Chapter 1
—¿Qué? ¿Qué ocurre? —se sentó junto a él en el sillón, hace unos minutos había dejado de trabajar para venir aquí y sentarse. Honestamente, aunque no lo admitiera; le gustaba compartir departamento con su buen amigo Leónidas —. ¿Qué pasa con el partido? ¿Por qué la pantalla se puso de colores? —le cuestionó, hoy jugaba su equipo favorito y a decir verdad, él estaba muy a gusto con esto, era viernes, vería el partido con su mejor amigo y comerían hasta quedarse dormidos.
Leónidas suspiró y se giró para verlo.
—La verdad, no lo sé… —añadió para después regresar la vista a la televisión —. Los canarios estaban a punto de meterle un gol a los jaguares y de pronto ¡Pum! La televisión se puso así… ¿Estará descompuesta? La compramos apenas la semana pasada —añadió el alfa. Haggis asintió, esto no podía ser, apenas habían comprado la televisión como para que ya se arruinara. Afortunadamente para ellos, la televisión aún tenía garantía.
—Llamaré a la tienda… ¿Tienes el recibo y la caja? —le cuestionó, Leónidas asintió.
—En la gaveta de mi habitación —añadió.
Una vez teniendo ambas cosas, la caja y el recibo de la tienda, Haggis tomó el teléfono y marcó, no podía creer que le habían vendido la televisión en mal estado, no estaba bien y tampoco era correcto. Él llamó pero nadie le contestó, lo cual era raro, ya que la tienda cerraba hasta las ocho de la noche y aún eran las seis.
—Es raro, nadie contesta… —añadió.
—¿Es un día festivo? —alzó una ceja el fortachón —. Cómo sea, tenemos el lunes para regresarla… —aunque lo dijo como si no le importara, a decir verdad estaba molesto, no vería jugar a los canarios. Haggis asintió.
—Tienes razón, no es el fin del mundo… —mencionó —. ¿Quieres que te prepare algo de comer ó pedimos algo?
—Está bien, pidamos algo. Debes estar cansado —habló Leónidas, su querido amigo había trabajado mucho hoy como para cocinar. Haggis sonrió y volvió a tomar el teléfono de escritorio para llamar a un restaurante, a ese al que Leónidas y él siempre llamaban.
—¿Hola? —un pitido se escuchaba del otro lado, lo cual era raro, ya que alguien había levantado el teléfono —. ¿Hay alguien? Me gustaría ordenar una hamburguesa…—ese maldito pitido seguía ahí, Haggis decidió mejor colgar —. Tampoco… —añadió decepcionado —. ¿Quieres algo más…?—cuando en eso, la señal regresó a la televisión, Pero en lugar de ver el juego, la televisión les mostraba un noticiero.
Un sujeto de cabello negro, que parecía estar bastante calmado apareció. Él sonreía con serenidad, como si nada estuviera pasando.
—Interrumpímos su programación habitual para recomendarles no salir de casa, por el momento un virus ha atacado la ciudad —a la par del Omega se mostraron varias imágenes de personas acostadas en el suelo —. Aún desconocemos que clase de virus es y cuales son sus síntomas, por favor, si presenta algún síntoma extraño ó fuera de lo normal, llamar a las autoridades —habló con una enorme sonrisa Noah. A decir verdad, él estaba bastante nervioso, había un maldito virus infectando a las personas allá afuera, pero él debía permanecer calmado y sereno, como si nada estuviera pasando; para no alarmar al público —. Así que por favor, cerrar bien las ventanas y no abrirle la puerta a nadie.
—¡Corte! —gritó el productor —. De acuerdo, todo muy bien por ahora… descansa —Noah agradeció eso, a decir verdad, le dolía la cara.
El Omega colocó una expresión de angustia ¿Qué demonios estaba pasando allá afuera? Por los vídeos que había visto, sabía que nada bueno. Algunos de los vídeos que se les olvidó mostrarle a su audiencia; estaban unos donde esas personas inconscientes fueron llevados al hospital y al poco tiempo se levantaron y comenzaron a actuar de manera muy agresiva; arañando y mordiendo a todos.
—Lo hiciste bastante bien —habló un sujeto enfrente de él; que había colocado una mano en su hombro, era Jack, su compañero de trabajo, normalmente Jack era más de trabajo de campo, cubría las noticias de accidentes ó cosas así. Pero después de ver lo que estaba pasando en la ciudad, sus jefes decidieron que ningún presentador saliera del edificio y se mantuvieran adentro.
—¿Eso crees? —suspiró con pesadez, honestamente estaba muy intranquilo, su madre no le contestaba el teléfono y eso solo podía significar que había Sido infectada con ese virus, tal vez seguiría inconsciente por ahí, tal vez ya se habría vuelto una criatura mordelona; no lo sabía.
—¿Qué ocurre? —le cuestionó el alfa, a decir verdad, lo veía bastante decaído. El cabello gris colocó una mano en su mentón, desde hace seis meses ambos estaban comprometidos, esperando hasta noviembre para casarse —. ¿Pasa algo, Noah? —Jack se estaba comenzando a preocupar.
—No, no es nada —le sonrió —. A decir verdad, solo me preocupa el estado actual de la ciudad y sobre ese misterioso virus que de repente comenzó a pegar… —lo vió de manera serena, a decir verdad, el podía esconder muy bien sus emociones. Jack también sonrió; era bueno ver qué a su Omega nada malo le estaba pasando.
—Ya veo… te traeré un café —añadió para después dar media vuelta, fue entonces que una expresión de angustia se dibujó en el rostro de Noah.
Tanto Haggis como Leónidas habían abierto la boca y los ojos en forma de "O" ¿Qué demonios acababan de escuchar? ¿Un virus? ¿Un virus que hacía dormir a las personas? ¡No, esto no podía estar pasando!
—Yo… yo…—habló Haggis sin saber que decir.
—¡¿Pero que demonios?! —gritó Leónidas —. Un virus… ¡Un maldito Virus! ¡Por un maldito Virus no podremos ver el partido! —bramó.
—Esto no puede estar pasando… —habló Haggis con la mirada perdida.
—¡Claro que no puede estar pasando! ¡Íbamos ganando 7 a 5! ¡No puedo creer esto! —se quejó el alfa, Leónidas parecía más molesto por el juego que por la situación actual de la ciudad. El Omega de inmediato comenzó a marcar en el teléfono de escritorio.
—¡Vamos! ¡Vamos! —rogó, su abuela debía responderle, debía hacerlo —. ¡No! ¡No! —otra vez ese maldito pitido —. ¡No! ¡Abuela! —gritó con un quebrante tono de voz, a decir verdad, no sabía que pasaba luego de quedarse inconsciente ¿Esas personas despertaban? ¿Ó morían? Sin mencionar que, no sabían cuáles eran los síntomas.
—Haggis, tranquilo, estoy seguro de que debe ser algo así como el virus de la pereza… —añadió Leónidas. Haggis comenzó a sollozar ¿Y si las personas infectadas morían? No, debía borrar esos pensamientos de su cabeza —. Tal vez deberíamos preparar algo de comer, espero que esto acabe pronto, tengo una cita mañana…—y diciendo esto, la televisión volvió a tener señal.
—De acuerdo, estamos de vuelta en TN —habló el presentador con una amplia sonrisa —. Esta noche tenemos de invitado a uno de los expertos más importantes del país, al patólogo Thomas Edison… —se giró para verlo —. ¿Y dígame, señor Edison? ¿Qué es esta extraña enfermedad que nos ataca a nosotros, los habitantes de esta humilde ciudad?
—No es nada de que preocuparse, puedo asegurar que no es nada grave, solamente llamado el "Virus del sueño" —sonrió a la cámara mientras cruzaba las piernas en ese sillón tan cómodo —. Los síntomas son así: La persona comienza a experimentar mucho sueño, cansancio, fatiga, etc. También tiende a sudar y sobre todo, tiene demasiada sed y hambre, después de pasar el último síntoma, la persona entra en un coma, pero está bien, la persona estará bien después de unos minutos u horas. Se los aseguro, pero solamente por su seguridad personal, lo recomendable es no salir de casa…
—¡Mentira! —un grito y un portazo se escuchó en el set, el camarógrafo rápidamente enfocó a la persona que era causante del escándalo—. ¡Es una enorme mentira! —gritó un castaño mientras se acercaba al enorme sillón donde entrevistaban al otro científico —. El Señor Edison es un fraude… —gritó mientras le lanzaba un montón de hojas encima —. Hice mi investigación esta mañana. Puede leerlo. El virus se comenzó a exparsirse desde anoche… ¡Y no! No te provoca un simple coma. Te deja inconsciente mientras el virus toma el control de tu cerebro… ¡Después de despertar ya no eres el mismo! Eres una criatura caníbal sedienta de sangre —vió fijamente a la cámara y con expresión fulminante —. Mi recomendación es que, si ves a alguien que presenta estos síntomas, usa una mascarilla y luego matálo, pero no lo toques…
—¡Corte! —gritó el productor. Para después acercarse a ellos dos —. ¡¿Se puede saber quién es usted y por qué hace eso?! —le reclamó.
—Dr Nikola Tesla. Patólogo reconocido mundialmente —colocó una mano en su pecho mientras sonreía triunfante.
—Patólogo reconocido ¡Ja! —rió Edison sentado en el sillón —. Es reconocido por ser el más anormal y extraño de la comunidad científica… ¡Quiero decir! ¡La última vez que lo vi dijo que crearía la cura para el cáncer con leche! ¡LECHE!
—Leche de Amapola… —corrigió el alfa —. Además… ¿Qué me dices de ti? —vió fijamente a Thomas —. ¿Cuánto te pagó el gobierno para decir esos disparates? El virus del sueño ¡Ja! —se mofó —. Esa estuvo buena, tan buena como eso de no apoyar la legalización de la marihuana… —gruñó —. ¿Qué sigue ahora? ¡Decir que abortar te produce cáncer! —lo fulminó con la mirada —. Me pregunto a qué universidad tuvo que sobornar para obtener su título, dr Edison… —Thomas se paró de su asiento, esto era todo, si no fuera porque un equipo especial lo vino a dejar se iría ahora mismo, el equipo lo dejó aquí y luego se fue, diciendo que volverían por él cuando encontraran una cura.
—No me importa lo que diga, Dr Tesla, a final de cuentas, soy mucho más rico que tú… —sonrió de forma soberbia. Nikola arqueó las cejas ¿Eso era un insulto? Pues no lo pareció.
—Lo que digas, señor Edison, de todas formas, no tengo tiempo para perderlo contigo —Thomas arrugó la frente ¿Eso que significaba? —. Debemos hallar una cura… lo que sea… —habló mientras todo el equipo de producción lo veía con curiosidad.
—Hola… —habló con un teléfono pegado a su oreja, este era el noveno intento por llamar a su mamá y ella no atendía. Esto ya era preocupante, bastante. Noah se estaba comenzando a desesperar —. Por favor… —volvió a marcar, Pero nada, no se oía nada, excepto a la operadora que decía que ese número no estaba disponible en estos momentos —. ¡No! —arrojó su teléfono táctil al suelo, haciendo que se estrellara —. ¡Maldición! ¡No puedo creer que esto esté pasando! —gritó en el interior del baño, su madre no le respondía. De pronto, escuchó como tocaban la puerta del baño.
—Querido ¿Estás bien? —la voz de Jack, Noah de inmediato se acercó al lava manos, encendió el grifo, mojó ambas manos y se lavó la cara. A decir verdad, tenía los ojos hinchados por haber llorado de la impotencia —. Noah… —volvió a golpear la puerta del baño con suavidad —. ¿Estás bien? —le cuestionó al ver que la puerta roja por fin se abría.
—Estoy bien —añadió para después sonreír, no, ya no podía creerle, su prometido tenía los párpados hinchados y la cara húmeda, había llorado. Jack de inmediato lo envolvió en un cálido abrazo.
—¿Me estás mintiendo? —le susurró en el oído —. No, no lo hagas, cariño. Lo sé, esta situación es difícil para todos, hay un virus allá afuera, un virus que aunque no es mortal, es peligroso… —y diciendo esto, besó su frente.
—No comprendo —habló Thomas sentado enfrente de la mesa en la sala de reuniones del edificio —. Estoy tratando de calmar a las masas y luego vienes tú y te apareces… ¡¿Qué significa esto?! ¡¿Qué pasa por tu cabeza, Nikola?! ¡¿Cuántas veces me he metido en tu trabajo y lo he interrumpido?! —cuestionó un muy alterado Omega.
Nikola Por su parte lo ignoraba por completo, para él era mucho más importante saber el como y el porque ¿Cómo había surgido este virus y por qué? ¿Quién lo creó y con que finalidad? El alfa comenzó a escribir en el enorme pizarrón que tenía enfrente de él.
—¿Por qué? —habló para si mismo, ahí fue cuándo Thomas se dió cuenta de que ese sujeto no le estaba prestando atención a sus reclamos —. Veamos… ¿Quién se beneficiaria más con este virus mortal? Aún lo desconozco. El Virus induce al coma y luego la persona se vuelve una criatura atroz; sedienta de sangre… —colocó su dedo pulgar bajo su mentón y comenzó a pensar.
—¡¿Me estás escuchando acaso?! —gritó indignado el Omega, maldito y estúpido Nikola.