Prólogo
Harry estaba en King's Cross, dirigiéndose hacia la estación 9¾ para tomar el tren directo a Hogwarts.
Allí, se encontró con sus dos mejores amigos: Ron Weasley y Hermione Granger. Por supuesto que también estaban los Weasley's, la familia completa, exceptuando a Charlie, Bill y Percy.
—¡Hola, chicos! —saludó—¿Cómo están?
—Bien, Harry. ¿Y tú? —contestó Hermione—
—Bien, supongo.
—¿Estás bien por...? Ya sabes...
—Sí. Estoy mucho mejor que antes.
—Me alegra oír eso, Harry. —la castaña le sonrió—
—Hola, Bro. —le saludó Ron, quien lo abrazó—
—Hola, Ron. —sonrió, correspondiéndole el abrazo—
—¿Qué hiciste en las vacaciones?
—Nada fuera de lo normal. Estuve bien
El "Trío Dorado" subió al tren. Pocos días antes, Harry vio a Draco y a su madre yendo al callejón Knockturn, asi que decidió seguirlos. Allí, observó a Malfoy entrando a Borgin & Burke's, por lo que, por afuera, logró subir hacia un techo y mirar un poco hacia dentro de la tienda tan escaliofrante, aunque no pudo observar demasiado, ya que Greyback sospechó que había algun fisgón por ahí, asi que cerró las cortinas de donde Harry podía observar a Draco.
Esa historia le contó a sus mejores amigos, que, regañaron la acción, sobre todo Hermione.
—¡No puedes espiar así, Harry! ¡Eso puede considerarse acoso!
—No exageres, Mione —minimizó—. De todas formas, Malfoy es uno de ellos.
—¿Uno de qué? —Ron preguntó—
—Harry tiene la teoría de que Draco Malfoy se volvió un mortífago.
—¡Estás loco! ¿Qué querría Quien-Tú-Sabes de Malfoy?
—Su padre es un mortífago, ¡tiene sentido!
—Por Godric, Harry. ¿Cómo va a ser un mortífago? ¡No te hagas ideas paranoícas!
—¿Qué? ¡Lo es! —repitió, sin rendirse—Iré a tomar aire. —se fue del vagón con su capa de invisibilidad, yendo hacia los vagones de Slytherin—
Se cruzó con unas gemelas de dicha casa, que lo miraron con asco, como cualquier serpiente. Y allí, vio a Draco subir su maleta arriba de su asiento, que se sentaba junto a Parkinson y Zabini. Pero no podía entrar, claro que no. ¿Cómo entraría allí sin ser completamente echado y repudiado? Pero recordó que había comprado bombas de humo para un "perfecto escape" en la tienda de los Gemelos Weasley. Supongo que se sabe cuál fue su idea.
—¡Mierda! ¿Blaise?
—No lo sé.
—Tranquilos, tuvo que haber sido uno de los estudiantes de primero. Vengan, siéntense. —dijo Pansy—
Ambos se sentaron.
—Hogwarts. Qué escuela tan patética —despreció el rubio—. Me tiraría de la torre de astronomía si tuviera que seguir allí durante otros dos años.
—¿Y eso qué se supone que significa? —cuestionó la pelinegra—
—No estaría todo un año aprendiendo encantamientos asquerosos que no terminaré usando en ninguna circunstancia —el de tez morena rio—. ¿Te parece gracioso, Blaise? Veremos quién ríe al final.
Draco notó unos movimientos en los compartimentos arriba suyo, quedándose con la duda hasta el final del viaje.
—¿Draco?
—Adelántense. Quiero revisar algo.
Tomó su maletín del lugar y se dirigió hacia la puerta, pero no salió del vagón, sino que cerró la puerta de aquel, junto a las cortinas de esta y las ventanas, no dejando vista hacia el exterior.
—¿No te dijo tu mami que no es cortés espiar, Potter? —descubrió—¡Petrificus Totalus!
El cuerpo inmóvil de Harry cayó al suelo, desde arriba.
Draco le sacó su capa de invisibilidad, dándole libre vista hacia el azabache.
—Oh, es cierto. Murió antes de que siquieras supieras limpiarte la baba tú solo.
Le pegó una patada, rompiéndole la nariz.
—Eso fue por mi padre. Disfruta tu viaje de regreso a Londres.
Le colocó de nuevo la capa. Y luego, se alejó de allí.
[...]
—¿Dónde está Harry? —cuestionó la castaña—
—Ya debe estar en la estación. Vamos, Her.
[...]
Pasaron unos minutos, los cuales Harry sentía eternos. Hasta que, la puerta se abrió de nuevo, dejando ver a Luna Lovegood con unos lentes algo extraños, pero lindos.
—Uhm... —se alejó un poco—¡Finite!
En un instante, Harry pudo volver a moverse.
—Oh, hola, Harry.
—¡Luna! ¿Cómo me encontraste? —preguntó mientras se levantaba del suelo, con la nariz repleta de sangre seca, mezclada con sangre que seguía saliendo de los orificios—
—Torposolos. Tienes la cabeza repleta de ellos.
Harry no entendía lo que decía, pero simplemente la acompañó fuera del tren.
Ellos se fueron hacia la entrada de la escuela, donde se encontraban los carruajes para llegar allá. Harry se sintió culpable.
—Hice que perdieras tu carruaje. Lo siento.
—Oh, no importa. Fue como estar con un amigo.
—Yo soy tu amigo, Luna.
—Qué amable de tu parte.
Llegaron hacia donde estaba el profesor.
—¡Hasta que aparecen! ¿Nombres?
—Profesor... Me conoce desde hace cinco años.
—No hay excepciones, Potter.
—Luna Lovegood y Harry Potter. —respondió la rubia—
Estaban adentrándose a la entrada del castillo, hasta que Luna volvió a hablar.
—¿Quieres que te arregle la nariz? —preguntó—
—¿La tengo muy mal?
—Sí. Pero te ves muy aventurero.
—¿Puedes arreglarla?
—¡Claro! Sé cómo.
Luna procedió a sacar su varita, para apuntar a Harry con ella.
—¿Has arreglado narices ya?
—No. Solo dedos. Pero es casi lo mismo.
—Si tú lo dices...
—¿Preparado? —Harry asintió—. Bien. ¡Episkey!
Harry sintió como si un dragón le hubiera movido el tabique con toda la brusquedad que poseía, sintiendo un dolor abundante.
Gimió un poco ante el dolor, pero logró soportarlo bastante bien.
—¿Dolió mucho? —la voz de la adorable chica yacía con calma—
—Bastante, pero ¿qué tal me veo?
—Regular.
A pocos metros de ellos, estaba Draco, Snape y Filch. Al parecer, revisando el equipaje.
—¿Y esta vara, Sr. Malfoy? —preguntó el squib—
—¡No es una vara, cretino! ¡Es un bastón!
—¿Y tú para qué quieres un bastón? —preguntó con ironía—Esto es considerado como un objeto peligroso que no puede estar al alcance de los alumnos.
—Yo respondo en el nombre del Sr. Malfoy, Filch. —defendió Snape—
El rubio de manera brusca le sacó el bastón de las manos al vigilante, pero miró a Potter, con un notable desagrado.
—¡Linda cara, Potter! —ironizó—
Aunque claramente ese comentario fue completamente sarcástico, Harry quiso creer que de verdad Malfoy había halagado su rostro. No sabía por qué, pero quería creer eso.
☆
—¿Dónde está Harry? —preguntó, de nuevo, Hermione—
—Ya va a aparecer, Her. Tranquila.
Mione vio con enojo la cara del pelirrojo, que seguía comiendo, por lo que le empezó a golpear el brazo con un libro que tenía entre sus manos mientras decía:
—¿Quieres...parar...de...comer? ¡Tu amigo está desaparecido!
—Merlín, date la vuelta, lunática.
Ron, Mione, Ginny y prácticamente todas las mesas del comedor se quedaron viendo al azabache que tenía la nariz arreglada por Luna, pero llena de sangre con un paño cubierto.
—Está lleno de sangre. ¿Por qué siempre está cubierto de sangre? —cuestionó la pelirroja—
—Al parecer es la de él, en este momento. —contestó su hermano—
Llegó a la mesa y se sentó junto a Ginny.
—¡¿Se puede saber en dónde estabas?! —le gritó, en voz neutral, Hermione—
—No importa.
—¿Qué te sucedió en la nariz? —preguntó su mejor amigo—
—Malfoy me la rompió.
Terminaron el tema ahí y siguieron conversando de otras cosas que no tenían relevancia.
Harry se había quedado pensando mucho en Malfoy. Estaba preguntándose en por qué de repente le interesaba tanto el Slytherin. ¿Qué había sucedido que lo atrapó con la curiosidad? Estaba completamente seguro de que el rubio era un mortífago, pero eso no lo cautivaba; desde que vio a su padre en el cementerio de los Ryddle supuso que él también se convertiría en uno de ellos.
"¿Qué me sucede?" Se preguntaba.
Decidió ver en el Mapa de los Merodeadores dónde se hallaba Malfoy, y lo que encontró fue que él no estaba ni en las mazmorras, ni en el comedor, ni en los pasillos.
—¿Dónde está? —susurró—
—Mmm... —se despertó Ron—¿Dónde está qué, Harry?
—Nada, Ron. Sigue durmiendo. Son cosas mías.
—Bien. Buenas noches, Harry.
Él comenzó a especular en dónde se podría encontrar el rubio, pero no logró sacar a la luz dónde podría llegar a estar.
[...]
Durante los siguientes días, estuvo buscando y buscando a Draco, pero no lo halló, por lo que decidió llamar a Kreacher y a Dobby.
《Quiero que sigan a Draco Malfoy las veinticuatro horas del día》Ordenó él hacia los elfos domésticos.
Luego de unos dos días, Kreacher, el elfo más malhumorado y purista de sangre que se haya visto jamás, le confesó a Harry en dónde se hallaba Draco y por qué no aparecía en el mapa. Aparte de que comentó su claro disgusto a que un mestizo le ordene, citando que preferiría que Malfoy fuera su amo en vez de Harry.
—Señor, la razón por la que el señor Draco Malfoy no se encuentra por ningún lado es porque, durante las noches, él se va hacia la que se descubrió hace poco y que se creía una leyenda: la sala de los menesteres.
La Sala de los Menesteres.
Se dirigió hacia allí, que como era de noche, con paso rápido pero silencioso, rogando no encontrarse a nadie durante su estadía en los pasillos del colegio.
Logró divisar el mural que cubría la puerta escondida de la sala, por lo que al toparse de frente en la entrada, cerró los ojos y pensó en encontrar a el rubio.
Se abrió la puerta y se dejó ver una montaña de cosas con un camino de por medio que dirigía a algo que él no sabía qué era. La habitación era gigantesca. Se podía catalogar como un almacén incluso.
A lo lejos, escuchó un ligero murmuro, de quien ya sabía a quién le pertenecía.
Observó a Malfoy juguetear con una manzana verde que tenía entre sus manos, levantándola en el aire para agarrarla. Pero de repente se quedó inmóvil.
Cuando por fin decidió moverse, se fue por un camino específico, en vez de pasear por ahí como lo había hecho minutos antes. Y ahí estaba: lo que él había estado buscando, según lo que logró ver el azabache.
Agarró la esquina de algo que parecía una manta para arrastrarla hacia él de manera brusca y descuidada, haciendo que levantara polvo, pero también dándose a ver algo que parecía como un armario: Era idéntico al que había visto en Borgin & Burke's.
Por la sorpresa, Harry pateó algo sin querer, logrando que el rubio se quede perplejo en su lugar, mirando en todas direcciones.
—¿Quién anda ahí? —preguntó él—
Potter inmediatamente calló, tapando su boca y respirando de manera muy silenciosa y pausada.
Para su mala suerte, Draco percibió que algo no andaba bien, por lo que se fue del lugar.
Harry no logró sacar de su mente al rubio, logrando soñar con él. Necesitaba tenerlo en la mira.
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