Único
Choi Yeonjun era un hombre afortunado a los ojos de cualquiera que supiera de él. Tenía una hermosa esposa y un hijo lindo. Era un empresario exitoso, y en el aspecto económico, absolutamente en todo le iba bien.
Pero... deberíamos de hablar desde la perspectiva de aquel para saber realmente su situación, ¿no?
Claro que sí.
Su matrimonio estaba por romperse y su primogénito era un adolescente hormonal y rebelde que nunca estaba en casa.
Gracias a que siempre estaba en su oficina trabajando, múltiples veces su esposa y él habían discutido. Por la falta de atención hacia la mujer y por falta de interés.
Y su menor hijo... él tenía novio. Ambos padres se tomaron bien su sexualidad, por lo que en esa parte no hubieron problemas.
Lo que sí es que siempre se la pasaba con él. Habían semanas en las que se quedaba e iba a dormir en el hogar del antes mencionado y aquello aunque el par de esposos intentó parar, no pudo por su rebeldía y por falta de "mano dura" de ambos.
El mayor intentaba arreglar todo, pero no podía. Su esposa ya no le hablaba como antes y ni siquiera podía conversar con su retoño rebelde.
Hasta que se le ocurrió una gran idea.
Se acercaba el tan hablado y esperado día por todas las parejas.
El Día de San Valentín.
Averiguó y planeó. Canceló citas y las pospuso.
Todo, con tal de que él y su amada esposa al fin tuvieran un momento a solas.
Reservó una habitación matrimonial en un hotel lujoso. Estaba seguro de que ella amaría aquella sorpresa.
Luego del encuentro romántico, con la segunda reservación que había hecho en un restaurante de cinco estrellas, llevaría a su mujer e hijo a cenar. De paso así, pudiendo conversar sobre lo que pasaba con su menor, junto a su amada.
Esperaba que su plan funcionara. Después de todo, todo parecía estar bien calculado.
¿No?
—¡Más fuerte, Soobin-ah! ¡v-voy a correrme!
Gimió fuerte.
—Ya, mierda... tampoco quiero que me dé un discurso.
Kai soltó una risita.
—¿Y soy buen actor o...?
—Claro que lo eres, Ning. Si el otro día la vieja me dio otra caja de condones. —contó mientras revisaba su celular.—Ridículo.
—Bueno... mi mamá también. Ayer me compró esto. —le mostró una botella de lubricante. —Es vergonzoso, Soobin-ah. Soy virgen, me gustan los peluches y el jugo de uva. No soy un adicto a... a-a las relaciones sexuales como mi mamá piensa...
Carcajeó.
—No hagas ruido... no valdrá la pena mi actuación...
—Igual. Con lo que te montaste de seguro es suficiente. Gracias de nuevo, Huening.—tomó su hombro palmeandolo.
Le sonrió en respuesta.
Hasta que la sonrisa del pelinegro alto por ver a su amigo con aquella mueca, desapareció en segundos por un mensaje.
—¿Qué quiere ahora?
—Uh, ¿Beomgyu?
—No. Es mi papá.
—Oh.
Papá.
Soobin, ¿tu madre está contigo?
Frunció los labios.
Yo
Sí.
Papá.
Bien, eh, ¿sabes por sea caso
cuáles son sus flores favoritas?
Jadeó.
—Ya se acerca San Valentín, ¿no es así?
—Sí... ¿por qué lo dices?
—¿Y es...?
—Espera... ¡es mañana!, no puedo creerlo... Taehyun-ah me dijo que...
Soobin dejó de oír a su novio falso para concentrarse.
Yo
No, no las sé.
Las violetas.
—¿Uh?
—Las flores favoritas de mamá son las violetas. Pero extrañamente es alérgica a las rosas.
Papá.
Oh, es una pena...
Yo
Aunque creo que... las rosas son sus favoritas.
Se mordió el labio.
—¿Y por qué me dices eso de repente?
—Intenta arreglar las cosas. Ya veo. Pero no lo voy a permitir.
—¿Qué? Soobin no te entiendo...
Una voz femenina resonó.
—¡Hijo, ya nos vamos!
Dejó su celular a un lado de inmediato.
—Pásame la paleta, Huening.
Una vez en su posesión, buscó un pincel.
En el cuello se pintó una marca morada y más arriba una roja.
—¿Se ve creíble?
—Demasiado.
—Bien.—tomó su teléfono de vuelta y chasqueó la lengua.—Nos vemos, Ning. Te quiero.
—Yo igual, Soo.—le sonrió para después hacer un piquito en los labios, Soobin acercándose y besandolo suavemente.
Separándose con una sonrisa de hoyuelos, se dispuso a salir de la habitación, y bajar las escaleras, apurado.
—Vamos.—le indicó a su madre quien lo veía preocupada y con los ojos ahora abiertos como platos al ver las marcas falsas.
—Vamos... —terminó de hablar con la madre de Hueningkai, y de inmediato fueron al auto.
Tomó su celular de nuevo y comenzó a navegar, evadiendo las miles de preguntas que su madre comenzaba a hacerle.
"¿Qué hiciste hoy con Kai?"
"¿Y esas marcas? ¿Tuvieron relaciones?"
"¿Usaste los preservativos que te regalé?"
"¿No le hiciste daño a Huening? Parecía que gritaba mucho..."
Solo suspiró. No valía la pena contestarle.
Nuevo mensaje.
"Soo, espero que no ignores mi mensaje. Pero realmente quiero arreglar las cosas entre... Abrir chat "
Apretó los labios. Tiró lejos su teléfono. No quería leerlo.
—Soobin, ¿me estás escuchando?
—No.
Y su madre apretó el volante. Estaba harta de su rebeldía.
Pero no podía hacer nada.
Horas más tarde estaba ya duchado, y frente al espejo, colocándose maquillaje de nuevo en el cuello.
Ya había terminado de leer el mensaje.
Su padre quería arreglar su matrimonio. Y para eso le había pedido ayuda.
Su ayuda.
"... te recompensaré llevandote a ti y a tu mamá a un restaurante lujoso. Podrás pedir lo que quieras. Te lo prometo..."
Y... él respondió.
No.
Hubiera contestado así si es que todo no estuviera encajando a lo que planeaba.
"Bien. Te ayudaré."
—Papi, solo lo haré... porque realmente quiero arruinar tus planes. No pienses que soy un niño bueno. Porque no lo fui al haberte dicho que mamá amaba las rosas.—se relamió los labios. Sí. Las rosas eran las favoritas de Soobin.
Y lanzó su teléfono lejos. Cayendo al piso.
Igual. Podía comprarse tres más si quisiera. No importaba.
Se desabrochó los botones de su camisa de pijama, se dirigió a los cajones de la mesa de noche que yacía al lado de su cama, y sacó el supuesto regalo de él a Hueningkai.
Su ingenua mamá pensó que se lo había dado, pero en realidad, lo usaba todas las noches para masturbarse y pensar en su padre.
Sí. Y oh.
Esa noche fue una larga.
Pero no evitó que, bien peinado, y bien cambiado, al día siguiente por la mañana, se dirigiera a la mesa del comedor. Donde las empleadas de ese exagerado y ridículamente lujoso lugar ya habían dejado todo el desayuno listo.
Se fijó en su vestimenta y arrugó la nariz en disgusto. Se lo cambiaría.
A uno... más atrevido.
Es por ello que con unos jeans ajustados, apegados a sus esbeltas piernas, realzando su trasero, y una camiseta blanca sin estampado, se dirigió afuera. Donde su tan pensado padre lo esperaba.
—Yeonjun.
—Soobin, te he dicho miles de veces que no me lla-
—Bien. ¿A la tienda primero?
Apretó los dientes y rendido, prefirió suspirar pesadamente.
—Sí.
Se puso el cinturón de seguridad, antes colocando su camiseta bajo este, haciendo que la prenda quedara arrugada o sea alzada. Con una sonrisa en los labios, ladeó el rostro fingiendo dormirse.
Su cintura quedando expuesta. Su piel chocando con el frío cuero del asiento provocándole corrientes.
Yeonjun giró a verlo, no pudiendo evitar ver de igual forma el lugar expuesto. Y carraspeando, con una mano en el volante, con la otra trató de bajar su camiseta. Pero solo provocaba lo contrario. Sus dedos rozando su torso casi desnudo.
Y paró en sus intentos al no haber cumplido su cometido. Apretando los labios.
Su dermis se sentía muy suave.
Soobin por otro lado estaba tan emocionado. Su travesura había resultado.
No se dio cuenta como es que la hora se había pasado tan rápido. Pero no le importaba. Después de todo, parecía que estaba pasando San Valentín con su padre, y todo era alegría.
Hasta que...
—Soo, por favor, hay un texto copiado en mi teléfono. Mándale ese mensaje al correo de tu mamá. Con urgencia. Ahora vuelvo, ¿sí?—le sonrió tomándole del hombro, para ir de manera apresurada dentro de la tienda, confiando en su menor hijo.
—Claro que no, papi. ¿Cómo firmaría mi propia sentencia?—soltó una risa.
Como había sospechado, el texto copiado era una invitación a un hotel lujoso. El mensaje dirigido a su madre.
Por lo que rápido y ágilmente, con una sonrisa en los labios, borró el mensaje y guardó el teléfono en su bolsillo.
Volvió su padre y con eso su felicidad.
—Soo, vamos. —tomó su mano llevándolo al auto, el menor dejándose hacer.
Ya en el carro, y en camino al hotel junto a las cosas que el mayor había comprado para decorar la habitación, Yeonjun decidió preguntar.
—Soobin, ¿hoy no la pasarás con tu novio?
—No. Es por eso que acepté ayudarte en primer lugar. —mencionó simple, al tiempo en que abría su helado.
—¿En serio?... que raro. Siempre se la pasan juntos. —afirmó, mirando de inmediato y con molestia, las marcas que con obviedad no había pasado por desapercibido desde que vio a su menor.
—En realidad... te contaré luego porqué no estoy con Huening.—lamió lentamente el pedazo de hielo. Choi no entendió a lo que se refirió, y quiso preguntar de no ser porque su hijo comenzó a lamer su dulce.
Volteó de inmediato al frente. No podía imaginarse eso. No.
Ya estando en el estacionamiento del auto y sacando las cosas compradas junto a su menor primogénito, se dirigió a la habitación reservada de hotel.
Y entrando al ascensor, estando aburrido, decidió recorrer el cuerpo del contrario de abajo a arriba, examinándolo.
Inconsciente, sus ojos se quedaron en su voluminoso trasero, y se mordió el labio, sin embargo su voz lo interrumpió en su observación cuidadosa.
—Yeonjun, ¿los chocolates no se derretirán?
—Lo dudo...
—Si veo que se derriten, me los comeré.
—Pero son para tu...
—A mamá no le gustaría comer dulces derretidos, ¿o sí?
Y meditó.
—Está bien...
—Sabía que querrías. Gracias, papi. —lo tomó del mentón acariciando con su pulgar aquel lugar, para luego separarse fugazmente, y salir del ascensor el cual abrió sus puertas.
Choi quedando algo anonadado por su acción y apodo. Sin embargo, también de igual manera siguiéndole el paso.
"Papi"
¿Por qué le había gustado tanto que aquella palabra saliera de los labios de su menor hijo?
Minutos fueron en los que tranquilamente comenzaba a poner velas por toda la habitación de manera romántica. Soobin de igual manera, ayudándolo, decorando con pétalos de rosas, esparciéndolas en la cama y piso.
"Todo un maldito escenario de amor."
Puso el aromatizante y a su lado, un jarrón con rosas. Sacó de la última bolsa un paquete de bombones y con cuidado, lo colocó en las almohadas repletas de pétalos.
Se puso en una posición de perrito, su trasero quedando levantado.
Yeonjun acabando de decorar y al voltear a ver cómo su hijo había terminado de ayudarlo, se encontró con aquella vista.
El jean le quedaba muy ajustado. Se podía ver con claridad. Remarcando sus muslos y nalgas.
—Yeonjun, a-ayúdame.
Iba a regañarlo por el llamado, pero ahora ya ni le importaba eso. Solo fue hasta su retoño a ver qué sucedía con él.
Cuando estaba lo suficientemente cerca, Soobin volteó.
—Duele...
—¿Qué te duele, Soo?...—buscó en él alguna herida, preocupado. Colocó sus manos a los lados y a la altura de sus hombros.
Técnicamente quedando acorralado en la cama.
—Aquí.—subió su camiseta y bajó un poco su jean. —Duele mucho.
Tragó saliva y consultó.
—¿En dónde exactamente?...
—E-En el vientre, Yeonjun.
El porqué estaba enamorado de su padre tenía una explicación profunda.
Al estar todos los días encerrado en su oficina, no sólo había perjudicado su matrimonio, sino también la relación de padre e hijo que tenía con Soobin. Toda su vida el menor teniendo a empleados y profesores a su cargo. Nunca Yeonjun pasando tiempo con él.
Soobin comenzó a ver al mayor con otros ojos.
¿Si es que estaba mal?, ni le importaba.
Después de todo era un adolescente de 19 años. En cambio Yeonjun no. Tenía 39.
Pero... tal vez ahora no tenía en claro todo.
Porque comenzó a acariciar suavemente su vientre con obvio inexistente dolor, tratando de calmar a su pequeño.
—¿Así está bien, Soo?
Si era sincero. Creía que su rebeldía se debía a que nunca lo había tratado como a un hijo.
Y era cierto.
—M-Más... más abajo.
Se mordió el labio inferior suavemente.
Desabrochó un botón de su ajustada prenda. Y otra más. Su ropa interior negra, notándose con claridad.
Y sus manos se dirigieron más abajo.
—¿P-Podrías abrazarme? d-de verdad duele m-mucho...
Nunca había oído un tono así de nervioso de parte de su pequeño. Pero de alguna manera, no rechistó, en cambio solo acató su pedido.
Abrazó a Soobin. Su suave mano tomando después, la suya, y guiandola hasta su cintura. Yeonjun, alarmado, trató de quitar su agarre.
—También... me duele ahí...
Ah. Eso.
Y con recelo, comenzó a acariciar.
Su pequeño era tan suave y cálido.
—¿Realmente... te duele todo?
—S-Sí.—enrolló sus piernas alrededor de la cintura contraria. Y no pudo soportar el ambiente bochornoso e íntimo que comenzó a formarse con su hijo. Por lo que se separó bruscamente. Soobin habiéndolo anticipado, y tomándolo del brazo.
—Yeonjun.
—Soobin, no me llames así.—aturdido dijo. —Te daré dinero para las pastillas que necesites. Pero tienes que irte, tu mamá vendrá en...
—¿Yeji? ¿te refieres a ella?
Se relamió los labios. Para luego querer regañarlo, su hijo antes interrumpiéndolo.
—Aunque le hubiera llegado tu mensaje, mejor dicho invitación a tener sexo, —Yeonjun quiso de nuevo regañarlo. —ella no vendrá.
—¿Qué? ¿No le enviaste el texto copiado?...
Puso un dedo sobre sus labios.
—No, papi. —se quedó estático.—Es que... ¿quién prefiere estar con un hombre ocupado y aburrido, que estar con un amante de ensueño, millonario y divertido?
No entendía a lo que se refería. ¿Acaso estaba insinuando que...?
—Ahora mismo, mamá está haciendo el papeleo para el divorcio, mientras que tiene sexo con el jefe de tu empresa rival.—comenzó a desabrochar su camisa. Yeonjun solo estaba aturdido por toda la información.—Y si no me crees, Yeji no responderá a ninguna de tus llamadas.
Todo tenía sentido.
Que el hecho de los cambios de actitud bruscos de su esposa y su ausencia constante en la mansión, eran nada más y nada menos que las pruebas de su infidelidad.
Su pecho trabajado comenzó a notarse.
—¿Pero sabes...?... a mi... a mi me gustaría estar con ese hombre ocupado y aburrido...—lo jaló de la muñeca, Yeonjun quedando encima suyo sin aplastarlo. Solo se dejó hacer.
¿Era lo que creía?
Quedaron cara a cara.
—Yeonjun, yo... nunca tuve novio. —tomó sus mejillas y lo acercó más. Sus narices rozando. El mayor ya no estaba pensando correctamente.
¿Cómo que nunca tuvo novio?
—Nunca, Junnie.—el contrario tragó saliva por el apodo.
¿Y aquellos chupetones y marcas?
—Maquillaje.
Cuando sus labios rojos e hinchados delataban el que se había besado con su novio.
—Si soy sincero, hay veces en las que nos besamos. Pero Huening no me gusta.
Formó una mueca en disgusto.
Las noches en las que estaba ausente. Las múltiples cajas de condones.
—Solo iba a dormir con él. Todas las cajas de preservativos se las regalaba a Beomgyu...
Pensó que... era un mal padre al tener celos de su propio hijo al tener pareja. Pudo ser lo normal, puesto que un papá siempre era receloso con sus retoños. Pero no.
Ahora no sabía que estaba haciendo.
¿Por qué tomaba fuertemente de la cintura a Soobin, su hijo, mientras lo besaba y mordía sus labios?
Este jadeando. Agitado por haber sido besado sorpresivamente.
Se dirigió a su cuello, besando con frenesí.
—A-Ah, ¿q-qué haces, Junnie? —peinó sus cabellos animándolo a seguir. —¡A-Ah! — retorciéndose. Miles de veces había imaginado un encuentro sexual entre su padre y él. Pero definitivamente era una fantasía el que él estuviera tomando la iniciativa.
Mordió su piel. Enojado, posesivo y ya ensimismado. Importandole una mierda que a quien estuviera besando fuera a su propio hijo. Y de igual manera que fuera un hombre adulto heterosexual.
—Las rosas... s-son mis favoritas. Pero... mamá tiene una alergia c-con ellas. —alcanzó una rosa que estaba por ahí en la cama y la apretó con una mano.
Yeonjun se había encargado de quitarle las espinas. Se había esforzado, tanto... pero era demasiado tarde. Y eso lo frustró.
Pero le molestó más el hecho de que su hijo le hubiera mentido con aquel novio falso, que con que su esposa le había sido infiel.
Inaceptable. Todos esos días de pesadillas. Sin poder hacer nada. Ni mierda.
Todos aquellos días en los que regresaba a la casa con chupetones y mordidas. Doliendole la espalda. Señales de que "había tenido sexo" con su "novio".
Torció los labios en disgusto. Hasta en eso le había mentido. Después de todo parecía que todo estaba destinado a arruinarse desde esa confesión de las flores.
Apretó el tallo de la rosa. Y cerró los ojos fuertemente, jadeante, al sentir los dientes de su papá morder su cuello con fuerza.
Se separó con un hilo de saliva uniendo su unión y labios. Y se relamió los belfos al ver que su menor comenzaba a quitarse la camiseta con apuro.
Recuerda que... la última vez que tuvo sexo fue hace... 6 meses. Medio año.
Soobin nunca. Solo fingía todo el tiempo hacerlo. Pero ya no le importaba su debida preparación. Después de todo había estado practicando con un falo de plástico durante el tiempo en que fingía tener un novio.
—Eres un niño malcriado.
—Lo soy. —al fin su torso estaba desnudo. Sus pezones erectos notándose. Su padre ahora acercándose, y lamiendo suavemente aquellos botones hinchados.
—¿Por qué?
—A-Aparte de ser un adolescente c-con crisis existenciales cada cierto tiempo... podría decirse que... m-me gusta C-Choi Yeonjun, y e-estoy celoso de mamá.
Se quedó quieto. ¿Qué?
—No pares, p-papá.—y le hizo caso. Mordiendo ambas sensibles protuberancias.
Subió su lengua desde su tetilla hasta su cuello.
—M-Me importa una mierda el hecho de que seas biológicamente mi padre. Porque para mí, no lo eres.
A cualquier padre normal promedio aquella confesión le hubiera dolido. Pero a Yeonjun...
—Para mi tampoco.—besó su pezón ahora rojo e hinchado. —Para mi tampoco eres mi hijo.
... solo le había provocado felicidad.
Nunca había estado junto a él en su infancia y pubertad como un padre normal.
Para Soobin, Yeonjun era un hombre adulto sexy que vivía en el mismo techo que él y para Yeonjun, Soobin era un adolescente rebelde, malditamente lindo y atractivo.
—Si es así, e-entonces fóllame. —bajó su pantalón completamente. —P-Por favor.
"Fóllame"
Sexo. Tener sexo con su hijo.
Estaba mal.
—No puedo...
—Acabas de besarme, dejarme chupetones y l-lamer mis pezones. ¿P-Por qué no podrías?
—Porque no puedo, Soobin. Esto está mal... —se separó alarmado. Cayendo en cuenta de la realidad.
Se mordió el labio. Debió de imaginarselo.
—Solo esta vez. N-No volveré a pedirte hacer esto de nuevo. P-Pero hazme tuyo solo una vez. —suplicó.
De todas maneras, el hecho de que lo había besado él primero, dejaba mucho de que hablar.
—¿Solo esta vez?—dudó.
Algo que ni debía de hacer. Dudar.
—Solo esta vez... —asintió.
Tal vez... podía cumplir su capricho. Por primera y última vez, se prometió.
Igual. Ya estaba necesitado. Y la falta de sexo por tanto tiempo lo había afectado al punto en que ahora tenía una erección con tan solo besar a su menor.
—Está bien.
Formó una sonrisa de hoyuelos.
—Estuve esperando esto por tanto tiempo... —mencionó con un tono de voz bajo. Para luego tomar de la corbata a su padre, y besarlo. Le siguió el paso.
Acarició su cintura e hizo el ademán de quitarle la ropa interior. Soobin dejándose hacer por completo. Llevó su rostro hasta su cuello y comenzó a hacer chupetones.
—Asegúrate de romperme en dos, papi. Si va a ser la primera y última vez... entonces que sea inolvidable.
Se mentía a sí mismo. No quería que fuera la última vez.
Por otro lado esas palabras encendieron algo en Yeonjun, que solo le provocó algo.
Le quitó por completo aquella última prenda. De su bolsillo sacó el condón que supuestamente iba a usar con su esposa y de inmediato rompió la bolsita que lo protegía.
Soobin mientras tanto introdujo dos dedos de forma abrupta en su entrada, soltando un dulce gemido. La punta de su miembro dolía al estar presenciando a su hijo completamente desnudo, y al estar escuchando aquellos jadeos que no paraba de soltar, excitado.
Se quitó la camisa en rápidos movimientos, dejándose semidesnudo. Su menor jadeando al ver su cuerpo tan trabajado.
No soportaba más. Soobin peor. Apegándose a su retoño, su rostro se hundió en la unión de su cuello, aspirando de nuevo el perfume que se había rociado. Quitó sus dedos, dirigiéndose a sus mejillas.
—Papá, s-soy virgen. A-Así que no seas brusco hasta que me acostumbra bien, ¿sí?
¿Por qué le excitaba tanto que le dijera "papá" o "papi"?
Se mordió el labio. Y se quitó lo que le restaba de ropa, tomando su propio falo y empezando a masturbarse.
—Bien. —besó suavemente sus clavículas hasta su mandíbula.—Lo seré, Soo.
Claro que no.
Apegó su miembro a entrada y Soobin gimió. Con las mejillas totalmente rojas y con los labios entreabiertos, soltó un suspiro. Enrolló sus piernas, sintiendo claramente la longitud rozar el inicio de su cavidad.
De verdad aquello estaba pasando.
Sintió sus labios besarlo otra vez. Sus tibios belfos embriagándolo como nunca.
Aquel sentimiento. Que ni con su esposa había sentido. Metió la lengua, la sacó para lamer su labio inferior, mordió y succionó. Todo.
Y cuando Soobin estaba tan ensimismado por la atención recibida en la boca, jadeó al sentir la punta hinchada de su padre entrar en su entrada.
—Y-Yeonjun... ¡Y-Yeonjun!—lo abrazó fuerte del cuello al sentir la mitad de su miembro dentro de él.
—Esto es por ser un mentiroso.
—E-Espera... ¡¡a-ah!!—gimió agudo al sentir toda la extensión en su interior.
—Y esto por ser un malcriado.—Soobin sonrió en grande con una mueca combinada de dolor. Le estaba gustando tanto aquel trato.
Si tal vez no hubiera tenido experiencia en montar miembros de plástico no hubiera pedido más contacto.
—M-Más... q-quiero más, Y-Yeonjun.
Una embestida fuerte. Y otra. Y otra.
Y más a continuación.
—¡A-Ah! ¡ah! ¡p-papá, n-no tan f-fuerte!—su rostro estaba deformado en placer. Sus labios entreabiertos y derramando saliva. Sus uñas fuertemente clavadas en la espalda fornida de su mayor progenitor.—¡Uh! ¡s-sí! ¡p-papi!
Jadeaba desesperado. Por el cuarto oyéndose fuertes palmadas. Sus muslos chocando contra su trasero.
El estrecho agujero rosa de su hijo era la mejor cosa que había sentido en sus años de matrimonio. Apretado, caliente y más que nada, lo que lograba excitarlo de más, eran las súplicas de su indomable hijo adolescente, de que se detuviera en penetrarlo bruscamente, haciendo él todo lo contrario. Sus dulces gemidos. Su estrecha cintura. Su olor empalagoso. Cuando le decía papi o papá.
¿Solo esta vez?
Realmente no quería.
—Yeonjun... Y-Yeonjun... v-voy a venirme... m-me correré con papi f-follándome duro...
Soltó un gruñido. Salió bruscamente. Y cuando Soobin estaba a punto de reclamar, su ascendiente habló.
—En cuatro.
De inmediato accedió. Su trasero quedando expuesto. Y gimió al sentir la lengua tibia de su padre lamer su entrada. Sus mejillas sonrojaron fuertemente, se sostuvo de las sábanas.
Visualizó la caja de bombones que yacía en las almohadas. Sonrió contento.
Su mamá realmente dejó ir un pez grande.
"No te preocupes, mami. Yo atenderé a papi como tú nunca lo hiciste."
Su padre tomó una nalga apretándola fuertemente y apartándola para tener más acceso a su hoyo dilatado. Gimió sonrojado.
"Le haré de todo, todo lo que pudiste hacer pero no quisiste. Haré a papi ver las estrellas como se merece. Y-Y lo haré..."
Mordió un glúteo para luego besar de nuevo el inicio de su cavidad.
"...p-porque lo amo."
Su progenitor metió su lengua en su dilatada entrada y húmeda de líquido.
"¡A-Ah!, y es increíble en el s-sexo, ¿Cómo pudiste dejarlo?, aunque me conviene tanto. M-Mierda, ¿a quién engaño?, gracias por dejar-"
Sus pensamientos se vieron interrumpidos.
Achicó los ojos y arrugó las cejas al sentir dos dedos suyos meterse en él y comenzar a hacer tijeras. Movió las caderas en señal de querer más contacto, y soltó jadeos placenteros por la estimulación.
—Y-Yeonjun, entra y-ya... metémela a-ahora... p-por fa-
Soltó un suspiro al sentir su glande deslizarse en sus nalgas.
—S-Sí... a-así... —llevó sus dedos hasta su propio trasero, apartando un glúteo para que su mayor tuviera mejor acceso.—E-Entra...
Sin esperárselo, Yeonjun tomó su brazo llevándolo atrás e ingresó de una sola estocada. La punta de su pene yendo directo a su próstata coincidentemente. Haciendo que el de hoyuelos chillara excitado y aturdido.
Se sujetó de su cintura fuerte y bastó con un par de embestidas más para sentir como este lo apretaba más de lo normal y por consecuencia se corrió. Manchando de semen la pulcra sabana.
¿Tan rápido?
Soobin solo gimió por última vez, con una capa de sudor en la frente que provocaba que hubieran tiras de cabello en su frente.
Y sí. Gimió por última vez... en aquella primera ronda.
Luego de algunas embestidas más, su padre también eyaculó. Obteniendo el orgasmo de igual forma. Y sintiéndose tan libre e increíble que... Olvidó el trato.
Corrección. Olvidaron el trato.
"Solo esta vez"
—¡Sí! ¡j-justo ahí, Y-Yeonjun-ah! —tomó su miembro y comenzó a masturbarse, el pene de su padre deslizándose con libertad dentro suyo. En una posición en donde Yeonjun estaba bajo suyo y él encima, pero de igual manera recostado.
Una segunda ronda acabó con otro orgasmo de parte de ambos.
Cambiaron otra vez de posiciones.
—Yeonjun-ah, ¿te gusta así? ¿debería de continuar? ¿papá lo prefiere de otra forma? —dijo en un puchero al mismo tiempo en que masturbaba el venoso miembro de su progenitor.
—Lo e-estás haciendo m-muy bien.—tomó sus cabellos, acariciando. Mordía los labios en señal de que la hábil mano de su hijo lo estaba haciendo delirar.
—Mgh, mgha.—mirándolo a los ojos, su boquita ahora comenzaba a tragarse todo su largo. Yeonjun jadeó.
Luego chupó sus testículos. Lamió su glande. Al correrse tragó todo su semen.
Dejó que se corriera en su cara, que se lo follara en las posiciones que se le ocurriera, que lo avergonzara y castigara, que lo besara y dejara heridas en los labios. Que le haga chupetones y mordiera por todo el cuerpo, que manoseara y besara cada rincón suyo.
Y.
Cabalgando a su mayor con frenesí, sonó el teléfono.
El pelinegro mayor se alarmó, y el de hoyuelos sonrió.
Yeonjun sin ni siquiera habérselo permitido, tomó el aparato. Contestando. Lo colocó en altavoz.
—Yeonjun, quiero el divorcio. Estoy harta de ti, y nuestro matrimonio ya no tiene solución. Así que no quiero volver a verte en mi vida nunca más. Ah, y por cierto, el de Park Company es increíble en la cama. Ya no te necesito. Sobre Soobin, suerte en criar a ese mocoso malcriado. Tampoco quiero saber de él.
"Ni siquiera un "Hola". Que falta de respeto.", pensó el menor.
Yeonjun formó una mueca. Con que todo era cierto...
Y aunque le afectó un poco recibir aquella noticia, ahora solo quería sentir más del estrecho interior de su hijo.
No iba a responder nada e iba a cortar la llamada, pero Soobin se adelantó.
—¡Ah! ¡ah! ¡ah! ¡Yeonjun-oppa! ¡me l-lo haces tan bien! ¡t-tu pene es t-tan grande que creo q-que me quedaré coja! —Soobin agudizó la voz, imitando una voz femenina. Y gimiendo exagerado. Al tiempo en que volvia a auto-penetrarse, los golpes provocados por el choque de pieles oyendose.
Yeonjun quiso reír pero solo tragó saliva al escuchar a Yeji.
—¡¿Qué mierda?! ¿¡acaso es por esa zorra que me cambiaste?!, ¡todo tiene sentido, jódete bien, Choi Yeonjun! ¡Maldito infiel de mierda!
Cortó la llamada.
—Pero si fue ella quien te engañó primero. —soltó una risita, sujetándose de los hombros fuertes de su padre para volver a bajar sobre su erección.
—No vuelvas a hacer eso... —tomó su cintura suavemente.
—¿Hacer qué, papi? Si te hice un gran favor. Deberías de ser un poco agradecido, ¿no?—se acercó a su rostro.
—No así, Soo...
—Hm.—las manos de su padre tomaron sus mejillas para acercarlo y después recibir un beso en los labios. Se embistió solito otra vez.
Yeonjun soltó un suspiro. Soobin de vuelta iniciaba el vaivén.
En esa noche su retoño le había hecho de todo. De todo.
Y no era suficiente. Se estaba volviendo adicto a su hijo. Su cuerpo, caricias, labios, palabras...
Todo de él era como una droga.
No quería que fuera la última vez. Para nada. Ninguno quería que fuera la última vez.
—Soobin...
—Ah, ah, ah, ¿q-qué, papá?
—Que no sea la última vez.
—¿A-Ah?
—Que esto, que esto... se vuelva a repetir.—musitó. Cerrando los ojos y apretando los labios. Nervioso por su respuesta.
Sonrió con las mejillas rojas.
—Es o-obvio, Yeonjun. ¡A-Ah!, no creías que sería t-tan fácil librarte de mi, ¿n-no?, a-ah...
Lo debió de imaginar. Con él no funcionaban las promesas. Porque era un adolescente rebelde.
Y quiso reír. Aquello le alivió.
Pero...
¿Sería un secreto?
—Un secreto entre tú y yo, papi. Entre tú y-y yo. Umgh.
Desde aquel momento. Sí.
Solo era el comienzo de un amor prohibido y excitante. Prejuicios de la gente, prensa, encuentros clandestinos, secretos y papeleo legal. Sin embargo, tal vez... la vida aburrida y monótona que Yeonjun llevaba daría un giro de 360 grados gracias a su hijo menor. A su menor hijo rebelde.
Y.
Todo por la fallida sorpresa para mamá.
—Entre tú y yo. —tomó sus mejillas para apresar sus labios suavemente.—Soo.
Fin.