Parte I
POV MAX.
Desde el accidente provocado por Bradley, las cosas se han puesto algo tensas. Cada vez que nos cruzamos en el pasillo, siento una mirada intensa sobre mí, como si su odio hacia mí se estuviera intensificando. Me atormenta la sensación de que quiere aniquilarme con la intensidad de su mirada.
La atmósfera entre nosotros se ha vuelto tan pesada que apenas puedo respirar cuando está cerca.
Y no entiendo por qué, ya que el que debería estar molesto u odiarlo soy yo. Sin embargo, no logro sentirme cómodo haciéndolo. A pesar de todo lo sucedido, algo en mí se niega a caer en el resentimiento. Hay algo en él que me intriga, algo que no puedo ignorar incluso cuando intento convencerme de lo contrario.
—Maxi...
La voz de mi padre me sacó de mis pensamientos.
—¿Papá? ¿Qué haces acá? —pregunté, sorprendido por su presencia en mi habitación.
—¿Acaso no puedo visitar a mi hijo en su...? —dijo antes de asomar la cabeza en mi dormitorio y hacer una mueca de desagrado al entrar—. Maxi, deberías limpiar un poco. Puedes estar criando cucarachas sin darte cuenta, y eso no es atractivo para las chicas.
Su comentario me hizo rodar los ojos, pero en el fondo sabía que tenía razón. Mi habitación era un desastre, aunque eso era lo de menos en ese momento. Mi mente estaba demasiado ocupada intentando descifrar los enigmas de Bradley como para preocuparme por la limpieza.
—¿Y tú qué sabes de las mujeres? —bromeé, tratando de desviar la conversación.
—Oh, querido Maxi. Al parecer, más que tú. Tu única noviecita ha sido Roxanne y ahora ni siquiera se hablan —replicó mi padre con una sonrisa burlona.
Su comentario me hizo sonrojar ligeramente y reír a pesar de mí mismo. Mi relación con Roxanne había terminado en malos términos hacía un años atrás, y era evidente que mi padre no había olvidado ese detalle.
—Tocas un punto sensible, papá —admití, intentando no mostrar cuánto me afectaba el tema de Roxanne.
—Lo sé, Max. Pero mira el lado bueno, eres un sobreviviente de tu ex —replicó mi padre con una risa comprensiva.
Asentí con una sonrisa irónica, agradeciendo el intento de consuelo de mi padre.
—Sí, supongo que tienes razón. Al menos eso es algo —respondí, tratando de convencerme a mí mismo de que había algo positivo en todo el asunto.
—Y cuéntame, ¿qué pasó con ese chico...? ¿Cómo se llamaba? —preguntó mi padre, tratando de recordar el nombre.
—Bradley —respondí, anticipando su reacción.
—¡Sí, lo tenía justo en la punta de la lengua! —dijo, esquivando mi montaña de ropa tirada en el suelo antes de acercarse a mí—. No entiendo cómo puedes moverte con tantas cosas tiradas en el suelo.
—Supervivencia de vagos —bromeé, encogiéndome de hombros.
Sacudió la cabeza con desaprobación.
—Supervivencia de sucios, más bien —se rió—. ¿Te sigue molestando?
—No... no después de... bueno, eso —murmuré, sintiendo que no quería hablar más del tema con mi padre. No al menos hasta que entendiera qué estaba pasando con Bradley.
Mi padre pareció captar mi evasiva y cambió de tema, pero no pude evitar sentirme aliviado de no tener que explicar lo inexplicable.
Al final, mi papá me ayudó a limpiar un poco antes de tener que irse cuando su novia lo pasó a recoger. Lo acompañé afuera de la fraternidad, donde me estaba alojando con P.J y Bobby, mientras esperaba a que su novia lo recogiera.
—Gracias por venir, papá —le dije sinceramente mientras nos despedíamos.
—De nada, hijo. Siempre estaré aquí cuando me necesites, ¿de acuerdo? Y no olvides limpiar más seguido, ¡no querrás criar una colonia de cucarachas en tu dormitorio! —bromeó antes de subir al auto de su novia.
Me reí mientras veía cómo se alejaban, agradecido por su visita y por el momento de complicidad que habíamos compartido, incluso si había sido breve.
De vuelta en la fraternidad, me encontré con P.J y Bobby en el área común, quienes me miraron con curiosidad al verme entrar.
—¿Qué pasó con tu viejo? —preguntó Bobby, levantando una ceja.
—Solo vino a hacer una inspección de limpieza —respondí, encogiéndome de hombros y tratando de restar importancia al asunto.
P.J asintió con una sonrisa de complicidad.
—Siempre es así, ¿verdad? Los padres y sus obsesiones con la limpieza.
—Pero Pedro no es así, ¿o sí? —pregunté, sintiendo la curiosidad picando en mi mente.
—No te creas, no tanto como tu papá, Max, pero sí —confirmó P.J con un gesto de la cabeza.
Asentí con la cabeza y me acomodé en mi cama, dejando que la conversación con mis amigos me distrajera de los eventos tumultuosos de la noche anterior.
—Chicos, mi novia dijo que abrieron un nuevo bar que tiene un buen ambiente. ¿Quieren ir hoy? —sentí el peso de un cuerpo hundir el colchón de mi cama, deduje sin levantar la vista del techo que se trataba de PJ.
—No lo sé, PJ —respondí, pensando en mis propias dudas y preocupaciones.
—Vamos, Max. Seguro habrá chicas muy sexis —insistió P.J, tratando de animarme—. Aparte de que los exámenes están ala vuelta de la esquina.
Arrugué la nariz cuando se me vino a la cabeza la imagen de Bradley.
—No has salido con ninguna después de... bueno, tú sabes. Y después de la competencia has sido muy popular con las chicas, no desprecies las oportunidades que te da la vida, viejo —añadió Bobby, intentando convencerme.
Suspiré, sintiendo la presión de mis amigos y mi propia lucha interna.
—Está bien —accedí finalmente, resignándome a la idea de salir y tratar de olvidar lo sucedido con Bradley por una noche al menos.
Nos dirigimos al bar que P.J. había mencionado, tratando de sumergirnos en el bullicio y la música para alejar nuestros pensamientos.
Qué iluso estaba si creí que podría librarme del Uppercrust III por una noche viniendo a un bar, que es su ambiente.
Mientras disfrutábamos de nuestras bebidas, noté a Bradley en el otro lado del bar, solo y visiblemente ebrio.
No pude evitar observarlo de vez en cuando, preguntándome qué estaría pasando por su mente en ese momento.
De repente, vi cómo Bradley se acercaba a una chica que estaba sola en la barra. Sus movimientos eran torpes y descoordinados, pero la chica parecía divertida por su atención.
Observé la escena con una mezcla de curiosidad y preocupación. Bradley parecía desinhibido por el alcohol, y aunque su intento de conquista era un poco torpe, la chica parecía estar disfrutando de su compañía.
Mis amigos estaban absortos en su propia conversación, ajeno a lo que estaba sucediendo a mi alrededor. Decidí alejarme un momento y acercarme al otro extremo de la barra, donde Bradley y la chica estaban charlando animadamente.
—Hola, ¿cómo te llamas? —escuché a Bradley decir, con una sonrisa torcida en el rostro.
La chica rió y respondió algo que no pude escuchar claramente debido al ruido ambiental.
Me sentí extrañamente incómodo al presenciar esa escena. No sabía si era por los recuerdos de lo que había pasado entre Bradley y yo, o si simplemente me preocupaba que Bradley estuviera en ese estado.
Decidí mantenerme cerca por si acaso, sin saber muy bien qué esperar.
Bradley notó mi presencia y levantó la mirada, encontrándose con la mía. Nuestros ojos se encontraron en un instante cargado de tensión, como si ambos supiéramos que algo estaba a punto de suceder.
Una sonrisa desafiante se formó en los labios de Bradley mientras mantenía su mirada fija en la mía. Luego, sin apartar los ojos de mí, se inclinó hacia la chica a su lado y la besó con un ardor que no pude evitar notar.
Mis manos se apretaron en puños bajo la barra mientras observaba la escena con una mezcla de sorpresa y confusión. ¿Qué estaba haciendo Bradley? ¿Por qué besaba a esa chica de esa manera, justo delante de mí?
El beso pareció durar una eternidad, y durante todo ese tiempo, Bradley no apartó la mirada de la mía. Era como si estuviera desafiándome, como si quisiera que yo fuera testigo de lo que estaba haciendo.
Finalmente, el beso terminó y Bradley se apartó de la chica, pero su mirada seguía clavada en la mía, desafiante y llena de un significado que no pude entender del todo.
Me sentí desconcertado y un poco herido por su comportamiento, sin saber qué pensar ni cómo reaccionar ante lo que acababa de presenciar.
Decidí alejarme, incapaz de soportar la tensión que se había creado entre nosotros. Volví con mis amigos, tratando de fingir que todo estaba bien, pero por dentro me consumía la incertidumbre y la incomodidad.
—¿Te pasa algo, viejo? —Sentí la mano de Bobby alrededor de mi hombro—. ¿Te sientes bien? —me susurró en el oído porque la música estaba demasiado alta.
Traté de mantener una expresión neutral, pero por dentro estaba hecho un manojo de nervios. La presencia de Bradley seguía pesando en mi mente, y no podía evitar sentir que algo había cambiado entre nosotros.
Pude sentir todavía la mirada de Bradley sobre mí, desde la distancia. Levanté la mirada y lo vi con el entrecejo fruncido, como si estuviera contemplando algo que no podía entender del todo. La intensidad de su mirada me hizo estremecer, y me di cuenta de que las cosas entre nosotros estaban lejos de haberse resuelto.
—Bradley está aquí — informé a mis amigos, tratando de mantener la calma a pesar de la creciente tensión en el ambiente.
—¿Ese imbécil está aquí? ¿Dónde? —preguntó Bobby, acercándose tanto que pude sentir el olor a queso cheddar derretido que tanto le gustaba consumir, incluso más que el alcohol.
Arrugué la nariz ante el penetrante aroma y levanté la mirada hacia Bradley, quien parecía furioso por alguna razón desconocida.
Bradley estaba de pie en el otro lado del bar, con los puños apretados y una mirada que parecía atravesarme. Su rostro reflejaba una mezcla de ira y frustración.
Traté de apartar la mirada, sintiéndome incómodo bajo su escrutinio, pero era como si su presencia ejerciera una especie de imán sobre mí. No podía evitar sentirme atraído por su intensidad, a pesar de todo lo que había pasado entre nosotros.
—¿Qué le pasa a ese tipo? —preguntó P.J., notando la tensión en el ambiente.
—No lo sé —respondí, tratando de disimular mi incomodidad—. Parece bastante molesto por algo.
Bobby frunció el ceño, siguiendo mi mirada hacia Bradley.
—Es mejor que nos mantengamos alejados de él —aconsejó—. No necesitamos problemas esta noche.
Asentí, aunque por dentro sabía que la presencia de Bradley seguía afectándome más de lo que me gustaría admitir. Era como si una parte de mí estuviera esperando que se acercara, mientras otra parte sabía que sería mejor mantenernos separados.