Hombre invierno
La primera vez que lo ví la gente lo llamaba el niño de invierno. Vestido con harapos que lo protegían del frío y tapaba su rostro; caminaba junto a un perro, dos caballos y un burro que arrastraban consigo las carrozas donde cargaba todo lo que compraba.
—¿que tiene? —pregunto el niño que asemejaba mi edad en aquel entonces.
—¿que busca? — pregunto mi padre.
—todo —contesto, y en menos de media hora compro todo lo que se podía comprar, pago dejando una buena propina antes de pasar a la casa de enfrente y hacer lo mismo cargando encima de su carroza.
Eso fue el primer día de invierno yo apenas estaba por cumplir los 6 años y desde entonces, el primero de cada invierno llega al pueblo, pregunta en cada casa, local, o puesto y compra todo lo que estés dispuesto a venderle para después desaparecer en el bosque hasta el próximo año.
Con el tiempo hubo rumores sobre el niño y su sin fin de dinero, naciendo dudas alimentadas con miedo, "todo aquel que mire su rostro le espera algo peor que el infierno" no sabía el poder de aquellas palabras hasta la próxima vez que ví al niño de invierno a la edad de 9 años.
Mis hermanas nuevamente se peleaban por descubrir quien era la mallor y cada vez que discutían siempre la mallor pasa a ser la otra, supongo es algo en lo que solo las gemelas podían participar «estoy satisfecha siendo la menor» pensaba justo cuando escuché una puerta ser tocada.
Rápidamente corri a la ventana y desde el piso de arriba pude ver al niño de invierno llamando a la puerta de la vecina, él ya había crecido un poco al igual que yo pero su cambio era mucho más notorio ahora tenía pantalones y no solo trapos sucios, aunque no dejaba de cubrir su rostro.
Mientras lo veía la puerta se empieza a abrir y el niño sin perder tiempo saca de su bolsillo un puñado de monedas listo para comprar lo que le estuvieran vendiendo, más lo único que recibe fue un baldado de agua fría que lo arroja contra el suelo y la nieve que recién se empezaba acumular.
Los ladridos del perro furioso hacia la casa de la señora no sirvieron de mucho, en cuanto al niño el solo tomo el trapo que se le había caído y sin molestarse en escurrirlo cubrió con el su rostro nuevamente evitando que alguien viera su cara.
—no sabía que la señora Gladys fuera tan desalmada —dice Camelia que sin darme cuenta se había colado al lado mío.
—pues bien merecido lo tiene, que tal que le eche una maldición —agrega Amaranta —escuche que convierte a la gente en animales y los vende, así consigue todo ese dinero —
Aquella historia de terror se volvió más importante, larga y aterradora cada vez que aquel niño volvía al pueblo.
La próxima vez que lo ví yo estaba por cumplir los quince años y mis hermanas estaban decididas en conseguirme un novio lo más pronto posible, apesar de que nunca ví a ninguna tener uno.
—deberian preocuparse por conseguir uno ustedes primero, son mayores —estaba diciendo y rápidamente soy interrumpida por Camelia.
—si, si, si ahora cállate y dime qué opinas de una cita con Vicent —
—esta bien acomodado pero es muy feo, no tiene nalgas y está muy gordo toda esa grasa está mal posicionada — respondo causando una leve risa en las gemelas.
—te lo dije ella jamás saldría con alguien como Vicent, pero que tal Joseph — me propone Amaranta y me lo pienso unos segundos.
—mmm no. No quiero vivir bajo un puente cuidando sus lindos hijos —
—ay tu tampoco te conformas con nada —
—por que debo de conformarme soy linda y adorable, como yo no hay dos a diferencia suya —y tan pronto digo eso ambas me agarran de las orejas y nariz obligandome a retractarme.
—te volviste muy descarada últimamente— dice Amaranta soltandome, seguido de limpiarse su mano en mi falda
—por suerte nosotras tenemos cierto par de cosas que usted no— señala Camelia alzando sus voluminosos escotes.
«eso si que dolió» pensé mientras me tragaba mi orgullo
—ya van a crecer— fue lo único que pude responder.
En eso uno de los solteros del pueblo llega junto a nosotras acomodándose pegado mío.
—hola señoritas, espero no estar molestando con mi presencia—
«Oliver, molestas solo con ser nombrado»
—no claro que no —le respondo con un tono suave y delicado.
Él sin dudarlo y con la confianza de los guapos pasa a estar frente mío y tomar un mechón de mi cabello para acariciarlo.
—y de que estaban hablando —
«que alguien me lo quite»
Antes de siquiera responde veo a mis hermanas detrás de Oliver haciendo señas y alzando sus pulgares.
—ay que es eso —digo señalando a cualquier lugar y tan pronto como el voltea saco mi lengua con asco, anten la idea de tener a este tonto entre mis pretendientes.
—ey fenómeno —grita al ahora llamado joven de invierno.
Al parecer dicha coincidencia apunte en su dirección sin saber.
Oliver pavoneandose arrojando una piedra que golpea en el rostro al ahora ahora bien vestido con un traje elegante y un velo de color negro que tapaba muy bien su rostro que si no fuera por aquel pedrada mi mirada no ubiera chocado con aquel ojo negro azabache y una pupila de rojo intenso, unas ojeras enormes que resaltaban en su piel grisasea y muerta.
Antes de darme cuenta quedé paralizada sin darme cuenta que Oliver y mis hermanas ya se habían echado a correr, pero tan pronto reaccione seguí detrás de ellos.
Pasadas las horas regreso a casa sola pues no volví a encontrarme con ellos, viendo en la entrada a mi padre de pie y un rostro tan molesto que me hicieron replantear el volver.
con tan pocas opciones me armo de valor y camino esperando que no fuese conmigo el problema, pero la forma en que sus ojos se centraron en mi presagiaba mi cruel futuro.
—pasa —esa palabra era todo lo que se necesitaba para que mis pies se negaran a avanzar con unas enormes ganas de llorar sin siquiera haber pasado —pasa —
«no lo repitas una tercera»
Cómo aquel que camina hacia la guillotina me armo de valor y cruzo el umbral de la puerta encontrando a mis hermanas de rodillas en el suelo con sus manos en alto cargando una pila de libros y junto a ellas otra pila más esperaba mi regreso.
Ni siquiera me moleste en preguntar solo camine junto a ellas y acepte mi destino.
—bien, díganme que hicieron el día de hoy —pregunta con su tono vivas que resaltaban lo molesto que estaba.
—solo salimos a tomar aire y hablamos un poco, nada más —dice Camelia quien ya temblaba sus brazos.
—ya veo —dice quedándose en silencio y esperando.
—nos encontramos con Oliver pero solo hablamos un momento y después se fue — sigue Amaranta, mi padre en silencio coge unos libros más de su estante y nos lo coloca a cada una.
—Oliver, el insufrible idiota, ya veo—
«bien echo Amaranta nos condenaste»
—Oliver le tiró una piedra al joven de invierno, él solo —digo mientras me balanceo de derecha a izquierda por el peso.
—ya veo, que curioso la madre de Oliver me contó que ustedes le pidieron que lo hiciera —
«lo mato»
—ustedes tres presten atención, se dice muchas cosas desagradables de aquel joven de invierno y no quiero que ninguna sea la protagonista de la siguiente barbarie que se hablara —dice nuestro padre —acepto que entre aquí por qué necesitamos el dinero aún así no quiero verlas cerca de aquella persona nunca mas —
Aló que nosotras se lo prometemos. Y dicho eso con la mayor de las calmas saca un reloj de arena y lo pone frente nuestro.
—cuando se acabe el reloj se acaba su castigo— dice para después salir dejándonos solas contando los granos que caían.
Dos años después recuerdo solía ir al bosque con un libro y estudiar a los insectos, hongos o plantas que ilustraba entre sus páginas.
El inicio de invierno hacia un trabajo imposible el encontrar algo interesante pero nunca se perdía la esperanza de encontrar algo.
—¡¡Anahi!! —grito mi padre desde la casa, tome mis cosas para partir hacia mi llamado.
Llegué a casa dejando sobre la mesa la canasta con las pocas yerbas que encontré.
—la comida ya está lista —dice mi padre invitando me a la cocina mientras revisa mi botín —¿esto es todo lo que encontraste? —
Le respondo mientras me sirvo de lo que hay en la olla —¿si tenemos suficiente para vender al hombre de invierno? —
—¿hombre? —se pregunta Amaranta.
—si, ya la gente considera que seguir llamándolo joven no es apropiado, ahora es todo un hombre —
—sea lo que sea el invierno se acerca — en silencio observa el almacen y solo respira.
—que rica está la sopa —dice Camelia absorta de la conversación ganándose miradas de sus hermanas —¿Que? Si estamos tan mal busquemos un marido adinerado para Anahi ya casi cumple los 17—
Al escuchar su propuesta rápidamente me pongo en mi papel de inocente y compasiva. —yo no sé si podría, pero mis hermanas ya casi están por los 20 no sería mejor buscarles a ellas —digo prendiendo el fuego de una discusión que mi padre apaga con un simple "silencio"
—no se tienen que preocupar por el dinero ni nada por el estilo. en cuanto al matrimonio, "quiero que conozcan lo que es el amor al igual que hice yo a su edad" fue lo que dijo su madre y voy cumplir ese deseo —
pasadas las horas aquel hombre llegó compro y partió pero lo poco que teníamos para vender no sabíamos si sería suficiente para todo el invierno.
Llegada la noche las gemelas yo estábamos acostadas en la cama sin poder dormir.
—¿Anahi por qué no has elegido esposo todavia? —pregunta una de las gemelas, en la oscuridad no estoy segura de cual es cuál.
—no empieces con eso o yo también podría hacerlos la misma pregunta—
—por que todos los hombres que se nos acercan solo lo hacen para preguntar por ti— responde la otra dejando un nudo incapaz de decir algo más —no te culpamos, eres bella y ellos tontos, en cierto modo no podemos quejarnos —
En silencio solo me volteo y trato de dormir.
Poco a poco el invierno continuo más salvaje que de costumbre, el almacen cada vez más vacío y la tormentas más feroces. Mi padre se veía nervioso cada día que pasaba pero siempre respondía con su voz serena de cuando todo estaba bien y como si un milagro se tratara por la ventana aquella paloma blanco picoteaba para entrar.
Rápidamente habro y cierro dejando entrar al pobre animal observando como cargaba en su pata una nota.
Para el yerbatero del pueblo
«para papá» pensé y sin sospechar se la pase.
Para el yerbatero del pueblo .
"Te escribo yo, aquel quien llaman invierno.
Hoy requiero tus servicios lo más pronto posible, siguiendo a la paloma que te entrego el mensaje llegarás donde me encuentro.
Si cumples tu trabajo Puedo asegurar que serás bien recompensado"
—no —digo al unisono con mis hermanas al escuchar el contenido de la carta pero mi padre no presta atención.
—¿donde está la bolsa de viaje? —pregunta más enérgico de lo que había estado todo el invierno.
—no vas a ir — reniega Camelia pero el no se detiene y sigue buscando.
—no aclaran que tipo de situación aguarda así que tengo que llevar un poco de todo —
—que tal si te convierte en cerdo y te vende por kilo —dice Amaranta siendo ignorada de igual forma.
—tampoco dice cuál es la recompensa así que puede que traiga regalos, pronto será tu cumpleaños Anahi —
—entonces quiero que no te vallas, tu mismo dijiste que dicen cosas muy malas sobre él —
—tambien dije que sus compras eran muy necesarias, ahora necesitamos esto más que nunca —
—entonces quiero una rosa —le digo
—¿en pleno invierno? —me pregunta
—si no puedes entonces no vayas —
—traere las rosas más rojas que puedas imaginar —y sin más se despide con un beso a cada una y parte tras la paloma en medio de la tormenta de nieve sin molestarse en escuchar razones.