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~solo un cafe~
-Narra Tn-
Desde los cinco años mi vida cambió, a decir verdad jamás esperé algo más allá de lo normal como un trabajo común, quizás en este mundo el pensar eso sea solamente raro, pero... jamás olvidaré mi quinto cumpleaños.
Era un día normal, soleado y despejado, una primavera simplemente hermosa en las calles de Japón, ese día era lo que muchos niños anhelaban en el mundo, el día en que se les daría a conocer su quirk, algunos ya lo sabían solamente por manifestarse, en mi caso no había mucha diferencia, mis padres estaban preocupados de que fue un quirkless, debido a la discriminación a este grupo minoritario, en estos tiempos la gente es más salvaje y racista.
Escuché a mi madre subir las escaleras, yo estaba despierto, estaba emocionado, todo niño lo estaba en esas situaciones, aún más cuando la idea de ser un superhéroe es tan idealizada, era un gran fanático de endeavor, a pesar de ser el número 2 él era más fuerte, impresionante y se notaba el esfuerzo de este al enfrentarse a los villanos, all might no era menos, pero mi preferencia siempre fue hacia el número 2.
-¡TN! Cariño, baja a desayunar, hoy iremos al doctor a conocer tu don- ese era mi madre mientras tocaba la puerta.
-¡Ya voy!- le avisé.
Me vestí con mi playera de endeavor y bajé junto a mi peluche de este mismo, mi padre ya estaba en la mesa ayudando a servir el desayuno a mi madre, eran un matrimonio muy feliz y unido, lo que todo niño debería de vivir.
-Buenos días campeón, comeremos rápido, quiero conocer el don que tendrás- me alborotó el cabello, estaba más emocionado el que yo, no pude evitar reírme, era divertido mi tiempo con el.
-Ya coman o si no, no iremos a ningún lado- mi mamá bromeó con eso actuando estar enojada, aunque la risa le estaba ganado.
Comimos ese día el clásico desayuno americano, huevos y tocino con jugo de naranja, mi padre era americano, aunque nunca supe el país, mi madre es originaria de Japón, se conocieron por un concurso en otro país, eran unas olimpiadas de matemáticas o física, no lo recuerdo, pero al terminar el concurso se mantuvieron en contacto hasta que se pudieron volver a ver, sin duda como una película romántica.
Terminamos y subimos al auto de mi padre, durante el camino cantábamos juntos por las canciones que pasaban en la radio, también riéndonos por los pésimos cantantes que éramos, llegamos al hospital y todo fue bien, esperamos el turno y así llegamos al momento en que cambiaron las cosas.
-Señor y señora Yoshida, los resultados dicen que su hijo posee el Don de regeneración- fue lo que dijo el doctor.
Mis padres empezaron a festejar junto a mi, pero sus miradas cambiaron cuando el doctor volvió a hablar.
-lastimosamente no podrá ser un héroe, su don no es lo suficientemente eficaz para serlo, si lo intenta moriría, lo siento, los dejaré solos unos momentos- el doctor dejó la sala, mis padres giraron hacia mi dirección para ver mi reacción.
Ellos corrieron hacia a mi para abrazarme, estaba soltando lágrimas, llorar fue lo que hice, no tan fuerte, pero lo hice, era solo un niño que también quería ser un héroe, conocer a endeavor y luchar junto a él, claro que lloré, pero después de unos minutos me calmé y solo miré a mis padres, ellos lloraron conmigo, mi padre era el más afectado, después de todo él estaba más ilusionado por la idea de que fuese un héroe y asistiera a la UA.
-Papá, Mamá, ¿podemos ir a comer helado?- mis padres me miraron extrañados, era normal, no es común cambiar el tema tan drásticamente.
Ellos solamente me dijeron que sí y nos fuimos a una heladería, recuerdo que mi madre comió uno de fresa, mi padre de chocolate y yo de vainilla, nos divertimos después en un Arcade, por insistencia de mi mamá, que no quería llegar a casa, supongo que era porque pensaríamos en lo de ese día.
A pesar de que no sería un héroe al menos tenía una familia feliz y unida, al menos por un tiempo así fue.
Después de ese día en la escuela no me molestaban, realmente era más que nada ignorado por mis compañeros, al no tener algo especial como un don genial o no tener uno, la gente me ignoró, sabían que tenía uno, otros ni siquiera sabían que estuve allí, pero al menos viví normal, con uno que otro amigo.
Mis padres empezaron a enfocarse más en sus trabajos y casi no estaban juntos, cosa que supongo estaba bien, pero me sentía solo, no tenía a nadie en casa o alguien que me cuidara, así fue desde mis 7 hasta mis 12 años, después entré a la secundaria y conocí a una chica, su nombre era Himiko Toga, era una chica rubia de ojos color miel, muy linda y delicada.
La conocí un día de regreso a casa, estaba en un parque sola y sucia, al parecer la habían molestado, su uniforme de su secundaria estaba rasgado y manchado, estaba sollozando, me acerqué a ella y me senté rápido a su lado, ella volteó a verme y se asustó.
-¿Estás bien?- era una pregunta tonta de mi parte pero no sabía iniciar una conversación.
-¿Qué quieres?- con un tono hostil lo supe, estaba asustada y desconfiaba de mí, después de todo era un extraño.
-Quiero ayudarte, te vi triste y quise ayudarte, es normal supongo- ella no sabía qué decir pero aún así, decidió confiar en mí, después de todo creo que ella necesitaba con quien hablar.
Me contó que la molestaban en la escuela y que en casa no era tan diferente, su don era como el de una vampiro, tenía colmillos y si consumía la sangre de alguien podía copiar su apariencia, decían que el don era el de un villano y por lo mismo está era acosada en su escuela.
Me mostró sus colmillos y al ver que no decía nada supuso que me iría corriendo o le haría algo pero solamente la abracé y ella me regreso el abrazo con más fuerza, supongo que también necesitaba una pizca de humanidad, aún en ese tiempo era ignorante y no sabía que el mundo no era tan bueno como suponía.
Le pregunté si sus padres irían por ella, pero me comentó que no, sus padres preferirían que jamás regresara, así que la invité a mi casa, ella aceptó y fuimos a ella, actualmente pienso que eso esta mal y es raro pero era aún un niño y ella necesitaba ayuda, así que decidí ayudarla, cuando llegamos le di un poco de l comida que me habían dejado y agua, pero después noté que mi mamá había dejado en el refrigerador un termo, este tenía café, café con leche y azúcar y lo probé, estaba dulce y me gustó así que decidí compartirlo con ella.
Se lo ofrecí y me dijo que jamás había probado el café así que aceptó, nos lo servimos y lo calenté en el microondas, después nos sentamos frente a la televisión de la sala para ver caricaturas mientras lo tomábamos.
Ese fue algo que cambió mi vida y la marcó, un recuerdo de mi infancia, niñez, juventud o que fuese, eso no quita el hecho de que marcó mi vida, pero también fue...
Solo un café
