Majestuoso.

Summary

Después de perder la guerra, su reino pasó a manos enemigas y gracias a su grata apariencia él se convirtió en el prisionero del asesino de su familia. Quin x Poseidón. Advertencia: ❃Sexo sin consentimiento. ❃Agresiones físicas. ❃Muerte. ❃No denunciar la historia, sólo no la leas.

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6
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n/a
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18+

Capitulo 1.



Poseidón pestañeó al ver cómo una mariposa de alas azules y negras entraba por el balcón de su habitación. El Omega sintió envidia de inmediato, esa mariposa vino; se posó en el suelo y después se fue, muy a diferencia de él. El Omega suspiró con pesadez, no comprendía cómo había terminado así, siendo prisionero de este palacio; que una vez llamó su hogar.


Hace unos meses su padre había iniciado una guerra con el Reino de un extranjero.


Su padre ansiaba gobernar ese Reino y robar sus tesoros, pero sobre todo, quería tener el gran honor de haber derrotado al gran Qin Shi Huang, él último de su clan (por el momento). Quería ser quien acabara con la dinastía Qin, pero para su mala suerte, no pudo, el tal Qin resultó más inteligente y más audaz de lo imaginado. Sus hombres derrotaron a los guerreros de su padre no sólo con fuerza si no también con estrategias, para después matar al mismo rey. De la noche a la mañana su Reino había pasado a manos enemigas, y para colmo su hermano mayor había escapado sin él, dejándolo sólo y desprotegido aquí.


Aunque Poseidón sabía que esto era muy malo, sólo trató de mantener la calma, Hades no lo abandonó, tal vez sólo fue a buscar ayuda y refugio en algún reino vecino, sabía que Hades no era así de gallina, sin mencionar que si se hubiera quedado aquí, al ser el mayor es muy probable que Quin lo hubiera matado para que no pudiera reclamar el trono.


El ojos azules se acercó al balcón, Poseidón por su parte, no corría peligro de ser aniquilado, al ser un Omega no podía reclamar el trono, lo que significaba que no era una amenaza para Quin. Pero eso sí, el Omega era tan hermoso y majestuoso, deseado por todos, tanto en el reino cómo en los reinos vecinos. Su vestimenta estaba conformada por un quitón de lino (la tela más fina que había podido haber), joyas que lo adornaban que iban desde anillos en sus dedos, hasta llegar a la hermosa corona de hojas de laurel hecha con oro puro que reposaba en su cabeza.


La puerta se abrió y unos sonidos de pisadas se escucharon por toda la habitación, no hubo necesidad de que Poseidón se volteara, sabía perfectamente que Quin había entrado.


Después de que Quin invadiera el castillo y asesinara a todos los guardias y criados que se encontró a su paso, al entrar a una habitación, se encontró con la más grande Sorpresa de su vida, en esa cama y con una mirada seria y demandante había un Omega hermoso, con el rostro y el cuerpo más sublime que haya podido ver, al parecer era el hijo del rey que había matado.


Quin no lo dudó, y cómo buen apreciador del arte lo dejó con vida. Ese Omega era digno de ser su Reina, sólo por ello lo dejó con vida, sus súbditos lo adorarían y le daría una muy buena descendencia.


-Luces igual de hermoso que siempre -añadió detrás de él. Sin duda Poseidón era el Omega más hermoso que había podido ver en su vida, digno de ser su reina y la madre de su futuro heredero. Poseidón no se volteó, ni le dirigió palabra alguna, el Omega odiaba a éste tipo engreído y soberbio.


-Veo que sigues sin hablarme... -añadió aún manteniendo su tono amable, Quin no solía ser así de paciente con sus concubinas y mucho menos con el enemigo, pero al parecer el enemigo le encantaba mucho. A Quin no le importaba la indiferencia de Poseidón, pues pronto regresaría a su reino y lo marcaría.


-¡Suéltame! -ordenó el Omega al sentir cómo ese sujeto lo obligaba a verlo cara a cara y lo tomaba de la cintura, sin pensarlo lo golpeó, golpe que sólo le hizo cosquillas al alfa. Que divertido era su Omega, creyéndose capaz de estar a su altura -. ¡Maldito! ¡No! -agregó mientras sentía como era besado a la fuerza. Sin duda lo detestaba y no tardaría en envenenarlo ó apuñalarlo cuando estuviera dormido en la noche de bodas. Quin rió, su Omega tenía que entender que si él quería podía matarlo.


-Deja de resistirte a mí... -añadió al soltarlo -. Recuerda que eres de mi propiedad y muy pronto nos casaremos... -agregó un tanto enfadado, que su omega se resistiera a él le molestaba. El rubio suspiró con pesadez.


-¡Primero me lanzaría del balcón antes de que esos suceda! -murmuró entre dientes mientras lo fulminaba con la mirada. Lo cuál hizo reír a Quin. Se notaba que Poseidón era demasiado cobarde cómo para hacer eso que dice.


- Si es así cómo piensas, hazlo ¡Salta! Si quieres te doy un empujoncito -bromeó, haciendo al rubio fruncir los labios -. Cariño, deja de decir estupideces, y dile a tus criados que inicien a empacar tus cosas, dales buen uso, por tí los dejé con vida -cada palabra que salía de la boca de ese sujeto lo irritaba.


Poseidón se estremeció al sentir el rostro de ese sujeto nuevamente cerca de su cara, al parecer Quin estaba ganoso, desde que vió a Poseidón no se lo podía quitar de la cabeza, no podía esperar hasta la noche de bodas, quería al Omega aquí y ahora. El Omega gruñó al sentir cómo ese sujeto lo volvía a besar de manera brusca y no sólo eso, si no que éste tipo empezó a tratar de quitarle su ropa.


-¡No! ¡Por favor, no! ¡Suéltame!-suplicó con un quebrante tono de voz, él no quería que ese sujeto lo tocara de esa forma, pero Quin lo ignoró por completo. Aunque ansiaba golpearlo porqué le molestaba escucharlo quejarse, no podía; muy a diferencia de sus concubinas, Poseidón era una obra de arte andante, sería un pecado golpear su hermoso y delicado rostro. El Omega forcejeó con él, Quin lo estaba jalando hacia el interior de la habitación.


- ¡No! ¡Por favor! ¡Para! -sollozó, viendo cómo el alfa dejó de tratarlo con delicadeza y comenzó a razgar su vestimenta sin compasión; sus preciados trapos de tela fina. Su corona de oro cayó al suelo junto con los pedazos de su ropa rota. Quin parecía un animal salvaje que no había comido en días-. ¡Basta! ¡Te lo pido! ¡Déjame, Barbaján! -quejió mientras sentía cómo el pelo negro mordía, lamía y chupaba tanto su cuello cómo sus rosados pezones. No había sensación más repugnante que ser sometido por el mismo asesino de tu padre.


-¡Deja de retorcerte, sólo lo haré peor para ti! -amenazó molesto por el comportamiento del Omega ¿Acaso su madre no le dijo cómo comportarse en estas situaciones? -. Tu piel es tan suave, y tu aroma tan delicioso... eres perfecto, perfecto para ser sólo mío y de nadie más -exclamó en su oído de manera seductora y cachonda; pues de sólo estar en presencia de este Omega se enloquecía. Quin sonrió al ver su rostro lleno de angustia y desesperación -. No te preocupes, querido Omega, seré gentil y bondadoso contigo -agregó para después acostarlo suavemente en la cama y posicionarse encima suyo.


Quin se bajó los pantalones. Poseidón se estremeció al sentir los labios de este tipo en sus muslos, que después se dirigieron a su entrepierna. El Omega sollozó, sin duda, esto era lo más humillante que le había pasado en su corta vida. Incluso haber muerto habría sido mejor destino.


Aunque Poseidón luchó por mantener las piernas cerradas (que incluso había pateado a Quin en el abdomen) no lo logró, este tipo tenía más fuerza que él, que sin mucho esfuerzo se las abrió y lo inmovilizó.


El alfa se posicionó en medio de las piernas del Omega, qué hermosa vista tenía, ni siquiera había comenzado y el Omega ya estaba lagrimeando. El Omega se estremeció al sentir cómo ese tipo acercaba su rostro a su carne roja (cavidad trasera) para después dejarle ir un poco de saliva. El rubio quejió de dolor al sentir cómo ese tipo metía lentamente su miembro en su orificio, Quin quería reírse al percatarse de que era el primero en explorar el orificio del rubio (con razón el agujero de ese omega se le había hecho demasiado pequeño para él).


Pero bueno, debía agradecerle, quitarle la virginidad a un hermoso Omega como éste sin duda era un honor. El Omega se tapó la boca mientras sentía cómo ese sujeto comenzaba a embestirlo, no le iba a dar a Quin el placer de escucharlo gemir.


-Veo que te encanta llevarme la contraria -añadió mientras veía cómo el Omega trataba de inhibir los sonidos que salían de su boca. El Omega quiso morir en el momento en el que ese sujeto depositó su semilla en su interior.


Después de ello, el Omega quedó tan agotado que se había quedado dormido, Quin sonrió, Poseidón sin duda era único; no era sumiso ni obediente como sus concubinas, y hasta tenía la osadía de desafiarlo aunque no tenía la fuerza suficiente para enfrentarlo. El pelo negro arropó a su Omega con las sábanas para después darle un beso en la frente, lo dejaría descansar por ahora.


-¡Su majestad! -una criada entró a la habitación de su Omega sin tocar, Quin de inmediato la fulminó con la mirada ¿Qué era eso de entrar sin pedir permiso? Más vale que fuera importante lo que tenía que decirle. La chica se estremeció al ver la mirada de enfado en su señor, ella agachó la cabeza con pena y le hizo una reverencia -. Lo lamento, pero su majestad, el príncipe Hades está atacando el palacio... -agregó haciendo que el alfa abriera los ojos como platos, Quin estaba sorprendido y a la vez emocionado, por fin esa sabandija venía a darle la cara, después de que tuvo el descaro de abandonar a su pobre hermano.


-Prepara mi espada y mi armadura -ordenó con una enorme sonrisa, por fin acabaría con ese sujeto después de haberlo estado buscando todo este tiempo, Hades era la única razón por la cuál no había regresado a su palacio, quería matarlo antes de llevarse a su Omega.


-¡Hermano, Hermano despierta! -la voz de Hades se hizo presente en la habitación, el albino se sentía enojado y lleno de impotencia, después de entrar al palacio que una vez fue de su padre por la fuerza, lo primero que hizo fue venir a la habitación de su hermano menor; aunque en un principio no lo había querido dejar sólo, pero comprendió que al ser un Omega su hermano estaría mucho mejor aquí, es decir, allá afuera era un lugar muy peligroso y Quin tendría compasión con Poseidón, ya que no lo consideraría una amenaza.


Pero ahora, después de entrar a su habitación y ver a su hermanito en ese estado; desnudo y lleno de fluidos con nada más que las sábanas cubriéndole; se había dado cuenta de que fue un error dejarlo.


Quin lo había desonrado, el emperador había tomado por la fuerza a su preciado hermano y lo había marcado. Y ahora él tendría que vengarlo.


-¿Hades? ¿Eres tú? -agregó después de sentir cómo era sacudido suavemente -. ¡Hermano! -añadió al ver a Hades a un lado de él, sí, sabía que Hades regresaría por él y vencería al maldito emperador de Quin -. ¡Hermano, siempre supe que jamás me traicionarías! -añadió a punto de sollozar, su hermano era lo único por lo cuál estuvo aguantando a Quin todo este tiempo en lugar de saltar del balcón y morir con honor. Hades se conmovió mientras sentía cómo su querido hermano lo abrazaba, no se lo merecía, no se lo merecía cuando fue él quien lo abandonó y lo dejó sin protección en las garras de ese gobernante.


-¡Lo siento mucho, hermano! -susurró mientras correspondía al abrazo -. Prometo que voy a vengarte, a tí, y a nuestro padre -añadió. Después de escuchar que su padre había sido derrotado en el campo de batalla, él no dudó en escapar y se refugió en uno de los reinos vecinos aliados de su padre, convenció a su majestad de prestarle algunos de sus hombres e ir a recuperar su trono. Después de un muy duro entrenamiento, no lo dudó y de inmediato se dirigió al que una vez fue su palacio.


Ambos corrían por los pasillos del palacio, Hades esperó a que su hermano se terminara de vestir para poder huir. El albino debía llevar a su hermano a un lugar seguro antes de encontrarse con Quin y tener su enfrentamiento por fin. Cuándo en eso, al doblar al siguiente pasillo, se toparon con lo inevitable. Quin sonrió mientras era portador de su característica armadura de color negro con la cual había ganado todas y cada una de sus batallas.


El pelinegro ya los estaba esperando, sabía que Hades no era ningún cobarde, que regresaría por Poseidón en algún momento, y que no vendría sólo. Pero el ejército de Quin superaba a los hombres de Hades, los superaban tanto en número cómo en fuerza, su ejército ya había aniquilado a todos esos intrusos. Y ahora sólo faltaba el que lideró la rebelión.


-Por fin nos encontramos, cara a cara... su majestad -añadió de manera burlona el pelo negro, mientras escuchaba el gruñido del sujeto que llevaba una armadura plateada. Poseidón también gruñó, Quin sin duda era un desgraciado-. Veo que te llevas algo que es mío -agregó al ver cómo Poseidón se ponía detrás de su hermano mayor -. Querido ¿Podrías venir para acá? Qué estés ahí es muy peligroso, no quiero que te lastimes... -exclamó en un tono de preocupación fingida, aunque claro, en el fondo si le molestaba que su Omega saliera herido.


Poseidón gruñó y negó, no le haría caso, si los guardias de Quin atacaban a su hermano, el rubio moriría con él. Quin suspiró con pesadez ante la rebeldía de su Omega.


-¡Prefiero morir con él que vivir contigo el resto de mi vida! -alegó al ver cómo esos guardias los tenían acorralados.


-Está bien, hermano. Ve con él -mencionó el albino, no quería que le hicieran daño a su hermano, Hades comprendía que estaba atado de manos, que había perdido, y el debía aceptarlo. Pero quería que su hermano permaneciera con vida. El Omega abrió los ojos como platos ¿Qué había dicho su hermano? ¿Acaso Hades estaba bien de la cabeza? Ir con el enemigo sin duda era la peor vergüenza.


-Pero, hermano...


-No te preocupes, ve... -añadió. Aunque no le gustaba que su hermano se fuera con ese tipo, era lo mejor, Quin lo marcó, por lo tanto, su hermano seguiría viviendo su estilo de vida lujoso y sería la Reina de un imperio importante. Poseidón de mala gana Obedeció, no quería contradecir a su hermano mayor. Quin sonrió al ver cómo su Omega se acercaba a él con una mirada llena de desprecio y odio -. Así que ¿Eres así de poderoso? -agregó con una sonrisa, a diferencia de su padre, él no estaba enojado por su derrota -. ¿Qué tal si peleamos uno a uno? Demuéstrame de lo que eres capaz sin ese ejército tuyo.


Quin sonrió y aceptó el reto, siempre quiso pelear con este sujeto después de escuchar a los criados de Poseidón hablar del buen hermano mayor que tenía su Omega. El pelo negro tomó su espada y se dirigió al lugar más espacioso que había en el palacio.


Hades lo siguió, ambos empezaron a atacarse con espadas, si Hades iba a morir él quería que fuese con honor, no iba a huir esta vez, ni tampoco rogaría por su vida. Moriría cómo el príncipe que era. Ambos se atacaron y esquivaron el filo de sus espadas, pero por un pequeño descuido; Hades terminó quejiendo de dolor al sentir cómo era apuñalado; ese tipo terminó enterrándole la punta de su espada en la garganta. Quin suspiró con pesadez al ver cómo el cuerpo del albino caía al suelo, fue una lástima, creyó que duraría más. Hades apenas si podía hablar, se estaba desangrando.


No importaba lo bien protegido que estaba Hades con su armadura, a fin de cuentas terminó pereciendo. Y lo peor aún; fue frente a los ojos de su hermano menor.


Poseidón estaba en shock, su preciado hermano se estaba muriendo enfrente de sus ojos, a pesar de que los guardias trataron de detenerlo, el Omega corrió hacia su hermano mayor que estaba acostado en el suelo. Hades casi dejaba de respirar, el Omega rasgó un poco de su ropa y se la colocó en la herida, quería detener el sangrado y mantener a su hermano con vida, pero ya era tarde, Hades ya no respiraba. Poseidón abrazó a su hermano mayor mientras las lágrimas comenzaban a salir, ahora sí ya no quería seguir con vida.


-¡No! ¡Hades! ¡Por favor abre los ojos! -rogó con un quebrante tono de voz, mientras veía el cuerpo inerte de su hermano, su querido hermano. La angustia, desesperación y tristeza se hicieron presentes en él. No, no lo quería creer, su hermano no podía tener una muerte tan miserable y menos a manos de ese maldito extranjero -. ¡Hermano, no! ¡Hermano, por favor! ¡Despierta! -no podía creer que Hades lo abandonó y lo dejó en manos del enemigo. El Omega incluso tomó una de sus manos y la besó. Quería matar al maldito de Quin, ese maldito que mató a su familia y le arrebató su reino. De cierta forma, las atenciones que tuvo Poseidón con el cadáver de su hermano le molestaron al alfa, pero sólo trató de Calmarse.


-¡Quemen el cuerpo y lleven a mi omega a descansar...!-ordenó Quin detrás de él. Poseidón frunció los labios, Quin apreció como su Omega se levantaba del suelo y se dirigía a él, una mano azotó contra la cara de Quin. Todos los guardias se quedaron con la boca abierta al ver cómo ese insolente Omega se atrevía a golpear a su majestad, el emperador. Los hombres de Quin ya se le iban a ir encima a ese maldito Omega. A ellos no les importaba que fuese un Omega, ni que fuese así de hermoso, nadie se metía con su señor y vivía para contarlo -. ¡Alto! -gritó Quin al levantar su mano a la altura de su cabeza; al parecer sus hombres ya se habían puesto en posición y planeaban lastimar a su Omega.


-¡Maldito infeliz! -exclamó Poseidón con desprecio mientras veía fijamente al asesino de su familia. Quin no mostró expresión alguna, tan sólo levantó su puño y golpeó al omega en su rostro, ese que jamás juró golpear. El puñetazo fue tan fuerte que había tumbado al Omega en el suelo. El Omega no quitó su mirada fulminante y tampoco sollozó.


-¡¿Qué es eso de estarte oponiendo a mí?! ¡Soy el emperador y tu dueño! -alegó al ver a su Omega aún sentado en el suelo mientras se sobaba la mejilla -. ¡Será mejor que inicies a comportarte como se debe ó de lo contrario haré que te reúnas con tu hermano! ¡Sin duda eres un estúpido y un impertinente! ¡Guardias, lleven a este insolente lejos de mi vista! -ordenó, mientras veía cómo sus hombres le obedecían; levantaban a Poseidón del suelo y se lo llevaban a la fuerza.

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