Capítulo 1: Hal en prisión.
No, no creyeron que pasaria pero sucedio. Estaban confiados, se supone que la acusación iba a descartarse cuando comprobarán que Hal realmente ha estado faltando los lunes al trabajo, sin embargo, no fue así. Porque a pesar de la justificación que Malcolm encontro y le dio al abogado de la familia, Hal termino confesando que, efectivamente él era responsable del fraude del que se le causó en primer lugar.
Todos sus hijos y Piama (su nuera) estaban tan consternados ¿Qué habia llevado a Hal a cometer un delito como ese? No sabian, lo único de lo que tenían certeza era que, Hal, iba directo a prisión despues de confezar en la corte su culpabilidad con el fraude empresarial.
— No lo comprendo. — Francis, el hijo mayor de los cinco, estaba totalmente herido. — Papá no es asi.
Malcolm y Reese tambien pensaban lo mismo. Y cuando Hal paso a su lado con un policía apresando sus manos con esas esposas metalicas, se le cayo la cara de vergüenza ante sus hijos, bajo la mirada y ni siquiera se atrevio a mirar a su esposa Lois. Hal no era un mal hombre o eso pensaba su familia.
Cuando el juez dio su sentencia y la sala quedo vacía, Francis se armo de valor y encaro a su madre. Tenia que hacer a la mujer entrar en razón, algo que lamentablemente no sucedio y termino con Lois llorando entre sus brazos.
— Lleva a los chicos al auto. — le dijo Francis a su esposa Piama. Ella asintio y empujo a los chicos fuera de la sala.
Dentro, donde solo Francis y Lois estaban, él le dijo a su madre la situación actual de Hal, algo que ni siquiera hizo a Lois reaccionar como esperaba. En su lugar, ella levanto un cerdito hecho con botellas de detergente y lloriqueo diciendo que su cerdito tenia la cola rota. Ella lloraba por un pedazo inanimado, cuando su esposo estaba directamente llendo hacia prisión. Francis lo quiso tomar como una metafora, la cola del cerdo era realmente el corazón roto de Lois.
Para su infortunio, su madre ya no estaba cuerda y como una niña pequeña le pidio a Francis ir a la papeleria por pegamento especial para pegar la cola del cerdo. Francis tuvo que apretar los dientes y soportar las inmensas ganas de llorar al escuchar a su madre. Lois no tenia la culpa, la tenia el destino cruel con aquella mujer.
— Vamos a casa mamá. — la abrazo del costado y juntos salieron de la sala.
Hal estaba en prisión y Lois, pronto estaria refugiada en un centro psiquiátrico. Un destino que Francis jamas pensó que sucederia, siempre creyeron con fidelidad que Hal estaria en un manicomio mientras Lois pasaba sus ultimas noches en una apestosa celda en Carolina del Norte. Pero no, el destino caprichoso hizo que todo fuera al revés. Tan gracioso y poco probable fue.