TANJIRO X TOMIOKA
Hace unos años, me casé en un matrimonio arreglado por mis padres con un caballero muy importante, un alfa reconocido por sus grandes azañas en la guerra civil, el había comenzado como un cadete pero sus logros fueron tales que ascendió rápidamente y fué nombrado general y yo, siendo de familia noble y como el hijo mayor, me ví forzado a aceptarlo con la esperanza de que mis hermanos menores corrieran con mejor suerte que la mía pues no todos pueden desposar a la persona que aman.
El hombre con quien me casé parecía ser una persona fría y distante, era difícil lograr que su rostro pudiera articular cualquier tipo de mueca, siempre permanecía inexpresivo e inmutable, una persona de carácter o eso me dijeron, pero a medida que avanzaba el tiempo me dí cuenta de que era todo lo contrario, era una persona extremadamente tímida y temerosa, a menudo no sabía cómo reaccionar ante las personas y terminaba por permanecer de pie sin gesto alguno, pensándolo bien, era uno de los rasgos más lindos que pude encontrar en él pues muy a menudo se ponía nervioso solo con mi presencia en la misma habitación. Una vez en la alcoba siempre trataba de alejarse un poco pero sin llegar a darme la espalda, solo me daba mi espacio y fingía dormirse al instante, pero siempre intentaba hacerle algo de plática para intentar romper el hielo y no se siguiera poniendo nervioso, después de todo ya estábamos casados y nos seguiríamos viendo todos los días, en especial en la alcoba, más si llegaba mi celo, pues tendría que perderme el miedo en algún momento para poder tener bebés, algo muy importante en las familias de las que ambos proveníamos.
“De verdad no me recuerdas ¿No es así Tanjiro?.” Preguntó durante una de nuestras charlas nocturnas, habíamos estado hablando sobre lo diferente que debió de ser su infancia de la mía, el como hijo de un caballero y yo como el hijo de un noble. “Tú y yo solíamos jugar en los jardines del palacio cuando nuestros padres se reunían.”
“¿Eras ese niño?“. Pregunté asombrado, realmente pensé que el pequeño y delgado niño que jugaba con una espada de madera en ese entonces formaría parte de los caballeros algún día pero no creí que habría alcanzado un rango tan alto. En ese momento vinieron a mi mente todas esas platicas que llegamos a tener en las que él solía repetir algo constantemente, algo a lo que nunca le tomé la debida importancia.
“¿Ahora lo recuerdas? Yo sí volví por tí.” Ese pequeño niño de ojos azules decía querer casarse conmigo, pero para poder lograr casarse con el hijo de un conde debía convertirse en un oficial de alto rango, así que siempre me pedía que esperara por el. Me sentí algo estúpido por no haberme percatado del gran parecido y por haber olvidado aquella promesa infantil de dos niños en el jardín del palacio, pero lejos de molestarse conmigo me sonrió, y mirándome a los ojos dijo sentirse feliz de que lo recordara, fué en la primera vez que me besó, en la privacidad de nuestra habitación y bajo el cobijo de la noche, alumbrados únicamente por los tenues rayos de la luna que pasaban a través de las blancas cortinas que cubrían los altos ventanales, la primera vez que me sentí amado por completo y gocé de las dulces mieles de la pasión.
Después de nuestra primera noche como pareja los días fueron más amenos, siempre que despertaba estaba solo, el entrenamiento que mi ahora esposo debía llevar a cabo diariamente era bastante exigente, además de sus labores diarias entre otras cosas, yo por mi parte apenas había comenzado a acostumbrarme a mi nuevo hogar y nuevas tareas también, los días ahí eran muy atareados pero siempre había tiempo para sentarnos a comer juntos, todo parecía ir bien, ya no se avergonzaba tanto, en especial por las noches cuando parecía perder todo rastro de timidez al sujetarme de tal manera que hacía mi cuerpo entero vibrar, tanto y tan intenso que a menudo me quedaba dormido en sus brazos y no despertaba hasta la mañana siguiente cuando se despedía de mí con beso en la frente. Realmente había empezado a enamorarme profundamente de Giyu Tomioka.
Al pasar apenas un año desde nuestro matrimonio un hombre llegó a las puertas de nuestro hogar, un soldado con noticias urgentes, un levantamiento de armas al que debía ir, el rey en persona le había escrito los detalles y debía partir de inmediato, creí que sería una batalla corta pero, al ver su rostro preocupado me dí cuenta de que podría pasar mucho tiempo antes de volver a verlo. Partió esa misma tarde dejandome con un mensaje inquietante. “Si no vuelvo en tres años, date por viudo, no quiero que esperes mi regreso en vano.” Y así fué, tres años después, mis padres vinieron a verme y a pedirme que volviera a casarme, había guardado luto por suficiente tiempo y no era adecuado que siguiera solo, debía volver a casarme y dar a luz a un heredero pero no estaba listo, no podía solo darlo por muerto y continuar con mi vida, había entregado todo mi amor y mi ser a ese hombre que con tanta pasión me sostenía que no era capaz de darlo por muerto, le rogué a mis padres esperar un poco más, lo buscaría por mis propios medios y si no lo encontraba entonces aceptaría un nuevo compromiso, fué así como comencé un largo viaje a través de los reinos por los que la guerra había pasado, preguntando y siguiendo todas las pistas que se me presentaban, teniendo muchas grandes decepciones y resultando otras en callejones sin salida, lo busqué por dos años más hasta que llegué al séptimo reino y el último por el que la guerra había hecho de las suyas, ahí, escuché de un conde que había vuelto de la guerra con grandes riquezas, comprometiéndose así con una joven de alta alcurnia con la que bastante pronto caminaría al altar.
“Salvó innumerables caballeros.”
“Lideró las batallas más importantes.”
“Era el más valiente de todos.”
Sin importar a quién preguntara solo había buenas comentarios sobre él, la mayoría, halagos sobre sus claros ojos azules color de cielo que parecían ver a través de tu alma, piel blanca y cabello negro azabache, se volvió tan popular en la región que se quedó a vivir ahí apenas hace dos años y desde entonces no paraba de recibir propuestas de matrimonio de toda clase de condes y ladies, terminando comprometido con una de las más jóvenes candidatas, además de las mejor acomodadas.
Me negué a creer lo que estaba pasando por mi cabeza, ese hombre del que estaba sospechando había hecho toda clase de sacrificios solo para poder estar a mi lado que me parecía imposible que hubiera cambiado de opinión solamente así, que su amor se hubiera diluído en el tiempo y decidiera contraer nupcias con alguien más, era algo que no estaba dispuesto a creer, aún así, hice todo lo posible por asistir a aquella ceremonia y ver con mis propios ojos que no era así. Me puse mi traje verde, ese que él mismo me entregó el día que llegué a vivir con él y que había cuidado con tanto esmero hasta su regreso, lo cubrí con una capa oscura que cubría mis rostro y emprendí mi camino a la iglesia, una vez ahí pude verlo, su silueta era exactamente la misma que ví aquél día en que nos despedimos, el día en que me prometió volver y, en el que me pedía que no me pasara la vida esperándolo. Era él.
“Una limosna buen hombre, para un viajero de Sagiri.” Se giró a verme, y con una media sonrisa sacó una moneda pequeña.
“¿Noticias importantes? ¿Algo que contar de mi hogar?.” Me acerqué un poco más y descubrí mi rostro, dejando caer el velo oscuro que me cubría en ese momento, él, con la piel más pálida de lo que solía estar se arrodilló a mis pies, me tomó de las manos y comenzó a hablar por lo bajo, suplicando mi perdón. La novia frente al altar era la única que podía escuchar lo que decía, se cubrió el rostro avergonzada por el llanto que no tardó en aparecer y salió corriendo del lugar ,pronto, las personas presentes comenzaron a maldecirlo por lanzarse a los brazos de cualquiera que se le pusiera en frente y a mí, por seducir a un hombre comprometido, tratando incluso de alcanzarme para hecharme del lugar, cosa que Giyu no permitió.
“Él es mi esposo, el verdadero, y con el regreso a Sagiri, mi verdadero hogar.” Dijo convencido de que simplemente lo aceptaría de vuelta, me solté de su agarre y le entregué el anillo de bodas que me había dado el día de nuestro matrimonio.
“Ahora sí puedo darte por muerto, quédate tranquilo que no esperaré más por tí.” Me dí la vuelta y me fuí antes de que mis lágrimas me delataran, no miré atrás pero estoy seguro de que intentó seguirme, a mis espaldas escuché a quien creí era el padre de la novia pedir explicaciones sin obtener ninguna respuesta del conde, solo entonces pude volver a mi hogar.
Ha pasado un año desde que regresé a casa de mis padres, y aunque ese caballero aún se presenta en mi puerta de vez en cuando ya no es tan doloroso como ese día, lloré todo el camino de vuelta esperando lavar todo sentimiento que aún persistiera y ahora, al fin acepté otro compromiso, solo al enterarse vino a buscarme, como si esperara que su sola presencia me angustiara tanto como el día en que se disponía a casarse él, pero para su suerte, mi futuro esposo se supo ganar mi amor incluso antes de pedirme matrimonio, se aseguró de que yo lo amara tanto como el a mí antes de casarnos y ahora no puedo esperar el día en el que al fin podamos estar juntos, solo espero que el caballero que fingió su muerte pueda olvidarme y seguir adelante.
Hay tantas historias sobre ellos dos que creo que me está gustando 🥰 pero no más que el tanino