Novela ligera: Wanpisu

All Rights Reserved ©

Summary

En un día cualquiera en el campo de batalla, en medio de la lucha interminable entre los clanes Ragnarok y Tártaro, dos jóvenes de 10 años se encontraron, ambos con el rostro cubierto por la determinación y el misterio. Kenta, del clan Ragnarok, y Koemi, del clan Tártaro, se miraron fijamente, sintiendo una inmensa aura emanando de cada uno de ellos. A pesar de estar en bandos opuestos, sintieron una extraña conexión, un respeto y admiración mutuos que despertó su espíritu de lucha.

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo

En un día cualquiera en el campo de batalla, en medio de la lucha interminable entre los clanes Ragnarok y Tártaro, dos jóvenes de 10 años se encontraron, ambos con el rostro cubierto por la determinación y el misterio.


Kenta, del clan Ragnarok, y Koemi, del clan Tártaro, se miraron fijamente, sintiendo una inmensa aura emanando de cada uno de ellos. A pesar de estar en bandos opuestos, sintieron una extraña conexión, un respeto y admiración mutuos que despertó su espíritu de lucha.


Kenta levantó una ceja, observando a Koemi con curiosidad. "Interesante... No esperaba encontrar a alguien como tú en el campo de batalla."


Koemi sostuvo su mirada con determinación, respondiendo con voz firme. "Lo mismo digo. Parece que somos dos caras de la misma moneda, ¿no es así?"


Ambos jóvenes se estudiaron durante un momento más antes de que Kenta asintiera lentamente. "Parece que sí. Pero antes de que continuemos, creo que es justo presentarnos. Soy Kenta, del clan Ragnarok."


Koemi asintió en respuesta. "Y yo soy Koemi, del clan Tártaro."


Se presentaron desde la distancia ambos con sus respectivas armas elevadas, sin perder ni un momento su guardia y sin dejar brecha de ataque.


Koemi dio un paso adelante, su katana brillando bajo el sol. "Es hora de poner a prueba nuestras habilidades, Kenta. Prepárate."


Kenta sonrió de medio lado, preparando sus dos katanas en una posición defensiva. "Estoy listo cuando tú lo estés, Koemi. Pero ten cuidado, no subestimes al clan Ragnarok."


Con un grito de batalla, Koemi se lanzó hacia adelante, su katana cortando el aire con ferocidad mientras se abalanzaba sobre Kenta. Este último se preparó para el impacto, listo para responder al ataque con toda su fuerza.


Koemi concentró su energía, canalizando su poder en su katana. "¡Ittōryū: Aki no Katto!" gritó, mientras su espada emanaba un aura en forma de corte de colores rojizos, naranjas y dorados que se dirigía con fuerza hacia Kenta.


Kenta observó el impresionante ataque de Koemi con determinación, embozando una sonrisa. "Interesante. Parece que no me subestimas después de todo", murmuró mientras preparaba sus dos katanas en una posición defensiva.


Entre susurros, Kenta pronunció: "Nitōryū: Tsuki no Uzumaki", y de sus espadas surgió un remolino de color plateado que ascendió hacia el cielo. Ambos ataques chocaron y se contrarrestaron simultáneamente, creando una explosión de energía que iluminó el campo de batalla.


Al ver el choque de poder entre sus técnicas, Kenta y Koemi no pudieron evitar sonreír, emocionados por tener un rival tan digno frente a ellos. "¡Impresionante, Koemi! ¡Pero aún no has visto todo lo que puedo hacer!" exclamó Kenta, preparándose para el siguiente intercambio de ataques.


Koemi respondió con entusiasmo, su espíritu de lucha encendido. "¡Me encanta tu determinación, Kenta! ¡Demuéstrame lo que tienes!"


Ambos encendieron e intensificaron sus auras, desatando una energía abrumadora que envolvía el campo de batalla. Por unos momentos, todos los presentes sintieron escalofríos ante la muestra de determinación y espíritu de lucha de Kenta y Koemi. Las chispas de energía danzaban alrededor de ellos, iluminando el campo de batalla con destellos de colores vibrantes.


Kenta y Koemi estaban a punto de lanzar su siguiente ataque cuando, de repente, llegaron corriendo sus amigos. Kohana y Kenzo para Kenta, y Koko, Kiyomi y Yûko para Koemi, apareciendo entre la niebla de la batalla como guardianes de la seguridad de sus camaradas.


Kohana, con la voz llena de urgencia, se acercó a Kenta. "¡Kenta, debemos retirarnos! Otros clanes se están acercando, ¡estamos en desventaja aquí!"


Kenzo asintió en acuerdo, su rostro serio reflejando la gravedad de la situación. "Tiene razón, Kenta. No podemos permitirnos ser rodeados por enemigos."


Koemi asintió con determinación, dirigiéndose a sus amigas con un gesto decidido. "¡Escuchémoslos, chicas! No podemos arriesgar nuestras vidas aquí. Pero que quede claro, esta batalla aún no ha terminado. ¡Nos encontraremos de nuevo!"


Kenta miró a Koemi con respeto, su espíritu de lucha todavía ardiendo con intensidad. "Hasta la próxima vez, Koemi. Estoy ansioso por el día en que volvamos a medir nuestras habilidades."


Koemi le devolvió la mirada con igual determinación, su mirada brillando con una promesa de futuros enfrentamientos. "Hasta luego, Kenta. Que este encuentro sea solo el comienzo de una gran rivalidad."


Con una última mirada entre ellos, cargada de respeto y anticipación, Kenta y Koemi se separaron, cada uno siguiendo a sus respectivos amigos hacia la seguridad. A medida que se alejaban, la niebla de la batalla los envolvía, ocultando sus figuras en la distancia, pero el eco de su encuentro resonaba en los corazones de todos los presentes.


--------------------------------------------


Perspectiva de Koemi:


Koemi se retiró del campo de batalla junto con sus amigas, Koko, Kiyomi y Yûko, mientras la luz del atardecer teñía el cielo de tonos dorados y rosados. El encuentro con Kenta había despertado en ella una mezcla de emociones: admiración por su habilidad en combate, pero también una determinación renovada para superar a su rival en futuros enfrentamientos.


Durante los años siguientes, Koemi se sumergió por completo en su entrenamiento en el dojo del clan Tártaro. Cada amanecer la encontraba practicando su técnica con la espada, perfeccionando su habilidad en cada movimiento y cada golpe. La competencia en el clan era feroz, pero Koemi se negaba a ser superada por sus compañeros. Con cada desafío que enfrentaba, su determinación solo se fortalecía.


A medida que Koemi crecía, también lo hacía su reputación como una guerrera formidable. Sus habilidades en el combate eran insuperables, y su valentía en el campo de batalla la convertía en una líder natural entre los miembros más jóvenes del clan. Aunque su camino estaba lleno de dificultades y sacrificios, nunca dudó en seguir adelante, guiada por su profundo sentido de deber y lealtad hacia el clan Tártaro.


Sin embargo, a medida que los años pasaban, Koemi comenzaba a cuestionar el propósito de la eterna lucha entre los clanes. La guerra y la batalla constante parecían interponerse en el camino hacia una vida de paz y prosperidad. Aunque estaba orgullosa de su herencia y de su papel como defensora de su clan, también anhelaba algo más, algo que trascendiera las fronteras de la guerra y la violencia.


A medida que alcanzaba la edad de 20 años, Koemi se encontraba en una encrucijada. A pesar de su lealtad al clan Tártaro, sentía el llamado del mundo exterior, un deseo de explorar nuevas tierras y descubrir su propio destino. Pero antes de poder seguir su corazón, sabía que debía enfrentarse a su pasado y a los desafíos que el futuro le deparaba. Con determinación en su corazón y su espada en mano, Koemi estaba lista para enfrentar lo que sea que el destino le tuviera reservado.


----------------------


Perspectiva de Kenta:


Kenta observó cómo Koemi y sus amigas se retiraban del campo de batalla, la luz del atardecer pintando el cielo con tonos dorados y rosados. El breve encuentro con Koemi había dejado una marca indeleble en su mente, una mezcla de emociones que lo dejó anhelando más. Admiraba la destreza en combate de su rival, pero también sentía una chispa de competencia ardiendo en su interior, una determinación feroz de superarla en futuros enfrentamientos.


En los años siguientes, Kenta se sumergió aún más en su entrenamiento en el dojo del clan Ragnarok. Cada día era una prueba de resistencia y disciplina, una oportunidad para superarse a sí mismo. La rutina de entrenamiento era agotadora, pero también gratificante. Cada golpe de su katana resonaba con el sonido del progreso, cada técnica dominada era una victoria sobre sí mismo.


Sin embargo, a medida que dominaba las técnicas de combate, también crecía su inquietud interior. La guerra y la batalla constante comenzaban a pesarle en el alma, y se encontraba buscando un propósito más allá del campo de batalla. Se preguntaba si había más en la vida que el poder y el honor, si había un camino hacia la paz y la libertad que aún no había explorado.


A medida que crecía, Kenta se esforzaba por encontrar un equilibrio entre su lealtad al clan Ragnarok y su deseo de explorar nuevas posibilidades. La lucha por el poder y el honor seguía siendo importante para él, pero también anhelaba una vida de significado y realización personal. Se encontraba en una encrucijada, atrapado entre el deber hacia su clan y el deseo de seguir su propio camino.


A medida que alcanzaba la edad de 20 años, Kenta se encontraba en una encrucijada. A pesar de su dedicación al clan Ragnarok, sentía la llamada del mundo exterior, una voz suave pero persistente que lo invitaba a descubrir su verdadero destino. Antes de poder seguir adelante, sabía que debía enfrentarse a sus propios demonios internos y tomar una decisión que cambiaría el curso de su vida para siempre.