Hasta ver de nuevo el arcoíris

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Summary

El superar un episodio violento no es solo cuestión de olvidar, todo lo que se tenia se pierde y se debe aprender a vivir sin ello. "Helena" tendrá que descubrir como cambiar el teatro que ha montado para ocultarse a si misma el dolor. Solo que en cada acto y escena de la obra había recolectado emociones por los personajes que la rodeaban. ¿como decir la verdad para salir adelante sin dañar a los demás? Ella no quiere perder a nadie, pero para ver de nuevo el arcoíris tiene que estar tranquila, de otra forma no podrá disfrutar su verdadera belleza. así que atravesará los caminos que sea necesario con tal de vencer su miedo y salir de la mano de sus seres queridos a ver los colores en el arcoíris.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prologo

2 de julio de 2023

La estación pareció olvidarse de que debería estar floreciendo, en su lugar hace un frio espantoso que calaría en los huesos de cualquiera, el cielo no llora, pero si se viste de blanco, y la niebla desciende poco a poco de las montañas cercanas, avisando de una inminente tormenta dentro de poco. Nada tiene colores, solamente las dos lápidas que se adornan de flores frescas, y son las únicas que no se encuentran desatendidas.

Helena Moretti Aguilar 1979-2013

Bernardo Castell Harrison 1978-2013

La chica que yace de pie frente a ellas no ha dejado de llorar desde que llegó, sostiene un ramo de tulipanes y otro de rosas blancas, derrama cada lágrima con más dolor que la anterior, solloza con un dolor creciente, y se limpia un diminuto pañuelo ya empapado grabado con tres letras. ZCM. El viento que atrae nubes grises no le impedido el quedarse, ni siquiera la suave brisa que comenzó a caer la ha hecho moverse un paso. Se encuentra decidida a permanecer por largo tiempo. Su cabello castaño desarreglado se cubre de una capa fina de gotas de agua, pero sigue ahí, sufriendo mientras observa y le tiemblan las manos, causando que uno de los ramos caiga al piso. El cuidador, que le ha puesto atención todo el rato se acerca para ayudarla, pues tan inmersa en sus emociones, no se percataba que las flores blancas se estaban manchando de tierra.

—Se le cayó esto jovencita.

La repentina llegada del sujeto le provoca un susto a la chica, que inconscientemente da pasos hacia atrás, cuando por fin reacciona le acepta el ramo al hombre, agradeciéndole por el gesto con un leve asentimiento de cabeza. Se limpia el rostro, pero ya lo tiene tan hinchado y enrojecido que poco le sirve para verse menos desastrosa.

—¿Quiénes eran? —Preguntó el cuidador del cementerio.

—¿Disculpe? —Respondió algo aturdida.

—Los debió querer mucho, no todas las personas lloran de esta manera después de haber perdido a un familiar luego de diez años.

La diminuta sonrisa del hombre le disgusta a ella, que comienza a creer que es un entrometido e inoportuno.

—Si. —Se limitó a contestar.

—¿Cómo se llama? —Insistió en platicar. —Hace tiempo que nadie venía a visitarlos.

—Helena. — Le concedió la joven algo impaciente por que se vaya, pero al analizar un poco lo que acaba de comentarle el tipo, comprende entonces que no hay nadie que pueda tener esas tumbas en buen estado. — ¿Le puedo hacer una pregunta?

—Se está tardando señorita.

—Si dice que nadie los visita, ¿Cómo llegaron esas flores allí?

—Esperaba una cuestión más complicada. —La risa tan tranquila que suelta la hizo exasperar, pero procuró mantenerse visiblemente calmada. — En realidad soy yo quien las mantiene con vida.

La frase, la palabra que uso para referirse siguió molestando a Helena, que suspiró implorando paciencia.

—Vida fue lo que les faltó. —Hizo una pausa breve — ¿Por qué?

—¿Qué porque las cuido? — Interrogó buscando una confirmación de la joven. Pero como no llegó continuó hablando— También es fácil. Él era mi sobrino.

Aquello caló muy profundo en el interior de helena, quien suprimió el suspiro que estuvo a punto de soltar.Trató de recuperarse de la impresión tan rápido, antes de que el hombre, que miraba a las tumbas, de soslayo se fijara en su reacción. Trago con dificultad, luego se aclaró la garganta con suavidad.

—Comprendo.

—¿Y usted que parentesco tenía con ambos? — Averiguó sin voltearla a ver.

—Yo, bueno…—Divagó con nerviosismo.

No estaba preparada, no se encontraba lista aun para enfrentar aquel día, su realidad. No lo diría.

—Déjelo así. — Sonrió. — Supongo que era alguna prima pequeña de la difunta.

—Sobrina. —Corrigió, intentando tomarle prestada la idea al hombre como su propia mentira. — Por ella me pusieron el nombre.

El anciano asintió, y la sonrisa que se había mostrado, empezó a desaparecer gradualmente.

—Así que Helena. Qué curioso.

—En la familia era muy apreciada. —Continuó inventándose la historia de su vida.

—Lo era tanto que hasta su madre se sintió un poco celosa de compartir el amor de su hija con mi sobrino.

Eso la hizo elevar una leve sonrisa.

—Te pareces mucho a tu tía, incluso podría decir que tienes los mismos ojos de Bernardo. —Y la miró de tal forma que se sintió descubierta.

—Que cosas dice. —Le restó importancia.

—Es la verdad, hasta tienes el lunar del cual tanto se avergonzaba.

—Coincidencias.

—Ellos tenían una hija. —Empezó a relatar. — Era un bebé preciosa, ojos grandes, que resaltaban por las pestañas tan bonitas y alargadas, brillantes con esa pureza tan propia de los recién nacidos, su piel tersa y blanca, suave como las sábanas que la cubrían, me cautivó desde que su madre entró cargándola por la puerta de la casa de los Castell.

—Era muy linda entonces.

—Creció con todo el amor que le tenían sus padres y su familia. A esa niña no le faltaba cariño de ninguna parte. Todos procurábamos que esa sonrisa no se perdiera, comió dulces como nadie, tuvo juguetes en cada cumpleaños y siempre que alguien podía comprárselos. La llevábamos a los parques, jugábamos desde muñecas hasta futbol con su papá. Sus abuelas la consentían peor que los otros, y no se median para estrecharla en abrazos.

—Era muy querida.

—Y como no, si ambos padres eran hijos únicos. Por lo tanto, ella era nieta única. Y no tenía primas…

Helena, que no sabía cuando dejó caer las lágrimas que rodaban por sus mejillas, se quedó muy quieta. El hombre dedujo muy rápido que tal sobrina no podía existir.

—Está equivocado, ella tenía…

—Ellos tuvieron una hermosa hija. —La interrumpió. —Has crecido bien, me alegra que no te haya pasado nada. Todos sufrimos pensando lo peor. Que cruel has sido en no venir antes.

Y lo fuerte que procuraba ser, se derrumbó en lágrimas. En todavía más llanto.

—Quisiera saber qué fue lo que sucedió, pero el cielo también quiere llorar, y me preocuparía que por mi insistencia te pasase algo, ya bastante te ha quitado la lluvia. —Comentó el hombre tiernamente. — Vete a casa, pero regresa cuando estés lista para enfrentarte a ellos como lo que eres, pero vuelve.

—Yo…—La voz desecha no le permitió protestar.

—Desconozco lo que te orilló a esconderte, aun así no te culpó, no lo haría jamás, pero quiero entenderte, y explicarte algunas cosas también, sin embargo, para eso tienes que estar lista, ser fuerte, y ahora todavía no lo eres. No lo suficiente como para simplemente aceptar quién eres y de dónde vienes.

Sin decir nada, ella dejó las flores cerca de las lápidas para alejarse apresuradamente.

—¡Espera! — La detuvo el sujeto, su tío abuelo. — Te hará falta esto.

De su bolso, sacó un collar del cual colgaba un dije en forma de arcoíris, el cual lanzó a la chica que por suerte logró atraparlo.

—Hasta que veas de nuevo del arcoíris, no simplemente en ese collar, vuelve al ser capaz de identificar en ti lo que eres sinceramente. No lo que te has propuesto. Encuentra el inicio de tu arcoíris, y llega hasta el final luego de que aceptes los colores que te conforman, entonces regresa. Te quiero aquí cuando puedas decirme tu verdadero nombre.