El Cordero y El Zorro
¿Has oído sobre que los depredadores cazan a los más débiles? Es un conocimiento común entre muchos de nosotros quiénes tenemos el suficiente intelecto para entenderlo.
Aunque en esta historia, no fue así.
Hace años, en una humilde cabaña de madera y lino en medio de un bosque vivía un joven chico de curiosa apariencia, pues era un chico que parecía humano, pero tenia facciones animales como sus orejas, nariz y sobretodo, su lanudo cabello junto a su lanuda cola.
Este chico vivía felizmente en ese bosque, acompañado de otros animales como el, una civilización tranquila y feliz donde todos convivían pacíficamente, todos los días consiguiendo madera, bayas y admirando las puestas de sol y luna por igual, pues decían que los astros debían ser admirados, aunque no sabían el por qué.
Un dia, mientras este chico conseguía madera junto a su joven hermano, ambos se encontraron escondido entre unos arbustos de bayas un chico que parecia ser como ellos, pero claramente no lo era por obvias razones, mayormente por sus facciones que lo hacían ver como un zorro, un carnívoro.
El hermano intentó huir, pero el chico hizo lo contrario, dejando que su hermano huya, este se arrodilló frente a aquel zorro solo para ver las multiples heridas en su cuerpo, todas parecían hechas por objetos de origen punzo cortante.
Mientras el chico se preparaba para atender a su modo las heridas de aquel zorro, este le interrumpió con un toque suave en su frente y rompió el silencio con una voz debil, pero firme.
- ¿Por qué me estás salvando...? ¿No sabes qué soy...? -
El chico, mirando al zorro con duda, solo pudo responder con un tono timido y bastante joven.
- Te salvo por que estás herido, también se que eres, un chico como yo que necesita ayuda. -
Las palabras de este joven no hicieron más que confundir al zorro, un joven cordero estaba salvando su vida como si no fuera un depredador posiblemente hambriento frente a una presa fácil de cazar.
- Eres...bastante raro -
El chico solo sonrió ante las palabras del zorro, usando hierbas y hojas como una pomada para las heridas mas superficiales.
- No, soy Noah -
El zorro abrió sus ojos por la sorpresa de que su salvador también diera suficiente confianza para revelar su nombre a un depredador, pero decidió simplemente aceptar esto y empezó a relajar su cuerpo para evitar estar tan tenso.
- Bueno Noah, mi nombre es Keb, supongo que es un placer y un agradecimiento por salvarme -
*La fría tensión entre ambos se derritiria con los segundos en los que ambos estuvieran juntos, aprendiendo del otro con cada palabra hasta que la noche llegara*
*Ambos estaban recargados en el mismo arbol, admirando las estrellas y el cielo mismo en silencio, disfrutando de tener algo de compañía en una noche tan hermosa.*
- Yo iré allá algún día -
Dijo Keb rompiendo de forma abrupta el silencio, mirando al cielo y causando la curiosidad de Noah quien se acercó a el hasta que sus cuerpos estuvieran a centímetros de entrar en contacto.
- ¿A dónde exactamente? -
Keb solamente señaló en silencio al cielo, a las estrellas, apuntando a todo lo que su dedo y su vista pudieran alcanzar de los astros y el espacio mismo.
- Allá, a ese mar infinito lleno de lugares por explorar y de aventuras que tomar -
Noah miró al cielo, admirando el extraño deseo de Keb ya que realmente nadie fué capaz de salir de la pequeña roca llamada planeta en la que ellos vivían hasta ese momento, pero decidió guardar sus comentarios para no dañar su nueva amistad ni sus sentimientos.
- Espero que descubras nuevos lugares y amigos, esperaré tu visita, pues aunque quisiera ir contigo...tengo un hermano que cuidar esperandome y seguramente llorando porque no he vuelto -
Ambos se miraron, tristes de qué tuvieran qué separarse tan rápido aunque sabían qué sólo era cuestión de tiempo hasta qué sus caminos tuvieran qué tomar rumbos separados, pues no todas las amistades siguen los mismos rumbos.
Así, con una silenciosa despedida y unas miradas intercambiadas, ambos regresaron a sus respectivos caminos, esperando poder ver al otro en un futuro distante y desconocido.
Un encuentro corto, de pocas palabras y de realmente no conocer al otro más allá de sus nombres pero que para ambos, fué algo memorable y digno de recordar.