia.
No le interesaba si uno de los chicos se estaba masturbando o algo por el estilo, entendía que tenían necesidades, además de que últimamente tenían demasiado estrés acumulado por el Tour y los Comeback.
“Sea quién sea, puede divertirse mientras no haga un escándalo" Pensó Sunghoon.
Estaba dispuesto a seguir su camino hasta su propia habitación cuando un grave gemido lo interrumpió.
— Sunghoon....
La persona dentro de la habitación gimió su nombre, lo había escuchado tan claro que su boca se abrió con sorpresa al reconocer la voz.
— Lo haces tan bien, Hoonie.
Ahí estaba de nuevo.
Una de sus temblorosas manos tomó la manilla de la puerta, girandola lentamente hasta poder empujar un poco y ver por la abertura.
La curiosidad lo estaba matando.
Su mirada se posó en la persona que se encontraba semi-acostada en el centro de la cama. Tenía puesta una camisa blanca abotonada hasta la mitad, dejando a la vista su bien formado pecho el cual relucía por las finas gotas de sudor que caían por su frente, sus ojos se encontraban cerrados con fuerza mientras mordía su labio inferior.
Pero aquello no fue lo que sorprendió a Sunghoon.
Fue el hecho de ver como una de las manos de su mayor se movía con rapidez sobre su erección, podía deducir que estaba apunto de llegar al orgasmo debido a la rapidez en la que ejercía sus movimientos.
Park definitivamente no estaba listo para ese estímulo visual.
Admitirlo en voz alta sería vergonzoso pero comenzaba a sentirse excitado, cada vez que aquella ronca voz gemía su nombre una punzada terminaba en su miembro.
Y es que no podían culparlo, Heeseung podría ser la perdición de cualquiera.
No perdió de vista como el atractivo pelirrojo dejaba escapar un sonoro gemido mientras se corría de manera abundante sobre su diestra, manchando parte de su abdomen.
La incomodidad se hizo presente en Sunghoon, había espiado a Lee mientras este se tocaba pensando en él y lo más grave de la situación es que le excitó al punto de crearle un pequeño problema.
Con eso en mente intentó irse de la manera más sigilosa posible, fallando en cuanto los penetrantes orbes marrones de Heeseung se posaron en su persona.
— La próxima vez que quieras observar deberías ser un poco más cuidadoso. — Dijo con una sonrisa pintada en sus labios rojizos. — Te escuché desde que llegaste, ¿Disfrutaste la vista?
El pálido se quedó sin palabras.
En primera porque pensaba que había sido lo suficientemente silencioso al momento de espiar y ahora estaba completamente expuesto, en segunda porque estaba tan avergonzado que no podía siquiera hablar.
Heeseung río al percatarse del nerviosismo en su menor, Sunghoon era demasiado adorable.
— ¿Por qué no te acercas, bonito? — Preguntó palmeando su regazo, invitándolo abiertamente a sentarse encima de él.
Sunghoon lo pensó detenidamente, por una parte sabía que aceptar sería cruzar todos los límites con el mayor, pero por otro lado estaba tan excitado que en ese preciso momento no podría importarle menos.
Además, un buen polvo lo ayudaría a liberar la presión de los últimos días.
Con una decisión ya tomada, se metió en la habitación para después cerrar la puerta a sus espaldas, tenían que ser cuidadosos por si llegaban los demás.
— Debo admitir que encontrarte así fue una agradable sorpresa. — Sunghoon hablaba mientras caminaba a la cama, desprendiendo seguridad en cada uno de sus pasos. — Más aún porque se supone que tienes una extraña relación con Jake.
Heeseung relamió sus labios, el menor había comenzado a desprenderse de cada una de sus prendas.
— Los dos nos sentimos atraídos por ti desde hace ya mucho tiempo. — Explicó recorriendo con la mirada la lechosa piel expuesta. — Y no solos los únicos, todos en esta habitación te hemos dedicado alguna paja.
Heeseung hizo un especial énfasis en la palabra todos, Sunghoon captó al instante que eso también incluía a Jay.
La repentina confesión le provocó una increíble satisfacción, se sentía deseado.
Al estar completamente desnudo, Sunghoon tomó lugar entre las piernas de Heeseung. Agachó su rostro hasta que este quedó a la altura de la entrepierna del mayor, agarrando el flácido miembro en sus manos y sin pensarlo mucho comenzó a "limpiar" el semen que lo cubría, finalizando con un pequeño besito en el glande.
— Sabes delicioso aunque hubiera preferido que me llenaras la boca.
Sunghoon se levantó para acomodarse ahora en el regazo del pelirrojo, rozando sus glúteos contra el miembro ajeno.
— Puedo sentir como palpita, ¿Esperaste mucho por esto, mi amor?
Heeseung asintió rápidamente. Llevaba fantaseando con Sunghoon desde que eran unos simples Trainees y tenerlo ahora a su completa merced era aún mejor de lo que se había imaginado.
El pálido se rió, su diestra agarrando la mano de Heeseung para tomar un poco del esperma que aún quedaban en su abdomen.
— Si lo haces bien, te dejaré follarme las veces que quieras. — Tentó Sunghoon con una falsa inocencia en su rostro, las yemas de los dedos del pelirrojo frotándose contra su entrada. — Muéstrame lo mucho que me deseas, Heeseung.
No necesitó repetirlo cuando Heeseung ya había metido dos de sus largos falanges en su culo, estaba tan estrecho que le costaba moverlos libremente. Por su parte, Sunghoon gemía encantado por la nueva sensación, el semen que estaban usando como lubricante era de ayuda para que la intromisión fuera más fácil y placentera.
Heeseung inclinó ligeramente su rostro hacía adelante, tomando entre sus labios los rosados pezones del pálido, chupando y mordiendo a su completo antojo mientras separaba sus dedos, dilatando de la mejor manera posible el agujero del menor, presionando de manera superficial aquel punto que lo hacía delirar.
— Y-ya es suficiente. — Sunghoon intentó separarse entre gemidos, la estimulación era tan buena que podía correrse solo con tener la boca de Heeseung en su pecho. — Follame, por favor..
El pelirrojo se alejó lentamente, un hilo de saliva uniendo su boca a los ahora hinchados botoncitos del menor.
— Luces tan bonito.— Heeseung lo halagó con una sonrisa. — Ni siquiera parece que estás rogando por mi polla.
Finalmente sacó sus dedos de un tirón, separando los glúteos de Sunghoon con una de sus manos mientras que con la otra tomaba su pene para meterlo en la entrada del menor, esperando pacientemente a que se acostumbrase a su tamaño.
El rubio acunó el rostro de Heeseung entre sus manos, uniendo sus labios en un apasionado beso que era guiado por el mayor, demostrando todas las ganas que los dos estuvieron reteniendo por años.
— No sabes cuanto deseaba hacer eso. — Sunghoon murmuró jadeante sobre la dulce boca ajena, los belfos de Heeseung se sentían jodidamente bien contra los suyos.
Lee sonrió satisfecho, azotando ligeramente el pálido culo del chico.
— Montame. — Sunghoon siguió la orden del mayor, usando los hombros ajeno como soporte para después moverse de arriba a abajo, sus rubios cabellos pegándose a su sudorosa frente. Heeseung se encontraba en su mejor momento, por fin estaba teniendo la dicha de estar con el patinador.
Todo era mejor de lo que alguna vez pudo llegarse a imaginar, sus fantasías no le hacían justicia a la realidad. Su pequeño chico brincaba encima de él con aquellos hermosos ojitos cerrados mientras que de su boquita salían los más hermosos gemidos que Heeseung alguna vez había escuchado, pero es la melodía más perfecta del mundo.
Sunghoon lucía completamente angelical.
“Tan jodidamente bello” pensaba él.
— Puedo sentirte aquí. — Sunghoon habló entrecortado, tomando la mano del mayor para llevarla a su abdomen bajo, en donde se formaba un pequeño bulto cada que se autopenetraba.
Heeseung gruñó al escucharle, escondiendo su rostro en la curvatura de su pálido cuello. Primero lamió la zona, llenándola de saliva para proceder a mordisquerlo, marcando el lugar hasta quedar satisfecho.
El sonido de la puerta principal principal siendo abierta llamó la atención del pelirrojo, desde su habitación podía escuchar las risas de sus compañeros. Aún así, no tenía intención alguna de quedarse a medias, no ahora que lo tenía a su disposición.
- ¡Sí, sí, sí!- Sunghoon lloriqueaba de manera aguada, pero por mucho que disfrutara de escucharle gritar su nombre no se podían dar el lujo de exponerse dente a los demás, por lo que una de sus manos tapó la boca del rubio. — Guarda silencio, precioso. No creo que quieras que los demás te vean empalado en mi polla, ¿O me equivoco?
Fue ahí cuando el menor cayó en cuenta del sonido que había fuera del cuatro, sus que negó con la cabeza a la pregunta. Heeseung retiró su diestra e hizo presión en las mejillas ajenas hasta abrir la boquita del rubio, juntando la suficiente saliva para después escupirla dentro.
— Tragatelo.
Sunghoon gimió por lo caliente que había sido eso, saboreando antes de pasarse la saliva. El nudo en su abdomen bajo comenzó a hacerse cada vez más presente, indicándole así que estaba apunto de correrse.
Sus piernas temblaban tanto que se sentía incapaz de poder seguir montandolo correctamente.
— Es demasiado...— Murmuró con un tono lastimero, las lágrimas descendiendo una tras otra por sus mejillas. El placer estaba siendo más de lo que él podía soportar.
Heeseung chistó incrédulo. — Ni siquiera eres capaz de follarte a ti mismo. — Dijo antes de tomarlo por la cintura para levantarlo y así poder cambiar la posición, dejándolo recostado en la cama mientras él colocaba sus piernas sobre sus hombros.
Las embestidas fueron bestiales desde su inicio, el mayor estaba buscando saciar todo el placer que ambos estaban sintiendo, además debían terminar antes de que sus compañeros de dormitorio regresaran para dormir.
En la habitación solo se podía apreciar el golpeteo del miembro de Heeseung chocando contra el pálido culo, además de los sonidos ahogados que emitía Sunghoon y los jadeos de Lee.
El rubio apretó las sábanas blancas, su vista nublandose en el momento en el que el glande chocaba contra su próstata una y otra vez, mordiendo con fuerza su labio inferior en un intento de calmar sus gemidos.
Pronto, Heeseung llevó su diestra al cuello del menor para comenzar a hacer presión, privandolo del oxígeno a medida que su pelvis se movía se adelante hacia atrás, agradecía tanto ser bailarín y poder tener la habilidad de controlar su cuerpo a su antojo.
— Hyung...Ya basta. — Sunghoon soltaba balbuceos que eran incapaces de entender, estaba tan metido en su burbuja de placer que no podía ni hablar correctamente.
El tembloroso cuerpo de Sunghoon le indicaba que ya iba a correrse, así que apresuró sus movimientos.
— Córrete para mí, amor.
Eso fue todo lo que el pálido necesitó para llegar a su ansiado orgasmo, manchando parte de su abdomen y de su rostro. Con las últimas fuerzas que le quedaban contrajo su entrada, apresando el miembro del mayor para así darle el mayor placer posible.
Heeseung intentó alejarse de Sunghoon, estaba a nada de correrse y su intención era hacerlo afuera, el rubio pareció notarlo ya que le impidió hacerlo con sus piernas. — Házlo adentro, quiero que me llenes.
El mayor gimió ronco después de escucharle, bajando la velocidad de sus estocadas mientras se vaciaba en el maltratado y rojizo aguero del rubiecito. Heeseung se dejó caer sobre el cuerpo del chico, ambos intentando regular sus agitadas respiraciones con una sonrisa pintadas en sus rostros.
Estaban satisfechos.
Después de conseguir tomar un poco de aire, el pelirrojo salió lentamente de Sunghoon viendo con total fascinación como su semilla caía a montones por los pálidos muslos del menor.
— Eso fue increíble. — Heeseung habló acostándose a su lado, abriendo uno de sus brazos para que así pudiera acomodarse más cerca.
Sunghoon le dió la razón y con un picardía dirigió su mano a sus muslos, tomando un poco de los fluidos se Heeseung y de los suyos para meterlos en su propia boca, saboreando el resultado de su increíble noche.
— Sí, en eso podría estar de acuerdo.
El pelirrojo jadeó sorprendido por lo descarado que podía llegar a ser Sunghoon.
— Si sigues haciendo eso vas a lograr que se me ponga dura de nuevo y no me va a importar cogerte enfrente de los demás. — Heeseung habló antes de besarlo por última vez, logrando probar la combinación de sus fluidos. — Los chicos no tardan en llegar, puedes quedarte aquí si quieres.
Sunghoon asintió con un aspecto somnoliento, bostezando antes de acurrucarse contra el cuerpo del mayor.
— Gracias por eso, Heese.
Todo el esfuerzo que había hecho durante el día comenzaba a cobrarle factura, su cuerpo se sentía pesado y cansado.
— Sabes que estoy disponible para ti cuando gustes, bonito. — Heeseung llevó su mano a los rubios cabellos, acariciando ligeramente hasta sentir como la respiración del menor se volvía más tranquila.
Al verlo dormido, tapó sus desnudos cuerpos con una de las sábanas, alzando la mirada después de escuchar el sonido de la puerta siendo abierta, encontrándose con la mirada sorprendida de sus compañeros de habitación.
Heeseung les indicó que hicieran silencio.
Después les explicaría.