Capítulo 1
Katsuki sonrió divertida, mordiendo su labio inferior, colocando su dedo índice a la altura de su barbilla mientras estaba recargada sobre el sofá de la habitación del hotel; riendo al ver cómo la pequeña joven mesera intentaba penetrarse así misma con aquel consolador sobre el suelo, una acción bastante complicada para la peliverde pues sus manos se mantenían amarradas y sujetas al collar que rodeaba su cuello.
No era su primera vez siendo penetrada, eso era claro, pero si era la primera vez que se encerraba en una habitación del mismo hotel donde trabajaba como mesera con una de las huéspedes y que está la hacía utilizar juguetes sexuales mientras la miraba usándolos.
Para la rubia no era algo nuevo hacer algo como eso, después de todo le fascina llevar el control de todas sus relaciones dentro de la intimidad, y en el momento en que vio a la pequeña chica de cabello verde ya no hubo nada que la hiciera quitarle los ojos de encima.
Su cintura era pequeña, sus caderas eran anchas y sus piernas eran más gruesas que las suyas, lo único distinto entre ambas era su busto de un promedio medio. Aun así, su rostro angelical fue lo que más le fascinó al momento, mismo rostro tan expresivo que ahora le encantaba verlo desde otra perspectiva.
No sé arrepintió de haberla interceptado en los sanitarios, lugar donde le hizo la pequeña invitación a su habitación; sonriendo victoriosa cuando la vio de pie frente a su puerta sin el uniforme y con el sonrojo ocultando sus pecas.
Sus gemidos se escuchaban cada vez más entre las cuatro paredes, su sonrojo iba en aumento y sus cabalgadas tenían mejor sincronía que al inicio, entonces lo dedujo, estaba a punto de tener su primer orgasmo.
Colocándose de pie, tiró de la correa para hacerla levantar su rostro, inclinándose un poco para lamer el hilo de saliva que comenzaba a bajar de la comisura de sus labios, pidiéndole abrir más su boca para comenzar a besarla.
La joven peliverde cerró sus ojos, acelerando el vaivén de sus caderas para llegar al tan anhelado orgasmo, gimiendo con más fuerza contra los labios de la rubia que se alejó de ella para mirar el desastre que había creado.
Sin duda alguna esa sería la noche más larga que tendría con una de sus tantas amantes.
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Era pasado de la medianoche y el celular de la peliverde de nombre Izuku no dejaba de sonar sobre la mesita de noche:
15 llamadas perdidas.
Mismas que no importaban ahora que la hermosa mujer de cabello rubio cenizo meneaba sus caderas de atrás hacia adelante, frotando su vulva contra la suya, sintiendo como sus enormes senos eran frotados contra su pierna ya que estaba elevada.
—M-más… más — suplicó entre gemidos, quejándose al sentir como Katsuki lamía los dedos de sus pies.
Ante la petición acompañada de lindos ojos llorosos, la rubia aceleró sus movimientos, aferrando la pierna de la chica a su pecho, mordiendo sus labios mientras sentía las gotas de sudor bajar por su sien, gimiendo al escuchar esos lindos sonidos guturales de su acompañante al llegar a su propio placer, no tardando en acompañarla al obtener el mismo resultado que le hicieron erizar su piel.
Dejándose caer sobre la pobre chica que al instante de sentirla sobre de ella la abrazó, dejando un sutil beso sobre su hombro blanquecino; Katsuki, levantó su cabeza, tomó las mejillas regordetas y pecosas de Izuku con la yema de sus dedos para besar sus labios rosados y húmedos, bajando a su cuello para dejar una pequeña marca sobre el mismo, riendo al percatarse de que las piernas de ambas temblaban como gelatinas.
Quizá a la mañana siguiente estás dolerán, pero importaba poco, ya que esa noche fue magnífica para ambas.
Una noche que la rubia tenía intenciones de repetir, razón por la cual dejó su tarjeta junto al celular de la joven durmiente a la mañana siguiente.
Definitivamente fue buena idea cambiar con Shoto para ir a esa estúpida cena de negocios del padre del contrario, y sobre todo se agradece a sí misma el siempre cargar un par de juguetes suyos en su maleta en caso de tener la oportunidad de obtener un buen festín como el que había tenido la noche anterior.
Pero por el momento, regresaría a Tokio y esperaría pacientemente a que Izuku le llamase. Sea la hora y el día que sea, si la linda joven de cabello rizado y verdoso le pedía repetir, a ella no le importaría dejar su trabajo tirado para regresar a Kyoto y darse un buen polvo.
Y mientras eso pasaba, buscaría entre todas sus reliquias de juguetes lo adecuado para volver a jugar con el lindo coño de la pequeña conejita.