•Prólogo
No sé, me siento vacío últimamente. Mi vida no es mala, pero hay algo que no encaja: ver cómo no logro esforzarme por algo que amo.
No soy más que un simple cantante.
—¡¿Qué haré?! Si descubre que mi encanto ha desaparecido, ¿me dejará? Sin duda, esta industria de la música me dejará.
Tranquilo, solo escucha, siente la música de Zokai y deja que las emociones fluyan.
Me hundí en el sofá, permitiendo que la suavidad de la tela envolviera mi cuerpo cansado. Cerré los ojos con fuerza, buscando respuestas en la oscuridad que me rodeaba.
El peso del cansancio se hacía sentir en cada fibra de mi ser, como cadenas que me arrastraban hacia abajo.
¿Por qué seguía cantando?
De repente, una voz rompió el silencio, como un eco distante en mi mente.
—¿Has escuchado sobre el árbol de los deseos?— preguntó el chico de cabello gris, su voz resonando en el vacío de mis pensamientos.
Abrí los ojos con sorpresa, encontrándome con dos figuras borrosas en la penumbra.
—Supongo que como siempre, esto es un sueño, pero ¿quiénes son?. "El árbol de los deseos...", murmuré para mí mismo, dejando que la idea se filtrara en mi conciencia.
—¿Existe algo así? Realmente no creo que sea real —desvió la mirada hacia el suelo.
—¡En serio! No me digas. Sabía que los libros dicen que en el pueblo Corentine, un pueblito escondido en el continente Lattin, existe un árbol de los deseos donde los deseos se hacen realidad.
—También dicen que los que nacen en ese pueblo tienen más suerte de hacer realidad sus deseos y que encuentran tranquilidad con la canción de cuna típica de aquí.
—¿Canción típica? —dijo, incrédulo el chico de cabello negro.
—Hablo de la canción de cuna "Sueño y deseo". No me digas que nunca la has escuchado.
—No.
—Entonces, yo te guiaré y te la cantaré, pero primero déjame curarte esa herida que tienes.
—No tienes que preocuparte por eso, ya estoy acostumbrado.
Una sensación de nostalgia y anhelo se apoderó de mí mientras escuchaba al hombre hablar.
—¿Cómo es posible que lleves esta vida? Camelius dime.
—¿Qué quiere decir? ¿Benjamin...?.
Su pregunta me golpeó como un puñetazo en el estómago, dejándome sin aliento. ¿Cómo podía explicarle la tormenta de emociones que me consumía, la lucha constante entre seguir mi pasión y enfrentar mis miedos más profundos?
El mundo a mi alrededor se desvaneció, dejándome solo con mis pensamientos.. Mis ojos ardían con lágrimas no derramadas, mi corazón pesado con el peso de las decisiones no tomadas.
Pero entonces, una mano cálida y reconfortante encontró la mía, limpiando las lágrimas invisibles y acariciando mi cabello con ternura.
"Todo está bien, Cami", susurró una voz familiar en la oscuridad. Y por un breve instante, me permití creer que tal vez, solo tal vez, había esperanza para mí después de todo.
Nicolás quien es la persona que estaba acariciando el cabello se alejo y empezó a recogerse el cabello con ambas manos, se hizo una media coleta, dejando una parte de su cabello recogido y la otra suelta.
—Pronto comenzará la época de primavera ¿Aún cree en ese viejo mito y su canción de cuna...?
~En el valle de los sueños, donde el viento suave va, hay una roca de cuentos, donde el dolor puede sanar.
—Hace tiempo que no canto una canción de cuna, jajaja. ¿Qué puedo hacer por ti, Camelius, un chico que no sabe qué hacer?
—Soy un idiota, pero solo espero que no haga ninguna idiotez.
—Esta noche habrá un concierto. Supongo que no será malo dejarlo dormir.