El sonido de tu voz

Summary

Cha Eunwoo nacio en medio de una guerra, esta le dejó marcas psicológicas que en su adolescencia serían un obstáculo para llevar una vida "Normal" Un chico callado, excelente estudiante, además atractivo también era el blanco de bullying más apetecido de la escuela, su condición psicológica era una causa de burla constante para sus compañeros. Pero... ¿No todos tenían marcas de aquella niñez? Todos a su manera habían sufrido algo, de eso se daría cuenta Eunwoo al conocer a MoonBin, negándose a ceder ante su miedo, ante sus traumas, dejándose llevar por sentimientos y sensaciones nuevas... Sin embargo, siendo llevado a obtener un corazón roto.

Status
Ongoing
Chapters
23
Rating
n/a
Age Rating
18+

0

Cha Eunwoo nació en medio una guerra, su país se disputaba el mandato con otro país, eso implicaba que el país enemigo lanzara bombas, torpedos o cualquier artefacto que dañara al contrario, por lo tanto, el pequeño Eunwoo los primeros sonidos que conoció fueron los de los explosivos, su madre y su padre se resguardaban en una especie de subterráneo que había construido el señor Cha temiendo que dicha guerra llegase, estaban preparados para ello en cuanto a alimentación y vestido, pero no emocional y psicológicamente.

Pensar en que se avecinaba un caos no tenía nada que ver con enfrentarlo, las emociones se disparaban y la ansiedad se hacía presente, agobiando la vida de quienes enfrentaban la situación.

Los Cha fueron precavidos y antes de que todo estallara equiparon su resguardo con alimentación que les alcanzaría para demasiado tiempo, también se encargaron de tener la ropa suficiente para vestir a su nuevo bebé cuando fuera necesario, lo más importante era tener todo lo requerido para atender un parto en caso de que para ese momento la guerra se hubiese desatado.

Fue muy útil, pues cuando Eunwoo quiso venir al mundo sus padres llevaban unos tres meses ya ocultos, la guerra empezaba a ponerse cada vez más cruda, más cruel y más peligrosa para traer un bebé al mundo.

Atender el parto no fue tarea difícil pues el señor Cha Minsun era médico, su especialidad no tenía nada que ver con la ginecobstetricia, pero era médico, al fin y al cabo, tenía el conocimiento suficiente para ayudar a su mujer a parir.

Afortunadamente el parto no tuvo complicaciones y todo salió bien, el pequeño Eunwoo nació completamente sano y fuerte, durante los primeros meses Minsun se aseguró de que su bebé permaneciera tranquilo y no llorara a todo pulmón como era normal en un recién nacido.

Era un método no convencional, no tenía nada de normal tener a un bebé dormido a causa de gotas naturales para dormir y en algunos casos cuando era del todo necesario y el pequeño no se calmaba le ponían una pipa con gas para dormir, una pequeñísima dosis hacia dormir a Eunwoo por unas cuantas horas.

Sus padres no se sentían del todo bien por hacer aquello, pero era una medida necesaria para permanecer a salvo, mientras el enemigo no supiera de su existencia y su escondite ellos estarían bien, su meta en ese momento era mantener a su bebé a salvo.

Durante los dos primeros años la situación fue la misma, estallidos afuera que hacían saber a los Cha que la guerra aun no acababa, aunque con los días los sonidos fuertes y los temblores en la tierra a raíz de las explosiones eran cada vez menos, dándole así una esperanza a la familia de poder salir de allí triunfante y darle una vida normal a su bebé que empezaba a pronunciar sus primeras palabras, una de ellas y parecía ser su favorita era “boom”, aquello, aunque sonaba adorable no les agradaba a los padres, era como que el en chip del pequeño estuviese grabada una guerra que no entendía y que incluso ni había vivido, solo esperaban que con el tiempo su memoria bloqueara aquellos vagos recuerdos y que en algún punto el menor dejara de asociar esa palabra con algo divertido.

Cha Eunwoo entendió desde sus primeros años que el silencio en su hogar no solo era importante si no algo de vida o muerte con todo el sentido de la palabra, afortunadamente para los Cha el pequeño era bastante inteligente y con unas cuantas palabras que explicaban la situación que vivían afuera entendió que debía ser sigiloso y precavido, mucho para un niño de dos años.

Efectivamente la guerra llegó a su fin meses después de que el pequeño Eunwoo cumpliera sus tres años, fue una guerra larga y dura, la armada de corea perdió bastantes soldados, pero aun así no se dieron por vencidos.

La parte difícil para los Cha vino cuando salieron de allí, crear una nueva cotidianidad era complejo, reconstruir edificios, viviendas, escuelas y de más sería posible, pero con mucho esfuerzo.

Para el menor de la familia fue difícil adaptarse a la nueva realidad, a convivir con otras personas, empezar el jardín y ver otros niños, era algo que él nunca había vivido.

En cuanto salieron de su escondite y se instalaron en un resguardo que creó el gobierno mientras se reconstruían las viviendas los Cha llevaron a su pequeño con un pediatra para verificar que su hijo se encontrara en óptimas condiciones, encontrando que el niño afortunadamente estaba sano y era fuerte.

Salir al exterior para Eunwoo fue un shock, ver todo aquello que no conocía, estaba acostumbrado a las cuatro paredes en las que había nacido, además, enfrentarse al sonido de muchas cosas era un problema para él, de repente tanta actividad le impidió concentrarse.

Fue un gran trabajo de parte de toda la comunidad, pero se logró y para cuando Eunwoo tenía 4 años la sociedad volvía a la normalidad, o al menos en su mayoría.

Lloro, y lloro mucho al quedarse junto con los demás niños, quienes serian sus nuevos compañeritos de jardín, a su madre no le dolió dejarlo, bueno tal vez sí, era la primera vez que se alejaba de su pequeño, pero lo que más le rompió el corazón fue ver como el aún no asimilaba su nueva realidad y que, aunque lloraba a mares su llanto no tenía ningún sonido, Eunwoo aún lo hacía en silencio, tratando de ser tan sigiloso como cuando estaban ocultos.

Para Cha Yuri fue tormentoso ver que su pequeño hijo no se adaptaba a su nuevo ambiente y que eso le afectaba para su desarrollo, aunque el pequeño era inteligente y mientras estuvieron ocultos aprendió bastante, el enfrentarse al mundo exterior su aprendizaje tuvo un pare que fue difícil de abordar, Cha Eunwoo aprendía, lo hacía fácil, pero expresar lo que sabia y lo que sentía se le dificultaba en gran magnitud, para él no era fácil hablar con un tono normal de voz, siempre se comunicaba a través de susurros, además, como solo estaba acostumbrado a la presencia de sus padres le era difícil comunicarse con su nueva profesora y con los demás niños.

El proceso no fue fácil, el niño no pudo socializar con los demás de una manera correcta y normal, y su madre se recriminaba el haberlo encerrado por tantos años solo con ella y con Minsun sin la oportunidad de ver otras personas, fue aún más difícil cuando a medida que pasaba el tiempo los niños comenzaron a reírse de él por su forma de actuar, por sus susurros para comunicarse, por su inevitable timidez, empezó a ser desplazado de los grupos de estudio, de deportes y de los clubs que eran obligatorios en la escuela y por lo cual no había opción debía entrar, además allí no era aceptado por sus compañeros si no por los maestros.

Eunwoo decidió meterse al club de música, extraño considerando la poca tolerancia a los sonidos, pero es que allí lo había cautivado completamente el sonido de los instrumentos, para ser más exactos, el piano, él solo pensó que si estaba en ese club podría disfrutar mucho mas de aquel sonido que le traía paz.

Sin embargo, Eunwoo nunca hizo parte de los musicales y mucho menos participo en la composición de ninguna melodía, cuando a sus 8 años le permitieron tocar las teclas del piano se alegró de que con sus propias manitos podía hacer sonar aquel objeto, pero en cuanto lo hizo y el piano sonó, claramente desafinado por su inexperiencia haciéndolo sonar demasiado fuerte, el miedo lo invadió, desistió de tocar, el asistía al club por la nota y porque le gustaba como sonaba la música a su alrededor, porque aunque no le agradaba el ruido por algún motivo la música le traía tranquilidad, pero nada más, el sabia en su interior que no llegaría a ser músico porque las manitos le temblaban cuando se acercaba a un instrumento y sentía que sonaba demasiado fuerte.

A los 10 años Eunwoo visitó su primera psicóloga, esto fue a raíz de que en su escuela los profesores notaron a lo largo de los años que para él era difícil compartir con otras personas, los directivos y maestros conocían la condición de nacimiento del menor por lo tanto comprendían, pero esperaban que con el tiempo el mismo empezara a avanzar en cuanto a socializar con los demás, puesto que al salir de su resguardo aún estaba pequeño, todos esperaban que pudiera adaptarse fácil al exterior, pero eso nunca sucedió y para su criterio entre más avanzara el tiempo más difícil sería.

El encuentro con su psicóloga obviamente tampoco fue fácil pues Eunwoo no quiso hablar con ella, no quiso decir cómo se sentía, no dijo palabra alguna, la psicóloga dijo que todo seria parte de un proceso, pues el menor tenía que aprender a acostumbrarse a personas nuevas y por lo tanto también a confiar en alguien que no fuesen sus padres.

De ahí en más Eunwoo visitaba aquel consultorio una vez por semana, siempre con el mismo resultado ni una sola palabra, a veces por algún motivo lloraba durante la consulta y aunque su psicóloga le pidiera de mil formas que le contara que lo agobiaba tanto, él nunca decía nada.

A los 16 años Cha Eunwoo era el chico “rarito” de la escuela, solitario, no tenía amigos y todas sus actividades las hacía de manera individual, aunque fuera pesado o difícil para él, tal y como habían dicho sus profesores fue más difícil aun después de los años, ahora tenía que aguantar que sus compañeros le hicieran burlas aún más pesadas por su personalidad, sus compañeros lo usaban como blanco de bromas pesadas y de mal gusto como dejar la basura de sus almuerzos en su mochila, incluso en ocasiones le llegaron a tirar sobre la cabeza la leche de plátano que daban en el almuerzo diciendo que eso lo hacía más “bonito” la autoestima de Eunwoo se iba en picada, al fondo de los subsuelos.

En efecto era un chico guapo, de hecho, mucho, su cara bien perfilada, sus pestañas largas, sus labios ligeramente rellenos y rosados le hacían candidato al chico más guapo de la escuela, que de no ser por su personalidad tímida y acomplejada, seria incluso popular.

Las chicas cuchicheaban a su alrededor y en ocasiones él lograba escuchar lo que decían, cosas como: “Es lindo, pero le gana la rareza” “Si no fuese tan raro seria extremadamente guapo” “De que le sirve su carita si su rareza le empaña la belleza” fueron algunos de los más “amables” comentarios que llegó a escuchar sobre su apariencia.

De vez en cuando se miraba al espejo y se preguntaba ¿Por qué no podía ser como los demás? ¿Por qué no podía hablar con las chicas como cualquier otro muchacho en busca de una conquista? Pero sobre todo se preguntaba ¿Por qué para su cabeza era tan difícil entender que ya no se encontraban en el pasado en aquel escondite tratando de sobrevivir?

Era demasiado frustrante para él toda esa situación, porque, aunque para él era claro que ya no se encontraban en aquella situación, su cabeza lo obligaba a actuar de otra manera.

En casa la cosa era un tanto diferente, allí Eunwoo se desenvolvía con normalidad, hablaba con sus padres de cómo le iba en la escuela, aunque casi siempre mentía, con un “bien” se salía con la suya, incluso a veces inventaba historias de sus “amigos” para mantener tranquilos a sus padres.

Aunque aún en casa el muchacho hablaba bajito, no tanto como en la escuela, pero aun así bajito y no generaba ruido para nada, caminaba descalzo o en calcetines para no hacer crujir el piso de la segunda planta, aprendió a usar audífonos para escuchar música, aunque solo escuchaba melodías de piano que duraban horas y su nuevo teléfono lo mantenía en silencio, todo con tal de evitar el ruido.

Las sesiones con la psicóloga que continuaba siendo la misma no tenían avances considerables más allá de que Eunwoo ahora respondía al menos una que otra palabra cuando hablaba con ella.

— ¿Que tal va la escuela?

—Bien— respondió el evadiendo su realidad.

— ¿Te han molestado tus compañeros? — Era una pregunta de ella siempre hacía, pues en los primeros años fue evidente el bullying que vivía Eunwoo.

—No, dejaron de hacerlo hace un tiempo— Habló bajito mientras mentía.

— ¿Ya empezaste a tocar algún instrumento?

—Ya no me llama tanto la atención.

— ¿Por qué no?

—No lo sé — Dijo levantando los hombros —Simplemente ya no me apetece.

Siempre era así, evasivo, nunca había un resultado positivo en sus sesiones, el avance más grande que había logrado la psicóloga Kim había sido que el chico hablara, así fuera en medio de susurros.

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Cha Eunwoo se hacía cargo de los libretos de las obras teatrales, ya que el club de música y el de teatro se unían para hacer sus obras cada semestre, entonces el chico callado y tímido servía para cargar las pesadas cajas con libretos en ellas y se encargaba de repartirlas a sus dueños dependiendo el personaje que ocuparan, al menos para eso el chico se sentía útil.

Siempre tuvo buenas notas, aunque debía esforzarse un poco más de lo normal ya que el ruido que generaba cada cosa a su alrededor, las voces, las mesas y sillas chillando contra el piso, incluso el sonido de los autos afuera le hacía perder su concentración, pero aun así sacaba sus notas adelante, por lo tanto, siempre al terminar los periodos Cha Eunwoo era mencionado como el mejor de su clase.

El chico siempre pensó que se graduaría de la escuela sin tener un amigo o quizá una novia, durante sus almuerzos se sentaba a las afueras en el césped de su institución, en algún momento durante su adolescencia decidió comer allí, así no recibía malos tratos o malteadas sobre su cabeza, al menos ahí afuera podía comer tranquilo, aunque el último mes había empezado a sentir que lo observaban, pero terminó por convencerse de que era su propia cabeza jugándole sucio, por eso de que todo el tiempo recibía burlas y críticas y la gente lo observaba como a bicho raro.

Eunwoo se encontraba en su asiento en el salón donde llevaban a cabo el club de música, estaban repartiendo las partituras de la próxima obra teatral, él encargado nuevamente de la caja pesada llena de papeles.

Se trasladarían al teatro para empezar a organizar todo, tanto elegir personajes como vestuario y repartir líneas y canciones.

En medio del pasillo y como era costumbre alguien le puso zancadilla al muchacho y termino cayendo de bruces desperdigando las partituras por todo el lugar, solo tuvo oportunidad de mirar hacia arriba para reconocer a su agresor, no es que fuera a defenderse ni mucho menos, pero por simple instinto buscaba siempre a la persona que le hacía mal para así poderlo evitar en su camino a futuro, además de que las personas a su alrededor se rieron sin piedad y ni siquiera le ayudaron a levantar los papeles regados, a excepción de Mj la voz principal de la clase, él por algún motivo siempre estaba cerca, le ofrecía pañuelos cuando su uniforme o cabello eran manchados por cualquier sustancia y en casos como este le ayudaba a recoger el desastre.

Eunwoo nunca le dirigió la palabra más allá de un gracias tan bajito que el muchacho apenas podía reconocer y de vez en cuando que se sentía observado levantaba la mirada para darse

Cuenta que él era quien lo miraba, pero no lo hacía como los demás, él lo veía siempre con una pequeña sonrisa en el rostro y cuando lo ayudaba lo hacía sin reproches o sin tratarlo de inútil como había sucedido con otras personas en el pasado.

—Ya está todo en la caja— Dijo con voz tranquila Mj.

—Gracias— Susurró como de costumbre Eunwoo.

—Te ayudo a levantar— Dijo ofreciéndole su mano, aunque esperaba ser rechazado como siempre.

Para su sorpresa Eunwoo le tomo la mano y se impulsó para ponerse de pie, Mj lo miro notando que su pantalón color crema perteneciente a su uniforme estaba manchado a la altura de su rodilla.

—¿Te lastimaste? — Eunwoo miro su pierna y solo ahí fue cuando noto el ardor en su rodilla, pues si, se había raspado al caer -Espera- dijo Mj tomando la caja en sus brazos -La llevare al teatro y regresare para acompañarte a la enfermería.

El más alto negó con la cabeza, pero no sirvió de nada pues Mj ya había empezado a caminar y desde lejos volteo a verlo.

—¡No te muevas de ahí hasta que regrese! — Y se marchó con una amplia sonrisa en su rostro.

El grito lo sobresaltó, de hecho, Mj solía sobresaltarlo de manera frecuente pues era un poco ruidoso y su risa se escuchaba en todos los pasillos, pero de alguna manera no le asustaba ni lo intimidaba como sucedía con otros sonidos fuertes.

Eunwoo se sentó en una de las gradas que conectaban al pasillo con un segundo piso, levanto su pantalón para detallar su herida, hizo una mueca de desagrado cuando vio la sangre salir de su cuerpo, sopló un poco para quitar el ardor y esperó a que su compañero volviese, y como siempre que estaba solo sintió una mirada sobre él, casi nunca buscaba aquella mirada que seguramente lo estaría juzgando, pero de vez en cuando le ganaba la curiosidad, miro a ambos lados del pasillo y en uno de los extremos se encontró con un chico apoyado en el marco de la puerta que reconocía como la consejería, normalmente nunca había nadie allí.

El chico tenía tal vez su misma estatura o eso lograba ver desde la distancia, cabello rubio tan brillante como el sol, piel blanca cual porcelana logro ver que algo brillaba en su labio inferior, tenia pinta de ser de esos que no se comportaban bien y no tenían buenas notas, no llevaba correctamente el uniforme comenzando por el hecho de que no tenía puesta su camisa, solo llevaba una camisilla sin mangas de color blanco que le permitían ver unos brazos delgados pero marcados, llevaba la parte delantera de dicha camisilla entre el pantalón y la parte sobrante le caía sobre el trasero.

Sí, efectivamente de allí venia la mirada que Eunwoo había sentido sobre él, se puso nervioso al instante pues con la pinta del muchacho lo menos que le podía aguardar era una paliza, y ya le ardía lo suficiente su rodilla como para aguantar un golpe más, así que se puso en pie y se dispuso a llegar al teatro, pero entonces Mj llegó nuevamente con él.

—¿A dónde vas? Vamos te llevaré a la enfermería para que te hagan una curación.

—No es necesario— dijo bajito y un poco apenado, además sabía que para llegar a la enfermería debían pasar por el lado de aquel chico que lo observaba.

—Claro que si vamos— Fue imposible negarse, su compañero si o si iba a llevarlo a la enfermería.

Eunwoo camino despacio con la cabeza gacha, cuando se acercaron a la entrada de la consejería el chico se hizo a un lado para que ellos pasaran, Eunwoo sintió la mirada del chico clavada sobre él y apresuró el paso.

Una vez en la enfermería Mj ayudo a su compañero a sentarse sobre la camilla, resultaba ser que la enfermera no se encontraba, pero afortunadamente Mj conocía el lugar, pues era algo inquieto desde pequeño y siempre terminaba allí pidiendo que le hicieran curaciones, entonces saco de un estante un paquete de gasas y de otro un líquido parecía ser un desinfectante.

—Hay que poner primero esto, así sanara más fácil— Dijo Mj mojando la gasa con el líquido.

—E-en serio no es necesario— Volvió a susurrar el muchacho.

—Deja de decir eso Eunwoo, te lastimaste y... No. Te lastimaron— Se corrigió —Y es necesario, deberías reportar a los que te hacen esto— Sugirió, pero el contrario negó frenéticamente con su cabeza —Bien, no insistiré en el asunto, aunque sería lo mejor.

—Gracias— dijo Eunwoo en tono bajito y Mj asintió.

Ese mismo día a la hora de la salida Mj salió cerca de Eunwoo para tomar la ruta hacia su casa, fue entonces cuando ambos vieron pasar al chico que más temprano había hecho tropezar a Eunwoo, llevaba un gran moretón en el rostro más exactamente en su ojo derecho y un labio roto.

—Justicia divina, supongo— le dijo Mj a su compañero.

Luego de aquella interacción Mj estaba aún más cerca de Eunwoo, sin pasar el límite de lo personal, pero se sentaban juntos cuando asistían al club de música y de repente Mj descubrió que el chico almorzaba afuera y empezó a sentarse cerca de el para tomar sus alimentos.

También le hablaba, le contaba historias, aunque él no le respondía, pero luego de muchos intentos Eunwoo empezó a asentir y a negar las preguntas de Mj, eso ya era un avance incluso más de lo que había logrado la psicóloga Kim.

Eunwoo era un chico brillante y, de hecho, aunque no hablaba y no socializaba con nadie siempre estaba alerta y pendiente de todo, claro, todo por su propio bien, era un método de supervivencia, por eso no pasó desapercibido que el chico de la otra vez lo miraba siempre que estaba cerca y estaba casi seguro de que quería hacerle alguna broma, solo no sabía porque no lo hacía de una vez por todas y continuaba alargando la espera, eso lo ponía ansioso.

Un día Eunwoo se encontraba sentado en el césped después de su almuerzo, ese día estaba solo pues Mj no había asistido a clase porque se encontraba enfermo, aún le quedaba un poco de tiempo así que decidió estudiar un poco más para su próxima clase, de nuevo aquella mirada lo hizo estremecer, miro disimuladamente y ahí estaba, mirándolo desde la ventana del salón de Biología, se sintió incomodo y se removió en su sitio, puso de nuevo sus ojos sobre su libro y continuo estudiando, de repente un líquido color rosa empapo su cabeza y mancho su libro tanto como su uniforme.

Nuevamente Eunwoo era bañado en malteada de fresa, empezaba a odiar los batidos, las malteadas y todo lo que tuviese que ver con fresas, parecía que a los demás les encantaba vaciar su contenido de fresa sobre él, miro hacia arriba y vio al chico parado frente a él, Park MinHyuk iban a la misma escuela, pero diferente aula y tenía una obsesión con ensuciar el cabello de su compañero cada que tenía la oportunidad.

Eunwoo suspiro tratando de limpiar un poco todo el desastre que Park había hecho sobre él.

—¿Para qué te limpias? Aún sin el batido sobre ti eres un desastre— Se burló, tenía esa sonrisa socarrona en su rostro que le hacía ver tan cruel como nadie más.

Minhyuk se fue dejando incluso el vaso de su batido a un lado de Eunwoo, su libro era pérdida total, no había forma de salvarlo y su uniforme necesitaría una buena lavada al igual que su cabello.

Era muy frustrante para él ver como todos lo ignoraban y cuando de pronto lo notaban era para hacer burlas, no lo entendía, él no tenía nada malo, era excelente estudiante, siempre estaba presentable, incluso se bañaba todos los días y se ponía colonia, no veía cual era el motivo por el que lo rechazaban todo el tiempo, sí, era consciente de que no era muy sociable y de su temor al ruido, pero para él esa no era razón para que lo dejaran de lado.

Eunwoo se fue al baño no sin antes pasar por su casillero para tomar una camisa de repuesto que tenía para poderse cambiar cuando este tipo de incidentes ocurrían, allí también guardaba una pequeña botella de shampoo, porque para él era más fácil lavar su cabello en el lavamanos que faltar a clases, el necesitaba graduarse rápido, de esa manera podía inscribirse a alguna universidad dónde

Le permitieran estudiar desde casa y al salir de allí podría encontrar un trabajo que de igual manera pudiese ejecutar desde su hogar.

Lavó su cara con sumo cuidado y para ello tuvo que ir hasta el último piso en busca del único grifo que era medianamente silencioso a la hora de dejar salir el agua, cambio su camisa y puso la sucia en una bolsa plástica, después lavo su cabello y lo seco con una pequeña toalla de manos, le quedaba un poco más que húmedo, pero era mejor eso a tener batido en su cabello, organizo nuevamente su uniforme y miro su reloj notando que apenas tenía tiempo de llegar a su próxima clase.