No ha parado de llover

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Summary

Tras perder al amor de su vida, celeste regresa a su pueblo natal. Un sitio alejado que parece cruzar las barreras de los real y lo imaginario.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

1


Desde hace días que no ha parado de llover. Las nubes se ponen gordas y negras en el cielo grisáceo que deja caer sobre los lodazales gotas enormes en un constante tronar deprimente al chocar contra el suelo mojado; los valdes olvidados rebosan de agua que sale por los bordes de ya no aguantar lo que llevan dentro, y las gentes se refugian bajo los tejados de cualquier sitio o corren con las manos en la cabeza para cubrirse del aguacero.

Ella estaba sentada al borde de su cama, mirando llover por la ventana, cuando se sintió observada por una silueta delgada y obscura que cubría de lado a lado el marco de la puerta.

- Celeste, lo mataron - le dijo - mataron a Adán.

Se acostó, cubrió su rostro de seda empapada con la sábana y no dejo salir de su boca temblorosa palabra alguna como respuesta.

- ¿Que tienes? - le reprochó

- Estoy triste - respondió. Entonces la silueta negra de su madre cerró la puerta y se marchó, no sin antes pedirle que bajara a la cocina a cenar, y solo cuando se supo sola en la oscuridad se llevó las manos inquietas al rostro y lloró, lloró hasta que le dolió el vientre,  cuando a sus pulmones le hicieron falta el aire que perdía entre suspiros, y cuando la pieza se vio igual o más inundada que las calles enfrentadas a la tormenta que no daba prórroga ni tregua. Los días de duelo apenas habían iniciado y ella ya se daba por vencida ante la desdicha de tener que vivir sin aquel que ella conociera como el único al que de verdad quiso, y a quién solo podría querer en toda su vida.

Entonces comenzó por soñar sin dormir, de sentir a flor de piel la calidez del recuerdo de su cuerpo, de cómo entraba a la habitación y se dejaba caer acostado a su lado cubriéndola con sus brazos de serpiente enroscados en su cuerpo, cómo lo hizo muchas veces a espaldas del mundo, luego creyó verlo salir por la ventana para no volver más nunca, y lo despidió para siempre antes de verlo desaparecer con un beso enviado que atravesó el cuarto en espirales de naufragio hasta salir con él por la ventana, la misma por la que tantas veces se asomo para verlo de frente, en la acera a los pies de su casa en secreto de todos. Se había ido, y de todo eso no quedaba nada que le sirviera como consuelo ante una larga vida sin amor. Sin el amor de él.

—No bajaste a cenar anoche - le dijo - tu tío quiere hablar contigo.

—No tengo ganas de hablar.

—No se trata de tener... Quiere que regreses con tu padre...

— ¿Y por qué solo yo?

— Por qué tu padre solo pregunto por ti - añadio-  Piensa que estoy mejor acá con su hermano...

— El jamás te pedirá que regreses, cree que llegarás conmigo.

— No me importa, me moriré aquí si es preciso para que me extrañe aunque sea una vez en toda su vida, prefiero vivir esperando nada aquí, a morir allá esperándolo todo.