Ojo Por Ojo [Tododeku] by Togamichi at Inkitt
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Ojo por ojo [Tododeku]

Summary

Por culpa de su antiguo socio, perdió a su novia y mejor amiga, ahora que se enteró que él tiene alguien a quien amar, piensa que es momento de devolverle el favor. El amor no cambia a las personas, las mejora. Y el odio, las corrompe. "Me quitaste mi mundo así que te quitaré el tuyo". •Historia corta. •Omegaverse.

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Chapters
22
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n/a
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18+

Prólogo

Tenía quince años cuando se enamoró por primera vez.


Él era un adolescente callado y retraído, quizás demasiado pacifico para ser un alfa y a pesar de ser atractivo, su nulo interés por cosas que le atraían a los demás jóvenes y su poca facilidad para demostrar sus emociones le dificultó demasiado el hacer amigos.


Obviamente no fue así desde el principio.


El primer día de escuela todos se le acercaron, queriendo ser sus amigos y presentándose entusiastas.


—¡Hey, Todoroki! ¿Tu papá es director de la notaria Endeavor?— Se le acercaron en su primer día de clases.


—¿Eres un alfa dominante?— Cuestiona una chica frente a él.


—Ah, no.


—¡Qué alto y guapo!— Lo alaba el omega detrás.


—Genética, supong-


—¿Juegas algún videojuego?— Un random aparece interrumpiendo.


—N-no.


—¿Qué hay de los deportes?— Otro chico lo exalta.


Intentó seguirles el ritmo, en serio que lo hizo, aunque no entendía muchas cosas de las que hablaban o chismes que tenían.


En su opinión eran demasiado ruidosos y energéticos, nada que ver con alguien tan pacífico y sereno como él. Pero estaba bien, eran buenos, no le molestaban en lo absoluto.


Sin embargo, conforme pasaron los días y las semanas, esos mismos compañeros empezaron a sentirse incómodos con su presencia, pues él no entendía bromas o tendencias, no tenía una anécdota divertida para contar y tampoco era alguien particularmente expresivo.


Así que empezaron a evitarlo.


Se sentía mal porque sí la pasaba bien con ellos, pero no sabía demostrarlo y le dolía mucho terminar siendo excluido, era solo un adolescente que no sabía cómo encajar porque no desarrollaba una personalidad aún.


Pasar de la educación en casa y poca relación con un entorno social, a ir de pronto a una escuela llena de jóvenes y adolescentes le había chocado.


Era como sacar a un pez del agua.


Mas no se rendía, él quería tener amigos, experimentar lo que los demás vivían, reír y bromear en grupo, organizar salidas, ir a fiestas, visitar las casas de otros y que lo visiten a él.


Pero nada, estaba perdido.


Los libros y websites que estudió para intentar socializar no eran tan específicos como le hubiera gustado, a veces lloraba en el regazo de su hermana mayor por sentirse tan... Diferente.


Incluso llegó a odiarse a sí mismo y a resentirse con su condición autista.


Pero todo cambió cuando la chica a su lado le habló repentinamente pidiéndole un lápiz prestado.


Apenas se giró a verla, quedó embelesado, ella era preciosa, era una beta portadora de belleza digna que solo alfas u omegas dominantes podían tener.


Se cacheteó mentalmente por simplemente mirarla y no darle el lapiz pedido, seguro ella pensaría que es raro y también se alejaría.


Pero ella solo le sonrió antes de tomar el lápiz por cuenta propia y continuar con sus apuntes.


Después de aquello, dudó en hablarle, ahora la veía inalcanzable, seguro ella no le haría caso y lo consideraría una molestia también, o en todo caso, si se hacían amigos, no dudaba en que también la aburriría con su presencia.


—Gracias por el lápiz, Shōto. No te molesta que te llame por tu nombre ¿No? Puedes llamarme Momo; estuvimos sentados bastante cerca pero nunca tuvimos la oportunidad de conocernos, ¿Quieres intentarlo?


Una vez más, ella le sorprendía, asintió no muy convencido, sin tener muchas esperanzas de que aquel interés y cercanía vaya a durar, pero ese día empezó lo que serían los más felices de su adolescencia.


Momo no solo era hermosa, también era amable, servicial, muy inteligente y tenía buenos dotes de liderazgo, tan popular, admirada y respetada por todos que le parecía increíble el hecho de siquiera ser amigos.


Con el pasar de los meses no dudaba de que había caído enamorado de ella, mas no se confesaba porque nunca creyó tener oportunidad.


Dios, ¡Si ella había rechazado a Bakugō Katsuki! ¡Y era el alfa dominante más guapo, inteligente y popular de la escuela! ¿Qué esperanza tenía él siendo un completo retraído de simple cara bonita?


Solo le quedaba admirarla como los mejores amigos que eran aunque en el fondo tuviera ganas de decirle lo mucho que le gusta y que probablemente fue amor a primera vista.


Se conformaba con solo verla sonreír, hablando sin parar de cualquier cosa, hacer la tarea juntos y pasar conversando toda la noche con ella hasta caer rendido ante el sueño.


Fue acabando la preparatoria, cuando tenían diecisiete y dieciocho años, que al considerar que probablemente sería la última vez que se vieran antes de separar sus caminos, cuando finalmente se armó de valor y terminó dándole el segundo botón de su chaqueta escolar.


—También me gustas— Respondió ella con un sonrojo —E-esperaba que me lo dijeras antes... Y si no lo hacías tú, iba a hacerlo yo.


Se quedaron en silencio, él desvió la mirada con nerviosismo y ella empezó a reír antes de lanzarse a abrazarlo, diciéndole lo feliz que era nada más con esa acción.


Fue el día de su graduación que compartió la dicha de tener su primer beso con su primer amor.


En la universidad que se hizo particularmente cercano a Bakugō Katsuki, su compañero de clases de la UA también, iban por la misma carrera y la rama de negocios, así que se juntaron porque ambos eran demasiado antisociales como para querer conocer a más gente con la cual trabajar.


Él ya tenía a Momo, no necesitaba a nadie más a su lado.


En su cumpleaños número veinte, su padre le dio un capital bastante elevado para que lo invirtiera como mejor le pareciera y él se lo tomó en serio, pensando meticulosamente cuál sería su mejor opción.


Con ayuda de Momo, quien lo ayudaba investigando qué hacer con tanto dinero, decidió empezar un negocio de capital de inversión, y después de un año planeando la mejor estrategia para emprender, logró tener todo en regla para empezar con el pie derecho.


Gracias a las conexiones de su padre y el apoyo de su novia, quien le daba ánimos, a veces metía sus narices, y lo ayudaba a no perder el ritmo, todo le fue de maravilla. Pronto tuvo que contratar poco a poco a más especialistas y probablemente un segundo encargado.


Es ahí donde entra en juego Bakugō Katsuki, quien no duda en convertirse en su socio y mano derecha, demostrando con arrogancia porqué era el mejor y que era merecedor de su sueldo y puesto.


A tan solo un año de haber creado la empresa, pudo obtener el capital suficiente para el pago inicial de su primera casa, aquella en la que planeaba vivir con su novia.


—Shōto... Es preciosa, pero un departamento habría sido más que suficiente para nosotros.


Dios cómo la amaba.


Ella nació en cuna de oro y tenía todo servido en charola de plata, pero siempre había sido una mujer sencilla y humilde, que no requería de lujos para ser feliz.


—Sin tu apoyo no sería ni la mitad de lo que soy ahora, creíste en mí cuando incluso yo mismo quería rendirme y nunca te has ido de mi lado. Juro que esto es lo mínimo que te mereces.


—Te amo, te conozco y sé de lo que eres capaz, por supuesto que iba a creer en ti.


—Te amo— Repite, besándola.


Ella solo llora ante las palabras bonitas, no es como si no las hubiera oído antes, pero cada vez que él habla, se siente amada y agradecida de tenerlo en su vida, y el sentimiento era mutuo.


Después de dos años había conseguido acabar de pagar la casa, y a sus veinticuatro años, obtuvo su primer auto, poniéndolo a nombre de Momo, quien también trabajaba duro queriendo culminar su propia carrera.


Planeaba proponerle matrimonio pronto.


Si de él dependiera, se lo habría pedido desde hace mucho, pero no quería casarse sin tener un lugar estable al cual llamar hogar, no quería llegar con las manos vacías.


Por eso, ahora, con la casa, el auto, y la empresa en buena dirección, solo le quedaba comprar el anillo, organizar una propuesta memorable y pedirle a ella su mano.


Estaba listo para compartir su pequeña fortuna y los frutos de su esfuerzo con ella.


—Agh, malditas ratas— Suspiró un día Katsuki tirándose en la silla de su oficina.


—¿Pasó algo?


—Yakuza— Responde —Me encargué de revisar bien todo y ese dinero... No es limpio. Si lo aceptamos, podríamos meternos en problemas, así que lo mandé a la mierda educadamente para que no venga por mi cabeza— Ríe. Shōto solo asiente.


No iba a mentir, Bakugō también fue un gran impulsador suyo, estar juntos en la universidad, trabajo, y tiempo libre terminó haciendo que se convirtieran en grandes amigos, confiaba mucho en él.


—¿Qué planeas para... Ya sabes?


— Ah... Quiero llevarla de viaje en la semana de su cumpleaños y pedírselo allá.


—Tch... Bien por ti— Gruñó el cenizo levantándose.


Shōto era demasiado despistado, o inocente, como para reconocer la envidia en otros.


O tal vez le tenía tanto aprecio a Bakugō que ignoraba todas la señales de que, aunque él lo veía como un gran amigo, este solo estaba a su lado por conveniencia.


Quizás por el dinero que ganaba, quizás por las conexiones que tenía, o quizás porque seguía teniendo esperanzas de poder acercarse más a Momo.


Porque a él nunca le dejó de gustar ella.


Shōto no le tomaba importancia, creía ciegamente en que eran emociones unilaterales, sabe que Momo jamás cedería ante las provocaciones de Katsuki, confía en ella y el amor que se tienen.


En quien no debió confiar fue en Bakugō.


Y lo supo cuando, llegando a casa una tarde, encontró a la beta llorando en el baño de la habitación principal.


Estaba sentada desnuda en la tina, tallando su cuerpo con fuerza, tenía marcas violetas en sus muñecas y cuello, y una mordida en su nuca.


La mirada de ella se rompió al verlo ahí, soltó la esponja que enrojeció su piel de tanta fuerza ejercida, intentó cubrir su pecho con sus manos y se hizo bolita mientras lloraba con más intensidad.


—Mi amor, mi reina qué...— Se acercó a paso lento, reconociendo el olor de un alfa en ella, la habían intentado marcar, algo imposible tomando en cuenta su condición como beta.


—M-me violó...— Confesó ella cuando Shōto estuvo a su lado, se aferró a él con fuerza esperando sentirse segura en los brazos de su amado —Bakugō-san vino a recoger unas cosas d-de tu oficina... Y-yo estaba tomando un baño y... Cuando salí, él... M-me estaba esperando acá afuera... Por favor, por favor, no quiero volver a verlo, no quiero... Tengo miedo, perdón por no haber podido defenderme, Shōto, perdón— Se aferraba a él entre alaridos.


Su corazón se rompió al oírla y le dio el consuelo que ella necesitaba, la terminó de bañar, siseando al ver sangre tanto en su vagina como en su ano, aplicó pomada en sus heridas, la vistió con un pijama suave y la acurrucó en su regazo para recordarle que nada de esto era su culpa, que la amaba, que no estaba sola, nunca lo estaría.


Aunque quería ir y ocuparse de Katsuki con sus propias manos, su novia era su prioridad, y en estos momentos tan vulnerables, necesitaba de su compañía y apoyo más que nunca.


Claramente no se iba a quedar de brazos cruzados ni mucho menos dejaría pasar que ella llorara de tal forma e incluso se culpara por ello.


Después de dos días, en la misma empresa a la que Bakugō seguía yendo descaradamente, como si no hubiese hecho daño alguno, fue que lo enfrentó.


Vaya que fue una pelea.


Estaba cegado por la furia, por el dolor causado en su novia, su lobo tomó el control y se dejó guiar por los instintos, causando un gran daño en el alfa dominante.


—Estás fuera, Bakugō. Solo espera a que lo denunciemos, usaré todo a mi alcance y te pudrirás en tu miseria, lamentarás haberla tocado sin su consentimiento.


Porque sí, prefería mil veces que ella lo hubiese engañado, que voluntariamente se haya dejado tocar por alguien más o que tuviese una aventura, a que haya pasado por algo como esto, siendo un suceso que le causaría dolor y traumas de por vida.


—Ni que fuera la gran cosa— Se limpia la sangre Bakugō, intentando no caer.


—Para mí lo es todo, pero eso solo lo entenderás cuando encuentres a alguien a quien ames de verdad.


Todos en la empresa lo miraban en shock, jamás pensarían que en una pelea entre ellos, Shōto ganaría. En realidad, jamás pensarían que ellos pelearían.


Katsuki Bakugō es un alfa dominante puro, era uno en un millón, una especie fuerte y poderosa. Aquel acontecimiento fue humillante en todo el sentido de la palabra, y por supuesto, como el orgulloso que era, no iba a dejarlo pasar.


Con todo el odio del mundo, tomó su teléfono para mover unos cuantos hilos y joderle la vida a Shōto... ¿Y por qué no? A Yaoyorozu también.



Fue tan solo días después, más específicamente el diez de agosto, que el anillo que había encargado meses atrás, finalmente estuvo listo para recoger.


Lo miró con mucho amor, quizás no era el mejor momento para pedirle matrimonio, pues ella aún tiene temblores, pesadillas y despierta entre sollozos, pero planeaba guardarlo hasta que llegase el día adecuado.


Con muy buen humor, llegó a casa.


Pero todo se fue al carajo al llegar a la habitación en la que Momo suele estudiar.


Ella estaba inerte en el suelo, desangrándose y con la mirada perdida mientras un agujero en su pecho resaltaba de color carmín.


—M-momo...— Susurra en shock, soltando su maletín para correr hacia ella —Momo, amor... No, no...


Puso su cabeza en su regazo y palmeó sus mejillas, sin perder tiempo llamó a una ambulancia aún esperando alguna reacción por parte de ella.


—Momo, mi vida, d-despierta, no duermas, por favor, mi reina— Empieza a sollozar, frotando sus brazos para intentar calentarla.


Pero ella había perdido el calor corporal hace mucho.


—Momo, Momo...— Solloza rogando porque todo se tratase de una maldita pesadilla, un jodido y mal sueño.


Repetía su nombre una y otra vez, la abrazaba, acariciaba, intentaba mantenerla tibia, pero nada parecía querer funcionar.


Se negó a escuchar cuando los paramédicos dijeron que ya nada se podía hacer, que ella llevaba muerta desde hace horas.


Y sintió tanto dolor cuando lo obligaron a separarse de su cuerpo que terminó desmayándose.


Entonces, como si todos los momentos con ella pasaran por su mente, empezó a recordar cada cosa de Momo que amaba.


La primera vez que la vio. Que habló con ella.


"

Gracias por el lápiz, Shōto. No te molesta que te llame por tu nombre ¿No? Puedes llamarme Momo; estuvimos sentados bastante cerca pero nunca tuvimos la oportunidad de conocernos, ¿Quieres intentarlo".


El día en que confesó sus sentimientos.


"

También me gustas...E-esperaba que me lo dijeras antes... Y si no lo hacías tú, iba a hacerlo yo".


La primera vez que tomaron sus manos, el primer beso.


"

Me gusta verte trabajar, pero no me gusta que te descuides por hacerlo. ¿Cómo crees que me siento yo si te veo sin comer ni dormir por el estrés? Ven a la cama conmigo"

.


Cada palabra de aliento.


"

Te amo, te conozco y sé de lo que eres capaz, por supuesto que iba a creer en ti

".


Mierda.


De solo imaginar un futuro en el que no esté ella hacía que vivir no valiera la pena.


Su corazón duele.


Apenas esa mañana se despidió de ella con un beso.


¿De verdad esa sería la última vez que la vería?


¿De verdad ella ya no estaría nunca más?


¿En serio jamás volvería a oír su dulce voz decirle que lo ama?


Despierta de su inconsciencia con un profundo dolor en su pecho y empieza a llorar. Los médicos se acercan pero nada parece calmarlo.


¿Cómo mierda se supone que iba a estar bien si la persona a la que amó por tanto tiempo ya no volverá a estar en su vida? ¿Qué hacía ahora con todos los planes que tenían juntos? De estudiar, viajar, casarse, formar una familia...


¿Con quién iba a compartir su felicidad y fortuna si el tesoro más valioso que tenía y lo hacía feliz era el amor que siente por ella?


No pudo protegerla, ni de Bakugō, ni de quien sea que le hizo esto.


Solo le quedaba despedirse.


En su funeral, con su familia, amigos y los de Momo rodeando su urna, introdujo la sortija con la que planeaba proponerle matrimonio antes de que cierren el cajón.


—Perdón por no protegerte, perdóname, mi amor...— Le susurró admirando su bello rostro por última vez, parecía que estaba dormida, cómo desearía que fuera así —Te amo...


Nadie pudo apaciguar sus gritos y llantos esta vez, solo pudo aferrarse a su hermana como cuando era un niño y soltar todo el dolor que se instaló en su pecho.


El brillo en los ojos que Momo le había dado, también se lo llevó con su partida, y no tenía fuerzas para ir a recuperarlo.


Esa tarde no quiso ir a casa, claro que no, ¿Qué caso tenía llegar a donde ya no estaba quien hacía de eso, su hogar?


Pero tuvo que hacerlo.


Ingresar a la oficina de la chica para así, quizás, sentir su presencia, el aroma a lavanda de su perfume o sus notas ordenadas meticulosamente para algún examen próximo.


Pero algo llamó su atención.


"

Deuda saldada

" estaba impreso en una tarjeta junto a un logo que se le hacía conocido.


No había visto antes aquel trozo de cartón, pero estaba tirado en el escritorio.


Lo toma y analiza, recordando entonces porqué le resulta tan familiar.


Era el logo del Shie Hassaikai.


Aquella mafia que Bakugō supuestamente rechazó un mes atrás.


No supo el contexto detrás de todo esto, pero tenía sentido que si alguien era responsable ahí, era Katsuki Bakugō.


Y la iba a pagar con creces.

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