@ p r ó l o g o
Despertar en las mañanas ya no era un trabajo tedioso, lo que sí lo era es estar con la positividad y energía al cien. Aunque claro, agrégale que levantarte a las seis con quince no es para estar con la mejor cara, y mucho menos cuando las clases de la universidad habían sido canceladas por todo el mes.
—Puta alarma de mierda… —En definitiva, el reloj de mesa que había comprado en la tienda asiática no había sido, ni por lejos, la mejor compra con la última mesada que recibió por parte de su padre. Emitió un bostezo ahogado en flojedad, se estiró y levantó de su insufrible colchón para dirigirse al baño. Ya tres días repitiendo aquella rutina, y posiblemente todo lo que haga durante el día sea igual de monótono que los días anteriores. Estaba aburrido, cansado de la poca novedad que estaba pasando, aunque si se pone a recordar, desde que está en ese apartamento nada nuevo a pasado, porque los chismes, las charlas hablando de la complicada pero entrañable adolescencia o la nostálgica infancia, como también las aburridas anécdotas de los longevos maestros no eran para nada una experiencia fascinante de recordar.
Para Roier, el agua fría nunca sería un problema, ni la falta de gas ni el pago de la luz ni del arriendo, pues su padre se encarga de mantener todas las cuentas al día. "Cuando te entregan todo en bandeja de plata, no tienes de qué quejarte", recordó lo que una vez dijo su compañera de puesto, con esa plástica sonrisa que dejaba en evidencia el propósito del comentario, sin embargo no podía juzgarla pues hallaba razón en sus palabras, porque él siendo hijo de alguien adinerado como su padre, el techo, la comida, el calor, los lujos y hasta los innecesarios caprichos jamás le iban a faltar. Y debería estar agradecido por el gran privilegio que poseía, pero era inevitable no sentirse vacío como persona, ¿cómo iba a sentirse humano cuando todo lo que tiene lo hizo sin trabajo alguno? Necesitaba esfuerzo. Quiere y necesita tener un objetivo que cumplir, uno que le haga sufrir hasta arrancar su corazón, que lo haga amar y sentir que ese es su propósito, su destino en la vida, y que luego lo odie por jamás llegar a la inexistente perfección. ¿Acaso eso llenaría aquel profundo hueco de infelicidad? Probablemente no, pero al menos tendría buenos motivos por el cual sentirse infeliz y perdido en la vida. En fin, pensamientos que salen durante la ducha mañanera, o en este caso, mientras defeca.
Encendió el televisor para tener algo de bulla y compañía en su solitario apartamento, tomó asiento en la mesa, dejando en ella su desayuno -un triste y amargo café- para comenzar el día. Apoyó su mejilla contra su mano, cambiando cada tanto los canales y observando las nada novedosas noticias de la mañana: asaltos violentos, accidentes automovilísticos, política y ¡Oh! qué interesante, farándula, deportes e inflación en la economía. Soltó un pesado suspiro y cambió al canal de las caricaturas. Increíble que la monotonía existía incluso fuera de su vida.
Al terminar su café se echó en el sofá de la sala, revisó su celular y navegó por las diferentes redes sociales para pasar el rato, y tal como si fuese los canales de noticia, no había nada nuevo en estas, o eso pensaba hasta que gracias a una publicación de un compañero de aula fue que se enteró que cerca de donde residía él, un nuevo establecimiento había abierto sus puertas hace unas cuantas semanas atrás. “Gatinho’s Coffe” su nombre.
No podía hallar explicación alguna a su interés hacia el recinto salvo a ser la única novedad que ha tenido durante estos aburridos y latosos días. Y podría fácilmente haber fingido demencia, pasar de largo y posponer la visita a aquel lugar, o en su defecto, olvidar su mera existencia, mas no lo hizo. Buscó la cuenta del local, encontrando publicaciones sobre lo que éste ofrecía al mundo. Y sí, no era lo más impresionante y singular de la vida, ¡pero por fin había algo fresco para su infernal rutina! ¿qué daño le iba hacer emocionarse por algo tan trivial como eso? No volvería a juzgar a las señoras que felices eran cuando encuentran lo más mínimo e insignificante en oferta.
«Abren bastante temprano, ni los servicios de salud están a esa hora atendiendo», pensó mientras leía, «tienen poco que ofrecer salvo sus económicos precios, y tal parece buscan a un trabajador de tiempo completo… Un trabajador… de tiempo completo». Se quedó procesando inmóvil lo que había leído. La reflexión de su vida que había tenido horas atrás tocó las puertas de su mente con mucha más fuerza que antes, y un debate interno comenzó a presentarse ante él. ¿Es acaso una señal para que le diga a su padre que deje de mantenerlo y pueda aprender a ser independiente de una vez por todas? ¿una señal para dejar atrás esa vida llena de privilegios y comenzar a vivir de verdad? ¿La clara respuesta para que salga de la asfixiante rutina y comience una vida con nuevos desafíos?
No, claro que no. Imposible. No era tan tonto como para tomar una decisión así de impulsiva, una decisión que podría afectar para siempre la manera en la que vive y se acostumbró a vivir.
—Buenos días, ¿de casualidad no sabes con quién debo hablar sobre el puesto vacante? —Culpa a la cínica de su compañera por haberle incrustado en su cabeza esas tontas -mas no falsas- palabras.
—Ves al hombre de allá —dijo la joven cajera apuntando al alto sujeto con chaqueta verde—, con él debes hablar. —Roier le agradeció, y con temor y dudas caminó con lentitud hacia aquel hombre que le daba la espalda.
Era de esperarse que detuviera su andar en el último segundo, porque claro, las inseguridades hacían retroceder a cualquiera, independiente de que tan osado sea la persona ante los desafíos. Y para nada era algo negativo, más bien era la única instancia para volver a preguntarse a uno mismo si realmente queremos seguir avanzando hacia aquella desconocida andanza, o si deseamos volver y quedarnos un rato más -o para siempre- en nuestra reconfortante zona segura.
Lo que el castaño no esperaba en realidad era que aquel sujeto lo volteara a ver, en una rápida examinación lo observó de pies a cabeza, con esos ojos aguamarinos con los cuales hizo una penetrante unión con los suyos propios. Sintió nervios por la presencia del hombre, porque además de ser un poco más alto que él, se notaba la bien trabajada complexión de su físico. Y bueno, tampoco podía negar que su apolíneo semblante era igual o más imponente que todo lo anterior.
Roier mordió su labio inferior para privar de su boca emitir palabra alguna, intentando conseguir con su silencio segundos para reflexionar, sin embargo y como si fuese un chiste de mal gusto, el de ojos aguamarinos, ignorante de los pensamientos del castaño, con una cándida sonrisa le quitó toda posibilidad alguna de volver a cuestionar su impulsiva decisión.
—¿Vienes por el puesto?
Era un completo tonto.