Piloto
Más, más, cada vez más, lleno de deseo e ira, Daniil siempre esperó por su momento.
Pero jamás llegó.
Año tras año, la ruina lo atrapó, manteniéndolo cautivo dentro de un exasperante hoyo negro que se tragó todo lo que tenía, dejándolo con nada; desnudo y tambaleante, congelado y desesperado. Él lo perdió todo en menos de un santiamén.
Absolutamente todo.
Sin embargo, acostumbrado al destierro y a la lastima de todos aquellos ingenuos que conocían su penosa historia, una mano sin invitación entra a la acostumbrada oscuridad y se extiende a través de su tormenta.
Él la toma, confiando en una triste y nula gota de esperanza que a pesar de los años, continúa impregnada en sus huesos rotos que exigen con pesar un poco de paz, al contrario de su tortuosa mente que permanece en negación, obligándole a odiarse una y otra y otra vez.
Su mente conecta tras años de bloqueo, una luz cegadora invade su nueva realidad. Aquella mano salvadora se aferra a la marchita muñeca pálida del hombre desorientado y lo jala fuera de su prisión mental; lo hace salir hacía una nueva oportunidad que se le es presentada en bandeja de plata.
—Daniil.—Le llama una voz que parecía lejana, el rubio tarda unos segundos en espabilar.—Bienvenido a Mercedes.
Y de un momento a otro, la bruma oscura sale huyendo como una cobarde, alejándose y despejando al rubio perdido en los años; Kvyat despierta, recupera su fortaleza.
Es por ello que, ahora, cada demonio que lo atormentó por tantos años le teme y tiembla ante su presencia recién recuperada.
Ha regresado, a pesar de todo.
Fuerte e impecable, estrecha la mano de Torger Wolff, quien le mira con determinación. Ambos se entienden de inmediato; están llenos de orgullo, esperanza y una insaciable sed de más.
—Daré lo mejor de mí.—Daniil asegura, manteniendo un porte amistoso.—Muchas gracias por esta oportunidad...
—No me falles, hijo.
Toto, como se le conoce entre su gente, trata de parecer amigable, pero Daniil nota en su duro mirar el coraje en sus pupilas dilatadas. Torger es un lobo hambriento y Daniil su nueva adquisición, su nuevo piloto numero uno, ese que se encargará de vengarlo.
Mercedes entra en una nueva época, donde volverá a ser el de antes, y el encargado de guiar al batallón hacía la victoria será el ruso ansioso de poner sus manos sobre un volante de monoplaza después de tantos años congelado en el exilio, donde fue obligado a ver de lejos como el mundo avanzaba, pero él se quedaba donde mismo.
—Jamás, señor.—Él asegura con determinación, bajo la sonrisa de Torger.
Daniil vendió su alma al momento de firmar.
Sin embargo, Torger ya lo había hecho desde la primera llamada en la que convocó al hombre a las oficinas de Mercedes en Brackley. Se estaba poniendo en un riesgo enorme al fichar a un ex-piloto sin mucha experiencia, pero, además del talento, Toto sabe que el potencial de un piloto está más que nada en sus motivos.
Y vaya que Daniil, con su historial, tiene motivos de sobra para alzar sobre su cabeza el titulo de campeón mundial.
Despojado de su amor por un piloto de “baja categoría”, humillado y negado por quienes él alguna vez consideró su familia. Lo echaron a la calle de un día para el otro, arrebatándole de las manos el derecho de defenderse o por lo menos alegar.
Daniil era una bomba lleno de potencial y Torger tenía en sus manos la oportunidad y el privilegio de ser quién explotaría y sacaría a la luz todo lo que tenía por demostrar.
Aún que el odio y el rencor fueran los principales potenciadores de ello, pero Wolff no se consideraba un moralista en absoluto.
—¡Bienvenido a la familia, Dani!—Susie, tan hermosa como siempre, es la primera en abalanzarse sobre el rubio a quien a partir de ese momento considera un hijo más.—Espero que Mercedes sea para ti un hogar y te sientas cómodo en este equipo que tiene todas sus esperanzas puestas en ti.
Ella lo acoge entre sus brazos, brindándole con su instinto maternal una tenue calidez anhelada que le provoca un suspiro. Daniil, rodeado de cosquilleos, cierra los ojos y corresponde al abrazo de la mujer, sintiéndose dichoso al ser la razón del animo dentro de la cede de Mercedes, donde se celebra su contrato junto con todo el personal de la escudería.
Los demás son igual de hogareños, recibiendo a su nuevo piloto con palabras amistosas y ánimos por doquier; aún así, entre los presentes, aún se siente cierto hilo proveniente del duelo tras perder a Lewis Hamilton. Lo extrañan y se nota a kilómetros, pero la mayoría prefiere concentrarse en el hoy, superando el ayer.
—Así que... compañeros, eh.
George ríe, con una cerveza en mano.
Ambos pilotos pasan de estar en la celebración a estar sentados en el césped a las afueras del edificio. A lo lejos son audibles las risas de todos aquellos que ponen su esperanza en ellos, todos quieren que el 2025 sea el resurgimiento de Mercedes tras desafortunadas temporadas donde el dominio que los tenía tan acostumbrados llegó a su fin.
Los ojos están sobre el ruso, quien piensa en sus asuntos.
—Seamos los mejores.—Daniil, tan seguro, ofrece un brindis levantando su cerveza. George le mira con las cejas alzadas, su determinación lo toma por sorpresa, pero aún así, no se niega.—Devolvámosle el estatus a Mercedes.
—¡Eso, hermano!—Russell se carcajea, poniendo en alto su cerveza. Probablemente ya tiene varias copas encima, por lo que no nota la seriedad en el rostro de Kvyat—¡Este año, todos van a ser nuestras jodidas perras! ¡Incluso Max!
El británico se apresura a empinarse lo ultimo que queda en su lata, mientras Daniil se queda estático con sus labios pegados al aluminio. La sola mención de ese nombre provoca un corto circuito en su cerebro que lo saca de sus casillas y traba su mandíbula.
Max Verstappen.
El hijo de perra que le robó todo y lo dejó en la calle.
Ese, en ese entonces “niño”, que se atrevió a arrebatarle su trabajo, su novio y a su hija que ni siquiera había nacido aún.
La mano de Daniil se contrae en un puño sobre la lata que se contrae y cruje, víctima de la fuerza puesta sobre ella. El rubio alucina encerrándose en una burbuja controlada por su ira, le gustaría que en lugar de la hojalata, estuviera el cuello del belga insolente.
Max debía sufrir y arrepentirse, pedirle perdón y humillarse por sus pecados. Debía de devolverle lo que era suyo, debía de alejarse y morir en soledad. No se merecía nada.
Nada.
—Hermano, ¿estás bien?—George le mira preocupado, pasando sus ojos de la lata a la cara sombría del hombre que mira perdido a un punto fijo en la oscuridad de la noche.—¿Dan-...?
—Desde luego, George.—Responde de repente, quitándole a George la palabra.
“Bien” estará cuando tome venganza en contra de Max Verstappen y todos aquellos que se atrevieron a reírse de él en el pasado. Una vez que todos se arrepientan y que vuelva a tomar su lugar, entonces después de ello estará “bien”
Bien, teniendo consigo a su novio y a su hija. Con su familia, feliz, como siempre debió ser.
—Entremos, comienza a hacer frío.
Daniil, con una sombría calma, mira a George quien se encoge en su lugar y asiente antes de levantarse. Él se adelanta y camina hacía dentro, mientras que el rubio prefiere esperar unos minutos para controlar sus impulsos y respirar por unos segundos.
Estará bien, todo estará bien. Tiene ahora una nueva oportunidad en manos y está seguro que no será la ultima vez que el mundo escuche su nombre.
Mucho menos, será la ultima vez que Max sabrá sobre él, porque él está dispuesto a recuperar todo aquello que una vez se le fue arrebatado y no tuvo el valor de pelear.
Comenzando con su familia.