NEZUKO X KANAO
- Kanao, escucha hija - mamá me acarició la mejilla, su mano fría y su aspecto demacrado me extrañaron entonces, nunca la había visto de ese modo, llena de heridas y cortadas por todas partes - encuentra a esa persona especial cariño, así podrás ser feliz - los médicos me sacaron rápidamente de la habitación de hospital, su corazón había dejado de latir pero aún así, no sentí nada.
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Era uno de esos días aburridos, no había mucha gente en la tienda y tenía suficiente tiempo de sobra para hacer tarea y limpieza en el lugar, los días entre semana eran tan aburridos ahí a pesar de ser una sex shop, cosa que al principio pensó sería diferente pero ya estaba acostumbrada a eso y solo trabajaba medio tiempo porque sus hermanas mayores no estaban y era mejor así, solían hacer bromas sobre si no le interesaba algún producto para regalarselo o que podría ser el sujeto de prueba de los productos nuevos, así podría dar opiniones personales a los clientes inexpertos en vez de solo repetir las reseñas que algunos dejaban en su página, algo que aparentemente la tenía sin cuidado. Kanao solía ser una chica seria, callada y que siempre obedecía así que nunca lo decían como una orden, más bien era una forma de intentar hacerla reír.
La campanita de la puerta sonó y entró una chica de piel pálida, cabello largo y ojos rosas, bastante claros a decir verdad, sabía que la había visto en la escuela pero no estaba segura de en qué clase, se dirigió al mostrador y dijo haber hecho un pedido en internet a nombre de Nezuko, la miró un poco antes de salir de la tienda, tal vez también la había reconocido.
- Así que eras de la clase D - le dijo una vez regresaba de la cafetería, se habían topado de frente en el pasillo al día siguiente y sin pena alguna le había hablado pero la joven completamente avergonzada la tomó del brazo llevándola directamente hasta las escaleras mas vacías que había encontrado en ese momento.
- Por favor, no digas que estuve ahí, mi hermano me matará - juntó sus manos y cerró sus ojos suplicante - haré lo que sea, te traeré el almuerzo y seré tu mejor amiga pero por favor, no le digas a nadie -
- Está bien - eso fué rápido - no uses mucha sal - le había tomado la palabra, su rostro casi inexpresivo le había hecho pensar que simplemente guardaría el secreto pero ¿terminó accediendo a todo lo que dijo? ahora debía cocinar doble gracias a su enorme boca - pero ¿Si tanto te gustan esas cosas por qué te escondes? - contestó que solo tenía curiosidad, no era como si lo hubiera hecho antes, de por sí ya sentía morirse de vergüenza y ahora tenía que dar explicaciones, que pena pero no parecía alterada ni nada, incluso se ofreció a enseñarle la forma correcta de usarse pues debía de saber para poder contestar las dudas de los clientes, y un par de horas más tatde estaban afuera de casa de Kanao ¿Cómo llegaron ahí? Habían llegado a casa de Nezuko pero al darse cuenta de que ni siquiera podrían hablar en privado con tantos pequeños oídos al rededor decidieron probar suerte ahí. La casa estaba vacía, al parecer los padres trabajaban fuera de la ciudad y sus hermanas mayores estudiaban y trabajaban, le parecía algo solitario pero al menos podrían hablar sin tener que susurrar todo el tiempo, pero aún así estaba nerviosa ¿Y si lo que le había dicho lo había malinterpretado? ¿Tal vez quería enseñarle probandolo en ella misma? Las imágenes censuradas en su cabeza se desvanecieron en el instante en que la chica de ojos lilas sacó el producto de silicón y ella, completamente resignada, abrió lentamente las piernas y cerró los ojos, asustada pero ansiosa por lo que imaginaba sucedería pero nada pasó, se reincorporó de inmediato y agradeció profundamente la aparente falta de sentido común de la chica que ni se había percatado de lo que estaba pensando, qué vergüenza.
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Cuando era pequeña empecé a jugar más, empecé a tener más amigos y también sonreía mucho, lloraba y hasta me molestaba, eso hacía que papá sonriera también y hubiera menos peleas con mamá, sus discusiones no eran muchas ni frecuentes pero siempre que sucedían eran sobre lo mismo, mi condición. Aunque desde que fingía ser normal no los había escuchado pelear, debía esforzarme más para fingir que todo estaba bien, tener amigos, intereses, hobbies y preocupación por los demás pero cada vez era más difícil, no solo quería fingir ser normal, quería ser normal y poder sentir al menos algo de todo esos llamados sentimientos, lo que sea, sin importar lo que tuviera qué hacer, cualquier cosa estaba bien pero nada nunca funcionaba, sin importar lo que hiciera, ni a quién se lo hiciera.
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Aoi, amiga de Nezuko, le preguntó si conocía a la chica, al parecer ella trabajaba los fines de semana en la misma tienda y a veces la veía pues las dueñas eran sus hermanas que a diferencia de ella eran bastante normales, Kanao era una niña rara y sin amigos que siempre obedecía a su familia y estudiaba mucho, por eso era la primera en la clase pero carecía totalmente de personalidad, incluso parecía no tener sentimientos, mientras tanto, Kanao había comenzado a mirar a Nezuko de lejos, la seguía siempre que no estaban juntas y escribía en su diario siempre sobre ella, sobre lo que le hacía empezar a sentir y como lo había descubierto, sería tan feliz si tan solo pudiera tenerla solo para ella, si solo fuera suya y no tuviera que compartirla con nadie más, nadie.
Apenas sonaba el timbre del almuerzo y Nezuko ya estaba en la entrada de su salón, tomaba una silla y la ponía frente a ella mientras hablaba de cualquier cosa que se le ocurriera, intentaba hacerle algo de plática pero respondía con apenas un sí o un no aunque no perdía detalle de la conversación, era buena escuchando, ese era un hecho. Después, los fines de semana se veían en casa de Kanao para platicarle más sobre los productos de la tienda, un tema que le fascinaba a Nezuko, a través de eso comenzaron a hacerse más cercanas, eso hacía feliz a Kanao, estar con ella le ayudaba a sentirse bien, completa, sentía que al fin había encontrado a la persona correcta.
- Oye Kanao, deberías hablar más, háblame sobre tí también - su personalidad había mejorado mucho y hasta sonreía siempre que la veía, pero aún no hablaba sobre sí misma - Cuéntame cómo es trabajar en esa tienda, mi amiga Aoi dice que es de tu familia -
- En realidad no es mi familia biológica, me adoptaron cuando mis padres murieron - lo dijo así como si nada, ese tipo de cosas no solo se decían. Comenzó a hablar de todo, cómo fué que llegó a la familia Kocho, como habían cambiado las cosas para ella y banalidades como su signo zodiacal, qué hacía en sus ratos libres entre otras cosas aunque sin utilizar palabras como "me gusta" o "quiero", la pobre cabeza de Nezuko fué bombardeada con información sensible entremezclada con cosas sin importancia, era un caos procesar todo eso pero Kanao parecía tan emocionada que decidió no decir nada y escucharla atentamente, realmente a ella le hacía feliz que tuviera interés en conocerla mejor y a Nezuko le agradaba verla cuando disfrutaba algo.
Habían estado comiendo juntas , Nezuko, Kanao y Aoi, había aprendido a congeniar con ella para permanecer más tiempo al lado de Nezuko y se las había arreglado para hacerlas pelear en varias ocasiones, logrando distanciarla no solo de ella, si no también de sus conocidos, así la tendría solo para ella sola, después de todo era suya y no necesitaba a nadie más, debía ser suya sin importar qué pues creía necesitarla, había ocasiones en las que entraba a su casa cuando no había nadie y hacía sus deberes o cocinaba para la familia con el pretexto de querer ayudarla, Nezuko tuvo que explicarle por qué era incorrecto pues su falta de sentido común a veces le causaba conflicto, aún así nunca se lo tomó a mal, al contrario de todo se esforzaba en explicarle las cosas que estaban bien y las que no, era muy linda cuando actuaba así.
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- ¡No le digas esas cosas a Kanao! Ella está bien, solo tiene que crecer para poder entender mejor algunas cosas - sus padres discutían por su culpa otra vez, la habían llevado con otro médico pero siempre le decían lo mismo, que no podría llevar una vida normal - no te preocupes cariño, encontraremos a un mejor doctor y el podrá ayudarte, el te hará normal -
Yo no podía sentir nada, no sentía interés por nada y tampoco me importaba nada, era como si tuviera un enorme hueco en el pecho, ni siquiera tenía amigos, me molestaban los otros niños de la escuela por ser tan "rara" y no tener expresión alguna pero no me resentía, no sabía lo que era la felicidad, la tristeza y mucho menos la ira, solo había una cosa que sí sentía...pena. Sentía pena por mi padre, todo lo que sufría y hacía por mi, los regalos, los parques pero nada funcionaba, así que pensé que si fingía ser normal se sentiría mejor, para que al menos mis padres pudieran ser felices, miraba a los niños a mi al rededor y comencé a imitarlos pensando en que ojalá fuera suficiente.
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- ¿Dónde estoy? ¿Kanao? ¡Kanao! - Nezuko miró en todas direcciones pero no la encontraba, intentó levantarse pero no pudo, sus manos y piernas estaban atadas a la cama e incluso su ropa había sido cambiada, reconocía la habitación en la que estaba, el día anterior había ido a una cabaña que la familia de Kocho tenía para quedarse una semana durante las vacaciones, era la habitación en la que se había instalado. Kanao entró en la habitación con una charola de comida pidiendo que se calmara un poco pero era imposible, no entendía qué estaba pasando y empezaba a tener miedo, le pidió que la desatara pero se negaba con una sonrisa tranquila.
- Tranquila, no tienes que fingir más, me siento igual que tú - se acercó y acarició su mejilla suavemente - estaba intentando esperar un poco más pero en cuanto leí en tu diario que planeabas usar ese lindo babydoll para mí hoy no pude soportarlo más, estaba tan feliz que no pude esperar - su mirada tranquila había cambiado, daba miedo, su rostro completamente rojo y sus expresiones tan distintas de lo usual hacían que quisiera salir corriendo, pero no podía hacerlo, sintió la mano de su amiga recorrer sus muslos y acercarse a su entrepierna haciendo pequeños círculos al terminar de subir, le pidió que parara pero no la escuchaba, luego de un poco hizo a un lado su ropa interior y comenzó a presionar con sus dedos provocando algo de dolor, era su primera vez y lo tenso de su cuerpo hacía más dolorosa la situación, además de sentirse traicionada por su amiga y el miedo que le estaba provocando. Se detuvo un momento para subir a la cama una cajita de cartón y al abrirla le dejó caer varios juguetes para adultos encima, los reconoció todos, eran todos por los que había preguntado alguna vez, tomó un pequeño vibrador y lo puso en su lugar mientras jugaba con el control, provocándole pequeños espasmos, no entendía por qué se comenzaba a sentir tan bien, su cuerpo reaccionaba a pesar de que ella no quería, no quería eso, intentó volver a pedirle que se detuviera pero no servía de nada, comenzó a llorar por el miedo y la incapacidad de no poder hacer nada al respecto.
- Kanao, por favor, detente - rogó una vez más cuando se detuvo, sacó otro juguete y la miró.
- No te apresures, tenemos toda una semana para estar juntas - ¿Una semana? ¿Planeaba hacer eso por una semana entera? - ¿Por qué estás peleando? No lo entiendo, esto era lo que querías así que no te apresures, ni siquiera necesitamos dormir -
Pasaron los días y Kanao le daba descansos cortos para comer, dormir e incluso hacía sus necesidades sin desatarla, todo lo hacía por ella, la limpiaba y le daba de comer en la boca, dentro de su cabeza no hacía nada malo, solo quería que su felicidad durarara mas tiempo, era la primera vez que se sentía así y quería que durara tanto como fuera posible.
Al cuarto día ya había usado todo lo que había sido llevado, algunos de ellos se usaban en las dos y después de eso el descanso era más largo, había intentado morderla y hasta defenderse dándole cabezasos pero no conseguía hacerla enojar, incluso después del último que le dió se preocupó más si se había hecho daño sin importarle que ella misma estuviera sangrando, después de todo había cumplido y no la había lastimado pues la preparaba y estimulaba adecuadamente antes de cada sesión. Ese mismo día antes de que anocheciera logró romper una de las cuerdas usando el anillo que la misma Kanao le había regalado antes de llegar, desgastando la cuerda lo suficiente para que se rompiera al tirar de ella con algo de fuerza, ahora estaba libre y solo quería irse de ahí pero no sabía cómo, tomó un saco y los zapatos de Kanao y salió haciendo el menor ruido posible.
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Siempre estuve rodeada de doctores y especialistas, de hospital en hospital y su respuesta siempre era la misma, yo nunca sería una niña normal pero aún así, mi padre intentaba de todo para hacerme feliz aunque nada nunca funcionaba, nada me interesaba, ni juguetes, dulces, ropa, nada de eso me hacía sentir nada y mi padre terminaba en llanto deseando una niña normal.
- No tienes nada de malo cariño, yo era igual que tú cuando era niña - mi madre me llevaba cargada después de salir de una larga terapia - algún día conocerás a alguien que te complete, llenará ese hueco en tu pecho y podrás sentir felicidad, solo tienes que asegurarte de no perderla - el consejo de mi madre siempre era el mismo, no estaba rota o descompuesta, solo vacía, incompleta. A partir de ese día, comencé a soñar con el día en el que conocería a esa persona especial.
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Nezuko corría entre los árboles deseando llegar a algún lugar, el que sea, cuando iban de camino no vió ninguna casa cerca así que debía darse prisa, debía ser más rápida que ella y buscar ayuda, encontrando otra cabaña de aspecto descuidado y no dudó ni un poco en tocar la puerta y gritar por ayuda, no le importaba quien, estaba desesperada por regresar a casa sin importar el medio, solo quería que todo acabara de una vez. Le abrió un hombre de barba que la hizo pasar de inmediato, le contó lo que había sucedido mientras bebía algo de té y solicitó que por favor llamara a la policía, pero la expresión en su rostro no parecía preocupada, le acarició la cabeza, bajando hasta el cuello y deslizandola hasta bajar de su pecho, Nezuko estaba paralizada y apenas pudo hecharse hacia atrás, perdiendo el equilibrio y cayendo de la silla.
- Imposible que todo eso te haya sucedido, estás tan limpia y no tienes ni una marca, quizás solo eres una zorra en busca de algo de diversión - la tomó del brazo para sacarle el saco qué traía encima, ella intentó defenderse pero el hombre era mas grande y pesado, la golpeó un par de veces hasta que logró someterla, tomándola del cuello y posicionandose entre sus piernas para entrar bruscamente, golpeando con fuerza mientras le daba algunas cachetadas y soltaba insultos al aire. Cada vez que trataba de defenderse era golpeada y sometida con más fuerza, en esos momentos llegaban a ella imágenes de Kanao, a pesar de todo jamás la lastimó, tenía sumo cuidado al intentar cualquier cosa y la cuidaba, no permitió que se sintiera mal y le asustaba que a pesar de todo no la hacía sentir como si realmente estuviera siendo obligada, no dejaba de pensar en ella mientras todo eso le sucedía, tal vez debió haber esperado un poco más, tal vez la habría liberado después de la semana, tal vez iría a casa como si nada hubiera pasado, quizás no entendía lo que estaba haciendo, quizás, y solo quizás si ese tipo al menos fuera más gentil como Kanao no sentiría que moriría solo por estar ahí.
Una vez más, intentó librarse una vez más pero esta ves la giró y la azotó contra el suelo, levantó sus caderas y entró por su parte trasera tan fuerte y sin ninguna consideración que la hizo sangrar, dolía horrores.
- Por favor basta, si de todas formas vas a hacerlo, si de igual forma me obligaras al menos sé gentil... ¡Si tan solo fueras más como ella! - el hombre se detuvo, de pronto todo su peso cayó sobre ella lastimandola aún más pero se había detenido.
- ¡Nezuko! - en cuanto se enderezó la chica de ojos lilas se abalanzó con un enorme abrazo sobre ella con los ojos llorosos - estaba asustada, temía que hubieras tomado este camino escarpado y te toparas con ese tipo -
- Ka- nao... ¿Viniste hasta aquí descalza? - los pies de la chica estaban sucios y llenos de sangre, era evidente que lo había hecho - ¿Por qué? -
- Eso no importa, lo que me pase a mí no importa - soltó el abrazo y puso sus manos sobre sus hombros, ahí notó que sus manos tenían sangre y al lado de ella, en el suelo un cuchillo de cocina también cubierto de sangre, Kanao con su cabeza agachada comenzó a llorar - por favor ten más cuidado, creí que te perdería, tenía miedo Nezuko, por favor no vuelvas a hacerlo - sintió un golpe que la hizo caer a un lado, vió a Nezuko con el cuchillo en la mano y cerró sus ojos, si debía morir, estaba bien que fuera ella quien lo hiciera, tal vez eso se sacaba por no haber apuñalado al tipo en cuanto los encontró al principio pero quería que su amiga entendiera lo que pasaba si se alejaba de ella aunque se arrepintió en cuanto la escuchó decir su nombre - ¿Nezuko? - abrió sus ojos y pudo ver a la joven apuñalando al tipo detrás de ella, se había levantado intentando golpearla y Nezuko lo había impedido.
- ¡Maldito cerdo asqueroso! ¡¿Cómo pudiste hacerme eso?! - gritaba de forma desesperada mientras comenzaba a llorar, su amiga le quitó el cuchillo y la abrazó y Nezuko se terminó por derrumbar en ese momento.
Por los siguientes dos días Kanao se ocupó de curar sus heridas, cuidó de una espantosa fiebre que le dió de forma repentina y atendió todas sus necesidades y cuando al fin reaccionó hablaron del por qué del comportamiento que había tenido los últimos días, Nezuko sintió algo de pena por su condición y algo de vergüenza por no haberse dado cuenta antes, también se disculpó por haber huído de esa manera, pero le pidió que no volviera a hacer lo mismo, que cualquier cosa que quisiera hacer la harían siempre y cuando preguntara antes, después de todo sí carecía de sentido común pero se había dado cuenta de que era capaz de hacer cualquier cosa por ella, quizás era más seguro de ese modo y la única forma de que no hiciera algo peor o a otra persona era manteniéndola vigilada, después de todo estaba segura de que jamás la dañaría a ella.
Terminaron prolongando su estadía en esa cabaña hasta que las heridas de Nezuko desaparecieran y volvieron a casa, pero a partir de ese día todo sería muy diferente pues debía hacerle entender a Kanao que había límites que no podía cruzar.