Desde el principio

Summary

Inosuke, un pequeño niño que fué encontrado en la montaña por Tanjiro es cuidado por su familia, han sido mejores amigos desde entonces pero todo se complica cuando comienza a tener sentimientos por su amigo pelirrojo. Son familia, o eso se supone.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

INOSUKE X TANJIRO

La nieve había comenzado a caer no hace mucho pero aún así la montaña completa había pasado de un vivo y verde paisaje a uno frío y pesado, pero Tanjiro ya no lo veía de la misma manera que antes, ya no se quejaba por el frío en sus pies o por la falta de vegetación, si no que desde hace poco todo se veía mejor, la antes fría y desolada nieve ahora le parecía muy hermosa, como si una gigantesca y suave sábana blanca hubiera caído y ocultado todo color debajo suyo. Cuando salía el sol podía ver cómo todo a su alrededor se iluminaba y reflejaba la luz que al pasar por los cristales de hielo reflejaba lindos y tenues colores que le hacían sentir una paz inmensa y que le llenaba el corazón de gozo. Dió un gran suspiro al ver esa casita de madera a lo lejos mientras volvía del pueblo, apreciando la linda vista que llegaba a sus ojos y lo llenaba de un sentimiento tan placentero, y es que ahí afuera, justo en la entrada estaba el, esperándolo, la persona por la cual todo a su alrededor se sentía cálido a pesar del frío de la estación.

- ¡Monjiro! - corrió hacia el con una manta en sus manos en el momento en que lo vió acercarse - date prisa y entra, hace mucho frío -

- Gracias Inosuke, eres muy considerado pero no creo que haga tanto frío -

- ¡No seas idiota! Te enfermaras si sigues así, la próxima vez te acompañaré y me aseguraré de que te cubras bien -

. . . . .

“Había una vez, una pantera que encontró un niño humano que se había quedado solo en la selva lejos de casa, sus padres habían perecido bajo las garras de un poderoso tigre de bengala y la pantera, conociendo los fuertes instintos maternales que poseían los lobos lo llevó hasta la entrada de su cueva con la esperanza de que lo adoptaran y criaran como un miembro más de su manada...”

- Pero mamá, los animales no pueden hacer eso, los lobos se lo comerán -

- ¿Eso crees Tanjiro? Te sorprendería lo que una madre es capaz de hacer, ve a dormir ahora, continuaremos con el cuento mañana - la mujer se levantó, arropó a su pequeño hijo de no más de 8 años y se despidió de él con un beso en la frente, y casi al instante en que su madre salió, el pequeño se levantó de un salto hasta la ventana, asomándose para alcanzar a ver un pequeña figura en la oscuridad alejándose, llevaba un tiempo percibiendo su aroma todas la noches antes de dormir, desapareciendo una vez su madre abandonaba la habitación pero esta era la primera vez que lograba verlo mientras se alejaba.

La mañana siguiente, mientras ayudaba a traer agua el pequeño pelirrojo resbaló a la orilla del río y fué arrastrado por la corriente, aún no sabía nadar muy bien y sentía que se ahogaría pronto, casi perdiendo la noción de en dónde estaba pudo sentir un jalón en su pierna que lo arrastró de regreso a la orilla y lo puso a salvo. Exhausto por lo que acababa de ocurrir, miró a un lado y vió una enorme cabeza de jabalí muy cerca suyo, con un cuerpo pequeño que no dejaba de dar vueltas al rededor suyo y lo empujaba con el hocico tratando de hacerlo levantars. Se sentó con un grito y lo vio retroceder un poco, miró bien como se movía y se acercaba ladeando la cabeza para luego quitársela de encima. Eso que llevaba encima era una máscara.

- ¿Eres un niño como yo? - los enormes ojos del pequeño lo miraban curioso pero no parecía interesado en responder - ¿Cómo te llamas? -

- Co-mo... lla-mas -

- ¿No sabes hablar? Yo soy Tanjiro - comentó moviendo sus brazos y señalándose a sí mismo - Tan-ji-ro -

- Mon-ji-ro - bueno, algo era algo. El pequeño se sentó a su lado y le enseñó la sábana en la que estaba envuelto parte de su cuerpo alzando una parte que parecía tener algo escrito aunque era demasiado complicado para él, así que lo tomó de la mano y lo llevó consigo de vuelta a casa, con algo de suerte sus padres sabrían qué hacer.

- No puedes quedartelo, no es una mascota Tanjiro - alegó su padre mientras su madre revisaba la ropa que llevaban puesta, habían llegado aún empapados y temía que terminaran atrapando un resfriado.

- ¡Pero yo lo encontré, debo hacerme cargo de él! ¡Tú lo dijiste papá! - si bien era cierto que en alguna ocasión le dijo eso mismo, había sido cuando llevaba animales pequeños heridos a casa y en un intento de hacerle entender que sus actos tenían consecuencias intentó enseñarle esa lección pero esto era diferente, no era un pajarito con un ala rota si no una persona - él me salvó papá, no puedo dejarlo volver solo -

- Cariño, el nombre de Inosuke Hashibira no parece ser de algún lugar cercano, y tampoco podemos abandonarlo en el bosque a su suerte - la intervención de su linda esposa y el tono dulce que usaba para hablar con él habían terminado por convencerlo delante de un emocionado niño pelirrojo que saltaba feliz, haciendo que el pequeño salvaje a su lado lo imitara sin entender lo que sucedía realmente.

Tanjiro lo llevó de la mano por toda la casa explicándole que era cada cosa, para qué servía, cada habitación como si realmente le entendiera y después lo llevó a tomar un baño juntos, le enseñó a lavarse adecuadamente, a comer con palillos y con el tiempo también a hablar, fué hasta entonces que el pequeño azabache habló sobre lo que podía recordar... un vago recuerdo de la mujer que creía era su madre, con el rostro golpeado y que parecía estar huyendo de algo en medio de una tormenta llena de horribles truenos, lo dejó caer al río con la esperanza de que de algún modo sobreviviera y después una hembra jabalí con sus propias crías lo había encontrado y cuidado como si fuera uno de los suyos, razón por la cual el pequeño temblaba de pavor cada vez que escuchaba un trueno y terminaba huyendo hasta la cama de Tanjiro para acurrucarse y llorar hasta quedarse dormido (aunque con el tiempo no necesitó de ninguna tormenta para escabullirse en medio de la noche hasta su habitación).

Los pequeños habían crecido mientras que otros más nacían, ahora había 5 más de ellos, se había acostumbrado al alboroto pero escuchar a su tío (como llamaba a quien lo crío) preguntar por la aparente novia del pelirrojo lo había hecho atragantarse un poco durante la cena, sabía que al crecer sería inevitable que sucediera pero no estaba preparado para dejarlo ir todavía, después de todo, había caído enamorado de el con el paso del tiempo y aunque había intentado ignorarlo o suprimirlo le era imposible, cada vez que lo veía sonreír o era amable con el su corazón latía desbocado para dejar una amargura y dolor después de repetirse a sí mismo que era incorrecto. Se levantó de la mesa y agradeció la comida para irse antes que todos sin haber terminado su ración lo que era sumamente extraño ya que incluso solía discutir por el último platillo de lo que fuera que comieran. Pero, aunque Tanjiro no había confirmado que tenía novia tampoco lo había negado, y en el fondo eso era lo que le había dolido.

Inosuke decidió entonces comenzar a alejarse del pelirrojo poco a poco, esperaba que la distancia hiciera que al menos sus sentimientos no fueran tan intensos, que no se le escapara un suspiro cada vez que pensaba en el o lo miraba de lejos, que su pecho dejara de doler al imaginarlo caminar de la mano con alguien más o que al menos pudiera disimularlo mejor pero nada parecía funcionar. Siendo cada vez más cortante con sus respuestas cuando el pelirrojo preguntaba si ocurría algo malo, Tanjiro también decidió darle algo de espacio para que pudiera resolver lo que sea que estuviera pasando por su cabeza, su comportamiento a menudo era errático e impredecible, conservando aún algunas prácticas salvajes de su vieja vida en el bosque, haciendo imposible adivinar lo que estaba pensando en ese momento. Nunca antes se había comportado de aquella manera pero esperaría pacientemente hasta que estuviera listo para decirle, o al menos así fué hasta aquella noche de tormenta eléctrica que cada vez era más fuerte.

- Inosuke ¿Estás bien? - no importaba cuántas veces hiciera la misma pregunta, no recibía respuesta alguna. Podía oler el temor del azabache a través de la puerta pero se negaba a abrir o a responder, desesperado, Tanjiro se había quedado sentado al otro lado de la puerta, le preocupaba ese aroma salino que comenzaba a colarse por debajo de su puerta mientras el no podía hacer nada al respecto - no iré a ninguna parte hasta saber que estás bien, así tenga que quedarme aquí toda la noche - un trueno cayó bastante cerca haciendo estremecer el suelo y logrando que Inosuke abriera la puerta, lanzándose a los brazos del pelirrojo mientras ocultaba su rostro en su pecho. Lo levantó y lo abrazó con su brazo derecho mientras que con su mano izquierda le cubría la cara, como si esperara que no ver nada lo tranquilizara, lo llevó hasta su cama donde lo hizo sentarse y lo cubrió con las sábanas, luego se sentó detrás de él, enredándose con el debajo de las cobijas y abrazándolo fuertemente comenzó a acariciarle la cabeza.

- Soy un imbécil - Tanjiro intentó preguntar pero el aroma a sal se hizo más fuerte, trató de girar el rostro pálido frente a él pero se negó bruscamente al tacto - no hagas eso, si te miro, aunque sea un poco no podré decir nada -

- ¿Vas a decirme por qué has estado evitandome? - asintió en silencio mientras tomaba los brazos del otro para apretar el abrazo, estaba temblando y no paraba de lagrimear.

- Sé que hay algo malo conmigo. Sé que no soy una persona normal y que tampoco tuve una infancia normal, pero esperaba llevar una vida normal porque la tía y el tío así lo quieren ¡Pero es que no puedo hacerlo! - se sentía impotente por no poder controlarse y demasiado egoísta por no poder cumplir con su deseo - Tanjiro, en realidad, yo me enamoré hace tiempo pero no puedo hacer nada... no puedo decirlo... no puedo llamarlo... y tampoco puedo amarlo... - de la nada el pelirrojo había girado su rostro para besarlo, inclinándose lo suficiente para que la postura no fuera incómoda para el, enterró su cabeza en su cuello y apretó el abrazo aún más, lanzando un enorme suspiro.

- Por favor Inosuke no lo digas, no lo digas, es demasiado doloroso para mí - ¿Qué estaba diciendo? ¿Por qué sería doloroso para él? - si llegas a irte sin mí estaré demasiado triste para seguir, por favor Inosuke, no me dejes -

- ¡Deja de llorar idiota, estoy hablando de tí! - levantó su rostro de inmediato habiendo dejando mojado su cuello, volteó a mirarlo de frente pero sintió que hacía una mueca extraña y se giró de manera rápida para poder continuar hablando - hablaba de tí... - había hablado sin pensar, ahora su rostro completo se sentía caliente y la vergüenza lo invadía, pero era demasiado tarde para arrepentirse. Sintió un enorme peso que lo jaló hacia atrás cayendo de espaldas a la cama, de la nada Tanjiro se posicionó sobre el con una mirada ansiosa y el rostro completamente ruborizado.

- ¿Significa que puedo quedarme a tu lado? - el azabache miró a un costado y asintió con la cabeza, temía que si seguía mirándolo así terminaría por hacer algo inapropiado. Tanjiro se dejó caer en su pecho, abrazandolo y muy despacio le dijo que lo cuidaría siempre, y que no habría problemas con su familia, sus padres sabían desde hace tiempo lo que sentía por el y la charla de aquella noche había sido uno de sus intentos por darle celos y obligarlo a actuar, eso enojó mucho a Inosuke pero el beso repentino que le robó el pelirrojo lo tranquilizó inmediatamente. Se quedaron dormidos en esa posición, uno al lado del otro en esa noche de tormenta. Desde entonces, los truenos dejaron de asustar tanto al azabache, aunque aún le provocaban algo de miedo pero ahora también le recordaban el día en que el y el pelirrojo niño que lo ayudó de pequeño se habían prometido estar siempre juntos, después de todo, sí se había hecho responsable de él hasta el final.