Lucifer's Ballad [Appleradio]

Summary

En la oscura soledad de su habitación, el Señor de las Tinieblas, Lucifer, se enfrenta al insomnio y a recuerdos inquietantes. Mientras recorre el hotel, donde había empezado a vivir hace tiempo, los vestigios de momentos compartidos con Alastor lo envuelven en una mezcla de nostalgia y deseo. Una noche en particular resalta en su mente: una sincera confesión de amor y protección bajo la luz de la luna, culminando con una declaración de amor. Entre reflexiones y una taza de té, Lucifer encuentra consuelo en la memoria de un amor que promete eternidad en medio del caos infernal.

Status
Complete
Chapters
4
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

Buscando flores entre nieve caída (1)

En la oscuridad de su habitación el señor de las tinieblas estaba en total soledad. Al lado suyo, el lugar donde Alastor solía dormir todas las noches con él, estaba vacío, parecía que no había sido tocado en toda la noche, en su lugar, se encontraba un peluche con la forma de Alastor, un peluche que su esposo había hecho para consolarlo durante las noches que lo extrañara por si no volvía después de su trabajo en la radio.

El reloj dió las seis de la mañana, quería seguir durmiendo, pero le parecía casi imposible poder hacerlo, sus pensamientos iban de un lado a otro, no lograba conciliar el sueño. Se decidió por levantarse de su cama, colocándose sus pantuflas con forma de pato, aquél animal que tanto adoraba y que ahora ni siquiera eso lo podía ayudar con el cansancio que sentía desde el último exterminio, exterminio en el que Adán murió; quién diría que aquella pequeña lo habría conseguido.

Mientras iba en camino a la cocina, la luz de la luna lo hipnotizó mientras caminaba cerca del balcón, el balcón que anteriormente le había dicho a su hija que debía mejorar para que no se cayera, irónicamente después de la destrucción del hotel fue lo único que quedó de pie. Mientras se recargaba en el balcón mirando el cielo infernal, sintiendo el fino aire que golpeaba su rostro, generando que pequeños mechones de su desaliñado cabello se movieran al compás de este. No pudo evitar recordar aquella noche encontrándose con Alastor en aquél mismo lugar, habían aprendido a tolerar la presencia del otro por el bienestar de Charlie, incluso podría decirse, por parte de Lucifer, que había comenzado a sentirse seguro, feliz con la presencia del demonio con apariencia de ciervo.

—Es una linda noche, ¿no lo cree, majestad? —pronunció en un tono bajo, como si deseara que esa conversación fuese un secreto entre ellos. Lucifer se mostró claramente sorprendido ante la repentina aparición del pelirrojo, pero su sonrisa fue imposible de ocultar; regreso su mirada a las calles infernales, repletas de caos, un caos que hace milenios se había acostumbrado a ver y resignado a que no podría cambiarlo.

—Definitivamente lo es, Al —no fue capaz de decir más. Aquella noche había estado inundado de recuerdos, recuerdos de su ex esposa, la mujer que lo había abandonado por siete años. Lucifer era fácil de leer, nunca había sido bueno ocultando sus emociones del todo, no pasó desapercibido por Alastor, quien se acercó un poco más al menor de estatura, llegando a recargarse en el balcón para quedar más a la altura.

—¿En qué está pensando? —La pregunta tomó por sorpresa al rubio, que no supo que decir en aquél momento. Tuvo un dilema interno, entre decirle la verdad o inventar una excusa, ya no amaba a Lilith, pero a veces era inevitable pensar en ella, después de todo, los traumas de abandono que lo provocó tampoco es que fueran fáciles de olvidar.

—Lilith —dijo, limitándose a decir aquél nombre únicamente. Alastor sabía a que se refería, el nombre de aquella dama provocaba que su ser hirviera dentro de si, le había sido imposible perdonar a aquella mujer que causó tanto daño a la persona que lo había hecho pensar en el amor.

Cerró sus puños con fuerza, apretando su bastón, podría romperlo si seguía aplicando aquella fuerza.

—Ella jamás lo mereció a usted, Lucifer —su voz tenía un ligero toque de estática, delatando aquella molestia que sentía. Lucifer sabía que no debió haber dicho aquél nombre, ya conocía la reacción de Alastor, sus sentimientos habían sido despojados de cualquier barrera mientras ambos se embriagaban bajo la luz de la luna, sabía del odio que el pecador había obtenido después de haber escuchado todas sus penas.

—¿Sabe? —Lucifer volteó a ver a Alastor, que había vuelto a tomar la palabra antes de que el rubio pudiera decir algo—Durante todo el tiempo que he tenido la desfortuna de convivir con usted, pude darme cuenta de lo dulce que es usted, demasiado para mi gusto, pero... —el pelirrojo se dignó a ver a su rey a los ojos, en un intento de demostrar que sus palabras guardaban sinceridad, que venían dentro de su corazón. Sus orejas habían bajado, dejando que su voz con característica de radio se redujera un poco—Quisiera que usted se quedara a mi lado, yo puedo protegerte de ser lastimado nuevamente -sus manos se posaron sobre las de Lucifer con suavidad, acariciando estas mismas—Esta bien si no acepta mi sentimiento, si después de esto usted me odia, pero mi mayor anhelo es protegerlo, proteger su corazón de cualquier dolor.

Las mejillas de su piel blanquecina no tardaron en formar un ligero tono amarillo, la sangre se había acumulado en esa zona. Sentía su rostro hervir. Correspondió a aquél agarre en sus manos, levantando la vista, mirando al pecador a sus ojos.

Lucifer se encontraba atrapado entre la sinceridad y el deseo de estar con el interlocutor, aquél que había logrado que su corazón fuera agitado aún con la falta de viento. Sus ojos se clavaron en los del otro, buscando dar una respuesta adecuada. Anhelaba proteger a Alastor también, su mirada bajó con lentitud, mirando únicamente sus pies.

"¿Cómo podría protegerlo si no puedo protegerme a mí mismo?", pensó Lucifer, sintiendo el peso de su propia vulnerabilidad.

Las palabras del otro resonaron en su mente: "Yo puedo protegerte de ser lastimado nuevamente." Lucifer recordó las veces en las que su ex esposa lo había herido, traicionado por aquella mujer que solo terminó viendo su poder y no el ser angelical que, en alguna parte, seguía oculta entre esa fachada de egocentrismo.

El pecador sintió un estremecimiento recorrer su piel al sentir el tacto que el soberano había correspondido a sus manos. El corazón de Lucifer latía con fuerza.

La confesión resonó en el aire, cargada de promesas y miedos—Protegerme... —, murmuró Lucifer, recordando su propia lucha interna-Desde que comenzó mi existencia en este lugar, con este poder... —El peso de su inmortalidad se cernía sobre él—Me acostumbré a no poder defenderme de quienes me buscan para cumplir sus intereses personales, más allá de mí.

El interlocutor no lo buscaba por su divinidad, sino por la "humanidad" que el rubio poseía, Lucifer cerró los ojos, sintiendo la paradoja de su existencia. ¿Qué podía ofrecer a cambio de la protección de Alastor?

—Al... -susurró Lucifer, levantando la vista, observando con atención aquellos ojos rojizos que el de mayor estatura poseía. Una sonrisa se formó en sus labios-Quiero que tú me protejas —La petición era sincera—No por mi poder, sino por mí.

No fue necesario un beso para demostrar para sellar aquella promesa de amor que habían formado. Lucifer llevó la mano de Alastor a su frente, mostrando el respeto y cariño que había acumulado en los últimos meses.

"Lejos de los problemas del mundo", pensó Lucifer antes de regresar a la realidad de aquél recuerdo de la vez que volvió a sentirse amado.

El recuerdo de aquella noche lo envolvía cada vez que Lucifer llegaba a extrañar a su amado, con eso podía sentir su presencia, podía sentir que lo acompañaba en cada momento. Se alejó del balcón, su sonrisa temblaba, costaba mantenerla después de esto. Extrañaba bastante a Alastor.

Volvió a su objetivo: la cocina, quería un vaso de agua, tal vez aquello lo ayudaría a dormir, no perdía nada con tratarlo. Al llegar a las escaleras pudo notar de reojo la sombra de su amante, volteando al instante en busca del pecador.

—¿Alastor? —sus ojos habían sido iluminados al haber sentido su presencia. Al voltear simplemente no había nada, suspiró.

"Solo debí estar alucinando." Bajó las escaleras agarrándose del barandal, la oscuridad no le permitía del todo ver donde pisaba, con esto aseguraba de, en caso de caerse, tendría de dónde sostenerse. Tuvo la suerte de no haberse resbalado, soltó una risita al recordar una vez donde Alastor y él subían a sus respectivas habitaciones, Alastor había resbalado aquél día en estas mismas. No podía olvidar el rostro molesto y lleno de vergüenza de, quien en ese entonces, era su nuevo amigo.

Había sido un día pesado en el hotel, Lucifer y Alastor habían sido los últimos en quedarse despiertos. Se supone que habían atendido unos asuntos, aunque terminaron bebiendo en el bar dentro del hotel.

—Alastor, ¿seguro de qué puedes caminar? —El rubio ya llevaba algunos pocos metros de distancia a comparación de Alastor, que, con dificultad, subía las escaleras.

—Lucifer, usted... —soltó un hipido, antes de continuar con la oración—Usted no se preocupe por mi. Estoy perfectamente.

El pelirrojo se tambaleaba en las escaleras, tropezaba con algunas, pero en ningún momento había caído. No fue hasta que llegó al penúltimo escalón, siendo esperado por el soberano para asegurarse de que no se lastimara. Fue ahí cuando Alastor finalmente había tropezado, no había levantado bien su pierna, generando que su pie se atorara en el escalón anterior.

Lucifer, como un buen amigo, había comenzado a reír, en ningún momento se detuvo para poder ayudar al ciervo. El rostro de este mostraba su molestia con solo ver sus cejas fruncidas, mientras que sus orejas delataban la vergüenza de haber caído de la forma más estúpida posible.

—Lucifer... —Su voz estática sonó por el pasillo, era un claro signo de molestia. Lucifer supo que era momento de alejarse.

El soberano soltó una ligera risa ante el recuerdo de la escena, aunque habría parecido que no lo ayudó, al final lo llevó a su habitación, arropadolo para que finalmente pudiera dormir.

Finalmente había llegado al final de las escaleras, adentrándose en la cocina. Tomó un vaso de agua y, antes de poder beberla, pudo notar una caja de té, una que Alastor hace meses le había comprado, aquellos tés ayudaban a que Lucifer pudiese dormir. No se había acabado aún la caja porque no le era necesario, con dormir abrazando a su esposo le había sido suficiente para poder conciliar el sueño, pero ahora no estaba.

Tomó un banco, subiéndose a este para tomar la caja. La abrió, había una gran variedad de tés, aunque al final se decidio por uno de menta, recordando que fue el primer sobre que Alastor le había dado durante una noche que le era imposible dormir.

Comenzó a calentar el agua colocándola en una taza, no tardó en poner el té en la taza, acompañándola con una cucharada de azúcar. No le importó dejar la cocina poco ordenada, después se levantaría más temprano para ordenar todo. Se quedó sentado en uno de los sillones del lobby tomando su té, apreciando el silencio del hotel en la madrugada.

El silencio lo comenzó a perturbar, aunque era algo que también le solía recordar a su esposo, después de todo, él apreciaba bastante los momentos de silencio que había en cualquier lado. A su lado, había una radio, una que pertenecía a Alastor.

La encendió.

Lo único que escucho fue un sonido de estática al colocar la radio en el canal de Alastor. Ya no estaba al aire. Soltó un suspiro pesado, transportó un cassette para colocarlo en aquella radio, escuchando con atención las palabras del demonio. Era uno de sus programas favoritos, uno de los pocos donde consiguió grabar su voz, aquél día había decidido cantar, un plus para su grabación, "Cannibal" fue la canción elegida para aquella ocasión. De cierta forma, a Lucifer era algo que le encantaba, aquél pensamiento de ser devorado por su ser amado, sumando a Alastor que sabía que cada vez que podía probaba su angelical sangre. La primera vez que mantuvo una relaciones sexuales con Alastor fue cuando ambos se dieron cuenta que era algo que a ambos les gustaba; una combinación perfecta, mientras a uno le gustaba devorar, otro era un caníbal. Incluso llegó a sentir que esa canción iba dedicada al rubio.