Acto 1
Jackson Misisipi - 1995
Normalmente en Jackson el clima es cálido, pero está vez es diferente, el clima era fresco. Un clima perfecto para un encuentro, Milo se dirija a una pequeña cafetería que se localiza cerca de la zona por su casa, se encontraría con un vecino que le llevaba coqueteando ya hace varios meses y después de tantos rechazos, Milo termino dándole una oportunidad ya que vio que no era un mal tipo. La mayoría de sus "citas" eran casi a escondidas, pero era algo divertido para alguien de la edad de Milo.
— Buenos días — dice Milo mientras se sienta.
— Bueno estás tu mi joven Milo — responde Chris.
Chris era un hombre algo mayor, de los 30 no pasaba, su coqueteo era algo insinuado, pero de cierta manera Milo se sentía seguro a su lado. ¿Era amor?, o simplemente admiración.
— Sabes este último mes que he pasado contigo me has mostrado un lado vulnerable y eso me fascina, eres como un corderito virgen — dice Chris mientras soba el pie de Milo debajo de la mesa.
— Gracias, me siento seguro a tu lado y no me siento amenazando cada que te veo — Responde Milo mientras sujeta con seguridad la mano de su acompañante.
Igual que los días en los que se encontraban, Chris le mostraba a Milo un cariño muy familiar, podía decir con toda seguridad que era su lugar feliz. Al llegar a casa, Chris despide a Milo con un beso y acuerdan encontrarse la próxima semana de vacaciones.
Al entrar a su casa la fantasía termina, un ambiente muy diferente lo espera, un ambiente de tal incomodidad que ni al suelo puedes mirar.
— Dónde mierda estabas — habla el padre de Milo, un hombre imponente con heridas en el rostro y emanaba un fuerte olor a marihuana y alcohol.
— E- en la escuela, terminando varias co - cosas por las vacaciones — responde Milo con un poco de tartamudeo en sus palabras.
— Acaso me crees maricón como tú, RESPONDE CARAJO — grita el imponente hombre mientras se acerca a Milo — Te voy a dar una última oportunidad. ¿Dónde estabas? — repite con tono en susurro.
— Yo ya le dije dónde me encontraba, si usted no me quiere creer no es mi maldito problema — dice Milo mientras mira con temor el rostro de aquel hombre.
— Ja — suelta el hombre, sabes, aunque la ciudad es grande los chismes vuelan demasiado rápido. — ¿Que ese tipo no es mayor para tí?
— Qué — responde Milo fingiendo confusión.
— Digo, se que tienes 19 años y te largas a una universidad más pronto de lo que tú madre pensaba, pero enserio crees que botare todo mi sacrificio a la basura solo por tus pequeñas aventuras con ese abogadillo.
— Como fue que usted...
— Como te dije, los chismes vuelan muy rápido en esta ciudad.
— De igual forma no se de que está hablando, además si de algo es seguro de que se enteren es de sus visitas constantes a esos clubes nocturnos.
— Eso finge demencia idiota, que cuando llegue el momento me las pagarás - insinúa el gran hombre mientras sale de su casa.
Llega el día de verse otra vez con Chris y Milo se dirige a la cafetería de siempre, se saludan mutuamente y en lugar de quedarse se montan a un auto y agarran un rumbo.
— ¿A dónde vamos? — pregunto Milo con confusión en su mirar.
— Vamos al hotel donde me estoy hospedando, estoy muy cansado y la verdad quiero solo acostarme y ver
una película, ¿Te gusta ese plan? — habla Chris con una pequeña sonrisa.
— Sí, está bien - responde Milo con nervios.
Milo sabía exactamente lo que quería hacer Chris y aunque estaba algo nervioso, Chris le había demostrado que podía confiar en él cuando sea. Llegan al hotel y la habitación donde se hospedaba Chris era algo lúgubre, apenas acostados Chris ya empezaba a besar con algo de fuerza a Milo. Aunque asustado, Milo aceptaba los besos y caricias del hombre.
Ya ambos despojados de sus prendas Chris le pregunta. — ¿asustado?
— No, solo por favor no seas tan brusco es mi primera vez y lo sabes — responde Milo con un poco de susto en su voz.
— Tranquilo confía en mi, sabes que te amo porque eres tan puro como la nieve recién caída — le dice Chris al oído mientras va bajando lentamente.
Esas palabras rebosaban el Milo felicidad, su corazón palpitaba a mil y le daba más confianza, cada vez que el hombre repetía que lo amaba con su voz profunda y con cada beso se sentía en un baile de nubes.
Días pasaron de aquel encuentro y aunque una fantasía es hermosa. Al igual que una rosa está se marchita.








