DEL LIENZO AL CORAZÓN

Summary

Historia basada en el One Shot «EVA» [Zoro x Lectora], en el libro de «SINNERS ONLY» vol. 2.

Status
Complete
Chapters
22
Rating
n/a
Age Rating
18+

Inesperado


Introducción

Kyoto, Japón

Con la mirada puesta en el manto nocturno, Roronoa Zoro transitaba por la solitaria acera de la calle; en la zona donde residía.

El sutil sonido del par de Getas de madera en sus pies, era lo único que se escuchaba a medida que avanzaba a paso moderado.

Vestía una Yucata sencilla de color azul medianoche con un Kaku Obi blanco y un Haori marrón.

Su cabello verde era acariciado por el suave viento que recorría el área, llevando consigo algunos pétalos de cerezo.

Era bastante tarde y estaba exhausto por tanto caminar, pero pensaba que por lo menos, el haberse perdido de regreso a casa le había dado la oportunidad de vagar por sitios que no conocía hasta entonces.

Repentinamente, se quedó parado observando los árboles de cerezo que bordeaban las calles.

Meditó en lo hermoso pero efímero que era el florecimiento de dicha belleza en cada marzo.

Pronto cumpliría veinticuatro años, y de alguna manera se sentía estancado a pesar de que había realizado cada cosa que se propuso a lo largo de los pocos años que constituían su corta vida.

Y de hecho, estaba en la cúspide de una tremenda fama que ganó gracias a su destreza en el arte del Kenjutsu; de un estilo peculiar que él mismo había practicado, desarrollado y dominado desde su infancia.

Invirtió parte de la fortuna que su padre Roronoa Arashi le había heredado, en un pequeño negocio de sake; el cual levantó con sus propias manos desde cero; cosa que fue próspera y que lo hizo catapultarse en el medio, volviéndose el dueño de una marca renombrada que había conquistado el mercado nacional e internacional.

Lo tenía todo, pero sentía que algo le faltaba...

Entonces pensó en que le sentaría bien salir de la monotonía en la que había caído. ¿Por qué no probar nuevas cosas y comenzar yéndose de viaje?

En realidad, le pareció una excelente idea. Y haría tal cual.

Nunca se imaginó que en su aventura, se enamoraría de un arte distinto al que había practicado toda su vida.

Una simple visita al Louvre Museum fue más que suficiente para decidir moverse a París, donde residió por algunos años dedicándose a un pasatiempo que lo apasionaba, y que pronto se convirtió en una carrera artística.

Cada proyecto que exhibía era un éxito total, algo que recibía las mejores críticas que tan solo lo hicieron volverse un pintor renombrado, acreedor de gran respeto y desde luego, de una rotunda fama mundial.

Continuó viajando por distintos países en diferentes continentes, perdiéndose en cada camino donde solamente encontraba inspiración para su próximo tema.

Todo fue como una montaña rusa que no conocía descenso, hasta que viajó al Medio Oriente y se perdió por días en una zona inhabitada.

Aquellos días lo hicieron meditar en la vida e inclusive en los orígenes de ésta, cosa que lo conllevó a imaginarse cómo habría sido todo; desde la creación y los primeros pasos de los primeros hombres de la historia.

Esto lo hizo obsesionarse con un nuevo tema en mente, pero era algo que debía esperar. Primero tenía que regresar a casa.

Era menester vagar y volver a perderse para encontrar el camino correcto.

Dicha filosofía se había vuelto un lema que no tuvo mucha oportunidad de ser puesta en práctica, ya que sus amigos —al no tener noticias suyas—, supusieron que de nuevo se había extraviado en algún sitio del último país que había visitado, y por esto enviaron gente que no paró de buscar hasta que dieron con él.

En menos de lo esperado, estaba subiendo a un helicóptero que lo llevaría de regreso a la civilización.

Pero no tenía quejas. Se perdió —otra vez—, sí, pero gracias a ello encontró inspiración para una temática que nunca se había planteado.

Poco sabía que su obsesión lo conllevaría a un camino que jamás se imaginó transitando, aunque esto tan solo era una alegoría; o era mejor decir, una fantasía que se volvería su mejor realidad.


La alarma del móvil debajo de la almohada sonaba con una popular interpretación

[Tn] no era muy fanática de las mezclas o «remakes», pero siempre había creído que «Home Sweet Home» de Mötley Crüe, combinada con «Bitter Sweet Symphony» de The Verve, no había sido tan mala idea por parte de Limp Bizkit a principios de los 2000.

Como fuera que fuese, era un nuevo día; el comienzo de la semana, y la canción era un recordatorio de ello.

Se levantó de la cama sintiendo que no había dormido nada, y se quedó sentada en la orilla pensando en que le gustaría dormir cinco minutos más.

Desafortunadamente no podía darse ese lujo, así que se desperezó estirando las manos hacia atrás mientras se ponía de pie.

Dejaría que la canción de la alarma continuara mientras se cepillaba los dientes; y permitió que se repitiera en tanto se duchaba.

El atuendo del día sería el estilo usual: vaqueros —esta vez negros—, zapatillas Converse rojas hasta el tobillo. Camiseta blanca de algodón ajustada al cuerpo y una franela manga larga con estampado a cuadros azules y escarlatas.

El cabello suelto ondeaba con el viento mientras se ajustaba las asas de la mochila negra en su espalda.

Parecía una estudiante que caminaba por la acera hasta la parada del autobús, pero de eso no había nada. Simplemente cambió los bolsos por algo más, como solía hacerlo por temporadas.

Iba con el tiempo justo de camino a su trabajo.

Desde hacía dos años había comenzado a laborar en una fábrica textil, en las afueras de la ciudad. Y, aunque el pago era el mínimo y no le alcanzaba para mucho, por lo menos era estable y podía pedir horas extra debido a la producción masiva de cada día.

Hasta la fecha no había tenido ningún problema en el establecimiento, y esperaba que esto continuara así, puesto que en realidad necesitaba el trabajo para mantenerse a flote y ayudar a su familia que vivía en Latinoamérica.

Últimamente se sentía bastante estresada, puesto que su madre le había hablado de los problemas que estaba teniendo con la hipoteca. Tampoco a su padre le iba bien por las fechas, y sus hermanos no tenían la edad para trabajar; aunque aún así, ellos ayudaban en lo que podían en el negocio de la familia después de salir de la escuela.

Ese día, [Tn] planeaba hablar con su jefa para pedirle horas extra; eso, si habían disponibles en el nuevo horario. Pero antes que nada, iría a la mini cocina del comedor de empleados a prepararse un café, ya que ni siquiera había desayunado.

Por desgracia para ella, no pudo encontrarse con la mencionada supervisora de planta ese día, ni el siguiente y tampoco el miércoles. No fue sino hasta el jueves, cuando se planteó hablar con Rolando, el encargado. Aunque desistió porque sabía que él no era muy accesible.

El martes de la semana siguiente, finalmente pudo encontrarse con Malika en el amplio pasillo blanco que conducía a los baños.

Pero... las cosas no salieron como lo esperaba.

—No puede ser... —dijo [Tn], después de pasarse las manos húmedas en la cara. Se vio en el alargado espejo del lavabo en el baño de los empleados—. ¿Qué se supone que haré?

Suspiró, sin lograr desembarazarse de la preocupación que la aquejaba. Cerró el grifo antes de apoyar las manos en la cerámica, con la mirada puesta en el reluciente piso blanco.

Hacía menos de cinco minutos de que había hablado con su supervisora, Malika, para pedirle que por favor le diera la oportunidad de trabajar horas extra.

A [Tn] no le importaba el cansancio con el que ya lidiaba a consecuencia de trabajar de lunes a domingo. Habría soportado lo que fuese con tal de conseguir mas dinero par ayudar a su madre con una hipoteca cuyo plazo estaba por vencerse. El banco no aceptaría excusas ni otorgaría prórrogas, y embargaría lo único que mantenía en pie a su familia.

Aunque no vivía en casa con sus progenitores, y sin importar que el dinero a ella no le alcanzaba para nada; sentía que tenía el deber, el derecho y la responsabilidad de aportar su grano de arena para ayudar con las cuotas vencidas de la hipoteca.

Por desgracia para [Tn], la alta y esbelta pelirroja de rizos sueltos y abundantes que iba por el nombre de Malika; le respondió que lo sentía, pero que todas las horas disponibles ya estaban cubiertas por otros empleados.

—Sabes que te habría dado los horarios sin pensarlo dos veces, pero ya han sido dados a varias de tus compañeras —le dijo, con ostensible pesar.

«Demonios...» Pensó [Tn], esforzándose por ocultar su preocupación.

—Sé que eres una de las personas que más duro trabaja en este sitio —le dijo, mirándola con semblante considerado—. Si aún necesitas las horas extra para el próximo cambio de horario, déjame saber con anticipación por favor.

—Te lo agradezco nuevamente, Malika —murmuró [Tn].

Sin importar la frustración que le provocaba el comprobar que se estaba quedando sin opciones, [Tn] se limitó a agradecer por la atención brindada ante la petición pues era una joven bastante considerada, educada, y con buenos modales. Nunca se desquitaría sus problemas con terceros, y mucho menos los dejaría en evidencia por intolerables que fuesen.

Suspiró una vez mas, antes de regresar a su casillero. Era casi la hora de almuerzo, de modo que fue a la cocina para los empleados, a prepararse una sopa instantánea en el microondas.

Su mirada recorrió el pequeño sitio de blancas paredes, como si en ellas pudiese encontrar algo que ni siquiera estaba buscando. El desespero se estaba apoderando de ella. La cabeza comenzaba a dolerle por sobrepensar.

Sus ojos se encontraron con Sylvanna, la hermosa rubia cuyo uniforme negro parecía embellecerla aún más.

—¿Qué hay? —le preguntó, mientras se sentaba en la silla metálica.

—Nada —dijo, [Tn] sonriendo ligeramente.

Se fijó en la manera agraciada en que Sylvanna sacaba la comida recién comprada sobre la mesa de acrílico de color blanco.

Estiró sus labios en una sonrisa que no se completó. Cielos, el filete con espárragos y ensalada de papa sí que olía bien...

Deseaba también comer algo más que una sopa instantánea, pero su presupuesto mensual ya estaba comprometido mucho antes de haber cobrado el pago por su trabajo.

—¿Te gustaría acompañarme? —preguntó Sylvanna, una vez que [Tn] sacó su comida del microondas.

—Sí, desde luego —aceptó con agrado. Ocupó el asiento frente a la otra e introdujo la cubertería de plástico dentro del vaso que contenía la sopa instantánea.

—¿Vas a llenarte con eso? —cuestionó mirando primero los tallarines y después a [Tn].

«No», pensó [Tn], que sonrió débilmente asintiendo en respuesta.

—Bueno —murmuró Sylvanna, mientras cogía algunos espárragos con el tenedor—. Oye, perdón por meterme en tus asuntos pero... —la miró con consideración—. Escuché que le pediste horas extra a Malika.

—Oh, eso —farfulló [Tn]. Se obligó a sonreír una vez más antes de llevarse algunos tallarines a la boca—. Sí. Estoy algo corta de presupuesto —admitió, con los cachetes algo atiborrados de comida.

Sylvana volvió a notar la preocupación de [Tn], aunque ésta intentase disimular.

Sentía mucho que una chica tan considerada, atenta, complaciente y bien portada como ella, siempre estuviese en aprietos económicos. Lo deducía, sin que ésta se lo contase.

—Lamento que no hubiesen horarios disponibles. ¿Todo bien?

[Tn] suspiró mirando su sopa instantánea.

—La verdad es que no —murmuró—. Nada está bien. —Rápidamente hizo un gesto de desconcierto, había pensado en voz alta. Sacudió la cabeza liberando una risilla—. Bueno, no se trata de nada que no tenga arreglo.

Después de meditarlo en tanto la veía con fijeza, Sylvanna consideró hacerle una propuesta a [Tn]; con la esperanza de serle de ayuda.

Después de todo, la mencionada le había hecho muchos favores de manera desinteresada.

Tenía en buena estima a [Tn], porque ésta era la clase de chica sencilla, humilde y complaciente que se esmeraba por hacer el bien a otros sin pensar en ella misma. Era del tipo de persona agradable, amable y considerada que se cuidaba de los altercados; siempre intentando no entrar en contiendas ni ofender a terceros.

Pero a pesar de que las intenciones eran buenas, Sylvanna se planteó que [Tn], muy a pesar de que era bastante lista y capaz en algunas situaciones, tendía a ser muy ingenua en otras.

Esto último podría ser contraproducente, aunque la joven confiaba en que todo estaría bien si le explicaba los parámetros necesarios; bueno, eso era en caso de que [Tn] aceptara la propuesta que deseaba presentarle.

—Trabajas de lunes a domingo y encima de eso pides horas extra —comentó, con la intención de adentrarse en el tema de interés—. ¿Se trata de algo grave? ¿Hay algo que pueda hacer para ayudarte?

[Tn] se lo pensó. No era su estilo hablar de más pero también lidiaba con la sensación de sofoco.

—Bueno...

Suspiró, antes de comenzar a contarle a Sylvanna que el banco pronto embargaría dejando a su familia en la calle, si no se apresuraba a conseguir el dinero que necesitaba para las cuotas vencidas de la hipoteca y un tanto más.

Le comentó, además, que el dinero no le alcanzaba para nada, y que incluso ya debía el total de los pagos que recibiría en los próximos meses, y vaya que ni siquiera estaba tomando en cuenta la renta de su vivienda y sus gastos fijos.

Después de escuchar con atención, Sylvanna decidió hacerle un comentario acompañado de una pregunta...

—Vaya, es serio... —dijo—. Pero... —se rascó la sien. Lucía un poco insegura—. ¿Qué tan dispuesta estarías a cubrirme en mi segunda... «ocupación»?

[Tn] parpadeó, confundida.

—No sabía que tenías otro empleo.

—No, [Tn], no es un empleo tal cual.

—¿Entonces de qué se trata?

Sylvanna suspiró.

—Antes que nada, te pido que mantengas la mente abierta y que no saltes en conclusiones. ¿De acuerdo? —[Tn] asintió—. Vale. Escucha, yo... —miró hacia los lados. Quería asegurarse de que nadie estuviese cerca—. Soy dama de compañía.

—¿Da... Dama de... compañía? —replicó espantada—. No critico ese tipo de ocupaciones, Sylvanna, pero tampoco me creo capaz de venderme por dinero.

Sylvanna rió con obvia diversión.

—¡No se trata de que te acuestes con nadie, tonta! —exclamó aún risueña.

[Tn] parpadeó, confundida.

—¿No?

—No —respondió negando con la cabeza—. Ser una dama de compañía no siempre significa que estés prestando servicios sexuales —explicó—. Sí, es cierto, salgo con hombres mayores de elevado estatus social, pero no me acuesto con ellos.

—Entonces... ¿Qué es lo que haces... co... como dama de compañía?

—Se trata de entretener a mis clientes durante la cena. Ya sabes. Ser encantadora. Mantener una buena conversación. Sonreír y mostrarse atenta. Hacerlos sentir bien.

—¿Nada de sexo?

—En mi caso, no —dijo, de modo consiente—. Aunque eso depende de cada chica. Si ella quiere o no. Tal vez, solo si se sienten atraídas por su anfitrión... —insinuó con una sonrisa traviesa.

[Tn] se estremeció.

—Como te dije, no es que critique ese tipo de... «ocupaciones», pero no me considero ni me siento capaz de venderme por dinero.

—No, no, no —le detuvo haciendo un ademán—. Te he dicho que no tienes que acostarte con nadie. No, si no quieres. Y tampoco es que se trate de prostituirte. Solamente debes asistir a una cena y conversar.

—Perdóname —murmuró [Tn] algo avergonzada—. Perdóname. Lo entendí mal.

—No, no te preocupes.

—¿Solo cenar? —Inquirió un poco insegura. Aún no acababa de ver con buenos ojos todo el asunto

—Solo cenar —confirmó, mirándola a los ojos.

—Menos mal —añadió sonriendo aliviada—. Es que... Bueno, creo firmemente en que el trabajo dignifica a las personas. Pero hoy en día, existen muchos que consideran la prostitución un trabajo como cualquier otro. Y aunque no estoy de acuerdo con ello tampoco lo critico. Cada quien hace lo que puede para mantenerse a flote.

—Oye, pero existen niveles, sabes? —declaró Sylvanna—. Por ejemplo: yo quería ser actriz porno. Y ese es un trabajo como cualquier otro.

—Oh... —murmuró [Tn], temiendo haberla ofendido.

—Y que sepas que la dignidad no se come —la miró con fijeza.

—Yo... Lo siento. No quería.

La otra estalló en risas.

—¡Estoy bromeando! —aclaró Sylvanna, risueña—. Por supuesto que no era mi sueño ser actriz porno. ¿Qué clase de sueño sería ese?

—Bueno, se dice que es bien pagado —intentó bromear [Tn]—, pero nunca lo consideraría como una opción.

—Da igual si es mejor pagado o no —dijo Sylvanna—, La pornografía es una forma de prostitución lo veas como lo veas. La única diferencia entre las actrices porno y las chicas de las esquinas, es que en esa industria te graban en escenarios y venden los vídeos por internet o «Pay-Per-View».

—Pues... supongo...

—Y no, [Tn] —murmuró un poco seria—. Nunca te propondría nada que vaya en contra de lo que tú representas. Sé que eres una persona digna, íntegra, con buenos principios morales y sobre todo, alguien que prefiere romperse la espalda antes que optar por la vía fácil.

[Tn] sonrió agradecida por la estima que notaba en la mirada de Sylvanna.

—Tal vez debería dejar de ser tan rígida.

—Claro que no —condenó Sylvanna—. Eres alguien a quien nadie señalaría porque eres correcta. Y, aunque la adversidad te abrume, enfrentas todo con orgullo y dignidad manteniendo la frente en alto. Eres admirable.

—Guau... —murmuró conmovida—. Nunca me habían dicho nada igual.

—Pues te lo digo yo, y no miento —declaró Sylvanna—. Y, volviendo al tema. Lo que te he comentado es algo sano. No tendrás que hacer más que charlar con tu anfitrión de cosas realmente triviales. Como si solamente estuvieses dándote la oportunidad de conocer una persona mientras cenas.

—Pero...

—Olvidarás que estás devengando un pago cuando te sientes a la mesa con el hombre que pienso presentarte. Es sumamente amable, educado y muy refinado.

—¿De verdad? —preguntó [Tn], aunque todavía no estaba muy convencida de aceptar. Pero... necesitaba el dinero y según Sylvanna se lo aseguraba; no tendría que hacer nada indecente. ¿Podría intentarlo?

—Desde luego —respondió—. He aprendido mucho de él. Es un empresario exitoso aunque bastante reservado.

—Suena como todo un personaje.

—Entonces, ¿qué te parece mi propuesta?

—La verdad es que... Aunque te diga que podría intentar encajar en una situación como esa porque no soy una gran conversadora...

—Ah... no te menosprecies —se apresuró a decirle—. Eres linda, dulce, y no tienes problemas para desenvolverte.

—Pero, es que de todas maneras no tengo nada que usar.

—Yo te presto lo que necesites —declaró con una sonrisa sincera.

—¿Harías eso? —preguntó agradecida por la disposición que notaba.

—Por supuesto.

—¿Has trabajado como dama de compañía por mucho tiempo?

—Casi tres años —respondió Sylvanna—. No quiero presionarte, pero deberías darle una oportunidad. No te arrepentirás.

[Tn] suspiró.

—No estoy segura de poder...

—Y créeme..., el cliente con quien pienso recomendarte es muy agradable, educado y refinado. Siempre me lleva a los restaurantes más caros y lujosos de la ciudad, y es ridículamente generoso a la hora de pagar por mi compañía.

[Tn] se lo pensó.

—Ya que lo medito: ¿quién pagaría por una conversación durante la cena? —preguntó tanto intrigada como incrédula.

—¿Hombres mayores y adinerados? —respondió como si fuese obvio mientras rodaba los ojos—. ¡Duh!

—Pero, ¿no son casados? ¿No tienen una...

—Oye, se trata de distraerlos de su rutina diaria con una buena conversación; no de mezclarse o inmiscuirse en sus asuntos privados.

—Lo haces sonar fácil.

—Como te lo he comentado: te aseguro que ni siquiera recordarás que estás devengando un pago por estar ahí. Solo tienes que ser linda y distraerlo.

[Tn] enarcó la ceja.

—¿Son tus clientes todos tal cual?, ¿educados, agradables y refinados?

—Mis tres clientes son literalmente así. Y la verdad es que me va muy bien. E inclusive he ahorrado dinero para culminar con mis estudios y comprarme un auto.

Mientras arrugaba los labios y apartaba la mirada, [Tn] meditaba en si era o no una buena idea.

—Pero ¿tan aburridos están que deben de pagar por estas cosas? —preguntó con cierto tono de diversión.

—No tienes idea —le respondió Sylvanna.

Ambas rieron.

—Pero ¿estás segura de que solo se trata de conversar y cenar? —inquirió volviendo a dudar.

—Sí, y todo el dinero que mi cliente pague esa noche, será tuyo.

—¿Por qué no vas a verlo si tan generoso es?

—Pues... verás... —se sonrojó—. He quedado con alguien que... me gusta.

[Tn] esbozó una sonrisa de agrado y complicidad.

—Me da gusto por ti.

—Gracias —murmuró Sylvanna—. Entonces, ¿te animas?

—Bueno... —suspiró—. No tengo ropa que usar de todas maneras para ir a un sitio elegante. Y me da vergüenza el solo pensar que debo depender de ti para...

—¡No pasa nada! —declaró jovial—. ¡Ya te dije que yo te presto lo que necesites!

[Tn] se conmovió por lo dispuesta que la otra lucía con tal de ayudarla.

Se lo pensó por un momento. Se dijo que no podía dejar pasar esa oportunidad, pese a que no le era de mucho agrado el causar molestias y tampoco todo el asuntito de convertirse en una «dama de compañía».

Pero no tenía opción, y consideró que tampoco podría ser tan malo si solo se trataba de salir a cenar con alguien.

—En ese caso... —dijo un poco insegura—. Supongo que está bien.

—¡Excelente! —exclamó la otra.

—¿Cuándo tendría que cubrirte?

—Dentro de tres días.

—¿El viernes? —preguntó, después de recordar qué día era. Sylvanna asintió—. Vale. ¿Me enviarás la dirección? ¿Debo comunicarme con él? ¿Cómo funcionará esto?

—Te explico mientras comemos, pero antes que nada, ayúdame porque no podré terminarme todo lo que hay en mi plato —ofreció, ya que notaba que [Tn] deseaba lo que ella comía.

—Pero...

—¡Venga, no seas tímida! —exclamó riendo.

Con la esperanza de ayudar a su familia, aferrándose a la idea de que no haría nada malo, [Tn] se mentalizó en ir a cenar con Reginal Crossford, uno de los empresarios más influyentes del estado.

Nunca se habría planteado nada de lo que le esperaba.

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