Prólogo
Tanjirou estaba acostumbrado a ser la amabilidad en persona, le gustaba ayudar a todos, siendo su madre la principal persona a la que ayudaba desde que su padre murió por una extraña enfermedad que ninguno de los doctores había podido determinar, hasta la fecha ese seguía siendo el caso, pero ya ni siquiera estaban al pendiente de eso ya que debía cuidar de la salud de su madre y todos sus hermanitos, era el mayor de los siete hijos que su madre tuvo, estaba orgulloso de lo que era y de quién era, porque la gente decía que por sus buenos actos, la mala suerte se alejaría...
Cuan equivocada estaban esas personas, el quince de diciembre ocurrió lo impensable para todos en aquel pueblo, unos ladrones se habían metido a la casa de la familia Kamado y aquellos hombres no dudaron en usar sus armas para deshacerse de la familia, los dos hijos mayores habían salido a hacer las compras del mes, así que para cuando los vecinos llamaron a la policía ya era demasiado tarde para la pequeña familia, la cual se podían notar muertos desde la gran puerta principal; todos pudieron darse cuenta que la familia había tratado de escapar, pero aquello no fue posible y terminaron de aquella manera.
La llegada de los hijos faltantes fue el descontrol que la policía tuvo, ambos adolescentes habían peleado con uñas y dientes para poder pasar mientras llamaban a gritos a su madre y hermanos, pero nadie respondía, ambos hermanos pudieron notar la sangre que se hallaba en el tatami de la casa, las shōji se encontraban rotas y en el suelo, las decoraciones patas arriba, las bombillas rotas; pero no había señales de su familia y no tenían que ser muy inteligentes para darse cuenta que la sangre era de aquellos integrantes que ahora faltaban y que no habían contestado a sus llamados.
Nezuko fue la primera en caer de rodillas sobre el tatami y seguido a ella, Tanjirō quien se abrazó de inmediato a su hermana, ambos llorando la muerte de su familia mientras eran observados por la policía quienes decidieron dejarlos llorar unos minutos más antes de sacarlos de aquel espeluznante lugar. Tenían con ellos a dos de los cinco de los asesinos, así que le sacarían toda la información posible para conseguir a los otros que faltaban y apresarlos por lo que hicieron; con la nueva ley que se había creado, los dos hermanos podrían recuperar aunque sea un poco de sus pertenencias, así como también su casa una vez que terminaran de procesarla.
Pero Tanjirō y Nezuko sólo querían de vuelta a su familia y era algo que no podían conseguir, tristemente.
Ya había pasado un año desde la muerte de sus padres, Tanjirō y Nezuko habían decidido quedarse en la casa familiar luego de que entre todos los vecinos los ayudaran a limpiar, ambos hermanos estaban agradecidos con la atención de aquellas personas, aunque a veces era un poco incómodo ya que les preguntaban a cada momento cómo estaban, los primeros meses no hubo cómo responder aquello, pero ahora, luego del año pasado podían responder que estaban tan bien como la vida se los permitía, esperando a que su momento de partir llegara.
Los asesinos que faltaban habían sido encontrados un mes después y ahora cumplían sentencia en la cárcel, a ambos hermanos se les pidió colocarse frente a los asesinos para saber la reacción que podrían o no tener y no se equivocaron con lo pensado, al menos no con todos, aún así Tanjirō acordó con su hermana no volver a presentarse a menos que fuese frente a un juez y cuando eso sucedió, ambos junto a su abogado no se detuvieron a pelear con todo hasta que se decidiera cadena perpetua para esos hombres y así fue; ese día sin dudas fue el mejor para los dos hermanos que al salir del lugar vieron el día más bonito que cuando entraron.
En esos momentos Tanjirō regresaba a su casa, deteniéndose un par de veces para ayudar a alguna persona con sus cosas, ayudando a los ancianos a cruzar la calle y demás, no contó con ver un chico con una curiosa gorra de jabalí, caminando por en medio de la calle sin percatarse que el color del semáforo no había cambiado, el chico parecía estar buscando algo o a alguien, no estaba realmente seguro, pero aún así no podía ignorar el hecho de no salvarlo, así que mandándole una disculpa a su hermana de manera mental, se lanzó a la calle para empujar al chico del camino y recibiendo él mismo el impacto del camión que había tratado de frenar, pero no pudo hacerlo a tiempo, pero si logró aminorar un poco más el impacto y una vez que se detuvo completamente se bajó para ir a revisar al chico estúpido que había dado su vida por alguien quien había salido corriendo poco después de ser empujado.
Tanjirō se hallaba en el suelo con lo ojos cerrados, su cuerpo dolía a horrores, sentía la sangre brotar de alguna parte de su cuerpo, su nariz se encontraba distinguiendo que se encontraba rodeado de personas y su consciencia parecía querer darse un descanso, así que se lo concedió.
—¡No se queden allí, llamen a una ambulancia! ¡Ahora! —Exigió el conductor quien tenía las manos tapando la herida del chico para que no se desangrara mientras la ayuda llegaba.
—¡En cinco minutos estarán aquí!
Anunció alguien entre las personas, el conductor asintió mientras veía al chico y pidiéndole en silencio que no abandonara ese mundo ya que de seguro tenía mucho por vivir, pero Tanjirō no pudo escuchar el pedido del hombre por más que quisiera.